La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
Al mismo tiempo se oy un ruido de cadenas que rechinaban a travs de los escobones. El buque acababa de fondear a la vista del Palacio de granito.
2. Una nave pirata espiada por Ayrton
No caba duda alguna sobre las intenciones de los piratas: haban echado el ancla a corta distancia de la isla y era evidente que, a la maana siguiente, por medio de sus canoas, desembarcaran en la playa.
Ciro Smith y sus compaeros estaban preparados a defenderse, pero, por resueltos que fuesen, no deban olvidar la prudencia. Quiz su presencia poda ocultarse en el caso que los piratas se contentaran con desembarcar en el litoral sin penetrar en el interior de la isla. Poda creerse que no tuviesen otro proyecto que hacer aguada en el ro de la Merced y no era imposible que el puente, situado a milla y media de la desembocadura, y los arreglos de las chimeneas, escaparan a sus miradas.
Pero por qu estaba arbolado el pabelln en la cangreja del brick? Por qu se haba disparado aquel caonazo? Pura baladronada, al menos que no fuera el indicio de una toma de posesin. Ciro Smith saba ya que el navo estaba formidablemente armado. Ahora bien, para responder al can de los piratas, qu tenan los colonos de la isla Lincoln? Algunos fusiles.
-Sin embargo -observ Ciro Smith-, estamos en una situacin inexpugnable. El enemigo no podr descubrir el orificio de desage ahora que est oculto bajo las caas y las hierbas, y, por consiguiente, le es imposible penetrar en el Palacio de granito.
-Pero nuestras plantaciones, nuestra dehesa, nuestro corral, todo, en fin! -exclam Pencroff, dando una patada-. Todo pueden arrancarlo y destruirlo en pocas horas.
-Todo, Pencroff -contest Ciro Smith-, y no tenemos ningn medio para impedrselo.
-Son muchos? Esta es la cuestin -dijo entonces el periodista-. Si son una docena, podemos contenerlos, pero si son cuarenta, cincuenta, ms tal vez
-Seor Smith -dijo entonces Ayrton, que se adelant hacia el ingeniero-, quiere concederme un permiso?
-Cul, amigo mo? -Ir hasta el buque para enterarme de la fuerza de la tripulacin. -Pero, Ayrton -contest vacilando el ingeniero-, arriesga su vida -Por qu no la he de arriesgar, seor? -Es ms que su deber, Ayrton.
-Tengo que hacer ms que mi deber -contest el ex presidiario. -Ir usted con la piragua hasta el buque? -pregunt Geden Spilett. -No, seor, ir nadando. La piragua no pasara por donde puede deslizarse un hombre. -Sabe bien que el brick est a una milla y cuarto de la costa? -dijo Harbert. -Soy un buen nadador, seor Harbert.
-Esto es arriesgar su vida, le vuelvo a repetir a usted -repuso el ingeniero.
-Poco importa -aadi Ayrton-. Seor Smith, le pido esto como una gracia. Quiz es un medio para realzarme a mis propios ojos!
-Vaya, Ayrton -contest el ingeniero, que comprenda que la negativa hubiera entristecido profundamente al antiguo presidiario, convertido ya en un hombre honrado.
-Yo lo acompaar -dijo Pencroff. -Desconfa de m? -pregunt Ayrton.
-Ah!
-No, no -contest vivamente Ciro Smith-, no, Ayrton. Pencroff no desconfa de usted. Ha interpretado mal sus palabras.
-En efecto -aadi el marino-, propongo acompaar a Ayrton hasta el islote solamente. Puede suceder, aunque es poco probable, que uno de esos tunantes haya desembarcado, y dos hombres nunca estarn de ms para impedirle que d la seal de alarma. Esperar a Ayrton en el islote; l ir solo al buque, como se ha propuesto hacer.
As qued acordado. Ayrton hizo sus preparativos de partida. Su proyecto era audaz, pero poda tener buen xito, gracias a la oscuridad de la noche. Una vez llegado al buque, Ayrton, agarrado a los puntales, a las cadenas de los obenques, podra reconocer el nmero y quizs sorprender las intenciones de los bandidos.
Ayrton y Pencroff, seguidos de sus compaeros, bajaron a la playa. Ayrton se desnud y se frot con grasa para aguantar la temperatura del agua, que aun estaba fra, y en la cual, en efecto, poda suceder que se viera obligado a permanecer durante muchas horas.
