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La isla misteriosa
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-Aqu, Ayrton, quedar alejado de toda tierra y sin comunicacin posible con sus semejantes. No podr huir de este islote, donde el Duncan le deja; estar solo, bajo la mirada de un Dios que lee en lo ms profundo de los corazones, pero no estar ni perdido ni ignorado como estuvo el capitn Grant. Por indigno que sea del recuerdo de los hombres, stos se acordarn de usted; ya que s dnde est y, sabindolo, sabr dnde encontrarlo. No lo olvidar jams. El Duncan aparej y desapareci.

Era el 18 de marzo de 1855.

Ayrton estaba solo, pero no le faltaban ni municiones, ni armas, ni instrumentos. El bandido poda disponer de la casa construida por el honrado Grant; no tena que hacer ms que vivir y expiar en la soledad los crmenes que haba cometido.

Seores, se arrepinti, se avergonz de sus crmenes y fue muy desgraciado. Pens que, si los hombres volvan a recogerlo a aquel islote, deban encontrarlo digno de volver a vivir entre ellos. Cmo sufri el miserable! Cunto se esforz para regenerarse por el trabajo! Cunto rez para hacerse otro por la oracin!

Durante dos o tres aos continu as, pero despus, abatido por su aislamiento, mirando siempre si apareca algn buque por el horizonte de su isla, preguntbase si acabara pronto la expiacin, sufri como nadie ha sufrido jams. Qu dura es la soledad para un alma roda por el remordimiento!

Pero sin duda el cielo no le consideraba bastante castigado, porque el desdichado sinti poco a poco que se iba convirtiendo en salvaje. El embrutecimiento le iba invadiendo lentamente.

No puedo decir si tard dos aos o cuatro, pero, en fin, lleg a ser el miserable que ustedes encontraron.

No necesito decir a ustedes, seores, que Ayrton o Ben Joyce y yo somos una misma persona.

Ciro Smith y sus compaeros se haban levantado, al terminar esta narracin, y habra sido difcil decir hasta qu punto les haba conmovido el espectculo de tanta miseria, tantos dolores y tal desesperacin.

-Ayrton -dijo Ciro Smith-, ha sido usted un criminal, pero sin duda el cielo cree que ha expiado sus crmenes y as lo ha demostrado devolvindolo a la sociedad de sus semejantes. Ayrton, est perdonado, y ahora, quiere ser nuestro compaero?

Ayrton retrocedi unos pasos.

-Esta es mi mano -dijo el ingeniero.

Ayrton se precipit sobre la mano que le tenda Ciro Smith y unas lgrimas corrieron por sus mejillas.

-Quiere vivir con nosotros? -pregunt de nuevo el ingeniero.

-Seor Smith, djeme tiempo todava -contest Ayrton-, djeme solo en esa habitacin de la dehesa.

-Como desee -repuso Ciro Smith.

Ayrton iba a retirarse, cuando el ingeniero le dirigi otra pregunta.

-Una palabra ms, amigo mo. Puesto que su intencin era vivir aislado, por qu ech al mar el documento que nos hizo saber dnde se hallaba?

-Un documento? -pregunt Ayrton, que pareca no saber lo que se le preguntaba.

-S, el papel encerrado en una botella que nosotros encontramos y que daba la situacin exacta de la isla Tabor.

Ayrton se pas la mano por la frente y, despus de haber reflexionado, dijo:

-Yo no he echado ningn documento al mar. -Nunca?

-Nunca.

Y Ayrton, haciendo una reverencia, se fue hacia la puerta y se march.

18. Establecen el telgrafo en la isla

-Pobre hombre! -dijo Harbert, volviendo donde estaban los dems colonos, despus de haber corrido a la puerta y visto a Ayrton deslizarse por la cuerda del ascensor y desaparecer en la oscuridad.

-Volver -dijo Ciro Smith.

-Pero qu significa esto, seor Ciro? -exclam Pencroff-No es Ayrton el que ech la botella al mar! Entonces, quin puede haber sido?

La pregunta no poda estar ms a tono. -El -contest Nab-, pero el infeliz estaba ya medio loco.

-S -dijo Harbert-y no saba lo que haca.

