La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
Se hizo tambin en algunos das muy buena caza durante los grandes fros en los vastos pantanos de los Tadornes. Geden Spilett y Harbert, ayudados de Jup y Top, no perdan un tiro en medio de aquellas miradas de patos, becasinas, cercetas y aves fras. El acceso a aquel territorio tan abundante en caza era fcil por otra parte, ya por el camino del puerto del Globo, ya por el puente de la Merced, ya doblando las rocas de la punta del Pecio; y los cazadores no se alejaban nunca del Palacio de granito ms de dos o tres millas.
As pasaron los cuatro meses de invierno, que fueron los verdaderamente rigurosos, es decir, junio, julio, agosto y septiembre. El Palacio de granito no padeci mucho por efecto de las inclemencias del tiempo, y lo mismo sucedi en la dehesa, que, menos expuesta que la meseta y cubierta en gran parte por el monte Franklin, no reciba directamente los golpes de viento, porque venan ya cortados por los bosques y las altas rocas del litoral. As, los deterioros de la dehesa fueron poco importantes, y la mano activa y hbil de Ayrton bast para repararlos rpidamente, cuando en la segunda quincena de octubre volvi a pasar algunos das en la dehesa.
Durante aquel invierno no hubo ningn nuevo incidente inexplicable. Nada extrao sucedi, aunque Pencroff y Nab estaban en acecho de los sucesos ms insignificantes que hubieran podido referirse a una causa misteriosa. Top y Jup ya no andaban alrededor de la boca del pozo ni daban seal ninguna de inquietud. Pareca que la serie de incidentes sobrenaturales se haba interrumpido, aunque con frecuencia se hablaba de ellos en las veladas del Palacio de granito y se ratificaba el acuerdo de registrar la isla hasta en sus rincones ms ocultos y ms difciles de explorar. Pero un acontecimiento
grave, cuyas consecuencias podan ser funestas, vino por el momento a distraer de sus proyectos a Ciro Smith y a sus compaeros.
Corra el mes de octubre y la buena estacin volva a grandes pasos. La naturaleza se renovaba bajo los rayos del sol y en medio del follaje persistente de las conferas que formaban la linde del bosque apareca ya el nuevo follaje de los almaces, de las banksias y de los deodares.
El lector recordar que Geden Spilett y Harbert haban tomado en diferentes ocasiones vistas fotogrficas de la isla Lincoln.
El 17 de aquel mes de octubre, a las tres de la tarde, Harbert, seducido por la pureza del cielo, tuvo el pensamiento de reproducir toda la baha de la Unin que daba frente a la meseta de la Gran Vista, desde el cabo Mandbula hasta el cabo de la Garra.
El horizonte estaba despejado, y el mar, ondulado al impulso de una blanda brisa, presentaba la inmovilidad de las aguas de un lago, picadas ac y all por chispas luminosas.
El objetivo fue colocado en una de las ventanas del saln del Palacio de granito; por lo tanto dominaba la playa y la baha. Harbert procedi como tena costumbre, y, una vez obtenido el clis, fue a fijarlo mediante las sustancias que estaban depositadas en un aposento oscuro de la vivienda.
Volviendo luego a la luz y examinando bien el clis, observ en l un punto casi imperceptible, que manchaba el horizonte del mar. Trat de hacerle desaparecer por medio del lavado, pero por ms que hizo no pudo conseguirlo.
"Es un defecto del vidrio", pens.
Y entonces tuvo la curiosidad de examinar aquel defecto con una lente de bastante aumento, que destornill de uno de los gemelos. Apenas lo hubo examinado, dio un grito y estuvo a punto de dejar escapar de las manos el clis.
Inmediatamente corri a la habitacin donde estaba Ciro Smith, le alarg el clis y la lente ensendole la manchita. El ingeniero examin aquel punto y despus, tomando su catalejo, se precipit hacia la ventana. El anteojo, despus de haber recorrido lentamente el horizonte, se detuvo sobre el punto sospechoso, y Ciro Smith, bajndose, pronunci esta sola palabra:
-Buque!
