Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
1 ... 74 75 76 77 78 79 80 81 82 ... 142
Перейти на страницу:

No le gustaba que dos o tres compa�eros se aventurasen en alta mar con aquel barco, que, en resumidas cuentas, era muy peque�o y no cargaba m�s de quince toneladas.

A las diez y media todos estaban a bordo, incluso Jup y Top. Nab y Harbert levantaron el ancla que mord�a la arena cerca de la desembocadura del r�o de la Merced; se iz� la cangreja; el pabell�n lincoiniano onde� en el tope del m�stil y el Buenaventura, dirigido por Pencroff, se hizo a la mar.

Para salir de la bah�a de la Uni�n fue preciso primero caminar viento en popa, y se pudo observar que, con este aire, la celeridad de la embarcaci�n era satisfactoria.

Despu�s de haber doblado la punta del Pecio y el cabo de la Garra, Pencroff debi� mantenerse lo m�s cerca posible, para seguir la costa meridional de la isla, y, despu�s de haber recorrido algunas bordadas, observ� que el Buenaventura pod�a marchar a cinco

cuartos de viento, y que se sosten�a muy bien contra la corriente. Viraba perfectamente a barlovento, teniendo golpe, como dicen los marinos, y aun ganando al virar.

Los pasajeros del Buenaventura estaban entusiasmados. Ten�an una buena embarcaci�n, que podr�a prestarles grandes servicios, y con aquel tiempo el paseo fue delicioso.

Pencroff sali� a alta mar a tres o cuatro millas de la costa a trav�s del puerto del Globo. La isla apareci� entonces en todo su desarrollo, bajo un aspecto nuevo por el panorama variado de su litoral desde el cabo de la Garra hasta el promontorio del Reptil, en primer t�rmino los bosques, en que las con�feras sobresal�an entre el follaje tierno de los dem�s �rboles que apenas empezaban a echar brotes, y aquel monte Franklin que dominaba el conjunto y cuya cima estaba coronada de nieve.

-��Qu� magn�fico espect�culo! -exclam� Harbert.

-�S�, nuestra isla es bonita y buena -a�adi� Pencroff-, y la amo como amaba a mi pobre madre. Nos ha recibido pobres y careciendo de todo, �y qu� falta ahora a estos cinco hijos que le han ca�do del cielo?

-�Nada -contest� Nab-; nada, capit�n.

Y los dos honrados colonos lanzaron tres formidables hurras en honor de la isla. Entretanto, Gede�n Spilett, apoyado en el m�stil, dibujaba el panorama que se presentaba a sus ojos. Ciro Smith miraba en silencio.

-�Y bien, se�or Ciro -pregunt� Pencroff-, �qu� dice usted de nuestro barco?

-�Parece que se porta bien -contest� el ingeniero.

-��Bueno! �Cree ahora que podr� emprender un viaje de alguna duraci�n?

-��Qu� viaje, Pencroff?

-�El de la isla Tabor, por ejemplo.

-�Amigo -repuso Ciro Smith-, creo que en un caso urgente no habr�a que vacilar en fiarse del Buenaventura, hasta para una traves�a larga; pero ya sabe que le ver�a partir con disgusto para la isla Tabor, pues nada le obliga a ir.

-�Me gusta conocer a mis vecinos -repuso Pencroff, que se obstinaba en llevar a cabo su idea-. La isla Tabor es nuestra vecina, no tenemos otra. La cortes�a exige que se vaya al menos una vez a hacer una visita.

-��Caramba! -exclam� Gede�n Spilett-. �Nuestro amigo Pencroff, esclavo de las conveniencias sociales!

-�No soy esclavo de nada -repuso el marino, a quien la oposici�n del ingeniero le incomodaba un poco, pero que no quer�a disgustarlo.

-�Piense, Pencroff -contest� Ciro Smith-, que no puede ir solo a la isla Tabor.

-�Un compa�ero me basta.

-�Bueno -repuso el ingeniero-. �Quiere usted correr el riesgo de privar a la isla Lincoln de dos colonos de cinco que tiene?

-�Tiene seis -repuso Pencroff-; olvida a Jup. -Tiene siete -a�adi� Nab-, porque Top vale como cualquier otro. -Por otra parte, no hay riesgo, se�or Ciro -agreg� el marino. -Es posible, Pencroff, pero repito que es exponerse sin necesidad.

El terco marino no contest� y vari� de conversaci�n, decidido, sin embargo, a volver sobre ella en ocasi�n oportuna.

