La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
-Bueno, Charlie: ests dispuesta?
Lo hizo tan bruscamente como si Charlie le hubiera obligado a esperar. Acto seguido, Joseph reanud su relato.
Al principio, los dos seguan en Nottingham, llevados los dos por una culminante oleada de frentico amor. Haban pasado dos noches y un da en el motel, y as constaba en el libro de registro. Joseph dijo:
-Los empleados del motel, en el caso de que se les exija, recordarn a una pareja de enamorados con nuestro aspecto fsico. Nuestro dormitorio se encontraba en el extremo oeste del complejo, con ventanas que daban a un jardincillo. A su debido tiempo te llevarn all y podrs ver cmo es.
Dijo que pasaron casi todo el tiempo en cama, hablando de poltica, hablando de su vivir y haciendo el amor. Al parecer, las nicas interrupciones fueron un par de salidas al campo, en los alrededores de Nottingham, pero fueron cortas, ya que pronto quedaron de nuevo embargados por sus sentimientos amorosos, y regresaron corriendo al hotel.
En un intento de arrancar a Joseph de su negro estado de nimo, Charlie le dijo:
-Y por qu no lo hicimos en el automvil? Me encantan estos actos de amor improvisados.
-Respeto tus gustos, pero, por desdicha, Michel es un hombre un tanto tmido en esta materia y prefiere la intimidad del hotel. Animada por el mismo propsito, Charlie pregunt:
-Y qu puntuacin tiene Michel en estos asuntos? Joseph tambin intent contestar esta pregunta:
-Segn los informes de las ms solventes fuentes, le falta un poco de imaginacin, pero tiene un entusiasmo sin lmites y su virilidad es impresionante.
Gravemente, Charlie dijo:
-Muchas gracias.
Joseph prosigui. El lunes por la maana, a primera hora, Michel regres a Londres, pero Charlie, que no tena ensayo hasta la tarde, se qued, con el corazn roto, en el motel. Joseph describi rpidamente el penoso da de Charlie.
-El da es negro como un entierro. Sigue lloviendo. Acurdate del tiempo. Al principio, lloras tanto que ni siquiera puedes tenerte en pie. Yaces en la cama que todava conserva el calor del cuerpo de Michel, llorando y llorando. Te ha dicho que har lo posible para ir a York la semana siguiente, pero t ests convencida de que jams volvers a verle. Y qu haces, entonces?
Joseph no le dio ocasin de contestar.
-Te sientas ante el atestado tocador, con espejo, y contemplas las marcas de sus manos en tu cuerpo, y miras cmo sigues llorando. Abres un cajn. Extraes el folleto publicitario del motel. Sacas tambin el papel de cartas con membrete del motel, y el bolgrafo obsequio del mismo establecimiento; y escribes a Michel. En esta carta te describes a ti misma, describes tus pensamientos ms recnditos. Cinco pginas en total. Esta es la primera de las muchas, muchas, cartas que le escribirs. Haras esto, llevada por tu desesperacin? A fin de cuentas, eres una chica con una notable aficin a escribir cartas.
-Si tuviera las seas de Michel, le escribira.
-Te dio unas seas, en Pars.
Acto seguido, Joseph le dio tales seas, por mediacin de una expendedura de tabaco de Montparnasse, diciendo en el sobre: Para Michel. S, ya que ste no te dio su apellido, ni t se lo pediste.
-Aquella misma noche, desde la sordidez del hotel Astral Commercial, le vuelves a escribir. Por la maana, tan pronto te despiertas, le escribes de nuevo. Le escribes en toda clase de papeles. Durante los ensayos, en los entreactos, a ratos perdidos, le escribes apasionadamente, sin pensar, con franqueza total. -Joseph mir a Charlie e insisti-: Eres capaz de esto? Realmente hubieras podido escribir cartas as?
Charlie se pregunt hasta qu punto aquel hombre necesitaba seguridades. Pero Joseph se haba lanzado de nuevo. Sin embargo, a pesar de las pesimistas previsiones de Charlie y para su alegra sin lmites, Michel no slo fue a York, sino que tambin fue a Bristol, y, mejor todava, a Londres, donde pas una noche mgica en el piso que Charlie tena en Camden, noche que fue de total frenes. Y fue precisamente all, dijo Joseph, contento como si hubiera por fin llegado a la conclusin de una compleja demostracin:
-All, en tu propia cama, entre declaraciones de amor eterno, fue donde t y yo planeamos estas vacaciones en Grecia, de las que ahora estamos gozando.