En efecto, haba un buque a la vista de la isla Lincoln.
III. EL SECRETO DE LA ISLA
1. Buque a la vista!
Dos aos y medio haca que los nufragos del globo haban sido arrojados a la isla Lincoln, y hasta entonces no haban podido establecer ninguna comunicacin entre ellos y sus semejantes. Una vez, el periodista haba intentado ponerse en relacin con el mundo habitado, confiando a un ave la nota que contena el secreto de su situacin; pero sta era una probabilidad con la cual no poda contarse seriamente. Slo Ayrton, y en las circunstancias que ya se saben, se haba reunido con los miembros de la pequea colonia. Ahora bien, aquel mismo da -17 de octubre-otros hombres se presentaban a la vista de la isla, en aquel mar hasta entonces desierto.
No caba duda alguna! All haba un buque. Pero pasara de largo o se detendra? Antes de pocas horas los colonos iban a saber, seguramente, a qu atenerse.
Ciro Smith y Harbert llamaron inmediatamente a Geden Spilett, Pencroff y Nab al saln del Palacio de granito y les pusieron al corriente de lo que pasaba. Pencroff, tomando el anteojo, recorri rpidamente el horizonte y se detuvo en el punto indicado, es decir, en el que haba formado la mancha imperceptible en el clis fotogrfico.
-Mil diablos! Es un buque! -dijo con un acento que no denotaba un entusiasmo extraordinario. -Viene hacia aqu? -pregunt Geden Spilett.
-No puede asegurarse nada todava -contest Pencroff-, porque slo aparece en el horizonte su arboladura; no se ve ms que una parte de su casco. -Qu haremos? -dijo el joven. -Esperar -contest Ciro Smith.
Y durante largo tiempo los colonos permanecieron en silencio, entregados a sus pensamientos y a todas las emociones, a todos los temores y esperanzas que poda originar en ellos este incidente, el ms grave que haba ocurrido desde su llegada a la isla Lincoln.
Ciertamente no se hallaban los colonos en la situacin de nufragos abandonados en un islote estril, que disputan su miserable existencia a una naturaleza madrastra y se ven incesantemente devorados por el deseo de volver a ver las tierras habitadas. Pencroff y Nab sobre todo, que se consideraban a la vez dichosos y ricos, no habran dejado sin pesar la isla. Adems, se haban acostumbrado a aquella vida nueva en aquella posesin que su inteligencia, por decir as, haba civilizado.
Pero, en fin, aquel buque significaba noticias del continente y era quiz una parte de la patria que acuda a buscarlos. En l venan seres semejantes a ellos y era natural que sus corazones latieran.
De vez en cuando, Pencroff volva a tomar el anteojo y se apostaba a la ventana, examinando con muchsima atencin el buque, que estaba a una distancia de veinte millas al este. Los colonos no tenan medio alguno de sealar su presencia; una bandera no habra sido vista; la detonacin de un arma de fuego no habra sido oda, y una hoguera no hubiera sido visible desde tan lejos.
Sin embargo era indudable que la isla dominada por el monte Franklin no haba podido ocultarse a las miradas de los vigas del buque. Pero qu objeto podra inducirlo a acercarse a la costa? La casualidad le llevaba hacia aquella parte del Pacfico, donde las cartas no sealaban tierra alguna, salvo la isla Tabor, que est fuera del rumbo ordinario de los buques que hacen la travesa de los archipilagos polinesios de Nueva Zelanda y de la costa americana?
A esta pregunta, que cada cual se haca interiormente, contest Harbert:
-Ser el Duncan?
Se recordar que el Duncan era el yate de lord Glenarvan, que haba abandonado a Ayrton en el islote y que deba volver a recogerlo un da. El islote no estaba tan apartado de la isla Lincoln, que un buque que hiciese rumbo al uno no pudiera pasar a la vista de la otra. Slo los separaba una distancia de ciento cincuenta millas, y setenta y cinco de latitud.