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Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
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fuga.

Dos o tres piratas, despertados por el ruido; bajaban por la escalera en aquel nioniento. Ayrton dispar el quinto tiro y derrib a uno, mientras los otros desaparecieron, no comprendiendo nada de lo que pasaba. Despus, Ayrton, en dos saltos, se hall sobre el puente del brick y, descargando por ltima vez su revlver en la cara de un pirata que acababa de asirlo por el cuello, subi sobre la obra muerta y se precipit al mar.

No haba nadado seis brazas el fugitivo, cuando llovieron las balas a su alrededor como granizo.

Excusado es decir cules seran las emociones de Pencroff, que estaba oculto tras una roca del islote, y las de Ciro Smith, el periodista, Harbert y Nab, escondidos en las Chimeneas, cuando oyeron aquellas detonaciones a bordo del brick. Todos se lanzaron a

la playa y, echndose los fusiles a la cara, se mantuvieron dispuestos a rechazar la agresin.

Para ellos no haba duda: Ayrton, sorprendido por los piratas, haba sido asesinado y quiz aquellos miserables iban a aprovecharse de la noche para hacer un desembarco en la isla.

Pasaron media hora en una ansiedad mortal. Sin embargo, las detonaciones haban cesado y Ayrton y Pencroff no volvan. Haba sido invadido el islote? Deban correr en auxilio de Ayrton y de Pencroff? Pero cmo? La marea alta, en aquel momento, haca el canal infranqueable; la piragua no estaba all. Ciro Smith y sus compaeros estaban posedos de la ms horrible inquietud.

En fin, como a las doce y media, una piragua con dos hombres se acerc a la playa. Eran Ayrton, ligeramente herido en el hombro, y Pencroff, sano y salvo, a quienes sus amigos recibieron con los brazos abiertos.

Inmediatamente todos se refugiaron en las Chimeneas. All Ayrton cont lo que haba pasado y no ocult el proyecto que haba tenido de volar el brick, proyecto que haba estado a punto de ejecutar.

Todas las manos se tendieron hacia Ayrton, el cual no disimul a los colonos la gravedad de la situacin. Los piratas estaban alerta y saban que la isla Lincoln estaba habitada. Desembarcaran muchos y bien armados; no respetaran nada y, si los colonos caan en sus manos, no tenan que esperar misericordia.

-Pues bien, sabremos morir -dijo el periodista.

-Volvamos a las Chimeneas y vigilemos -aadi el ingeniero.

-Tenemos alguna probabilidad de salvacin, seor Ciro? -pregunt el marino.

-S, Pencroff. -Hum! Seis contra cincuenta! -S, seis sin contar -Quin? -pregunt Pencroff. Ciro no respondi, pero seal al cielo con la mano.

3. Defensa contra la nave pirata

La noche transcurri sin incidente. Los colonos estaban alerta y no haban abandonado el puesto de las Chimeneas. Los piratas, por su parte, parecan intencionados en desembarcar. Desde que se oyeron los ltimos tiros de fusil dirigidos contra Ayrton, ni una detonacin ni el menor ruido haba anunciado la presencia del brick en las costas de la isla y casi poda creerse que haban levado el ancla pensando tener que vrselas con una poblacin numerosa y se haban alejado de aquellos parajes.

Pero no era as y, cuando comenz a rayar el alba, los colonos pudieron entrever a travs de las brumas de la maana una masa confusa. Era el Speedy.

-Amigos mos -dijo entonces el ingeniero-, voy a darles las disposiciones que me parece conveniente tomar antes de que se disipe la niebla que nos oculta a la vista de los piratas, durante la cual podremos operar sin llamar la atencin. Lo que importa, sobre todo, es hacer creer a esos malhechores que los habitantes de la isla son muchos y, por consiguiente, capaces de resistirlos. Propongo, pues, que nos dividamos en tres grupos, que se apostarn: el primero, aqu en las Chimeneas, y el segundo, en la desembocadura del ro de la Merced. En cuanto al tercero, creo que sera bueno situarlo en el islote para impedir, o retardar al menos, toda tentativa de desembarco. Tenemos dos carabinas y cuatro fusiles: todos estaremos armados y, como la provisin de plvora y balas es abundante, no tendremos que economizar los tiros. Nada tenemos que tener ni de los fusiles ni de los caones del brick. Qu podra contra estas rocas? Y como no tiraremos desde las ventanas del Palacio de granito, los piratas no pensarn en enviar all las balas del can, que podran causar daos irreparables. Lo temible es venir a las manos,

