La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
-�Michel ignora totalmente que en teor�a t� ya est�s de su parte. Exige que te obsesiones del todo con su causa, que te conviertas de nuevo a ella. Te dice estad�sticas como si t� fueras culpable de los n�meros. M�s de dos millones de �rabes cristianos y musulmanes expulsados de su patria, desde 1948. Sus casas y sus pueblos fueron arrasados, y te dice los correspondientes n�meros, sus tierras expropiadas en m�ritos de leyes en las que los acabe; no tuvieron ni voz ni voto, y te recita el n�mero de dunams (un dunam equivale a mil metros cuadrados). T� se lo has preguntado y �l te lo ha dicho. Y cuando estos �rabes llegan al exilio, sus propios hermanos �rabes los asesinan y los tratan como a chusma, y los israel�es bombardean sus campamentos debido a que los palestinos siguen resistiendo. Si, ya que resistirse a ser despose�do es ser un terrorista, en tanto que colonizar, bombardear a refugiados, diezmar la poblaci�n, esto no es m�s que una lamentable necesidad pol�tica. Si, ya que diez mil �rabes muertos valen menos que un jud�o muerto. Escucha.
Joseph se inclin� al frente y cogi� a Charlie por la mu�eca:
-�En Occidente no hay ni un solo liberal que dude en hablar en contra de las injusticias de Chile, Sud�frica, Polonia, Argentina, Cambodia, Ir�n, Irlanda del Norte, o cualquier otro territorio que est� de moda.
La presi�n de la mano de Joseph sobre la mu�eca de Charlie se intensific�:
-�Sin embargo, �qui�n tiene la pura y simple valent�a de manifestar en voz alta el acto m�s cruel y burlesco de toda la historia, consistente en que Israel, en treinta a�os, ha convertido a los palestinos en los nuevos jud�os de la tierra? �Sabes c�mo los sionistas calificaban a mi pa�s, antes de apoderarse de �l? Pues dec�an: �Es una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra.� �No existimos! Mentalmente, los sionistas ya hab�an cometido un genocidio, s�lo les faltaba cometerlo de hecho. Y vosotros, los ingleses, fuisteis los arquitectos de esa gran visi�n. �Sabes c�mo naci� Israel? Una potencia europea regal� a un grupito de jud�os un territorio �rabe. Y no consult� ni a un solo habitante de dicho territorio. Y esta potencia fue la Gran Breta�a. �Quieres que te cuente c�mo naci� Israel? �Es demasiado tarde, quiz�? �Est�s cansada, acaso? �Tienes que regresar a tu hotel?
Mientras daba las contestaciones pedidas, Charlie tuvo tiempo de maravillarse ante la paradoja de un hombre capaz de bailar con tantas y tantas de sus muchas sombras, y, a pesar de ello, mantener el equilibrio. Entre los dos ard�a una vela. Estaba clavada en el cuello de una vieja y grasienta botella negra, y sometida al constante ataque de un moscard�n ebrio, que Charlie apartaba de vez en cuando con el dorso de la mano, con lo cual su brazalete desped�a destellos. A la luz de la vela, mientras Joseph desarrollaba su historia alrededor de Charlie, �sta contemplaba la cara recia y disciplinada de Joseph, altern�ndola con la de Michel, cual si se tratara de dos caras impresas en una misma placa fotogr�fica.
-�Escucha. �Me escuchas?
-�Joseph, te estoy escuchando. Michel, te estoy escuchando.
-�Nac� en el seno de una patriarcal familia en un pueblo situado cerca de El Jalil, ciudad a la que los jud�os llaman Hebr�n. -Hizo una pausa, con la recia mirada de sus ojos negros fija en Charlie, y repiti�-: El Jalil. -Volvi� a callar. Y habl� de nuevo-: Recuerda el nombre, es de gran importancia para m� que lo recuerdes, y lo es por muchas razones. Recu�rdalo: El Jalil. �Dilo!
Charlie lo dijo: �El Jalil.�
-�El Jalil es un gran centro de pura fe isl�mica. En ar�bigo, la palabra significa �amigo de Dios�. El pueblo de El Jalil, o Hebr�n, es la �lite de Palestina. Y te voy a contar un chistecito que te dar� mucha risa. Existe la creencia de que el �nico lugar del que los jud�os jam�s fueron expulsados es la monta�a de Hebr�n, que se alza al sur de la ciudad. Por lo tanto, es muy posible que por mis venas corra sangre jud�a. Y esto no me averg�enza. No soy antisemita, s�lo soy antisionista. �Me crees?
Joseph no esper� a que Charlie le asegurase que le cre�a, debido a que no lo necesitaba.
-�En casa �ramos seis hermanos; o sea, cuatro chicos y dos chicas. Yo soy el menor. Todos trabaj�bamos la tierra; mi padre era el mukhtar, o jefe, nombrado por el consejo de los ancianos. Nuestro pueblo era famoso por sus higos y sus uvas, por sus guerreros y por sus mujeres, mujeres tan hermosas y tan obedientes como t�. La mayor parte de los pueblos son famosos solamente por una cosa. El m�o lo es por muchas.
