La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
A las doce del da el Buenaventura toc con su roda en una playa de arena. Se ech el ancla, se amainaron las velas y la tripulacin salt a tierra.
No haba duda de que aqulla era la isla Tabor, pues, segn los mapas ms modernos, no exista ninguna otra isla en aquella parte del Pacfico entre Nueva Zelanda y la costa americana.
La embarcacin fue amarrada slidamente para que el reflujo no pudiera llevrsela, y despus Pencroff y sus dos compaeros, bien armados, subieron por la orilla dirigindose a una especie de cono de doscientos cincuenta a trescientos pies de altura, que se levantaba a una media milla de distancia.
-Desde la cima de esa colina -dijo Geden Spilett-podremos hacernos, sin duda, una idea exacta del islote, lo cual facilitar nuestra investigacin.
-Lo mismo -respondi Harbert-que el seor Ciro hizo en la isla Lincoln, subiendo al monte Franklin.
-Exacto -contest el corresponsal-, y es la mejor manera de proceder.
Hablando as, los exploradores se adelantaban siguiendo el extremo de una pradera que terminaba al pie del mismo cerro. Bandadas de palomas silvestres y golondrinas de mar, semejantes a las de la isla Lincoln, huan. En el bosque, que limitaba la pradera a la izquierda, oyeron ruido en la maleza, y entrevieron el movimiento de las altas hierbas, que indicaba la fuga de varios animales, pero nada anunciaba que el islote estuviera habitado.
Al llegar al pie del cono, Pencroff, Harbert y Geden Spilett empezaron la ascensin, recorriendo con la vista todos los puntos del horizonte.
Llegaron por fin a la cima; estaban en un islote que no meda ms de seis millas en contorno, y cuyo permetro, poco abundante en cabos o promontorios, poco festoneado de ensenadas o de puertos, presentaba la forma de un valo prolongado. Todo alrededor del mar, absolutamente desierto, se extenda hasta los lmites del cielo. No haba ni tierra ni vela a la vista!
Aquel islote, lleno de bosque en toda su superficie, no ofreca la diversidad de aspectos que la isla Lincoln, que era rida y agreste en una parte y frtil y rica en otra. La isla Tabor era una masa uniforme de verdor, dominada por dos o tres colinas poco elevadas. Un arroyo, cuyo curso era oblicuo al valo del islote, atravesaba una ancha
pradera y desembocaba en el mar por la costa occidental, formando una estrecha desembocadura.
-Esta propiedad es bastante reducida -dijo Harbert. -S -contest Pencroff-, sera pequea para nosotros.
-Y adems -aadi el periodista-, parece inhabitada.
-En efecto -repuso Harbert-, nada revela aqu la presencia del hombre.
-Bajemos -dijo Pencroff-y busquemos.
El marino y sus dos compaeros volvieron a la orilla al sitio donde haban dejado al Buenaventura. Haban decidido dar a pie la vuelta al islote antes de aventurarse por el interior, de manera que ninguno de sus puntos escapase a sus investigaciones.
La playa era fcil de seguir y slo en algunos sitios estaba cortada por gruesas rocas, a las cuales se poda dar la vuelta fcilmente. Los exploradores descendieron hacia el sur haciendo huir numerosas bandadas de aves acuticas y grupos de focas que se arrojaban al mar al verlos de lejos.
-Estos animales -observ el corresponsal-no es la primera vez que ven hombres. Los temen, luego los conocen.
Una hora despus de su partida los tres haban llegado a la punta sur del islote, terminada por un cabo agudo, y suban hacia el norte siguiendo la costa occidental, igualmente formada de arena y rocas, con espesos bosques en segundo trmino.
En ninguna parte haba seal de habitacin, ni huella de pies humanos en toda aquella parte del islote, que al cabo de cuatro horas de marcha qued enteramente recorrida.
Era muy extrao lo que suceda, y deba creerse que la isla Tabor no estaba o no haba estado nunca habitada. Quiz el documento tena muchos meses o acaso muchos aos de fecha; era posible que el nufrago hubiera sido salvado o que hubiera muerto.
