Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
1 ... 93 94 95 96 97 98 99 100 101 ... 142
Перейти на страницу:

Se hizo tambi�n en algunos d�as muy buena caza durante los grandes fr�os en los vastos pantanos de los Tadornes. Gede�n Spilett y Harbert, ayudados de Jup y Top, no perd�an un tiro en medio de aquellas mir�adas de patos, becasinas, cercetas y aves fr�as. El acceso a aquel territorio tan abundante en caza era f�cil por otra parte, ya por el camino del puerto del Globo, ya por el puente de la Merced, ya doblando las rocas de la punta del Pecio; y los cazadores no se alejaban nunca del Palacio de granito m�s de dos o tres millas.

As� pasaron los cuatro meses de invierno, que fueron los verdaderamente rigurosos, es decir, junio, julio, agosto y septiembre. El Palacio de granito no padeci� mucho por efecto de las inclemencias del tiempo, y lo mismo sucedi� en la dehesa, que, menos expuesta que la meseta y cubierta en gran parte por el monte Franklin, no recib�a directamente los golpes de viento, porque ven�an ya cortados por los bosques y las altas rocas del litoral. As�, los deterioros de la dehesa fueron poco importantes, y la mano activa y h�bil de Ayrton bast� para repararlos r�pidamente, cuando en la segunda quincena de octubre volvi� a pasar algunos d�as en la dehesa.

Durante aquel invierno no hubo ning�n nuevo incidente inexplicable. Nada extra�o sucedi�, aunque Pencroff y Nab estaban en acecho de los sucesos m�s insignificantes que hubieran podido referirse a una causa misteriosa. Top y Jup ya no andaban alrededor de la boca del pozo ni daban se�al ninguna de inquietud. Parec�a que la serie de incidentes sobrenaturales se hab�a interrumpido, aunque con frecuencia se hablaba de ellos en las veladas del Palacio de granito y se ratificaba el acuerdo de registrar la isla hasta en sus rincones m�s ocultos y m�s dif�ciles de explorar. Pero un acontecimiento

grave, cuyas consecuencias pod�an ser funestas, vino por el momento a distraer de sus proyectos a Ciro Smith y a sus compa�eros.

Corr�a el mes de octubre y la buena estaci�n volv�a a grandes pasos. La naturaleza se renovaba bajo los rayos del sol y en medio del follaje persistente de las con�feras que formaban la linde del bosque aparec�a ya el nuevo follaje de los almaces, de las banksias y de los deodares.

El lector recordar� que Gede�n Spilett y Harbert hab�an tomado en diferentes ocasiones vistas fotogr�ficas de la isla Lincoln.

El 17 de aquel mes de octubre, a las tres de la tarde, Harbert, seducido por la pureza del cielo, tuvo el pensamiento de reproducir toda la bah�a de la Uni�n que daba frente a la meseta de la Gran Vista, desde el cabo Mand�bula hasta el cabo de la Garra.

El horizonte estaba despejado, y el mar, ondulado al impulso de una blanda brisa, presentaba la inmovilidad de las aguas de un lago, picadas ac� y all� por chispas luminosas.

El objetivo fue colocado en una de las ventanas del sal�n del Palacio de granito; por lo tanto dominaba la playa y la bah�a. Harbert procedi� como ten�a costumbre, y, una vez obtenido el clis�, fue a fijarlo mediante las sustancias que estaban depositadas en un aposento oscuro de la vivienda.

Volviendo luego a la luz y examinando bien el clis�, observ� en �l un punto casi imperceptible, que manchaba el horizonte del mar. Trat� de hacerle desaparecer por medio del lavado, pero por m�s que hizo no pudo conseguirlo.

"Es un defecto del vidrio", pens�.

Y entonces tuvo la curiosidad de examinar aquel defecto con una lente de bastante aumento, que destornill� de uno de los gemelos. Apenas lo hubo examinado, dio un grito y estuvo a punto de dejar escapar de las manos el clis�.

Inmediatamente corri� a la habitaci�n donde estaba Ciro Smith, le alarg� el clis� y la lente ense��ndole la manchita. El ingeniero examin� aquel punto y despu�s, tomando su catalejo, se precipit� hacia la ventana. El anteojo, despu�s de haber recorrido lentamente el horizonte, se detuvo sobre el punto sospechoso, y Ciro Smith, baj�ndose, pronunci� esta sola palabra:

-��Buque!

