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La chica del tambor

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La chica del tambor
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Despu�s de haber contemplado la botella, con expresi�n de cort�s pasmo, Alexis dijo:

-�Parece que usted se enter� antes que yo. Ni siquiera lo he comunicado a mis jefes.

Y estas palabras eran verdad. El silencio de Alexis hab�a sido algo parecido a un �ltimo intento de evitar la concepci�n. Kurtz, no sin malicia, dijo:

-�Lo mejor ser� que se lo diga cuando todo haya ya pasado, y que adem�s les pida disculpas.

Tranquilamente, en silencio, como es propio de hombres que no se tratan con cumplidos, brindaron. Brindaron por la vida y por un futuro mejor para el hijo nonato del doctor Alexis.

Con una maligna chispa en los ojos, Kurtz dijo:

-�Me han dicho que en la actualidad es usted coordinador. Con grave acento, Alexis dijo:

-�Brindemos por todos los coordinadores.

Y una vez m�s, los dos bebieron un sorbito simb�lico. Acordaron tratarse por el nombre de pila, a pesar de lo cual Kurtz sigui� utilizando el respetuoso Sie, en vez del Du. No quer�a que su ascendencia sobre Alexis quedara socavada.

Kurtz dijo:

-��Y puedo preguntarle qu� es lo que usted coordina, Paul? Haciendo una deliberada parodia del tono oficial empleado en Bonn, Alexis recit�:

-�Herr Schulmann, me veo en el caso de comunicarle que las funciones de enlace con servicios extranjeros amigos han dejado de formar parte de mis atribuciones oficiales.

Y Alexis esper� a que Kurtz insistiera m�s. Pero Kurtz prefiri� aventurar una hip�tesis que no era tal hip�tesis:

-�El coordinador tiene responsabilidades de car�cter administrativo en materias tan importantes como transportes, formaci�n, reclutamiento y contabilidad de las secciones de operaciones. Y tambi�n en materia de intercambio de informaci�n entre organismos estatales y federales.

Alexis, tan divertido como horrorizado, una vez m�s, por la precisi�n de las informaciones de Kurtz, dijo:

-�Se ha olvidado de las vacaciones oficiales. Si desea m�s vacaciones venga a Wiesbaden y se las dar�. Tenemos un comit� poderos�simo, en lo tocante a vacaciones oficiales.

Kurtz prometi� que as� lo har�a, confesando que ya era hora de que se tomase un descanso. La referencia al excesivo trabajo trajo a la memoria de Alexis sus tiempos pasados en los campos de operaciones, y, haciendo un par�ntesis en la conversaci�n, Alexis cont� a Kurtz un caso en el que no hab�a dormido, literalmente hablando, sin siquiera tumbarse, durante tres d�as seguidos. Kurtz le escuch� con respetuosa comprensi�n. Kurtz sab�a escuchar, y esto era algo que Alexis rara vez encontraba en Wiesbaden.

Despu�s de un agradable intercambio de frases intrascendentes, al estilo de las narradas, Kurtz dijo:

-�No s� si sabe, Paul, que yo tambi�n fui coordinador, en cierta ocasi�n.

Esbozando una triste sonrisa de complicidad, Kurtz prosigui�:

-�Mi superior decidi� que me hab�a portado como un ni�o travieso, y me nombr� coordinador. Me aburr� tanto que, al cabo de un mes de ser coordinador, escrib� al general Gavron y le dije oficialmente que era un inepto, �l. Le escrib�: �Mi general, se lo digo oficialmente. Si, Marty Schulmann le dice que es usted un inepto.� Me mand� llamar. �Ha conocido usted a ese Gavron? �No? Es un hombrecillo peque�o y arrugado, con una gran cabellera negra. No hay modo de vivir en paz con �l. Al verme, me grit�: �iSchulmann!, �c�mo diablos se las ha arreglado, con s�lo un mes, para poder llamarme inepto? �C�mo ha conseguido usted descubrir mi m�s terrible secreto?� Gavron tiene la voz cascada, como si alguien le hubiera dejado caer de cabeza cuando era un ni�o de teta. Y yo le contest�: �Mi general, si tuviera usted un m�nimo respeto hacia s� mismo, me degradar�a, dej�ndome en soldado raso, y me devolver�a a mi primitiva unidad, desde la que no podr�a insultarle directamente.� �Y sabe qu� hizo Gavron? me echo de su despacho, me ascendi�, y de esta manera volv� a mi primitiva unidad.