Pencroff y Nab, durante este tiempo, haban ido a buscar la piragua, que estaba amarrada unos centenares de pasos ms arriba, en la orilla del ro de la Merced, y, cuando volvieron, Ayrton estaba dispuesto a partir.
Echaron una manta a los hombros de Ayrton y volvieron a estrecharle la mano.
Ayrton se embarc en la piragua con Pencroff. Eran las diez y media de la noche, cuando los dos desaparecieron en la oscuridad. Sus compaeros volvieron, para esperarlos en las Chimeneas.
El canal fue fcilmente atravesado y la piragua se acerc a la orilla opuesta del islote con precaucin, para el caso en que anduvieran por aquella parte los piratas. Pero, despus de una atenta observacin, pareca evidente que el islote estaba desierto. As, pues, Ayrton, seguido de Pencroff, lo atraves con paso rpido, asustando a las aves anidadas en los huecos de las rocas; despus, sin vacilar, se arroj al mar y nad, sin que se oyera el ms leve rumor, en direccin al buque, cuyos faroles, encendidos poco antes, indicaban la situacin exacta.
Pencroff se ocult en un barranco de la orilla, esperando la vuelta de su compaero.
Entretanto, Ayrton nadaba con brazo vigoroso y se deslizaba a travs de la sbana de agua, sin producir el ms ligero estremecimiento. Su cabeza apenas sala y sus ojos estaban fijos en la sombra masa del brick, cuyos faroles se reflejaban en el mar. No pensaba ms que en el deber que haba prometido cumplir y no en los peligros que corra a bordo del buque y en aquellos parajes frecuentados por los tiburones. La corriente lo llevaba hacia el buque y se alejaba rpidamente de la costa.
Media hora despus Ayrton, sin haber sido visto ni odo, se deslizaba entre dos aguas, llegaba al buque y se agarraba con una mano al barbiquejo del bauprs. Respir y, levantndose sobre las cadenas, lleg hasta el extremo del espoln. All se secaban unos calzones de marino; se puso uno y escuch.
Nadie dorma a bordo del brick: unos discutan, otros cantaban, otros rean. He aqu las frases principales que, acompaadas de juramentos, impresionaron ms a Ayrton:
-Buena adquisicin la de nuestro brick.
-Marcha bien el Speedy (ligero) y merece su nombre.
-Aunque toda la marina del Norfolk viniera a cazarnos, perdera el tiempo.
-Hurra por su comandante! -Hurra por Bob Harvey.
Se comprender la sensacin que debi experimentar Ayrton, al or esta observacin, cuando se sepa que este Bob Harvey era uno de los antiguos compaeros de Australia, marino audaz, que haba tomado a cargo la continuacin de sus criminales proyectos. Bob Harvey se haba apoderado en las aguas de la isla de Norfolk de aquel brick que iba cargado de armas, municiones, utensilios y herramientas de toda especie destinados a una de las islas de Sandwich. Haba llevado a bordo toda su partida y aquellos miserables, convertidos en piratas, despus de haber sido presidiarios, recorran el Pacfico destruyendo los buques, asesinando las tripulaciones y mostrndose ms feroces que los mismos malayos.
Los presidiarios hablaban en voz alta, referan sus proezas bebiendo desmesuradamente y Ayrton pudo entender la siguiente relacin:
La tripulacin del Speedy se compona nicamente de presidiarios ingleses fugados de Norfolk. Ahora diremos lo que es Norfolk.
A los 29 2' de latitud sur y de 165 42' de longitud este, al este de la Australia, hay un islote de seis leguas de circunferencia, dominado por el monte Pitt, que se levanta mil cien pies sobre el nivel del mar. Esta es la isla de Norfolk, donde el Gobierno ingls tiene un establecimiento para encerrar a los sentenciados ms incorregibles de sus penitenciaras. All se encuentran unos quinientos hombres sometidos a una disciplina de hierro, bajo la amenaza de castigos terribles, guardados por ciento cincuenta soldados y otros tantos empleados, a las rdenes de un gobernador. Sera difcil imaginar una reunin de maleantes peor que sta. A veces, aunque muy pocas, a pesar de la excesiva vigilancia de que son objeto, algunos logran escaparse, y, apoderndose de los barcos que pueden sorprender., recorren los archipilagos de Polinesia.