La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Joseph dud�: �Y porque a Michel le gusta compartir secretos�, pens� Charlie. Pero por nada del mundo estaba Charlie dispuesta a estropear la representaci�n de Joseph, quien dijo:
-�Y porque hoy me propongo dar el primer paso a fin de iniciarte en cuanto a camarada combatiente de nuestro ej�rcito secreto. Cu�ntas y cu�ntas veces en tus cartas y en tus momentos de pasi�n amorosa has suplicado que te permitan demostrar tu lealtad mediante la acci�n� Y hoy vamos a dar el primer paso en este sentido.
Una vez m�s, Charlie se dio cuenta de la facilidad con que Joseph adoptaba modales de �rabe. Lo mismo que anoche en la taberna, en aquellos instantes en que Charlie apenas pod�a distinguir cu�l de los conflictivos esp�ritus de Joseph era el que le hablaba, ahora escuchaba pasmada la manera en que Joseph adoptaba el colorido estilo narrativo propio de los �rabes.
-�Durante toda mi vida de n�mada, v�ctima de los usurpadores sionistas, mi gran hermano mayor brill� ante mi vista como una estrella celestial. As� fue en Jordania, en nuestro primer campamento, donde la escuela era una choza de latas llena de moscas. En Siria, a donde huimos cuando las tropas jordanas nos echaron con sus tanques. En el L�bano, donde los sionistas nos bombardearon con ca�ones navales y con aviones, ayudados por los chi�tas. Y en medio de tantos sufrimientos, yo siempre me acordaba del gran h�roe ausente, mi hermano, cuyas haza�as, que me contaba en susurros mi muy querida hermana Fatmeh, deseo ardientemente emular.
Ahora, Joseph ya no preguntaba a Charlie si le prestaba atenci�n.
-�Veo a mi hermano muy de vez en cuando, y con sumo secreto. Ya en Damasco, ya en Amm�n� Una llamada: iVen! Y, entonces, paso una noche bebiendo literalmente sus palabras, la nobleza de su coraz�n, sus claros pensamientos de jefe, su valent�a. Una noche me ordena que vaya a Beirut. Mi hermano acaba de regresar de una misi�n extremadamente osada, de la que yo nada puedo saber, salvo que constituy� una formidable victoria sobre los fascistas. Con �l voy a escuchar a un gran orador pol�tico, libio, hombre de maravillosa ret�rica y de una gran capacidad de persuasi�n. Es el discurso m�s bello que he o�do en mi vida. Incluso ahora te lo podr�a recitar. Todos los pueblos oprimidos del mundo debieran o�r a ese gran libio.
Joseph sosten�a el arma en la palma de la mano. La ofrec�a a Charlie, como si quisiera que �sta cubriera la pistola con su mano.
-�Con nuestros corazones henchidos de excitaci�n regresamos a Beirut al alba, despu�s del discurso. �bamos cogidos del brazo, al modo �rabe. Tengo los ojos llorosos. Llevado por un impulso, mi hermano se detiene y me abraza en plena calle. Siento su rostro sabio oprimido contra el m�o. Extrae de su bolsillo esta pistola y me la entrega. As�
Joseph cogi� la mano de Charlie y puso en ella el arma, aunque mantuvo la mano sobre la de Charlie, de manera que la pistola apuntaba hacia el muro de la cantera.
-�Mi hermano me dijo: �Es un regalo, para vengar nuestro pueblo, para darle la libertad, un regalo que un luchador hace a otro luchador, y recuerda que con esta arma hice mi juramento sobre la tumba de mi padre.� Me qued� mudo.
La fr�a mano de Joseph estaba a�n sobre la de Charlie, quien sent�a c�mo su propia mano temblaba como un ser con vida independiente.
-�Charlie, esta pistola es un objeto sagrado para m�. Te lo digo porque am� a mi padre, amo a mi hermano y te amo a ti. Dentro de unos instantes te ense�ar� a disparar con ella, pero antes te pido que beses la pistola.
Charlie mir� a Joseph y luego la pistola. Pero la excitada expresi�n del rostro de Joseph no daba lugar a excusas. Cogiendo con la otra mano el brazo de Charlie, Joseph la puso de nuevo en pie.
-�Somos amantes, �es que no te acuerdas? Somos camaradas, servidores de la revoluci�n. Vivimos en �ntima uni�n de mentes y cuerpos. Soy un apasionado �rabe y me gustan las grandes palabras y los grandes gestos. Besa la pistola.
-�Joseph, no puedo hacerlo.