En efecto, hab�a un buque a la vista de la isla Lincoln.

III. EL SECRETO DE LA ISLA

1. �Buque a la vista!

Dos a�os y medio hac�a que los n�ufragos del globo hab�an sido arrojados a la isla Lincoln, y hasta entonces no hab�an podido establecer ninguna comunicaci�n entre ellos y sus semejantes. Una vez, el periodista hab�a intentado ponerse en relaci�n con el mundo habitado, confiando a un ave la nota que conten�a el secreto de su situaci�n; pero �sta era una probabilidad con la cual no pod�a contarse seriamente. S�lo Ayrton, y en las circunstancias que ya se saben, se hab�a reunido con los miembros de la peque�a colonia. Ahora bien, aquel mismo d�a -17 de octubre-otros hombres se presentaban a la vista de la isla, en aquel mar hasta entonces desierto.

�No cab�a duda alguna! All� hab�a un buque. Pero �pasar�a de largo o se detendr�a? Antes de pocas horas los colonos iban a saber, seguramente, a qu� atenerse.

Ciro Smith y Harbert llamaron inmediatamente a Gede�n Spilett, Pencroff y Nab al sal�n del Palacio de granito y les pusieron al corriente de lo que pasaba. Pencroff, tomando el anteojo, recorri� r�pidamente el horizonte y se detuvo en el punto indicado, es decir, en el que hab�a formado la mancha imperceptible en el clis� fotogr�fico.

-��Mil diablos! �Es un buque! -dijo con un acento que no denotaba un entusiasmo extraordinario. -�Viene hacia aqu�? -pregunt� Gede�n Spilett.

-�No puede asegurarse nada todav�a -contest� Pencroff-, porque s�lo aparece en el horizonte su arboladura; no se ve m�s que una parte de su casco. -�Qu� haremos? -dijo el joven. -Esperar -contest� Ciro Smith.

Y durante largo tiempo los colonos permanecieron en silencio, entregados a sus pensamientos y a todas las emociones, a todos los temores y esperanzas que pod�a originar en ellos este incidente, el m�s grave que hab�a ocurrido desde su llegada a la isla Lincoln.

Ciertamente no se hallaban los colonos en la situaci�n de n�ufragos abandonados en un islote est�ril, que disputan su miserable existencia a una naturaleza madrastra y se ven incesantemente devorados por el deseo de volver a ver las tierras habitadas. Pencroff y Nab sobre todo, que se consideraban a la vez dichosos y ricos, no habr�an dejado sin pesar la isla. Adem�s, se hab�an acostumbrado a aquella vida nueva en aquella posesi�n que su inteligencia, por decir as�, hab�a civilizado.

Pero, en fin, aquel buque significaba noticias del continente y era quiz� una parte de la patria que acud�a a buscarlos. En �l ven�an seres semejantes a ellos y era natural que sus corazones latieran.

De vez en cuando, Pencroff volv�a a tomar el anteojo y se apostaba a la ventana, examinando con much�sima atenci�n el buque, que estaba a una distancia de veinte millas al este. Los colonos no ten�an medio alguno de se�alar su presencia; una bandera no habr�a sido vista; la detonaci�n de un arma de fuego no habr�a sido o�da, y una hoguera no hubiera sido visible desde tan lejos.

Sin embargo era indudable que la isla dominada por el monte Franklin no hab�a podido ocultarse a las miradas de los vig�as del buque. Pero �qu� objeto podr�a inducirlo a acercarse a la costa? �La casualidad le llevaba hacia aquella parte del Pac�fico, donde las cartas no se�alaban tierra alguna, salvo la isla Tabor, que est� fuera del rumbo ordinario de los buques que hacen la traves�a de los archipi�lagos polinesios de Nueva Zelanda y de la costa americana?

A esta pregunta, que cada cual se hac�a interiormente, contest� Harbert:

-��Ser� el Duncan?

Se recordar� que el Duncan era el yate de lord Glenarvan, que hab�a abandonado a Ayrton en el islote y que deb�a volver a recogerlo un d�a. El islote no estaba tan apartado de la isla Lincoln, que un buque que hiciese rumbo al uno no pudiera pasar a la vista de la otra. S�lo los separaba una distancia de ciento cincuenta millas, y setenta y cinco de latitud.

1 ... 93 94 95 96 97 98 99 100 101 ... 142
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)