La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
Hicieron entonces varios reconocimientos hasta las profundidades de los bosques del Par-West, donde los exploradores podan aventurarse sin temer el exceso de la temperatura, porque los rayos solares apenas podan penetrar por el espeso ramaje que se entrelazaba sobre sus cabezas. Visitaron tambin toda la orilla izquierda del ro de la Merced, que bordeaba el camino que iba desde la dehesa a la desembocadura del ro de la Cascada.
Pero durante estas excursiones los colonos tuvieron cuidado de ir bien armados, porque encontraron con frecuencia jabales muy salvajes y feroces, contra los cuales tenan que defenderse.
Tambin se hizo en aquella estacin una guerra terrible a los jaguares. Geden Spilett les tena un odio invencible y su discpulo Harbert le secundaba perfectamente. Armados como iban, no teman al encuentro de aquellas fieras. La audacia de Harbert era admirable, y la serenidad del corresponsal, asombrosa, por lo que no tard el saln del Palacio de granito en quedar adornado de unas veinte pieles magnficas, y por poco que aquello durase se poda prever que pronto quedara cumplido el objeto de los cazadores: extinguir la raza de los jaguares en la isla.
El ingeniero tom parte algunas veces en diversos reconocimientos que se hicieron en los parajes desconocidos de la isla, observndolo todo con minuciosa atencin. No eran huellas animales lo que buscaba en los sitios ms espesos de aquellas vastas selvas, pero nada sospechoso se present a su vista. Ni Top, ni Jup, que lo acompaaban, dieron a entender por su actitud que hubiese nada extraordinario; y sin embargo, todava ms de una vez el perro se puso a ladrar a la boca del pozo que el ingeniero haba explorado intilmente.
Por entonces, Geden Spilett, ayudado de Harbert, tom varias vistas de los lugares ms pintorescos de la isla por medio del aparato fotogrfico hallado en el cajn, y del cual hasta aquel momento no se haba hecho uso.
Aquel aparato, provisto de un poderoso objetivo, era muy completo. Nada le faltaba para la reproduccin fotogrfica, ni el colodin para preparar la placa de cristal, ni el nitrato de plata para sensibilizarla, ni el hiposulfito de sosa para fijar la imagen obtenida, ni el cloruro de amonio para baar el papel destinado a la prueba positiva, ni el acetato de sosa y el cloruro de oro para impregnarla. Haba hasta papeles ya clorurados y bastaba baarlos por algunos minutos en el nitrato de plata disuelto en agua para ponerlos en el chasis sobre las pruebas negativas.
El periodista y su ayudante llegaron a ser en poco tiempo hbiles operadores y obtuvieron bonitas fotografas de paisajes, como el conjunto de la isla tomado desde la meseta de la Gran Vista con el monte Franklin al horizonte; la desembocadura del ro de la Merced, tan pintorescamente encajonado entre sus altas rocas; la glorieta de la dehesa adosada a los primeros contrafuertes del monte, todo el curioso desarrollo del cabo de la Garra, de la punta del Pecio, etc.
Los fotgrafos no se olvidaron tampoco de hacer los retratos de todos los habitantes de la isla.
-Esto es un pueblo -deca Pencroff.
Y el marino, encantado de ver su imagen fielmente reproducida adornando las paredes del Palacio de granito, miraba complacido aquella exposicin como si hubiera estado delante de los ms ricos escaparates de Broadway.
Hay que advertir que el retrato que mejor sali fue sin duda el del orangutn. Maese Jup se haba colocado dando a su fisonoma una gravedad imposible de describir y su imagen estaba, como suele decirse, hablando.
-Dirase que quiere hacernos una mueca.
Si maese Jup no hubiera estado satisfecho de su retrato, habra sido muy descontentadizo; pero en realidad lo estaba y contemplaba su imagen con aire sentimental, que dejaba traslucir cierta dosis de fatuidad.
