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La chica del tambor

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La chica del tambor
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-Charlie, tu tarea en concepto de nuevo recluta no consiste precisamente en discutir las rdenes.

Quin era aquel hombre? Charlie tuvo la impresin de que la mscara de su interlocutor comenzaba a resbalar. Sigui hablando:

-Si de repente sospechas, dentro de la ficcin, que has sido manipulada por ese hombre, que toda su adoracin hacia ti, su encanto, sus declaraciones de amor eterno

Una vez ms pareci perder pie. Sera solamente una falsa impresin de Charlie, estimulada por sus deseos, o acaso Charlie osaba suponer que, en la penumbra del cuarto, cierto sentimiento se haba apoderado de l, sin que se diera cuenta, sentimiento que hubiera preferido contener?

La voz recobr su fuerza:

-Slo quiero decir que, si en esta etapa, las escamas comienzan a caerte de los ojos, o te falla el valor, debes decirlo, como es lgico y natural.

-Yo slo he formulado una pregunta. Por qu no conduces t, Michel?

Joseph dio bruscamente media vuelta sobre s mismo, quedando de nuevo dando frente a la ventana, y Charlie tuvo la impresin de que aquel hombre tena qu reprimir demasiadas reacciones, antes de contestar. Haciendo un esfuerzo para dominarse, Joseph contest:

-Michel te dice esto y nada ms. Sea lo que fuere lo que haya en el interior del automvil -Joseph poda ver el automvil aparcado abajo, en la plaza y vigilado por el minibs. Mirndolo prosigui-: Sea lo que fuera, deca, es de vital importancia para nuestra gran lucha y, al mismo tiempo, muy peligroso. Y aquella persona que fuese atrapada conduciendo este automvil a lo largo de dicho trayecto, tanto si el coche transporta propaganda subversiva o cualquier otra clase de material, como mensajes, por ejemplo, se tendra que enfrentar con una gravsima acusacin penal. Y nada, ni las ms fuertes influencias, ni las presiones diplomticas, ni los mejores abogados, podran evitar que esta persona lo pasara mal, muy mal. Si ests pensando en tu propia piel, no te equivocas, porque te juegas la piel. -Y, con una voz en manera alguna parecida a la de Michel, aadi-: A fin de cuentas, tu vida es exclusivamente tuya. T no eres uno de los nuestros.

Pero esta vacilacin dio a Charlie una seguridad de la que jams haba gozado hallndose en compaa de Joseph. Charlie insisti:

-He preguntado que por qu no conduce l mismo, y todava no he obtenido la respuesta.

Una vez ms, Joseph reaccion con excesiva vehemencia:

-Charlie! Soy un activista palestino! Soy un conocido luchador en pro de mi causa. Viajo con pasaporte falso, lo cual puede descubrirse en cualquier instante. Pero t eres una atractiva muchacha inglesa, con buen aspecto, sin antecedentes, de rpido ingenio, encantadora, y, como es natural, no corres peligro alguno. Creo que con esto tienes ms que suficiente!

-Pero hace unos instantes has dicho que haba peligro.

-Tonteras! Michel te asegura que no corres el menor riesgo. Para l, quiz. Para ti, ninguno. Y te digo: Hazlo por m. Hazlo y enorgullcete de haberlo hecho. Hazlo por nuestro amor y por la revolucin. Hazlo por todo aquello que nos hemos jurado. Hazlo por mi gran hermano. Acaso tus juramentos carecen de valor? Quiz slo has dicho hipocresas occidentales, cuando te declarabas revolucionaria? -Hizo una pausa y aadi-: Hazlo porque, si no lo haces, tu vida ser todava ms vaca de lo que era cuando te conoc en la playa.

Charlie le corrigi:

-En el teatro querrs decir.

Apenas le hizo caso. Se qued de pie, de espaldas a Charlie, fija la vista en el Mercedes. Volva a ser Joseph, una vez ms, el Joseph de la pronunciacin medida y las frases cautelosas, el Joseph de la misin que salvara vidas inocentes. Dijo.

-Bueno ah ests. Ante tu Rubicn. Sabes lo que es el Rubicn? Puedes dejarlo, si quieres. Irte a casa, recibir algn dinero, olvidarte de la revolucin, de Palestina, de Michel, de todo.

-O?

-Conducir el automvil. Ser el primer acto que efectes en beneficio de la causa. Lo hars sola. Qu eliges?

-Y dnde estars t?

La calma de Joseph volva a ser, ahora, inalterable, y una vez ms se refugi en la personalidad de Micheclass="underline"

-Mi espritu estar junto a ti, pero en nada podr ayudarte. Nadie podr ayudarte. Estars sola, llevando a cabo un acto delictivo en defensa de lo que el mundo denomina todava una pandilla de terroristas.