Pencroff, Geden Spilett y Harbert, formando hiptesis ms o menos plausibles, comieron rpidamente a bordo del Buenaventura para poder continuar su excursin hasta la noche.
En efecto, a las cinco de la tarde penetraron en el bosque.
Muchos animales escaparon al verlos, y principalmente, casi poda decirse nicamente, cabras y cerdos, que, segn se vea, pertenecan a las especies europeas. Sin duda algunos balleneros los haban desembarcado en la isla, donde se haban multiplicado rpidamente. Harbert prometi apoderarse de una o dos parejas vivas para llevarlas a la isla Lincoln. No dudaba que en una poca haban llegado hombres a visitar aquel islote. Esto pareci ms evidente todava cuando a travs del bosque vieron algunos senderos trazados, troncos de rboles cortados por el hacha, y en todas partes seal de trabajo humano; pero aquellos rboles estaban podridos y haban sido derribados muchos aos antes; los cortes hechos por el hacha estaban cubiertos de musgo, y las hierbas crecan altas y espesas en los senderos, que era difcil reconocer.
-Pero -observ Geden Spilett-esto prueba no slo que han desembarcado en este islote, sino que le han habitado durante cierto tiempo. Ahora bien, quines eran esos hombres?, cuntos? y cuntos quedan?
-El documento -dijo Harbert-no habla ms que de un solo nufrago.
-Pues bien, si est todava en la isla -aadi Pencroff-, es indispensable que lo encontremos.
Continu la exploracin. El marino y sus compaeros siguieron el camino que cortaba en lnea diagonal el islote y llegaron a costear el arroyo que se diriga hasta el mar.
Si los animales de origen europeo y si algunos trabajos debidos a la mano del hombre demostraban incontestablemente que haba estado algn tiempo habitada la isla, no lo probaban menos algunas muestras del reino vegetal. En ciertos sitios, en los claros del
bosque, era visible que se haba plantado la tierra con legumbres en una poca probablemente bastante remota.
Fue grande la alegra de Harbert al reconocer varias plantas de patatas, de achicorias, de acederas, de zanahorias, de coles y nabos, plantas de las cuales bastaba recoger la simiente para enriquecer el suelo de la isla Lincoln.
-Bueno, bueno -dijo Pencroff-. Esto vendr perfectamente a Nab y tambin a nosotros. Si no encontramos al nufrago, al menos nuestro viaje no habr sido intil y Dios nos habr recompensado.
-Sin duda -repuso Geden Spilett-, pero, a juzgar por el estado en que se encuentran estas plantaciones, parece que hace mucho tiempo que estuvo habitado este islote.
-En efecto -repuso Harbert-. Un habitante no habra descuidado tan importante cultivo.
-S -dijo Pencroff-, ese nufrago march de aqu Es de suponer -Habr que admitir que el documento es antiguo? -Evidentemente. -Y que aquella botella lleg a la isla Lincoln despus de haber flotado durante algn tiempo en el mar?
-Por qu no? -dijo Pencroff-. La noche se nos echa encima -aadi-y creo que debemos suspender nuestras pesquisas.
-Volvamos a bordo y maana comenzaremos de nuevo -dijo el corresponsal.
Era lo ms prudente, y el consejo iba a ser seguido, cuando Harbert, mostrando a sus compaeros una casa escondida entre los rboles, exclam:
-Una vivienda!
Inmediatamente los tres se dirigieron a la vivienda indicada y a la luz del crepsculo pudieron ver que estaba construida de tablas cubiertas con una espesa tela embreada.
Pencroff empuj la puerta, que estaba medio abierta, y entr con paso rpido
La vivienda estaba vaca.
14. Exploran Tabor y encuentran "un hombre salvaje"
Pencroff, Harbert y Geden Spilett se quedaron silenciosos en aquella oscuridad.
Pencroff ech yescas y encendi un montn de hojas secas. Aquella claridad alumbr durante un instante una pequea vivienda, que pareca absolutamente abandonada. En el fondo haba una chimenea tosca con cenizas fras y un brazado de lea seca. Pencroff arroj en ella las hierbas inflamadas, la lea ardi y se produjo un vivo resplandor.