No sospechaba que iba a ser ayudado por un incidente, que cambiar�a en obra de humanidad lo que no era sino un capricho discutible. Despu�s de haberse mantenido en alta mar, el Buenaventura se acerc� a la costa, dirigi�ndose hacia el puerto del Globo. Era importante examinar los pasos que hab�a entre los bancos de arena y arrecifes, para ponerles balizas en caso de necesidad, pues aquella ensenada deb�a ser el puerto donde se amarrase el barco. Estaban a media milla de la costa que hab�a sido preciso bordear

para ganar espacio contra el viento; la velocidad del Buenaventura era entonces muy moderada, porque la brisa, detenida en parte por la tierra alta, apenas hinchaba sus velas, y el mar, terso como un espejo, no se rizaba sino al soplo de rachas que pasaban caprichosamente.

Harbert, que estaba a proa para indicar el camino que hab�an de seguir entre los arrecifes y los bancos de arena, exclam�: -�Orza, Pencroff, orza!

-��Qu� pasa? -pregunt� el marino, levant�ndose-. �Una roca?

-�No� Espera� -dijo Harbert-. No veo bien� Orza m�s� Bueno� Llega un poco�

Diciendo esto, Harbert, echado a lo largo de la barca, met�a la mano r�pidamente en el agua y se levantaba despu�s, diciendo: -�Una botella!

En efecto, ten�a en la mano una botella cerrada que acababa de coger a pocos cables de la costa.

Ciro Smith tom� la botella y sin decir una palabra quit� el tap�n y sac� un papel h�medo, en el cual se le�an estas palabras: Naufragado� Isla Tabor: 153� longitud oeste; 37� 11 ' latitud sur.

13. Van a la isla Tabor a salvar a un n�ufrago

-��Un n�ufrago! -exclam� Pencroff-. �Un n�ufrago abandonado a pocos centenares de millas de nosotros en la isla Tabor! �Se�or Ciro, ya no se opondr� a mi proyecto de viaje!

-�No, Pencroff -contest� el ingeniero-. Marchar� lo m�s pronto posible.

-��Ma�ana?

-�Ma�ana.

El ingeniero ten�a en la mano el papel que hab�a sacado de la botella. Medit� unos instantes y despu�s, volviendo a tomar la palabra, dijo:

-�De este documento, amigos, y hasta de la forma en que est� redactado, debemos deducir, en primer lugar, que el n�ufrago de la isla Tabor es un hombre que tiene conocimientos bastante adelantados en marina, puesto que da la latitud y longitud de la isla conforme a las que nosotros hemos encontrado y hasta con la aproximaci�n de minutos; en segundo lugar, que es ingl�s o norteamericano, puesto que el documento est� escrito en lengua inglesa.

-�Eso es l�gico -contest� Gede�n Spilett-, y la presencia de ese n�ufrago explica la llegada de la caja a las playas de la isla. En cuanto a este �ltimo, quienquiera que sea, es una fortuna que Pencroff haya tenido la idea de construir el buque y probarlo hoy mismo, porque si se hubiera retrasado un d�a, esta botella podr�a haberse roto contra los arrecifes.

-�En efecto -dijo Harbert-, es una circunstancia feliz que el Buenaventura haya pasado por aqu� precisamente cuando flotaba la botella.

-��Y eso no le parece a usted muy extraordinario? -pregunt� Ciro Smith a Pencroff.

-�Me parece una casualidad y nada m�s -contest� el marino-. �Es que usted encuentra algo extraordinario en eso, se�or Ciro? Esta botella por fuerza ten�a que ir a alguna parte, �por qu� no aqu� y s� a otro sitio?

-�Quiz� tiene usted raz�n, Pencroff -repuso el ingeniero-, sin embargo�

-�Pero -observ� Harbert-nada prueba que esta botella flote desde hace mucho tiempo por el mar.

-�Nada -contest� Gede�n Spilett-, y el documento parece haber sido escrito recientemente. �Qu� piensa usted, Ciro? -Es dif�cil de averiguar; por otra parte, lo sabremos m�s tarde contest� el ingeniero.

Durante esta conversaci�n, Pencroff no hab�a estado inactivo; hab�a virado de bordo, y el Buenaventura, desplegando todas sus velas, corr�a r�pidamente hacia el cabo de la Garra. Todos pensaban en aquel n�ufrago de la isla Tabor. �Hab�a tiempo para salvarlo? �Gran acontecimiento en la vida de los colonos! Ellos mismos eran n�ufragos; sin embargo, era lamentable que otro no estuviera tan favorecido de la fortuna y su deber era socorrer al desgraciado.

Dobl� el cabo de la Garra y el Buenaventura ancl� hacia las cuatro de la tarde en la desembocadura del r�o de la Merced.

1 ... 74 75 76 77 78 79 80 81 82 ... 142
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)