Despus de una pausa volvi a hablar, pero en esta ocasin era Joseph:

-Algunos de nuestros muchachos te escoltarn, pero no podrn ayudarte si algo sale mal, como no sea por el medio de informarnos de ello a Marty y a m. Yugoslavia no es muy amiga de Israel.

Charlie guard silencio, a la espera. Todos sus instintos de su-pervivencia le decan que esto era lo que deba hacer. Vio que Joseph volva a ponerse de cara a ella, y sostuvo la negra mirada de Joseph, sabedora que la cara de ste no era claramente visible, y la suya s. Charlie pens: Contra quin luchas, Joseph? Contra ti o contra m? A qu se debe que eres el enemigo en ambos campos? Charlie record a su interlocutor:

-No hemos terminado la interpretacin de la escena. Yo os pregunto, y lo pregunto a los dos, qu hay en el interior del automvil. Y si t me pides que conduzca el automvil, sea quien sea el que me lo pida, t o l, l o t, necesito saber qu hay en el automvil. Y necesito saberlo ahora.

Charlie pens que tendra que esperar. Esperaba que tuviera que aguardar durante aquellos segundos con los que Joseph a menudo preceda sus palabras, mientras Joseph analizaba las opciones y estructuraba sus meditadas frases de contestacin. Pero Charlie se equivocaba. Joseph, con su ms impersonal voz, repuso:

-Explosivos. Doscientas libras de plstico explosivo ruso, divididas en porciones de media libra. Es un material nuevo, bien acondicionado, capaz de aguantar temperaturas extremas, tanto de calor como de fro, y razonablemente plstico en cualquier temperatura.

Luchando para dominar sus sensaciones, Charlie repuso alegre-mente:

-Vaya, me alegro de que est bien acondicionado! Y en qu parte del automvil est escondido?

-En la tapicera, en el techo, en los asientos. Se trata de un modelo antiguo que facilita esconder cosas en l.

-Y en qu se usar el explosivo?

-En nuestra lucha.

-Y por qu has tenido que venir a Grecia a buscar este material, cuando hubieras podido recogerlo en la propia Europa?

-Mi hermano guarda cierta clase de secretos, y espera que yo los respete y obedezca. El crculo de personas en las que confa es muy pequeo, y no est dispuesto a ampliarlo. Esencialmente, mi hermano no confa en los europeos ni en los rabes. Lo que hacemos solos, nicamente nosotros podemos traicionarlo.

En el mismo tono inocente y de suma tranquilidad, Charlie pregunt:

-Y, en este caso concreto, qu forma reviste, exactamente, nuestra lucha?

Una vez ms, contest sin dudar:

-Matar a los judos de la dispora. De la misma forma que ellos han dispersado al pueblo de Palestina, nosotros les castigamos en su dispora, y expresamos nuestros sufrimientos ante la vista y los odos del mundo.

Hizo una pausa, y, con menos seguridad, aadi:

-Y por este medio tambin despertamos la conciencia del proletariado.

-Bueno, pues me parece razonable.

-Muchas gracias.

-Y t y Marty, habis pensado que sera una buena idea que yo transportara esos explosivos hasta Austria, para hacer un favor a los palestinos.

Charlie inhal aire brevemente, se levant y, muy despacio, se acerc a la ventana. Dijo:

-Quieres hacer el favor de abrazarme, Joseph? No, no intento seducirte. Es slo un instante. Me siento un tanto sola.

Un brazo se pos sobre los hombros de Charlie, quien se estremeci violentamente. Oprimiendo su cuerpo contra el de Joseph, se puso de cara a l, y puso sus brazos alrededor de su cuerpo, que oprimi contra el suyo, y Charlie, con la consiguiente alegra, advirti que el cuerpo de Joseph se relajaba y responda a su presin. La mente de Charlie se centraba en todo gnero de temas, al igual que la vista que de repente se encuentra ante un vasto e inesperado paisaje. Pero con ms claridad que cualquier otra cosa, ms all del inmediato riesgo del viaje, Charlie comenz a ver, por fin, la larga aventura que se extenda ante ella, y, dentro de esta aventura, vio a los camaradas sin rostro del otro ejrcito, el ejrcito al que iba a alistarse. Charlie se pregunt: Me dejar con ellos, o me conservar a su lado? No lo sabe. Se est despertando y se est durmiendo al mismo tiempo. Los brazos de Joseph, oprimiendo todava el cuerpo de Charlie, daban a sta renovado valor. Hasta el presente momento, e influenciada por la decidida actitud de castidad de Joseph, Charlie haba pensado, oscuramente, que su cuerpo dado a la promiscuidad no era apto para el de Joseph. Ahora, en mritos de razones que Charlie ignoraba, esta sensacin de desprecio hacia s misma se haba desvanecido.

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