La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
El Alexis nacido de nuevo se fue corriendo a su casa y, despu�s de haberse afeitado y cambiado la ropa, y de haberse mostrado debidamente evasivo para impresionar a su reciente esposa con el car�cter secreto de su nueva misi�n, lleg� a su oficina de vidrio y cemento, manteniendo en la cara una expresi�n de misteriosa satisfacci�n que no le hab�a sido vista, desde hac�a mucho tiempo. Sus colaboradores comentaron que hab�a bromeado mucho, y que se hab�a aventurado a hacer algunos chistes un tanto arriesgados referentes a sus colegas.
Sus colaboradores dijeron: Si, �es el Alexis de los viejos tiempos, otra vez; incluso da muestras de sentido del humor, a pesar de que el sentido del humor nunca fue su fuerte.� Pidi� que le trajeran papel sin membrete y, echando incluso a su secretaria particular, se puso a redactar una larga carta, deliberadamente oscura, en la que comunicaba a sus superiores que hab�a entrado en contacto con �una fuente oriental, altamente situada, a la que conoc� en el desempe�o de anteriores puestos�, y en la que inclu�a notable informaci�n totalmente nueva, acerca del atentado de Godesberg, aun cuando dicha informaci�n no era todav�a suficiente para demostrar la buena fe del confidente y, en consecuencia, la buena fe del buen doctor, en cuanto a receptor de las confidencias. Alexis ped�a ciertas potestades y medios, as� como un fondo de operaciones, que no constara en contabilidad, y que ser�a administrado a su �nica y exclusiva discreci�n. Alexis no era un hombre codicioso, a�n cuando su segundo matrimonio le hab�a resultado caro, y el divorcio fue ruinoso. Pero Alexis tambi�n se daba cuenta de que, en estos tiempos materialistas, la gente suele valorar m�s lo que les resulta m�s caro.
Y, por �ltimo, Alexis hizo una apasionante predicci�n, predicci�n que Kurtz le hab�a dictado palabra por palabra, y que Alexis tuvo que le�rsela, mientras Kurtz escuchaba con suma atenci�n. La predicci�n era tan imprecisa que resultaba pr�cticamente in�til, pero, al mismo tiempo, era lo suficientemente precisa para que resultase impresionante una vez se hubiera cumplido. Informes no confirmados afirmaban que una gran partida de explosivos hab�a sido recientemente suministrada por los extremistas isl�micos turcos, en Istambul, con la finalidad de que fuera utilizada en acciones antisionistas en Europa occidental. Cab�a esperar, dentro de los pr�ximos d�as, un nuevo atentado. Seg�n los rumores, el lugar en que el atentado tendr�a lugar se hallaba en el sur de Alemania. Era preciso poner en alerta a todos los puestos fronterizos, as� como a la polic�a de dicha zona. No se pod�an facilitar m�s detalles. Aquella misma tarde, Alexis fue llamado por sus superiores, y, por la noche, tuvo una larga y clandestina conversaci�n telef�nica con su gran amigo Schulmann, durante la cual Alexis recibi� las felicitaciones de �ste, as� como palabras de est�mulo, y nuevas instrucciones.
Muy excitado, Alexis grit� en ingl�s:
-��Han picado, Marty! �Son como corderitos! �Los tenemos completamente en nuestras manos!
�Alexis ha picado -dijo Kurtz a Litvak, en Munich-; pero Alexis va a necesitar mucha direcci�n y mucha ayuda.�
Despu�s de una pausa, y mientras contemplaba pensativo su reloj, Kurtz musit�:
-��Y por qu� Gadi no se da prisa con esa chica, y termina ya de una vez para siempre?
Con un j�bilo que no pod�a ocultar, Litvak grit�:
-��Pues porque a Gadi ha dejado de gustarle actuar! �Cree que no me doy cuenta? Y usted tambi�n se da cuenta de ello. Kurtz le dijo que se callara.
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