Esta historieta divirti� a Alexis, principalmente si tenemos en cuenta que le record� sus antiguos tiempos de muy popular exc�ntricos entre los envarados mandos de Bonn. Por esto result� muy l�gico y natural que la conversaci�n se centrara en el indignante suceso de Bad Godesberg, que, a fin de cuentas, fue la ocasi�n que dio lugar a que se conocieran.

Kurtz observ�:

-�Me han dicho que por fin est�n haciendo ciertos progresos. Ya sabe que la chica vino desde Par�s, desde el aeropuerto de Orly, lo cual no deja de ser importante, a pesar de que a�n desconozcan la identidad de la muchacha.

Alexis qued� notablemente irritado al escuchar este mal medido elogio en los labios de alguien a quien �l admiraba y respetaba:

-��A esto le llama un progreso? Ayer recib� el m�s reciente an�lisis efectuado por esa gente. Una muchacha se traslada de Orly a Colonia, el d�a en que estalla la bomba. O, por lo menos, eso creen. Lleva pantalones tejanos. Creen. Pa�uelo en la cabeza, tiene buena figura, y quiz� sea rubia. �Y qu�? Los franceses ni siquiera han podido averiguar su embarque. O por lo menos eso dicen.

Kurtz aventur�:

-�Tal vez se deba a que la muchacha no embarc� rumbo a Colonia.

Sin haber comprendido con la debida exactitud, Alexis objet�:

-��Y c�mo diablos llega volando a Colonia, si no embarca rumbo a cretinos son incapaces de descubrir un caballo en la sopa.

Las mesas contiguas segu�an todav�a vac�as, aun cuando con m�sica transistor y m�sica de Oklahoma en los altavoces, hab�a m�sica m�s que ahogar todo g�nero de herej�as. Kurtz explic� pacientemente:

-�Supongamos que la chica saca billete para cualquier otro sitio; Madrid, por ejemplo. Es decir, la chica embarca en Orly, pero con pasaje para Madrid.

Alexis acept� la hip�tesis. Kurtz prosigui�:

-�Compra un billete Orly-Madrid, y, cuando llega a Orly saca la carta de embarque para Madrid. Se va a la sala de partida con su carta de embarque para Madrid, espera en un lugar determinado. Y sigue esperando. Lo m�s probable es que lo haga cerca de alguna puerta de salida. Digamos que espera junto a la puerta n�mero dieciocho. Entonces cierta persona, otra muchacha, se acerca a ella, le dice las palabras concertadas de antemano, las dos van al lavabo e intercambian las cartas de embarque. Organizaci�n perfecta. Cosa bien hecha. Tambi�n intercambian los pasaportes. Esto, trat�ndose de chicas, no constituye problema. Maquillaje, pelucas� Paul, en cuanto investigues un poco, siempre descubres que todas las muchachas bonitas son iguales.

La verdad de este �ltimo aforismo dej� altamente satisfecho a Alexis, ya que recientemente hab�a llegado a esta misma triste conclusi�n, con respecto a su segundo matrimonio. Pero el doctor Alexis no medit� mucho el aserto de su interlocutor, debido a que intu�a la inminencia de una informaci�n importante, y el esp�ritu policiaco del doctor Alexis estaba de nuevo alerta. Alexis encendi� un cigarrillo y dijo:

-�Y cuando llega a Bonn, �qu�?

-�Llega con pasaporte belga. Una bonita falsificaci�n, uno de la serie de pasaportes fabricados en Alemania Oriental. En el aeropuerto la recibe un muchacho con barbas, que va en una motocicleta robada y con matr�cula falsa. Es un muchacho alto, joven y con barbas. Es lo �nico que la muchacha sabe con respecto a �l, es lo �nico que todos saben con respecto a �l; s�, ya que esa gente sabe muy bien todos los trucos para mantener su seguridad. �Con barbas? �Qu� es una barba? Adem�s, el chico en momento alguno se quit� el casco de motorista. En materia de seguridad, esa gente est� muy por encima del t�rmino medio. Son incluso sobresalientes. S�, esto es lo que yo creo.

Alexis dijo que tambi�n �l se hab�a dado cuenta de ello. Kurtz prosigui�:

-�La funci�n del muchacho en esta operaci�n es s�lo la de despistar. Es lo �nico que el muchacho hace. Interrumpe el circuito. Se re�ne con la muchacha, se cerciora de que nadie la sigue, le da un paseo en moto y la lleva a una casa franca, en la que la chica recibir� instrucciones.

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