Charlie se hab�a dirigido a la personalidad de Joseph, y �ste le contest� en cuanto a taclass="underline"
-�Oye, Charlie: �imaginas que esto es una reuni�n entre ingleses para tomar el t�? �Imaginas que Michel, por el hecho de ser un guapo muchacho, est� jugando?
Tras una pausa, Joseph pregunt� con buena l�gica:
-��En d�nde pudo Michel aprender a jugar cuando la pistola fue el �nico objeto que le dio la medida de su hombr�a?
Charlie volvi� a mover negativamente la cabeza, sin dejar de mirar la pistola. Pero la resistencia de la muchacha no irrit� a Joseph, quien dijo:
-�Escucha, Charlie: anoche, mientras hac�amos el amor, me preguntaste: ��Michel, d�nde est� el campo de batalla?� �Y sabes qu� hice? Puse la mano sobre tu coraz�n y te dije: �Estamos librando una jehad y el campo de batalla est� aqu�.� Eres mi disc�pula, y tu sentido de misi�n jam�s ha sido tan exaltado. �Sabes lo que es una jehad? Es la guerra santa.
Charlie dud�, y luego oprimi� sus labios sobre el pavonado metal del ca��n de la pistola. Alej�ndose al instante de Charlie, Joseph dijo:
-�Y, a partir de ahora, esta pistola forma parte de nosotros dos. La pistola es nuestro honor y nuestra bandera. �Lo crees?
-�Si, Joseph; lo creo. Si, Michel; lo creo. Y no me obligues a volver a hacer esto. - Involuntariamente, Charlie se pas� la mu�eca por los labios, como si hubiera sangre en ellos. Se odiaba a s� misma, tal como odiaba a Joseph, y se sent�a un poco loca.
Cuando Charlie volvi� a o�r a Joseph, �ste le explicaba:
-�Es una Walther PPK. No es pesada, pero recuerda que todas las armas cortas son el resultado de la b�squeda de eficiencia, posibilidad de ocultaci�n y facilidad de llevarlas. Esta es la manera en que Michel te habla de las armas. Exactamente igual que su hermano le hablaba de ellas.
Joseph se puso detr�s de Charlie, le coloc� las manos en las caderas, dej�ndola frente al blanco, y con los pies separados. Despu�s, Joseph cogi� la mano de Charlie, enlazando sus dedos con los de la muchacha, manteniendo el brazo de la chica plenamente extendido, y el ca��n de la pistola apuntando al suelo, justamente entre uno y otro pie de Charlie. Joseph dijo:
-�El brazo izquierdo debe estar libre y tranquilo. -Cogi� el brazo izquierdo y con un movimiento le dio soltura-. Con los ojos abiertos levantas la pistola despacio hasta que se encuentre alineada con el blanco. Mant�n la pistola horizontal al suelo. As�. Cuando te diga �Fuego�, disparas dos veces, bajas la pistola y esperas.
Charlie baj� la pistola hasta que volvi� a apuntar al suelo. Joseph dio la orden, Charlie levant� r�gidamente el brazo, tal como le hab�a dicho Joseph, oprimi� el gatillo y nada ocurri�. Joseph dijo:
-�Ahora, s�.
Y baj� el seguro del arma.
Charlie repiti� el movimiento, oprimi� el gatillo, y la pistola dio un salto en su mano como si hubiera recibido un tiro. Charlie dispar� por segunda vez, y su coraz�n qued� invadido por aquel mismo peligroso sentimiento de excitaci�n que experiment� la primera vez que salt� a caballo o que nad� desnuda en el mar. Charlie baj� la pistola, Joseph le dio una nueva orden, Charlie volvi� a levantar el arma, mucho m�s de prisa, y dispar� dos veces, en r�pida sucesi�n, y una tercera vez para asegurar la suerte. Luego repiti� el movimiento sin que Joseph se lo ordenara, disparando cuanto quiso, hasta que el creciente sonido de los estampidos estremeci� el aire a su alrededor, y las balas, al rebotar, silbaban en el aire del valle, y volaban hacia el mar. Charlie sigui� disparando hasta que el cargador qued� vac�o. Luego se qued� quieta, con el brazo ca�do al costado, sosteniendo el arma, alborotado el coraz�n, mientras a su olfato llegaba el olor a tomillo y a p�lvora.
Volvi�ndose hacia Joseph le pregunt�:
-��Qu� tal me he portado?
-�Compru�balo t� misma.
Apart�ndose de Joseph, Charlie fue corriendo hacia la lata de petr�leo. Y se qued� mirando la lata, con expresi�n de incredulidad, debido a que la lata estaba intacta.