porque los piratas son muchos. Hay que oponerse al desembarco, pero sin descubrir nuestras fuerzas. Por consiguiente, no hay que economizar las municiones: dispararemos muchos tiros, pero con buena puntera. Cada uno de nosotros tiene que matar a ocho o diez enemigos.

Ciro Smith haba calculado claramente la situacin, sin dejar de hablar con voz tranquila, como si se tratase de dirigir una obra cualquiera y no de arreglar el plan de batalla. Sus compaeros aprobaron estas disposiciones sin pronunciar una palabra. Se trataba slo de tomar cada uno el puesto que le corresponda antes de que se disipara la bruma completamente.

Nab y Pencroff subieron inmediatamente al Palacio de granito y bajaron con las municiones. Geden Spilett y Ayrton, ambos excelentes tiradores, tomaron las dos carabinas de precisin, que alcanzaban a una milla de distancia, y los otros cuatro fusiles se repartieron entre Ciro Smith, Nab, Pencroff y Harbert.

As se arreglaron los puestos avanzados.

Ciro Smith y Harbert se quedaron emboscados en las Chimeneas, dominando la playa, al pie del Palacio de granito, en un radio bastante grande.

Geden Spilett y Nab fueron a esconderse entre las rocas, en la desembocadura del ro de la Merced, cuyo puente, as como los puentecillos, haban sido levantados con el objeto de impedir todo paso en canoa y todo desembarco en la orilla opuesta.

Ayrton y Pencroff lanzaron al mar la piragua y se dispusieron a atravesar el canal para ocupar separadamente dos posiciones en el islote. De esta manera, hacindoles fuego en cuatro puntos diferentes, los piratas deberan pensar que la isla estaba suficientemente poblada y al mismo tiempo bien defendida.

En el caso que se efectuara un desembarco sin que lo pudieran impedir o en el de verse rodeados por alguna embarcacin del brick, Pencroff y Ayrton deban volver con la piragua a la isla y dirigirse al punto ms amenazado.

Antes de dirigirse cada uno a su puesto, los colonos se estrecharon por ltima vez la mano. Pencroff no pudo dominarse para disimular su emocin al abrazar a Harbert, su hijo! y se separaron.

Algunos instantes despus, Ciro Smith y Harbert, por una parte, el periodista y Nab, por otra, haban desaparecido detrs de las rocas, y cinco minutos ms tarde, Ayrton y Pencroff, que haban atravesado felizmente el canal, desembarcaban en el islote y se ocultaban en las anfractuosidades de su orilla oriental.

Ninguno poda haber sido visto, porque ellos mismos no distinguan al brick a travs de la niebla.

Eran las seis y media de la maana. Pronto, la niebla se desgarr poco a poco en las capas superiores del aire y el tope de los mstiles del brick sali entre los vapores. Por algunos instantes gruesas volutas rodaron por la superficie del mar, despus se levant la brisa y disip rpidamente la bruma.

El Speedy se present a la vista de los colonos sostenido por sus dos anclas, dando la proa al norte y presentando a la isla su costado de babor.

Como haba calculado Ciro, estaba a menos de milla y media de la costa. La siniestra bandera negra flotaba en su cangreja. El ingeniero, con su anteojo, pudo ver que los cuatro caones que componan la artillera de a bordo estaban asestados contra la isla y evidentemente dispuestos para hacer fuego a la primera seal.

Sin embargo, el Speedy permaneca mudo. Se vean unos treinta piratas ir y venir por el puente. Algunos haban subido a la toldilla; otros dos, situados en las barras del juanete mayor y provistos de catalejos, observaban la isla con atencin.

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