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Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
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Bob Harvey y su tripulacin difcilmente se explicaban lo que haba pasado la noche anterior a bordo del brick. Aquel hombre medio desnudo, que haba tratado de forzar la puerta de la santabrbara y contra el cual haba luchado, que haba descargado seis veces el revlver contra ellos y que haba matado a uno y herido a dos, haba podido escapar de sus balas? I labia podido volver a la isla a nado? De dnde vena y qu iba a hacer a bordo del buque? Su proyecto era realmente el de volar el brick, como pensaba Bob Harvey?

Todo esto deba ser muy confuso para los presidiarios, pero lo que no poda dudarse era que la isla desconocida, ante la cual haba anclado el brick, estaba habitada y tena, quiz, una colonia dispuesta a defenderla. Y, sin embargo, nadie se presentaba, ni en la playa ni en las alturas: el litoral pareca absolutamente desierto y no haba seal de habitacin. Habran huido los habitantes hacia el interior?

Esto era lo que se preguntaban el jefe y los piratas, y sin duda, aqul, como hombre prudente, trataba de reconocer el pas antes de empear su gente en una accin.

Durante hora y media ningn indicio de ataque ni de desembarco se observ a bordo del brick Era evidente que Bob Harvey vacilaba y, sin duda, sus mejores anteojos no le haban permitido divisar ni un colono escondido entre las rocas. No era tampoco probable que hubiese llamado su atencin el ramaje y los bejucos que ocultaban las ventanas del Palacio de granito y se destacaban sobre la roca desnuda. En efecto, cmo imaginar que se haba abierto una habitacin a aquella altura en la masa grantica? Desde el cabo de la Garra hasta los cabos Mandbulas, en todo el permetro de la baha de la Unin, nada poda indicarles que la isla estuviese o pudiera estar ocupada.

Sin embargo, a las ocho de la maana, los colonos observaron cierto movimiento a bordo del Speedy. Los piratas halaban los aparejos de las embarcaciones y echaban una canoa al mar. Siete hombres bajaron armados de fusiles; uno de ellos se puso a la barra, cuatro a los remos y los otros dos se agacharon hacia proa dispuestos a disparar sus fusiles, examinando con cuidado la isla. Su objeto era practicar un reconocimiento, pero no desembarcar, porque en este caso habran venido ms.

Los piratas, subidos en los mstiles hasta las barras de juanete, haban podido ver que un islote cubra la costa y que estaba separado de ella por un canal de media milla de anchura. Sin embargo, Ciro Smith calcul, por la direccin que segua la canoa, que no trataba de penetrar en aquel canal, sino que se diriga a la costa del islote, como lo aconsejaba la prudencia.

Pencroff y Ayrton, ocultos cada uno por su lado entre las rocas, vieron llegar la canoa sobre ellos y esperaron que estuvieran a tiro.

La canoa se adelantaba con precaucin. Los remos se hundan en el agua a largos intervalos. Poda verse tambin que uno de los presidiarios a proa llevaba una sondaleza en la mano y trataba de reconocer el canal abierto por la corriente del ro de la Merced. Esto indicaba que Bob Harvey tena la intencin de acercar el brick lo ms posible a la costa. Unos treinta piratas, subidos a los obenques, seguan atentamente los movimientos de la canoa y apuntaban ciertas marcas que deban permitirles llegar a la costa sin peligro.

La canoa estaba a dos cables del islote cuando se detuvo. El hombre del timn, en pie, buscaba el mejor punto para saltar a tierra.

En aquel momento sonaron dos tiros. Un poco de humo dio vueltas como un torbellino por encima de las rocas del islote. El hombre del timn y el de la sonda cayeron derribados en la canoa. Las balas de Ayrton y de Pencroff les haban tocado a los dos en el mismo instante.

Inmediatamente se oy una detonacin ms violenta, un chorro de vapor sali de los costados del brick, y una bala de can, dando en lo alto de las rocas que abrigaban a Ayrton y Pencroff, las hizo volar a pedazos, pero los dos tiradores no haban sido tocados.

Horribles imprecaciones se escaparon de la canoa, que emprendi inmediatamente su marcha. El hombre del timn fue reemplazado por uno de los compaeros y los remos se hundieron en el agua.

