La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
-Hay que avisar a Ayrton -dijo Geden Spilett-para que venga inmediatamente. Slo l puede decimos si ese buque es el Duncan.
Tal fue tambin el parecer de todos, y el periodista, acercndose al aparato telegrfico que pona en comunicacin la dehesa con el Palacio de granito, expidi el siguiente telegrama:
-Venga en seguida. Pocos instantes despus reson el timbre. -All voy -contest Ayrton.
Los colonos, entretanto, continuaron observando la nave.
-Si es el Duncan -dijo Harbert-, Ayrton le reconocer en seguida, pues ha navegado a bordo durante algn tiempo. -Y si lo reconoce -aadi Pencroff-, experimentar una terrible emocin.
-S -dijo Ciro Smith-, pero ahora Ayrton es digno de subir a bordo del Duncan, y plegue al cielo que, en efecto, sea el yate de lord Glenarvan, porque cualquier otro buque me parecera sospechoso. Estos mares son poco frecuentados y temo la visita de piratas malayos en nuestra isla.
-La defenderamos! -exclam Harbert.
-Sin duda, hijo mo -repuso el ingeniero sonrindose-, pero es preferible no tener que defenderla.
-Una observacin sencilla -dijo Geden Spilett-. La isla Lincoln es desconocida de los navegantes, pues no est indicada ni en las cartas ms modernas. No ve usted, Ciro, en esto, un motivo para que cualquier buque que inopinadamente se hallase a la vista de esta nueva tierra tratase de visitarla en vez de huir de ella?
-Cierto -repuso Pencroff.
-As lo creo yo tambin -aadi el ingeniero-, y puedo asegurar que es el deber de todo capitn de buque: sealar y, por consiguiente, reconocer toda la tierra o isla no registrada, no catalogada todava, en cuyo caso se encuentra Lincoln.
-Pues bien -dijo Pencroff-, admitamos que ese buque se acerca a tierra, que fondea a pocos cables de nuestra isla. Qu haremos entonces?
Esta pregunta, bruscamente hecha, qued al principio sin respuesta, pero Ciro Smith, despus de haber reflexionado, contest con el tono tranquilo y reposado que le era habituaclass="underline"
-Lo que haremos, amigos mos, lo que deberemos hacer es lo siguiente: nos pondremos en comunicacin con el buque, tomaremos pasaje a bordo, dejaremos la isla, despus de haber tomado posesin de ella en nombre de los Estados de la Unin. Despus volveremos aqu con todos los que quieran seguirnos para colonizarla definitivamente y dotar a la Repblica Norteamericana de una estacin tan til en esta parte del ocano Pacfico.
-Hurra! -exclam Pencroff.
-No es un pequeo regalo el que vamos a hacer a nuestro pas! La colonizacin est casi concluida; se han dado nombres a todas las partes de la isla; hay un puerto natural, una aguada, caminos, una lnea telegrfica, un arsenal, una herrera; no falta ms que inscribir la isla Lincoln en los mapas.
-Mil diablos! -exclam el marino-. Prefiero quedarme solo para guardarla. A fe de Pencroff, no me la robarn como se roba un reloj del bolsillo de un tonto.
Durante una hora fue imposible decir con certeza si el buque que los colonos haban visto iba o no rumbo a la isla Lincoln. Se haba acercado, pero hacia dnde navegaba? Es lo que Pencroff no pudo reconocer. Sin embargo, como el viento soplaba del nordeste, era verosmil que el buque navegase amuras a estribor. Por lo dems, la brisa era buena para impulsarlo a tierra, y en aquella mar tranquila no poda temer acercarse a la isla, aunque no hubiera carta que determinase las diversas profundidades del agua.
Hacia las cuatro, una hora despus de haberlo llamado, lleg Ayrton al Palacio de granito, y entr en el saln.
-Estoy a sus rdenes, seores. Ciro Smith le tendi la mano como tena costumbre y, llevndole a la ventana, le dijo:
-Ayrton, le hemos llamado por motivo muy grave. Tenemos un buque a la vista de la isla.
Ayrton se puso muy plido y su vista se turb un instante. Se asom a la ventana, recorri el horizonte, pero no vio nada.