Charlie murmur�:
-�S�, claro, �c�mo no?
Pero su interlocutor estaba muy lejos, pero que muy lejos, de ser susceptible a iron�as.
-�Sin embargo, mi pueblo era famoso sobre todo por los sabios consejos que daba mi padre, quien ten�a la convicci�n de que los musulmanes debieran formar una sociedad conjuntamente con los cristianos y los jud�os, de la misma forma que sus respectivos profetas viv�an en armon�a, todos juntos, bajo un mismo Dios. Y te hablo mucho de mi padre, mi familia y mi pueblo. En esta ocasi�n y en muchas otras posteriores. Mi padre admiraba a los jud�os. Hab�a estudiado el sionismo, y le gustaba invitar a jud�os a nuestro pueblo para hablar con ellos. Oblig� a mis hermanos mayores a aprender el hebreo. De ni�o escuchaba por la noche a los hombres cantando viejas canciones de guerra. De d�a, llevaba por la brida el caballo de mi abuelo al r�o, y escuchaba cuentos de viajeros y trashumantes. Cuando te describo este para�so, te causo la sensaci�n de recitarte aut�ntica poes�a. S�, s� hacerlo. Tengo el don preciso para ello. Te cuento que en la plaza de mi pueblo bail�bamos el dabke y escuch�bamos el oud, mientras los viejos jugaban al chaquete y fumaban sus narjeels.
Esta �ltima palabra nada significaba para Charlie, pero tuvo la prudencia suficiente para no interrumpir a Joseph.
-�En realidad, tal como voluntariamente reconozco ante ti, poco recuerdo de todo lo que te he contado. En realidad, te estoy contando los recuerdos de mis mayores, ya que �sta es la manera en que nuestras tradiciones perviven en el exilio de los campamentos. A medida que pasan las generaciones, nos vemos obligados m�s y m�s a vivir nuestra patria al trav�s de los recuerdos de los viejos. Los sionistas te dir�n que no ten�amos una cultura y que no exist�amos. Te dir�n que est�bamos degenerados, que viv�amos en chozas de adobe y que �bamos cubiertos de apestosos harapos. Te dir�n palabra por palabra lo mismo que, en pasados tiempos, los antisemitas dec�an de los jud�os en Europa� La verdad, en ambos casos, es que �ramos un pueblo noble.
La oscura cabeza que Charlie ten�a ante s� efectu� un movimiento afirmativo, indicando que las dos personalidades estaban de acuerdo en lo tocante a esta �ltima realidad.
-�Te cuento nuestra vida campesina, y los muchos intrincados sistemas mediante los cuales se manten�a el comunitario vivir en nuestro pueblo, te cuento la cosecha de la uva, te cuento que la poblaci�n entera iba a los vi�edos, siguiendo las �rdenes del mukhtar, mi padre. Te explico que mis hermanos mayores comenzaron su formaci�n en una escuela que vosotros, los ingleses, establecisteis en el Mandato. Te reir�s, pero la verdad es que mi padre tambi�n cre�a en los ingleses. Te cuento que en la casa destinada a invitados, en nuestro pueblo, hab�a caf� caliente a todas horas, de d�a y de noche, para que nadie dijera que el pueblo era pobre o que nosotros no trat�bamos con la debida hospitalidad a los forasteros. �Quieres saber qu� le ocurri� al caballo de mi abuelo? Lo vendi� para comprarse un rifle, con la finalidad de matar sionistas cuando atacaran el pueblo. Pero pas� todo lo contrario: los sionistas mataron a tiros a mi abuelo. Y obligaron a mi padre a estar al lado de ellos, de los sionistas, cuando mataron a mi padre. A mi padre, que hab�a tenido fe en ellos.
-��Es verdad esto?
-�Por supuesto.
Pero Charlie no pudo determinar si la contestaci�n se la hab�a dado Joseph o Michel, y le constaba que quien le contest� quer�a que no lo supiera.
-�Cuando me refiero a la guerra del 48, la llamo �La Cat�strofe�. Jam�s hablo de la guerra, siempre hablo de la Cat�strofe. Carec�amos de organizaci�n, y no pod�amos defendernos del agresor armado. Nuestra cultura se desarrollaba en peque�as comunidades, todas independientes, y lo mismo cabe decir de nuestra econom�a. Pero, al igual que los jud�os de Europa antes de su holocausto, carec�amos de unidad pol�tica, lo cual fue nuestra perdici�n. Con excesiva frecuencia nuestras peque�as comunidades peleaban entre s�, lo cual es caracter�stico de los �rabes, est�n donde est�n, y quiz� tambi�n de los jud�os. �Sabes lo que hicieron los sionistas en mi pueblo, debido a que no huimos, dej�ndolo abandonado, como hicieron nuestros vecinos?