Sin embargo, en vez de volver al brick, como hubiera podido creerse, la canoa sigui por la orilla del islote, con el objeto de efectuar el desembarco por su punta sur. Los piratas remaban vigorosamente para ponerse fuera del alcance de las balas.

Se adelantaron cinco cables de la parte entrante del litoral, terminada por la punta del Pecio; y despus de haberla seguido en una lnea semicircular, siempre protegidos por los caones del brick, se dirigieron a la desembocadura del ro de la Merced.

Su intencin era penetrar en el canal y tomar por la espalda a los colonos del islote, de manera que stos, cualesquiera que fuese su nmero, se viesen entre los fuegos de la canoa y los del bergantn, y, por consiguiente, en la situacin ms comprometida.

Un cuarto de hora pas, durante el cual la canoa avanzaba en esta direccin en medio de un silencio absoluto y de una calma completa en el aire y en el agua.

Pencroff y Ayrton, aunque comprendan que iban a ser flanqueados, no haban dejado su puesto, bien porque no queran todava mostrarse a los asaltantes exponindose a los caones del Speedy, bien porque contaban con Nab y Geden Spilett, que estaban en la desembocadura del ro, o con Ciro Smith y Harbert, ocultos entre las rocas de las Chimeneas.

Veinte minutos despus de los primeros disparos, la canoa estaba enfrente de la desembocadura del ro de la Merced, a menos de dos cables. Como el flujo comenzaba con su violencia habitual ocasionada por lo estrecho de la desembocadura, los presidiarios se sintieron impulsados hacia el ro y slo a fuerza de remos lograron mantenerse en medio del canal. Pero, como pasaban a buen alcance de la desembocadura, dos balas les saludaron al paso y dos quedaron tendidos en la embarcacin. Nab y Spilett tampoco haban errado.

Inmediatamente el brick envi una segunda bala al puesto que se descubra por el humo de las armas de fuego, pero sin ms resultado que hacer saltar algunas puntas de roca.

En aquel momento, la canoa no llevaba ms que tres hombres tiles para el combate. Tomada por la corriente, enfil el canal con la rapidez de una flecha, pas delante de Ciro Smith y Harbert, que, no juzgndola a buen alcance, permanecieron mudos, y despus, doblando la punta norte del islote, con los dos remos que le quedaban, se dirigi a toda prisa hacia el brick.

Hasta entonces los colonos no tenan de qu quejarse. La partida empezaba mal para sus adversarios: stos tenan ya cuatro hombres heridos gravemente, o muertos quiz, y ellos, por el contrario, estaban ilesos y no haban perdido una bala. Si los piratas continuaban atacndolos de este modo, si renovaban otras tentativas de desembarco por medio de la canoa, podan ser destruidos uno a uno.

Ahora vemos perfectamente cun acertadas eran las disposiciones adoptadas por el ingeniero. Los piratas podan creer que tenan que vrselas con adversarios numerosos y bien armados, que sera difcil dominar.

Media hora tard la canoa, que tena que luchar contra la corriente del mar, en llegar al Speedy.

Cuando sus tripulantes subieron a bordo con los heridos, resonaron gritos espantosos y se dispararon tres o cuatro caonazos, que no podan producir ningn resultado.

Pero entonces otros piratas, ebrios de clera y quiz tambin de las libaciones de la vspera, se arrojaron a la embarcacin. Eran doce. Lanzse al mar una segunda canoa, en la cual entraron otros ocho hombres, y mientras la primera se diriga rectamente al

islote para arrojar de l a los colonos, la segunda maniobraba para forzar la entrada del ro de la Merced.

La situacin era evidentemente peligrossima para Pencroff y Ayrton y comprendieron que deban volver a tierra franca.

Sin embargo, esperaron a que la primera canoa estuviese al alcance de sus fusiles, y dos balas diestramente dirigidas volvieron a introducir el desorden en la tripulacin. Despus Pencroff y Ayrton, abandonando su puesto, no sin haber sufrido una descarga de diez tiros, atravesaron el islote con toda la rapidez que les permitieron sus piernas, se lanzaron a la piragua, pasaron el canal en el momento en que la segunda canoa llegaba a la punta sur y corrieron a refugiarse a las Chimeneas.

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