La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
-Y puede ir a las islas Pomot -aadi Harbert-el que ha llegado hasta Tabor.
-No digo que no -repuso Pencroff, que tena siempre voto preferente en las cuestiones martimas-; no digo que no, aunque no es lo mismo hacer una travesa corta que hacerla larga. Si nuestra chalupa se hubiera visto amenazada de algn mal golpe de viento en su viaje a Tabor, sabramos que el puerto no estaba lejos, pero mil doscientas millas son mucha distancia. Eso hay que andar al menos para llegar a la tierra ms prxima.
-Y en caso necesario, Pencroff, no intentara esa aventura? -pregunt el periodista.
-Yo soy capaz de intentar todo lo que se quiera, seor Spilett -contest el marino-, y sabe muy bien que no me tiro para atrs.
-Ten presente tambin -observ Nab- que ahora contamos con otro marino. -Quin? -pregunt Pencroff. -Ayrton.
-Justo -dijo Harbert. -Si consiente en venir! -observ Pencroff.
-Bueno! -dijo Spilett-, cree que, si el yate de lord Glenarvan se hubiera presentado en la isla Tabor, cuando Ayrton la habitaba todava, se habra negado nuestro compaero a marchar?
-Olvidan, amigos mos -dijo entonces Ciro Smith-, que Ayrton, durante los ltimos aos de su estancia en aquel islote, haba perdido la razn. Pero la cuestin no es sa: la cuestin es si debemos contar, entre las probabilidades que tenemos de salvacin, con la vuelta del buque escocs. Ahora bien, lord Glenarvan prometi a Ayrton venir a recogerlo a la isla Tabor, cuando creyera expiados sus crmenes. Creo que vendr.
-S -dijo el corresponsal-. Aadir que vendr pronto, porque hace doce aos que Ayrton fue abandonado.
-Ah! -exclam Pencroff-, estoy de acuerdo en que ese lord volver y hasta en que volver pronto. Pero adnde arribar? A la isla Tabor o a la Lincoln?
-Ah est, sobre todo porque la isla Lincoln no est en ningn mapa dijo Harbert.
-Por eso, amigos mos -observ el ingeniero-, debemos tomar las precauciones necesarias para poner en la isla Tabor una seal que indique nuestra existencia y la de Ayrton en Lincoln.
-Evidentemente -repuso el periodista-, y nada ms fcil que depositar en aquella cabaa, que fue morada del capitn Grant y de Ayrton, una nota que d la situacin de nuestra isla, noticia que lord Glenarvan o su tripulacin no puede menos de encontrar.
-Es una lstima -dijo el marino-que olvidsemos esa precaucin en nuestro primer viaje a la isla Tabor.
-Y cmo la bamos a tomar? -repuso Harbert-. No conocamos en aquel momento la historia de Ayrton; ignorbamos que algn da iran en su busca y, cuando hemos conocido esta historia, la estacin estaba muy avanzada y no nos ha permitido volver a la isla Tabor.
-S -dijo Ciro Smith-, es demasiado tarde, y habr que aplazar esa travesa para la primavera prxima. -Y si entretanto viniera el yate escocs? -dijo Pencroff.
-No es probable -repuso el ingeniero-, porque lord Glenarvan no elegir el invierno para aventurarse en estos mares lejanos. O ha venido a la isla Tabor desde que Ayrton est con nosotros, es decir, desde hace cinco meses, y se ha marchado ya, o vendr ms tarde, y habr tiempo, cuando lleguen los primeros das buenos de octubre, de ir a la isla Tabor para dejar all esa nota.
-Sera una verdadera desgracia -dijo Nab-que el Duncan se hubiese presentado en estos mares durante esos cinco meses.
-Espero que no -dijo Ciro Smith-, y que el cielo no nos haya privado de la mejor probabilidad de salvacin que nos queda.
-Creo -observ Spilett-que de todos modos sabremos a qu atenernos, cuando hayamos vuelto a la isla Tabor, porque, si los escoceses han estado en ella, necesariamente habrn dejado huellas de su paso.
-Es evidente -contest el ingeniero-. As, pues, amigos mos, ya que tenemos esta probabilidad de volver a nuestra patria, esperemos con paciencia. Si falla, entonces veremos lo que hemos de hacer.
