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La chica del tambor

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La chica del tambor
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-�Me enamor� de ti inmediatamente. O, por lo menos, esto es lo que ahora te digo. Tan pronto termin� la conferencia, pregunt� qui�n eras, pero me sent� incapaz de abordarte delante de tanta gente. Tambi�n me di cuenta de que no pod�a mostrarte mi rostro, rostro que es una de mis mejores armas, En consecuencia, decid� ir a tu encuentro en el teatro. Hice indagaciones y te localic� en Nottingham. Y all� fui: te amo infinitamente, Michel.

Como si quisiera disculparse, Joseph dio exageradas muestras de preocuparse por el bienestar de Charlie, le llen� el vaso, pidi� caf�, tras preguntarle c�mo le gustaba m�s - result� ser con un poco de leche-, le pregunt� si deseaba ir al lavabo, obteniendo la contestaci�n de que no, gracias. En la pantalla de televisi�n se ve�a un bolet�n de noticias, en el que un sonriente pol�tico descend�a por la escalerilla de un avi�n. El pol�tico consigui� llegar al suelo, sin contratiempos.

Terminadas estas muestras de solicitud, Joseph mir� significativamente a su alrededor, en la taberna, y luego mir� a Charlie. A continuaci�n, la voz de Joseph se convirti� en la mism�sima esencia del sentido pr�ctico:

-�En consecuencia, Charlie, te conviertes de la Joan, la Juana de Arco, de Michel, en su gran amor, en su obsesi�n. Los empleados del motel ya se han ido, y estamos los dos solos en el comedor. Tu admirador sin m�scara y t�. Ha pasado ya la medianoche y yo te he estado hablando durante demasiado tiempo, a pesar de que ni siquiera he comenzado a explicarte los sentimientos de mi coraz�n, ni a preguntar acerca de tu vida, a pesar de que te amo m�s que a nadie en mi vida, de que una experiencia semejante es totalmente nueva para mi, etc�tera. El d�a siguiente es domingo, y t� est�s libre, en tanto que yo he alquilado una habitaci�n en el hotel. No hago el menor intento de persuadirte. No, no es �ste mi estilo. Quiz� sienta demasiado respeto hacia tu dignidad. O quiz� mi orgullo me impida el intento de persuasi�n. O bien t� vienes a m�, como un verdadero compa�ero de armas, una amante libre, en una relaci�n de soldado a soldado, o bien no te comportas de tal manera. �C�mo reaccionas? �Te muestras s�bitamente impaciente por regresar al Astral Commercial Hotel, junto a la estaci�n ferroviaria?

Charlie le mir� fijamente y luego apart� la mirada. En la cabeza le bull�an diez o doce respuestas c�micas, pero decidi� prescindir de ellas. La figura del encapuchado en la sala de conferencias volvi� a ser una abstracci�n. Era Joseph, y no un extra�o, quien le hab�a formulado la pregunta. �Y qu� pod�a contestar Charlie, cuando en su imaginaci�n ya estaban los dos juntos en cama, descansando Joseph su cabeza sobre el hombro de Charlie, teniendo Joseph su fuerte cuerpo con cicatrices junto al de Charlie, mientras �sta averiguaba la verdadera manera de ser de Joseph?

Joseph dijo:

-�A fin de cuentas, Charlie, seg�n tus propias declaraciones, te has acostado con hombres por mucho menos que esto.

Charlie, pareciendo de repente muy interesada en el salero de pl�stico, repuso:

-��Oh, s�, por much�simo menos!

-�Luces la costosa joya que te ha regalado. Te encuentras sola en una ciudad aburrida. Llueve. Ese hombre ha sabido halagar a la actriz, ha sabido despertar tus revolucionarios impulsos. �C�mo vas a rechazarle?

Charlie record� a Joseph:

-�Y tambi�n me ha dado de comer. A pesar de que yo estaba pasando una temporada vegetariana.

-�Creo que ese hombre representa cuanto una aburrida muchacha occidental puede so�ar.

Incapaz de mirarle siquiera, Charlie musit�:

-�Joseph, por el amor de Dios!�

Mientras con una se�a ped�a que le entregaran la cuenta, Joseph dijo en tono decisorio:

-�Muy bien. Felicidades. Por fin has encontrado tu alma gemela.

