La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
Nab y Pencroff suspendieron entonces su marcha y el ingeniero puso el anteojo en manos de Ayrton, para que pudiese observar si aquel buque era o no el Duncan. El yate escoc�s estaba tambi�n aparejado como brick. La cuesti�n era saber si se levantaba una chimenea entre los dos palos del buque, que ya no estaba m�s que a una distancia de diez millas.
El horizonte era todav�a muy claro. La comprobaci�n estuvo pronto hecha y Ayrton baj� el anteojo. -�No es el Duncan!� �No pod�a serlo!
Pencroff observ� de nuevo el buque con el anteojo y reconoci� que era un brick de trescientas a cuatrocientas toneladas, muy bonito, audazmente arbolado, admirablemente formado para la marcha, y que deb�a ser un r�pido nadador. Pero �a qu� naci�n pertenec�a? Era dif�cil decirlo.
-�Y sin embargo -a�adi� el marino-, un pabell�n flota en su cangreja, pero no puedo distinguir sus colores.
-�Antes de media hora sabremos a qu� atenemos sobre este punto -dijo el periodista-. Adem�s, es evidente que el capit�n de ese buque tiene intenci�n de fondear junto a tierra y, por consiguiente, si no es hoy, ma�ana sabremos m�s.
-��No importa! -dijo Pencroff-. Vale m�s saber con qui�n tiene uno que v�rselas, y no me disgustar�a reconocer los colores de su pabell�n.
Hablando as� no dejaba de mirar con el anteojo.
El d�a comenzaba a declinar y con el d�a ca�a tambi�n el viento del mar: el pabell�n del brick, menos tendido, se enredaba entre las drizas y era cada vez m�s dif�cil observarlo.
-�No es un pabell�n norteamericano -dec�a de cuando en cuando Pencroff-, ni ingl�s, porque el color rojo se ver�a f�cilmente. Ni trae los colores franceses ni alemanes, ni el pabell�n blanco de Rusia, ni el amarillo de Espa�a� Parece un color uniforme� Veamos� En estos mares� �Qu� se encuentra m�s com�nmente?� �El pabell�n chileno?� Pero ese pabell�n es tricolor� �El brasile�o?� es verde� �El japon�s?� es negro y amarillo� mientras que �ste�
En aquel momento, una r�faga de brisa extendi� el pabell�n desconocido. Ayrton tom� el anteojo que le dej� el marino, lo llev� a sus ojos y con voz sorda exclam�: -�El pabell�n negro!
En efecto, un trapo oscuro se desarrollaba en la cangreja del brick y mostraba que pod�a tenerse al buque por sospechoso.
�Ten�a, pues, raz�n el ingeniero en sus presentimientos? �Era un buque de piratas? �Recorr�a los mares bajos del Pac�fico en competencia con los praos malayos que los infestan todav�a? �Qu� iba a buscar en las playas de la isla Lincoln? �La tomaba como una tierra desconocida e ignorada a prop�sito para ocultar los cargamentos robados? �Iba a pedir a sus costas un puerto de refugio para los meses de invierno? �La honrada posesi�n de los colonos estaba destinada a transformarse en un asilo infame, una especie de capital de la pirater�a del Pac�fico?
Todas estas ideas se presentaban instintivamente al �nimo de los colonos. Por lo dem�s, no hab�a ninguna duda acerca de la significaci�n que se deb�a dar al color del pabell�n enarbolado; era, indudablemente, el de los piratas; era el que hubiese llevado el
Duncan, si los presidiarios hubiesen logrado realizar sus criminales proyectos. No perdieron tiempo discutiendo.
-�Amigos m�os -dijo Ciro Smith -, quiz� ese buque no quiere m�s que observar el litoral de la isla; quiz� su tripulaci�n no desembarque. Esta es una probabilidad que tenemos en favor nuestro. De todos modos, debemos hacer todo lo posible para ocultar nuestra presencia en la isla. El molino establecido en la meseta de la Gran Vista se distingue desde lejos muy f�cilmente. Ayrton y Nab ir�n en seguida a quitar las aspas. Disimularemos igualmente con un ramaje m�s espeso las ventanas del Palacio de granito y se apagar� el fuego en todas partes para que nada anuncie la presencia del hombre en esta isla.
-��Y nuestra embarcaci�n? -dijo Harbert.
-��Oh! -dijo Pencroff--, est� bien abrigada en el puerto del Globo y desaf�o a esa canalla a que la encuentre.