Los grandes calores del esto terminaron con el mes de marzo. El tiempo estuvo algunas veces lluvioso, pero la atmsfera conservaba calor todava. Aquel mes de marzo, que corresponde al de septiembre de las latitudes boreales, no fue tan bueno como hubiera debido esperarse; tal vez anunciaba un invierno prematuro y riguroso. Pudo pensarse una maana, la del 21, que haban hecho ya su aparicin las primeras nieves, porque Harbert, habindose asomado a la ventana, temprano, exclam:
-Calla! El islote est cubierto de nieve.
-Nieve en este tiempo! -dijo el corresponsal, que se acerc al joven.
Sus compaeros se asomaron y observaron que no slo el islote, sino toda la playa, el pie del Palacio de granito, estaba cubierta de una blanca sbana, uniformemente extendida en el suelo.
-En efecto, es nieve -dijo Pencroff.
-Por lo menos se parece mucho -aadi Nab.
-El termmetro marca cincuenta y ocho grados (14 centgrados sobre cero) -observ Geden Spilett.
Ciro Smith miraba aquella capa blanca sin dar su opinin, porque realmente no saba cmo explicar aquel fenmeno, en semejante poca del ao y con tal temperatura. -Mil diablos! -exclam Pencroff-, se van a helar nuestras plantaciones!
Y el marino iba a bajar, cuando se le adelant el gil Jup, que se desliz hasta el suelo. Apenas el orangutn haba puesto los pies en tierra, cuando lo que pareca una enorme
sbana de nieve se levant y se dispers por el aire en copos tan innumerables, que ocultaron por algunos minutos la luz del sol. -Aves! -exclam Harbert.
Eran infinitas aves marinas de blanco y lustroso plumaje. Se haban abatido por centenares de millas por el islote y la costa y desaparecieron a lo lejos, dejando a los colonos con la boca abierta, como si hubieran asistido a una mutacin de decoraciones que hubiese hecho suceder el invierno al verano en alguna representacin de magia. Por desgracia el cambio fue tan repentino, que ni el periodista ni el joven lograron matar una, cuya especie no pudieron reconocer.
Pocos das despus, el 26 de marzo, se cumplieron dos aos desde que los nufragos del aire haban sido arrojados a la isla.
19. Piensan en su futuro y antes quieren conocer la isla a fondo
Dos aos! Y en dos aos los colonos no haban tenido ninguna comunicacin con sus semejantes! Estaban sin noticias del mundo civilizado, perdidos en aquella isla, como si se hallasen en el ms pequeo asteroide del mundo solar.
Qu pasaba en el pas? El recuerdo de la patria continuaba vivo en su mente, de aquella patria destrozada por la guerra civil, cuando salieron de ella, y tal vez se vera an ensangrendata por la rebelin del Sur. Este pensamiento era muy doloroso para los colonos, y muchas veces hablaban de ello, sin dudar jams, a pesar de todo, del triunfo de la causa del Norte, como lo exiga el honor de la confederacin americana.
En aquellos dos aos ni un buque haba pasado a la vista de la isla, al menos no haban percibido una vela. Era evidente que la isla Lincoln estaba fuera del rumbo acostumbrado de los buques y hasta era desconocida, lo cual, por otra parte, estaba demostrado por los mapas, porque, a falta de puerto, su aguada deba atraer a los barcos que tuviesen necesidad o deseo de renovar su provisin de agua. Pero el mar que la rodeaba continuaba desierto en toda la extensin a que alcanzaba la vista, y los colonos deban contar slo con ellos para volver a la patria.
Sin embargo, haba una probabilidad de salvacin, y sta fue discutida precisamente un da de la primera semana de abril por los colonos reunidos en el Palacio de granito.
Acababan de hablar de Amrica y del pas natal, el cual tan poca esperanza tenan los colonos de volver a ver.
-Decididamente -dijo Geden Spilett-no tendremos ms que un medio, uno solo, de salir de la isla Lincoln: construir un buque bastante grande para poder hacer en l una travesa de muchos centenares de millas. Me parece que quien hace una chalupa, bien puede hacer un buque.