La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Al hacerlo, le vio: no a John, sino a Joseph, completamente inconfundible, sentado donde se hab�a sentado Michel, en el centro del patio de butacas, mir�ndola con el mismo inter�s terriblemente grave.
Al principio, realmente, no se sinti� en absoluto sorprendida; la divisi�n entre su mundo interior y el mundo exterior hab�a sido un asunto balad� en los mejores tiempos, pero aquellos d�as hab�an pr�cticamente dejado de existir.
�As� que ha venido -pens�-. Ya era hora. �Unas orqu�deas, Joseph? �Ninguna orqu�dea? �Ni una chaqueta roja? �Ni un medall�n de oro? �Algo de Gucci? Quiz� debiera haber ido al camerino, despu�s de todo. Lee tu nota. Estaba segura de que ibas a venir, �sabes? Prepar� un pastel.�
Hab�a dejado de leer en voz alta porque verdaderamente no ten�a ning�n sentido seguir actuando, aun cuando el apuntador le disparara desvergonzadamente el texto y el director estuviese tras �l haci�ndole gestos con los brazos, como quien se defiende de un enjambre de abejas; ambos se encontraban en su l�nea de visi�n, aunque ella estuviese mirando exclusivamente a Joseph. 0 quiz� solamente los estuviera imaginando, ahora que finalmente Joseph hab�a llegado a ser tan real. Detr�s de ella, el marido John, sin la menor convicci�n, hab�a empezado a inventar l�neas para cubrirla. �Necesitas un Joseph -quer�a decirle ella con orgullo-. Aqu�, nuestro Joseph te dar� textos para todas las ocasiones.�
Hab�a una pantalla de luz entre ellos�, no tanto una pantalla como una separaci�n �ptica. Agregada a sus l�grimas, comenzaba a trastornar su visi�n del hombre, y se le insinuaba la sospecha de que, al fin, no fuese m�s que un espejismo. Desde bastidores le gritaban que saliera; el marido John se hab�a aproximado a la parte delantera del escenario - clonc, clonc- y le hab�a asido amable, pero firmemente, por el codo, como paso previo para arrojarla al cubo de la basura. Supuso que en un minuto m�s bajar�an el tel�n sobre ella y le dar�an a esa peque�a furcia -cu�l-es-su-nombre, su suplente- la oportunidad de su vida.
Aunque lo �nico que le interesaba era llegar hasta Joseph y tocarle y asegurarse. El tel�n cay�, pero ella ya estaba bajando los escalones para ir hacia �l. Se encendieron las luces, y s� era Joseph, pero al verle con tanta claridad, se sinti� molesta; no era m�s que otro miembro de su p�blico. Ech� a andar por el pasillo y sinti� una mano sobre su brazo y pens�: �Marido John otra vez, ap�rtate.� El vest�bulo estaba vac�o, con la excepci�n de dos duquesas en situaci�n geri�trica que probablemente constituyesen la junta directiva.
-�Ve a ver a un doctor, querida; es lo que yo har�a -sugiri� una de ellas.
-�O a dormir la borrachera -dijo la otra.
-��Oh, no se preocupen! -les aconsej� Charlie alegremente, empleando una expresi�n que nunca antes hab�a empleado.
No ca�a la lluvia de Nottingham, ni hab�a ning�n Mercedes rojo aguard�ndolos, as� que se dirigi� a una parada de autobuses y se dispuso a esperar, con la expectativa de que llegara el muchacho norteamericano para decirle que buscara una furgoneta roja.
El vino hacia ella por la calle desierta, andando, enorme, y ella le imagin� echando a correr para llegar antes que sus propias balas; pero no ech� a correr. Se alz� ante ella, algo agitado, y fue evidente que alguien le hab�a enviado un mensaje, muy probablemente Marty, aunque quiz� hubiese sido Tayeh. El abri� la boca para decirlo, pero ella se lo impidi�.
-�Estoy muerta, Joseph. T� me disparaste, �recuerdas?
Quer�a agregar algo acerca del teatro de lo real, de c�mo los cuerpos no se levantan ni andan. Pero de alg�n modo lo olvid�.
Pas� un taxi y Joseph lo llam� con la mano libre. No se detuvo, pero �qu� se puede esperar? Los taxis, en esta �poca�, una ley para ellos. Ella se apoyaba en �l, y hubiese ca�do de no haberla sujetado el hombre tan firmemente. Las l�grimas le imped�an ver casi por completo, y le o�a desde debajo del agua. �Estoy muerta -sigui� diciendo-, estoy muerta, estoy muerta.� Pero, al parecer, �l la quer�a viva o muerta. Fuertemente cogidos, echaron a andar torpemente por la calzada, aunque la ciudad era desconocida para ellos.
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