Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
1 ... 78 79 80 81 82 83 84 85 86 ... 142
Перейти на страницу:

-Es la voz de Harbert! -dijo el periodista.

-Corramos! -exclam Pencroff.

Inmediatamente el marino y Geden Spilett corrieron con toda la celeridad que les permitan sus piernas hacia el sitio de donde salan los gritos.

Hicieron bien en apresurarse, porque al volver el recodo del sendero, cerca de un claro, vieron al joven derribado por un ser salvaje, sin duda un gigantesco mono, que trataba sin duda de jugarle una pasada.

Arrojarse sobre el monstruo, tirarlo al suelo, arrancar a Harbert de sus manos y mantener derribada en el suelo la fiera, fue asunto de un instante para Pencroff y Gedeon Spilett. El marino tena una fuerza herclea, el periodista era tambin muy robusto, y a pesar de la resistencia del monstruo qued atado de manera que le fue imposible hacer ningn movimiento.

-Te ha hecho dao, Harbert? -pregunt Geden Spilett. -No, no.

-Si te hubiera herido ese mono! -exclam Pencroff. -Pero si no es un mono! -contest Harbert.

Al or estas palabras, Pencroff y Geden Spilett miraron al ser que yaca en el suelo.

En efecto, no era un mono, era una criatura humana, un hombre. Pero qu hombre! Un salvaje en toda la horrible acepcin de la palabra, y tanto ms espantoso, cuanto que pareca haber cado en el ltimo grado de embrutecimiento.

Cabellera enmaraada, barba inculta que le bajaba hasta el pecho, cuerpo casi desnudo, salvo un pedazo de manta rodeada a la cintura, ojos feroces, manos enormes, uas desmesuradamente largas, color de caoba oscuro, pies endurecidos como si estuviesen hechos de cuerno: tal era la miserable criatura, a la cual, sin embargo, era preciso llamar hombre. Pero haba derecho para preguntar si en aquel cuerpo exista todava un alma racional o si era el vulgar instinto del bruto lo nico que haba sobrevivido en l.

-Est seguro de que esto es un hombre o de que lo haya sido? pregunt Pencroff al periodista. -Ah, no se puede dudar! -contest ste. -Ser el nufrago? -dijo Harbert.

-S -repuso Geden Spilett-, pero el desdichado no tiene nada de humano.

El corresponsal deca la verdad. Era evidente que, si alguna vez el nufrago haba sido un ser civilizado, el aislamiento lo haba convertido en salvaje y quiz en una cosa peor, en un verdadero orangutn, el hombre de los bosques. Roncos sonidos salieron de su garganta a travs de los dientes, que haban adquirido la agudeza de los animales carnvoros, hechos para masticar la carne cruda. La memoria deba haberle abandonado y tambin el arte de servirse de los instrumentos, de las armas y de la lea para hacer fuego. Se vea que era robusto y flexible, pero que todas sus cualidades fsicas se haban desarrollado en l con detrimento de las cualidades morales.

Geden Spilett le habl, pero, al parecer, no comprenda, ni siquiera le escuchaba Sin embargo, el corresponsal, mirndole bien fijamente en los ojos, crey observar que no se haba extinguido en l completamente la razn.

Entretanto el preso no se mova ni trataba de romper las ligaduras. Estaba aturdido por la presencia de aquellos hombres, cuyo semejante haba sido? Se haba despertado en algn rincn de su cerebro un recuerdo fugitivo que le enlazase con la humanidad? Si se hubiera visto libre, habra intentado huir o se habra quedado? No se sabe, pero no se trat la prueba y, despus de haber contemplado al infeliz con atencin, dijo Geden Spilett:

-Quienquiera que sea y quienquiera que haya sido o pueda ser este hombre, nuestro deber es llevarlo con nosotros a la isla Lincoln.

-S -contest Harbert-, y quiz a fuerza de cuidados podremos despertar en l algn destello de inteligencia.

-El alma no muere -dijo el corresponsal-y sera una satisfaccin para nosotros arrancar del embrutecimiento a esta criatura de Dios.

Pencroff movi la cabeza con aire de duda.

-En todo caso, hay que intentar la prueba -repuso el periodista-; la humanidad nos lo ordena.