-En todo caso -dijo Pencroff-, quede sentado que, si salimos de la isla Lincoln de una manera o de otra, no ser porque en ella nos haya ido mal.
-No, Pencroff -repuso el ingeniero-; ser porque aqu estamos lejos de todo lo que ms ama el hombre en el mundo: su familia, sus amigos, su pas natal.
Resuelto as el asunto, no se volvi a tratar de emprender la construccin de un buque bastante grande para aventurarse a un viaje en direccin de los archipilagos, hacia el norte, o de Nueva Zelanda, hacia el oeste. Ocupronse nicamente los colonos en las tareas acostumbradas para prepararse a pasar el tercer invierno en el Palacio de granito.
Sin embargo, se acord tambin que antes que llegara el mal tiempo se empleara la chalupa en un viaje alrededor de la isla. No estaba terminado todava el reconocimiento completo de las costas, era muy imperfecta la idea que tenan los colonos del litoral al oeste y al norte, desde la desembocadura del ro de la Cascada hasta el cabo Mandbula, as como de la estrecha baha que se abra entre ellos como una quijada de tiburn.
Pencroff propuso aquella excursin. Ciro Smith la aprob, porque quera examinar por s mismo toda aquella parte de sus dominios.
El tiempo estaba entonces variable, pero el barmetro no oscilaba con movimientos bruscos y poda contarse con poder hacer una navegacin feliz. Precisamente en la primera semana de abril, despus de una baja baromtrica, se seal la subida por un fuerte viento del oeste, que dur cinco o seis das; despus la aguja del instrumento volvi a quedar fija en una altura de veintinueve pulgadas y nueve dcimas (759 mm., 45), y las circunstancias parecieron propicias para la exploracin.
Se fij la partida para el da 16 de abril, y se transportaron al Buenaventura, que estaba anclado en el puerto del Globo, las provisiones necesarias para un viaje de alguna duracin.
Ciro Smith anunci a Ayrton la expedicin proyectada, invitndole a tomar parte en ella, pero ste opt por establecerse en el Palacio de granito durante la ausencia de sus compaeros. Maese Jup deba hacerle compaa, a lo cual no opuso ninguna objecin.
El 16 de abril, por la maana, todos los colonos, acompaados de Top, se embarcaron. El viento soplaba del sudoeste: era una brisa, y el Buenaventura, al salir del puerto del Globo, tuvo que voltejear para tomar el promontorio del Reptil.
De las noventa millas que meda el permetro de la isla, unas veinte pertenecan a la costa del sur, desde el puerto hasta el promontorio. De aqu la necesidad de andar esas veinte millas navegando de bolina, porque el viento era absolutamente de proa.
Hubo que emplear todo el da para llegar al promontorio, porque la embarcacin, al salir del puerto, no encontr ms que dos horas de flujo, que le fue muy difcil de aguantar. La noche haba llegado ya cuando el Buenaventura dobl el promontorio.
Pencroff propuso entonces al ingeniero continuar el viaje lentamente con dos rizos de la vela, pero Ciro Smith prefiri fondear a pocos cables de tierra, a fin de examinar aquella parte de la costa cuando llegara el da. Se acord tambin que, puesto que se trataba de una exploracin minuciosa del litoral, no se navegara durante la noche y que, al atardecer, se anclara cerca de tierra, mientras el tiempo lo permitiese.
Pasaron la noche al abrigo del promontorio y, habiendo cado el viento con la bruma, no se turb el silencio de las horas nocturnas. Los pasajeros, a excepcin del marino, durmieron quiz algo peor a bordo del Buenaventura, de lo que habran dormido en sus habitaciones del Palacio de granito, pero durmieron.
Al da siguiente, 17 de abril, al amanecer, aparej Pencroff, y con viento largo y amuras a babor, pudo abarloarse a la costa occidental.
Los colonos conocan aquella costa frondosa, puesto que haban recorrido a pie sus orillas; sin embargo, excit de nuevo toda su admiracin. Iban costeando lo ms cerca posible de tierra, moderando la velocidad del buque para poder observarlo todo y teniendo solamente cuidado de no chocar con algunos troncos de rboles que flotaban ac y all. Muchas veces echaron el ancla para que Geden Spilett tomara varias vistas fotogrficas de aquel magnfico litoral.