Las �rdenes del ingeniero fueron ejecutadas inmediatamente. Nab y Ayrton subieron a la meseta y adoptaron las medidas necesarias para ocultar todo indicio de habitaci�n. Mientras se ocupaban en esta tarea, sus compa�eros fueron a los linderos del bosque del Jacamar y volvieron con gran cantidad de ramas y bejucos, que deb�an, a cierta distancia, figurar un ramaje natural y velar bastante bien las aberturas del muro gran�tico. Al mismo tiempo se dispusieron las municiones y las armas para poder utilizarlas en el primer instante, en caso de una agresi�n repentina.
Cuando estuvieron tomadas estas precauciones, dijo Ciro Smith con voz conmovida:
-�Amigos m�os, si esos miserables quieren apoderarse de la isla Lincoln, la defenderemos, �no es verdad?
-�S�, Ciro -contest� el periodista-, y, si es preciso, moriremos todos por defenderla.
El ingeniero tendi� la mano a sus compa�eros, que la estrecharon con efusi�n. S�lo Ayrton permaneci� en su rinc�n sin unirse a los colonos. Tal vez, como antiguo presidiario, se sent�a indigno de unirse a ellos. Ciro Smith comprendi� lo que pasaba en el �nimo de Ayrton y dirigi�ndose a �l le pregunt�:
-��Y qu� har� usted, amigo m�o? -Mi deber -contest� Ayrton.
Despu�s se acerc� a la ventana, mirando a trav�s del follaje_
Eran las siete y media. Hac�a veinte minutos que el sol hab�a desaparecido detr�s del Palacio de granito, y, por consecuencia, el horizonte del este se iba oscureciendo poco a poco. Entretanto el brick avanzaba hacia la bah�a de la Uni�n. Ya no estaba m�s que a ocho millas y precisamente enfrente de la meseta de la Gran Vista, porque despu�s de haber virado a la altura del cabo de la Garra, hab�a subido bastante hacia el norte, ayudado por la corriente del flujo. Pod�a decirse ya que a aquella distancia hab�a entrado en la vasta bah�a, porque una l�nea recta tirada desde el cabo de la Garra al cabo Mand�bula habr�a quedado al oeste del buque, sobre su costado de estribor.
�Iba a penetrar el brick en la bah�a? Esta era la primera cuesti�n. Una vez en la bah�a, �echar�a el ancla? Esta era la segunda. �Se contentar�a con observar el litoral haci�ndose de nuevo a la mar sin desembarcar la tripulaci�n? Esto es lo que antes de una hora iba a saberse. Los colonos no ten�an que hacer m�s que esperar_
Ciro Smith no hab�a visto sin profunda ansiedad al buque sospechoso enarbolar el pabell�n negro. �No era una amenaza directa contra la obra que sus compa�eros y �l hab�an realizado? Los piratas, porque no pod�a dudarse que lo fuesen, �hab�an frecuentado en otro tiempo la isla, puesto que al llegar a ella hab�an izado sus colores? �Hab�an desembarcado anteriormente en ella, lo cual explicar�a ciertas particularidades inexplicables hasta entonces? �Exist�a en las partes no exploradas de la isla alg�n c�mplice dispuesto a entrar en comunicaci�n con ellos?
A todas estas preguntas que Ciro Smith se hac�a no hab�a que responder, pero comprend�a que la situaci�n de la colonia estaba grav�simamente comprometida por la llegada de aquel brick. Sin embargo, sus compa�eros y �l estaban decididos a resistir hasta el final. Aquellos piratas, �eran m�s y estaban mejor armados que los colonos? Este era un punto muy importante que hab�a que averiguar. Pero �c�mo llegar hasta
ellos?
Era de noche; la luna nueva hab�a desaparecido con la irradiaci�n solar y una profunda oscuridad envolvi� el mar y la isla. Las densas nubes amontonadas en el horizonte no dejaban filtrar ning�n resplandor y el viento hab�a ca�do completamente con el crep�sculo. No se mov�a una hoja en los �rboles, ni murmuraba una ola sobre la playa. No se ve�a nada del buque; todos sus fuegos estaban apagados u ocultos y, si se encontraba todav�a a la vista de la isla, no se pod�a saber el sitio que ocupaba.
�Qui�n sabe! -dijo entonces Pencroff-. Quiz� este condenado buque se echa a la mar durante la noche y no lo encontraremos cuando amanezca.
Como respuesta a la observaci�n del marino, se vio a lo lejos un vivo resplandor y poco tiempo despu�s reson� un ca�onazo. El buque estaba all� y ten�a piezas de artiller�a a bordo. Seis segundos hab�an transcurrido entre el fogonazo y el ruido. El brick estaba como a milla y media de la costa.