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Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
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As, Ciro Smith, volviendo a hablar de la hoguera encendida en el litoral por mano desconocida, no pudo menos de decir por vigsima vez al periodista:

-Pero est usted seguro de haberla visto bien? No era una erupcin parcial del volcn, un meteoro cualquiera?

-No, Ciro -contest Spilett-, era sin duda alguna un fuego encendido por mano de hombre. Por lo dems, pregunte a Pencroff y a Harbert, que lo vieron como yo, y confirmarn mis palabras.

Algunos das despus, el 25 de abril, en el momento en que todos los colonos estaban reunidos en la meseta de la Gran Vista, Ciro Smith tom la palabra y dijo:

-Amigos mos, creo que debo llamar la atencin sobre ciertos hechos que han pasado en la isla y sobre los cuales me gustara or el parecer de todos. Estos hechos son, por decirlo as, sobrenaturales

- Sobrenaturales! -exclam el marino lanzando una bocanada de humo de tabaco-. Sera posible que nuestra isla fuese sobrenatural!

-No, Pencroff, pero indudablemente es misteriosa -continu el ingeniero-, a no ser que usted pueda explicamos lo que Spilett y yo no hemos podido comprender hasta ahora.

-Hable, seor Ciro -aadi el marino.

-Pues bien, ha comprendido -dijo el ingeniero-cmo cayendo al mar fui encontrado a un cuarto de milla en el interior de la isla sin que me enterase de nada? -A no ser que estando desmayado -dijo Pencroff.

-Eso no es admisible -interrumpi el ingeniero-. Pero pasemos adelante. Ha comprendido cmo Top pudo descubrir dnde estaban ustedes a cinco millas de la gruta, donde yo me hallaba tendido?

-El instinto del perro -dijo Harbert.

-Instinto singular! -exclam el periodista-, puesto que, a pesar de la lluvia y el viento desencadenados durante toda la noche, Top lleg a las Chimeneas seco y sin una mancha de lodo.

-Pasemos ms adelante -dijo el ingeniero-. Ha comprendido cmo nuestro perro fue tan singularmente lanzado fuera de las aguas del lago, despus de su lucha con el dugongo?

-No, confieso que no lo he comprendido -contest Pencroff-, ni tampoco la herida que el dugongo tena en el costado y que pareca hecha con un instrumento cortante.

-Continuemos -repuso el ingeniero-. Han comprendido, amigos mos, cmo se encontraba aquel grano de plomo en el cuerpo del lechn de sano; cmo se hall el cajn tan bien encallado, sin que hubiera seales de naufragio; cmo se present a propsito la botella que contena el documento durante nuestra primera excursin por el mar; cmo nuestra canoa, despus de haber roto sus amarras, vino por la corriente del ro de la Merced a buscarnos precisamente en el momento en que tenamos necesidad de ella; cmo, despus de la invasin de los monos, se nos envi tan oportunamente la escalera desde las alturas del Palacio de granito; cmo, en fin, lleg a nuestras manos el documento que Ayrton asegura no haber escrito?

Ciro Smith acababa de enumerar, sin olvidar ni uno solo, los hechos extraos observados en la isla. Harbert, Pencroff y Nab se miraron no sabiendo qu responder, porque la sucesin de aquellos incidentes agrupados por primera vez les sorprenda.

-A fe ma -dijo Pencroff-, tiene usted razn, seor Ciro, y es difcil explicar esas cosas.

-Pues bien, amigos mos -aadi el ingeniero-, un nuevo incidente ms incomprensible an ha venido a sumarse a los enumerados. -Cul, seor Ciro? -pregunt vivamente Harbert.

-Cuando ustedes volvan de la isla Tabor -dijo el ingeniero-, no vieron una hoguera en la isla Lincoln?

-Ciertamente -contest el marino. -Y est seguro de haber visto ese fuego? -Como lo veo a usted ahora.

-Y t tambin, Harbert?

-Ah, seor Ciro! -exclam el joven-, ese fuego brillaba como una estrella.

-Pero no era una estrella? -pregunt el ingeniero insistiendo.

-No, seor -contest Pencroff-, porque el cielo estaba cubierto de espesas nubes y en todo caso una estrella no habra estado tan baja en el horizonte. Pero el seor Spilett lo vio como nosotros y puede confirmar mis palabras.

-Aadir -dijo el periodista-que ese fuego era muy vivo y se proyectaba como una corriente elctrica.

-S, s, eso -replic Harbert-, y estaba situado sobre las alturas del Palacio de granito.