Se produjo un largo silencio, durante el cual Charlie se dedic a pensar y a conducir. Por fin, en tono un tanto escptico, dijo:
-Para reunirme con Michel, despus de haber estado en Mikonos.
-Si, por qu no?
-En Mikonos, con Al y todo el grupo, y luego los dejo plantados, me reno con Michel en un restaurante de Atenas, y nos largamos los dos juntos?
-Exactamente.
Charlie decidi:
-Al no puede entrar en la historia. Si yo me hubiera entusiasmado contigo, no me hubiera llevado a Al a Mikonos. Me hubiera desprendido de l. Los que nos invitaron no incluyeron a Al. Fue l quien se enganch. Y yo, por mi parte, prefiero a los hombres uno a uno. Soy as.
Joseph desech esta objecin, diciendo:
-Michel no exige esa clase de lealtad. Ni la da ni la pide. Michel es un luchador, un enemigo de tu sociedad, al que la polica puede detener en cualquier instante. Y t puedes tardar una semana o quiz seis meses en volverle a ver. Es que imaginas de repente que Michel quiere que vivas como una monja? Sentadita y sin hacer nada, hundida en la melancola, confiando tus secretos a las amigas? Tonteras. Si Michel te lo dijera, seras capaz de acostarte con un ejrcito entero.
Pasaron junto a una capilla. Joseph orden:
-Reduce la velocidad.
Y volvi a estudiar el mapa.
-Ms despacio. Aparca aqu. Vamos
Joseph caminaba, ahora, ms de prisa. El sendero los condujo a un grupo de chozas en ruinas y luego a una cantera abandonada, en forma del crter de un volcn, en la cumbre de la colina. Junto al crter haba una vieja lata de petrleo. Joseph, sin decir palabra, llen de guijarros la lata, mientras Charlie le observaba intrigada. Joseph se quit el blazer rojo, lo dobl y lo dej cuidadosamente en el suelo. Llevaba pistola al cinto, colgada mediante una correa, la punta del can estaba un poco adelantada con respecto a la lnea recta descendente que comenzara en el sobaco derecho. Colgada del hombro izquierdo llevaba una funda de pistola vaca. Joseph cogi a Charlie por la mueca, y la oblig a ponerse en cuclillas, al estilo rabe, a su lado. Dijo:
-Bueno: el caso es que Nottingham pertenece al pasado, lo mismo que York, Bristol y Londres. Hoy es hoy, el tercer da de nuestra gran luna de miel en Grecia. Estamos en el lugar en que estamos, hicimos el amor durante toda la noche, nos levantamos temprano, y Michel te ha dado una memorable conferencia sobre la cuna de nuestra civilizacin. T has conducido el automvil y yo he tenido ocasin de comprobar lo que ya me haban dicho de ti, que te gusta conducir y que conduces bien en la medida en que puede hacerlo una mujer. Y ahora te he trado aqu, a la cumbre de esta colina, sin que t sepas por qu. Ya has advertido que hoy me comporto con cierto retraimiento. Estoy pensativo, quiz sopesando una gran decisin. Tus intentos de sacarme de mi abstraccin me irritan. Qu le pasa?, te preguntas. Sigue adelante nuestro amor? O acaso t has hecho algo que me ha desagradado? Y si nuestro amor sigue, de qu manera sigue? Te hago sentar aqu, a mi lado, y saco la pistola.
Charlie contempl fascinada cmo Joseph extraa fcilmente la pistola y la empuaba de tal manera que el arma pareca una prolongacin de su mano.
-Como si se tratara de un privilegio inmenso y exclusivo, voy a contarte la historia de esta arma, y, por primera vez -Joseph hizo una pausa, y, al seguir hablando, lo hizo muy lentamente para dar ms nfasis a sus palabras-: Si., por primera vez har mencin de mi gran hermano, de este hermano cuya existencia constituye un secreto militar que slo los ms leales, que son poqusimos, pueden saber. Te lo digo porque te amo y porque