En los modales de Joseph hab�a aparecido bruscamente una expresi�n de misteriosa brutalidad. Charlie tuvo la rid�cula sensaci�n de que su asentimiento hab�a irritado a Joseph. Observ� c�mo pagaba la cuenta y c�mo se guardaba el recibo en el bolsillo. Detr�s de Joseph, Charlie sali� al aire nocturno. Charlie pens�: �Soy una muchacha comprometida dos veces. Si amas a Joseph, ded�cate a Michel. Como un alcahuete me ha vendido a su fantasma en el teatro de la realidad.�

Mientras entraban en el autom�vil, Joseph dijo sin dar importancia a sus palabras:

-�En la cama, te dice que su verdadero nombre es Salim, aunque ello constituye un gran secreto. Prefiere ser Michel. Ello se debe, en parte, a razones de seguridad, y, en parte, a que ya est� levemente enamorado de la decadencia europea.

-�Y a m� me gusta m�s Salim.

-�Pero le llamas Michel.

�Lo que quer�is�, pens� Charlie. Pero la pasividad de Charlie era un enga�o, incluso para ella misma, por cuanto sent�a el nacimiento de la ira, que se iba alzando, muy lejos todav�a, pero real.

El motel parec�a un bloque de una f�brica, de poca altura. Al principio no encontraron espacio donde aparcar, pero despu�s, un minib�s Volkswagen, blanco, sali� y dej� espacio para ellos. Charlie vio la figura de Dimitri al volante del minib�s. Con las orqu�deas en la mano, tal como Joseph le hab�a dicho, Charlie esper� a que Joseph se pusiera el blazer rojo, y luego le sigui� por el aparcamiento hasta la puerta de entrada. Joseph llevaba la bolsa de viaje de Charlie, as� como su propia elegante cartera negra de hombre de negocios. Charlie le sigui� a cierta distancia, con desgana. En el vest�bulo, mirando de soslayo, vio a Raoul y a Rachel en pie, bajo la deficiente luz, leyendo los programas de excursiones para el d�a siguiente. Charlie les dirigi� una furiosa mirada. Joseph fue a recepci�n, y Charlie se puso junto a �l, para ver c�mo firmaba en el libro de registro, a pesar de que Joseph le hab�a dado estrictas instrucciones de que no lo hiciera. El nombre era �rabe, la nacionalidad libanesa, y las se�as, las de un apartamiento en Beirut. Los modales de Joseph eran desde�osos, los propios de un hombre de alta posici�n, que muy pronto se sent�a ofendido. Charlie se dijo: �Sabes hacerlo bien.� Pero se lo dijo, en su fuero interno, con desgana, y esforz�ndose en odiarle. Joseph fue parco en sus ademanes, aunque con mucho estilo en ellos, identific�ndose con el papel que representaba. El aburrido recepcionista en servicio nocturno lanz� una lujuriosa mirada a Charlie, pero no dio muestra alguna de aquella falta de respeto a que Charlie estaba acostumbrada. Un empleado cargaba su equipaje en una enorme carretilla de hospital. �Visto un caft�n azul, luzco un brazalete de oro, llevo ropa interior de Persephone, de Munich, y morder� al primer palurdo que me trate de fulana.� Joseph la tom� del brazo, y la mano de Joseph quemaba en el brazo de Charlie. La muchacha apart� el brazo de un tir�n. ��No sobes!� A los sones de gregoriano canto plano, difundido por ocultos altavoces, siguieron la carretilla con el equipaje a lo largo de un t�nel gris, con puertas pintadas en tonalidades pastel. Su dormitorio era de la categor�a grande luxe, lo cual significaba que ten�a un aspecto tan est�ril como un quir�fano, y una cama de matrimonio.

Con furiosa hostilidad, Charlie exclam�:

-��Cristo! -Y mir� furiosa a su alrededor.

El mozo del motel le dirigi� una sorprendida mirada, pero Charlie hizo caso omiso de �l. La muchacha vio un cuenco con fruta, un cubo con hielo, dos vasos y una botella de vodka esperando junto a la cama. Tambi�n hab�a un jarr�n para las orqu�deas. Charlie arroj� las orqu�deas al jarr�n. Joseph dio una propina al mozo, la carretilla emiti� un gemido de despedida, y, de repente, los dos se encontraron solos, ante una cama del tama�o de un campo de f�tbol, en tanto que dos minotauros, al carboncillo, y debidamente enmarcados, suministraban un ambiente de erotismo de buen tono, mientras que un balc�n proporcionaba una perfecta vista del aparcamiento. Charlie sac� la botella de vodka del cubo de hielo, se sirvi� un buen trago y se dej� caer desmadejadamente en el borde de la cama. Dijo:

-�Salud, muchacho.

Joseph se hallaba de pie, contemplando sin expresi�n en el rostro a Charlie, y repuso, a pesar de que no ten�a el vaso en la mano:

-�Salud.

-�Y ahora, �qu� hacemos? �Nos dedicamos a hacer una partid�ta de naipes? �O es �sta la gran escena para la que hemos comprado las entradas?

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