-Pues bien, amigos mos -prosigui Ciro Smith-, la noche del 19 al 20 de octubre, ni Nab ni yo encendimos fuego en la costa.

-No fueron ustedes? -exclam Pencroff en el colmo de su estupefaccin y sin poder acabar la frase.

-En aquella noche no salimos del Palacio de granito -aadi Ciro Smith-y, si en la costa apareci una hoguera, no fueron nuestras manos las que la encendieron.

Pencroff y Harbert estaban estupefactos; no podan haberse hecho ilusin alguna; haban visto realmente un fuego en la isla durante la noche del 19 al 20 de octubre.

S. Todos tuvieron que convenir en que haba un misterio inexplicable, una influencia evidentemente favorable para los colonos, pero muy irritante para su curiosidad, que se haca sentir en las ocasiones oportunas sobre la isla Lincoln. Haba algn ser oculto en algunos de sus ms profundos retiros? Haba que saberlo.

Ciro Smith record a sus compaeros la singular actitud de Top y de Jup cuando se acercaban a la boca del pozo que tena el Palacio de granito en comunicacin con el mar, y les dijo que haba explorado aquel pozo sin descubrir en l nada sospechoso. En fin, el resultado de esta conversacin fue el acuerdo unnime de los miembros de la colonia de registrar enteramente la isla cuando volviese la estacin buena.

Pero desde aquel da Pencroff pareci preocupado. Aquella isla, que miraba como su propiedad personal, ya no le perteneca toda entera; la propiedad se reparta con otro dueo, al cual de buen o mal gusto se senta sometido. Nab y l hablaban con frecuencia de aquellas cosas inexplicables, y ambos, inclinados por su naturaleza a lo maravilloso, estaban muy cerca de creer que la isla Lincoln estaba sometida a un poder sobrenatural.

Entretanto, llegaron los malos das con el mes de marzo, que es el noviembre de las zonas boreales, y el invierno pareca duro y precoz. Por consiguiente, se emprendieron sin demora las tareas de invierno.

Por lo dems, los colonos estaban bien preparados para recibir el fro, por grande que fuese. No faltaban los vestidos de fieltro, porque el rebao de muflones, muy numeroso entonces, haba dado la lana necesaria para la fabricacin de aquella tela de abrigo.

Huelga decir que Ayrton fue provisto de cmodos vestidos. Ciro Smith le invit a pasar la mala estacin en el Palacio de granito, donde estara mejor alojado que en la dehesa, y Ayrton prometi hacerlo cuando estuviesen terminados los trabajos comenzados, lo cual sucedi hacia mediados de abril. Desde entonces Ayrton tom parte en la vida comn y prest en todas ocasiones tiles servicios, aunque, siempre humilde y triste, no tomaba parte en las diversiones de los compaeros.

Durante la mayor parte de aquel invierno que los colonos pasaron en la isla Lincoln, tuvieron que permanecer confinados en el Palacio de granito, porque hubo grandes tempestades y borrascas terribles que parecan querer arrancar las rocas de sus bases. Inmensas corrientes de marea amenazaban cubrir toda la isla y cualquier buque que se hubiera fondeado junto a ella se habra perdido. Dos veces, durante una de aquellas corrientes, el ro de la Merced creci hasta el punto de inspirar temores de que el puente y los puentecillos desaparecieran y hubo que consolidar los de la playa, que quedaban siempre cubiertos bajo las olas cuando el mar bata el litoral.

Ya se comprender que tales huracanes, comparables con trombas, en que se mezclaban la lluvia y la nieve, causaran grandes destrozos en la meseta de la Gran Vista. Los que ms padecieron fueron el molino y el corral Los colonos tuvieron que hacer con frecuencia grandes reparaciones, sin las cuales se hubiera visto amenazada la existencia de las aves encerradas.

En aquel tiempo tan malo algunas parejas de jaguares y bandas de cuadrmanos se aventuraron hasta el lmite de la meseta, y haba que temer que los ms audaces y robustos, impulsados por el hambre llegasen a atravesar el arroyo, que, por otra parte, cuando estaba helado, presentaba fcil acceso. Si as hubiera sucedido, las plantaciones y los animales domsticos hubieran sido destruidos infaliblemente, al no tener una vigilancia continua; y con frecuencia hubo que hacer algunos disparos de armas de fuego para mantener a respetuosa distancia los peligrosos visitantes. Por consiguiente, no falt quehacer en el invierno, Porque sin contar los cuidados del exterior, haba siempre mil obras de mueblaje y decorado que acabar en el Palacio de granito.

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