-Tome el catalejo -dijo Ciro Smith-y mire bien, Ayrton, porque sera posible que este buque fuese el Duncan, que viene a estos parajes para repatriarlo.
-El Duncan! -murmur Ayrton-. Ya!
Esta ltima palabra se escap como involuntariamente de los labios de Ayrton, que inclin la cabeza y se cubri el rostro con las manos.
Doce aos de abandono en un islote desierto, no le parecan quiz expiacin suficiente? El culpado arrepentido no se senta an perdonado a sus propios ojos o a los de los dems?
-No -dijo-, no, no puede ser el Duncan.
-Mire usted, Ayrton -insisti el ingeniero-, porque importa que sepamos de antemano a qu atenemos.
Ayrton tom el catalejo y lo asest en la direccin indicada. Durante algunos minutos observ el horizonte sin pestaear ni pronunciar una palabra. Despus dijo: -En efecto, es un buque, pero no creo que sea el Duncan. -Por qu no lo cree? -pregunt Geden Spilett.
-Porque el Duncan es un yate de vapor y no veo ninguna seal de humo.
-Tal vez navega slo a vela -observ Pencroff-. El viento es bueno para el rumbo que parece llevar y debe tener inters en ahorrar su carbn hallndose tan lejos de tierra.
-Es posible que tenga usted razn, seor Pencroff -respondi Ayrton-, y que el buque haya apagado sus fuegos. Dejmoslo llegar a la costa y pronto lo sabremos.
Dicho esto, Ayrton fue a sentarse a un extremo del saln y all permaneci silencioso. Los colonos discutieron todava acerca de la nave desconocida, pero sin que Ayrton tomase parte.
Todos se hallaban entonces en una disposicin de nimo que no les permita continuar sus tareas. Geden Spilett y Pencroff estaban singularmente nerviosos, yendo y viniendo sin poder estar quietos un minuto; Harbert experimentaba gran curiosidad; slo Nab conservaba su calma habitual. No era acaso su pas donde estuviese su amo? En cuanto al ingeniero, estaba absorto en sus pensamientos, y, en el fondo, ms tema que deseaba la llegada del buque.
Este, entretanto, se haba acercado un poco a la isla y con el auxilio del anteojo haba sido posible distinguir que era un bergantn y no uno de esos praos malayos de que se sirven habitualmente los piratas del Pacfico. Era de suponer que no se justificaran los temores del ingeniero y que la presencia de aquel buque en las aguas de la isla Lincoln no constitua un peligro. Pencroff, despus de un examen minucioso, crey poder afirmar que aquel buque estaba aparejado como un brick, que corra oblicuamente a la costa con amuras a estribor, con sus velas bajas, gavias y juanetes. Ayrton confirm esta observacin.
Pero si continuaba en este rumbo, deba desaparecer pronto detrs de la punta del cabo de la Garra, porque marchaba hacia el sudoeste, y, para observarlo, sera entonces necesario situarse en las alturas de la baha de Washington, cerca del puerto del Globo; circunstancia desagradable, porque eran ya las cinco de la tarde y el crepsculo no tardara en dificultar toda observacin.
-Qu haremos si llega la noche? -pregunt Geden Spilett-. Encenderemos fuego para sealar nuestra presencia en la costa?
La cuestin era grave y, a pesar de los presentimientos del ingeniero, se resolvi afirmativamente. Durante la noche el buque poda desaparecer, alejarse para siempre. Si desapareca, cundo volvera otro a las aguas de la isla Lincoln? Quin poda prever lo que reservaba el futuro a los colonos?
-S dijo el periodista-, debemos dar a entender a ese buque, cualquiera que sea, que la isla est Habitada. Perder esta ocasin que se nos ofrece sera causamos un remordimiento para lo futuro.
Se decidi, por lo tanto, que Nab y el marino iran al puerto del Globo y, cuando llegara la noche, encenderan una hoguera, cuyo resplandor debera atraer necesariamente la atencin de la tripulacin del brick.
Pero, en el momento en que Nab y el marino se preparaban a salir del Palacio de granito, el buque cambi su marcha y se dirigi francamente hacia la isla, haciendo rumbo a la baha de la Unin. Aquel brick andaba mucho, pues se acerc rpidamente.