La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Pero Gadi Becker, el veterano luchador, qued yacente y pa_ cienzudamente despierto, contemplando la oscuridad y escuchando la regular respiracin de su joven recluta. Por qu le haba hablado de aquella manera? Por qu le haba hecho aquellas revelaciones acerca de s mismo, en el preciso instante en que despachaba a la muchacha a realizar su primera misin? Haba ocasiones en las que Gadi Becker dejaba de confiar en s mismo. Gadi flexionaba los msculos y ello slo le serva para descubrir que los nervios y tendones de la disciplina ya no los sujetaban tal como antes solan. Se trazaba un camino recto, y cuando miraba hacia atrs se daba cuenta de los errores cometidos. Se pregunt: en qu sueo, en la lucha o en la paz? Era ya demasiado viejo para una y otra cosa. Y tambin demasiado viejo, s, demasiado viejo para dejar de luchar. Era demasiado viejo para entregarse y, al mismo tiempo, incapaz de contenerse. Demasiado viejo para no percibir el olor de la muerte, antes de matar.
Volvi a aguzar el odo, y advirti que la respiracin de la muchacha haba adquirido el ms calmo ritmo del sueo. Al estilo de Kurtz, agarrndose la mueca, Gadi Becker levant el antebrazo y, en la oscuridad consult la esfera de su reloj luminoso. Luego, tan silenciosamente que Charlie, incluso en el caso de hallarse plenamente despierta, hubiera tenido dificultades en orle, Becker se puso su blazer rojo y sali sigilosamente al cuarto.
El conserje nocturno era un hombre siempre alerta, y le bast slo echar una ojeada al bien vestido caballero para intuir la proximidad de una buena propina.
En tono de premura, Becker le pregunt:
-Tiene impresos de telegramas?
El conserje de noche se hundi al instante debajo del mostrador.
Becker comenz a escribir cuidadosamente, con letra grande y en tinta negra. Recordaba de memoria las seas, que eran las de un abogado de Ginebra que transmitira el mensaje. Kurtz le haba dado estas seas, desde Munich, despus de conseguir, por razones de mayor seguridad, que Yanuka le confirmara que las seas seguan siendo vlidas. Becker tambin recordaba el texto de memoria. Comenzaba diciendo: Comunique a su cliente Y, a continuacin el mensaje se centraba en los avances conseguidos en la colaboracin, de acuerdo con nuestro previsto contrato. El mensaje tena cuarenta y cinco palabras, y Becker, despus de repasarlo, aadi la rgida y personalista firma que Schwili pacientemente le haba enseado a trazar. Luego, empuj el telegrama al travs del mostrador, y dio al conserje una propina de quinientas dracmas, dicindole:
-Mande este telegrama dos veces, comprende? Si, el mismo mensaje dos veces, La primera ahora mismo, por telfono, y la segunda por la maana, en la oficina de telgrafos. No encargue el trabajo a un botones, hgalo usted mismo. Luego, me manda una copia de confirmacin del envo.
Si, el conserje lo hara exactamente tal como el seor le deca. Al conserje le haban hablado de las propinas que daban los rabes. Y aquella noche, sin que pudiera preverlo, le haba cado una propina rabe. Con mucho gusto, el conserje hubiera prestado muchos ms servicios a aquel caballero, pero el caballero, oh tristeza!, fingi no percatarse de las insinuaciones del conserje. Con tristeza, el conserje contempl cmo su presa sala a la calle, y caminaba en direccin al muelle. La camioneta de comunicaciones se encontraba en un aparcamiento. Haba llegado el momento de que el gran Gadi Becker mandara su informe y se asegurara que todo estaba dispuesto para la gran operacin.
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