-Eso no puede explicarse sino de ese modo, amigos mos -respondi Ciro Smith-, y ahora comprendo que Ayrton haya podido explicar exactamente la situacin de la isla Tabor, puesto que se la haban dado a conocer los sucesos mismos que le abandonaron en la isla.

-Sin embargo -observ Pencroff-, si no se haba embrutecido todava en el momento en que escriba el papel y, por consiguiente, si hace siete u ocho aos que lo arroj al mar, cmo no ha sido alterado por la humedad?

-Eso prueba -dijo Ciro Smith-que Ayrton no perdi su inteligencia sino en poca mucho ms reciente de lo que l cree.

-As debe ser -contest Pencroff-, pues de lo contrario la cosa sera inexplicable.

-Inexplicable -repuso el ingeniero, que al parecer no quera prolongar aquella conversacin.

-Pero ha dicho Ayrton la verdad? -pregunt el marino.

-S -contest el periodista-, la historia referida es verdadera en todas sus partes. Recuerdo muy bien que los peridicos contaron la tentativa hecha por lord Glenarvan y dieron noticia del resultado que haba obtenido.

-Ayrton ha dicho la verdad -aadi Ciro Smith-, no lo dude, Pencroff, porque esa verdad era demasiado cruel para l y, cuando un hombre se acusa de esa manera, es imposible que mienta.

Al da siguiente, 21 de diciembre, los colonos bajaron a la playa y, habiendo subido despus a la meseta, no encontraron a Ayrton. Este, durante la noche, se haba retirado de la casa de la dehesa, y los colonos creyeron que no deban importunarlo con su presencia. El tiempo hara sin duda lo que no haban podido hacer los esfuerzos empleados para darle nimo.

Harbert, Pencroff y Nab volvieron a sus ocupaciones acostumbradas. Precisamente aquel da la misma tarea reuni al ingeniero y al periodista en el taller de las Chimeneas.

-Sabe usted, querido Ciro -dijo el corresponsal-, que no me satisfizo la explicacin que dio ayer del incidente de la botella? Cmo admitir que ese desdichado pudiera escribir aquel papel y arrojar la botella al mar, sin conservar memoria del hecho?

-No es l quien la arroj, mi querido Spilett. -Entonces, cree que?

-Yo no creo nada ni s nada -dijo Ciro Smith, interrumpiendo a Spilett-. Me limito a clasificar este incidente entre los que hasta ahora no he podido explicar.

-Es verdad, Ciro -dijo el periodista-, que hay cosas increbles. Su salvacin, ese cajn encallado en la arena, las aventuras de Top, esa botella, en fin No tendremos nunca la clave de estos enigmas?

-S -contest con viveza el ingeniero-, s, aun cuando tuviera que registrar las mismas entraas de esta isla.

-La casualidad nos aclarar tal vez el misterio.

-La casualidad, Spilett! No creo en la casualidad, como tampoco en los misterios de este mundo. Hay una causa para todo lo inexplicable que pasa y la descubrir. Pero, entretanto, observemos y trabajemos.

Lleg el mes de enero y comenz el ao de 1867; llevaron adelante con asiduidad los trabajos de verano. Durante los das que siguieron, Harbert y Geden Spilett, que en sus excursiones pasaron por las cercanas de la dehesa, pudieron observar que Ayrton haba tomado posesin de la vivienda que le haban preparado. Cuidaba del numeroso rebao confiado a su cargo y ahorraba a sus compaeros el trabajo de ir cada dos o tres das a visitar la dehesa. Sin embargo, para no dejarlo mucho tiempo solo, le hacan de cuando en cuando una visita.

Era tambin conveniente, dadas ciertas sospechas que tenan Ciro Smith y Geden Spilett, que aquella parte de la isla estuviese sometida a alguna vigilancia; y Ayrton, si ocurra algn accidente, no dejara de comunicarlo a los habitantes del Palacio de granito.

Sin embargo, poda suceder tambin que el incidente fuese repentino y exigiera ser puesto inmediatamente en conocimiento del ingeniero. Adems de los que pudieran referirse al misterio de la isla Lincoln, podan surgir otros muchos sucesos que exigieran una pronta intervencin de los colonos, como la aparicin de un buque que pasara a la vista de la costa occidental, un naufragio en las playas del oeste, la llegada posible de piratas, etc.

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