Era su deber mostrarse civilizados y cristianos. Los tres comprendieron y saban que Ciro Smith aprobara su conducta.

-Lo dejaremos atado? -pregunt el marino. -Quiz andara, si le desatramos los pies -dijo Harbert.

-Probemos -repuso Pencroff.

Desataron las cuerdas que sujetaban los pies del preso, dejndole los brazos fuertemente atados. Se levant por s mismo y no dio muestras de querer huir. Sus ojos, secos, miraban de travs a los tres hombres que marchaban a su lado y nada denotaba que recordase haber sido ni ser su semejante. Un silbido continuo se escapaba de sus labios y su aspecto era feroz; pero no intent poner resistencia.

Por consejo de Spilett, aquel desgraciado fue llevado a su casa. Quiz la vista de los objetos que le pertenecan hara alguna impresin sobre l; quiz bastaba una chispa de memoria para reavivar su pensamiento oscurecido, para encender el fuego apagado de su alma.

La vivienda no estaba lejos y en unos minutos llegaron, pero el preso no conoci nada y pareca que haba perdido la memoria de todas las cosas.

Qu poda conjeturarse del grado de embrutecimiento en que haba cado aquel infeliz, sino que su prisin en el islote era ya antiqusima, y que despus de haber llegado a l como ser racional, el aislamiento le haba reducido a semejante estado?

El periodista tuvo entonces la idea de encender fuego, creyendo que su vista le llamara la atencin, y en un momento ilumin el hogar una de aquellas llamaradas que atraen hasta a los animales.

La vista de la llama pareci al principio fijar la atencin del desdichado, pero en breve retrocedi y se extingui su mirada inconsciente.

Evidentemente no haba nada que hacer, al menos entonces, ms que llevarlo a bordo del Buenaventura, lo cual se hizo y qued bajo la vigilancia de Pencroff.

Harbert y Geden Spilett volvieron al islote para terminar sus operaciones, y pocas horas despus llegaron de nuevo a la playa llevando los utensilios y las armas, una coleccin de simientes de legumbres, algunas piezas de caza y dos parejas de cerdos. Todo qued embarcado y el Buenaventura estuvo dispuesto para levar ancla, cuando comenzara la marea a la maana siguiente.

El preso qued en la cmara de proa y se mantuvo tranquilo, silencioso, sordo y mudo.

Pencroff le ofreci comida, pero rechaz la carne cocida que le fue presentada y que sin duda no le gustaba. En efecto, habindole presentado el marino uno de los patos que Harbert haba matado, se arroj sobre l con avidez y lo devor.

-Cree usted que volver a su estado racional? -pregunt Pencroff moviendo la cabeza.

-Quiz -contest el corresponsal-, no es imposible que nuestros cuidados lleguen a ejercer sobre l una saludable reaccin, porque si el aislamiento le ha puesto en este estado, no volver a estar solo.

-Hace sin duda mucho tiempo que el pobre hombre se encuentra en esta situacin -dijo Harbert.

-Es posible -aadi Geden Spilett. -Qu edad tendr? -pregunt el joven.

-Es difcil calcular -repuso el periodista-, porque es imposible ver bajo la espesa barba que le cubre la cara; pero no es joven y supongo que debe tener por lo menos cincuenta aos.

-Ha observado, seor Spilett, cun profundamente hundidos tiene los ojos? -pregunt el joven.

-S, Harbert, pero son ms humanos de lo que poda creerse por el aspecto de su persona.

-En fin, veremos -dijo Pencroff-. Tengo curiosidad de saber el juicio que dar el seor

Smith sobre nuestro salvaje. Venamos a buscar una nueva criatura humana y nos llevamos un monstruo. En fin, uno hace todo lo que puede.

As pas la noche y, si el prisionero durmi o no, nadie lo sabe; pero en todo caso, aunque le quitaron las ataduras, no se movi. Era como esas fieras que quedan aturdidas en los primeros momentos de su captura y se enfurecen despus.

Al despuntar el da, que era el 15 de octubre, se produjo el cambio de tiempo previsto por Pencroff: el viento soplaba del noroeste y favoreca el regreso del Buenaventura, pero al mismo tiempo refrescaba y deba hacer ms difcil la navegacin.

1 ... 78 79 80 81 82 83 84 85 86 ... 142
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)