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Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
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-Y quin ha hecho este descubrimiento? -pregunt al fin-. T, Harbert?

-No, Pencroff. El autor del descubrimiento es el seor Spilett.

-Oh, seor Spilett! -exclam el marino abrazando al periodista, que jams haba sufrido un apretn tan grande.

-Un Pencroff -dijo Geden Spilett, recobrando su respiracin, un instante comprometida-. Una parte de esta gratitud se la debe a Harbert, que ha conocido la planta; a Ciro, que la ha preparado, y a Nab, que ha tenido el trabajo de guardamos el secreto.

-Pues bien, amigos, yo les recompensar algn da. Entretanto, soy todo vuestro en vida y muerte.

11. De nuevo el invierno. Discusin sobre el combustible

El invierno llegaba con el mes de junio, que es el diciembre de las zonas boreales, y la principal ocupacin de entonces fue la confeccin de vestidos pesados y de abrigo.

Los muflones de la dehesa haban sido esquilados y la preciosa materia textil estaba dispuesta; no faltaba ms que transformarla en tela.

Claro que Ciro Smith, no teniendo a su disposicin cardas, ni peines, ni alisadores, ni estiradores, ni retorcedores, ni mquinas de las llamadas mule jenny y self-acting para hilar la lana, ni telar para tejerla, tena que proceder de una manera ms sencilla y que ahorrase el hilado y el tejido. Se propona utilizar la propiedad que tienen los filamentos de lana, cuando se los prensa en todos sentidos, se entrelazan unos con otros y constituyen por este cruzamiento esa tela que se llama fieltro.

Aquel fieltro poda, pues, obtenerse por un simple bataneo, operacin que, si disminuye la flexibilidad de la tela, aumenta notablemente sus propiedades conservadoras del calor. Ahora bien, precisamente la lana que daban los muflones se compona de vellones cortos, buena condicin para la fabricacin del fieltro.

El ingeniero, ayudado por sus compaeros, incluido Pencroff, que otra vez tuvo que abandonar su construccin naval, comenz las operaciones preliminares que tuvieron por objeto quitar la sustancia oleosa y grasa impregnada en la lona, que se llama churre. El desgrasamiento se verific en cubetas llenas de agua a 60 de temperatura y en las cuales se dej sumergida la lana veinticuatro horas. Despus se hizo un lavado a fondo mediante baos de sosa, y luego, aquella lana, cuando estuvo suficientemente seca por la presin, se puso en estado de ser bataneada, es decir, de producir una tela slida, tosca y que no habra tenido ningn valor en un centro industrial de Europa o de Amrica, pero que deba ser preciossima en los mercados de la isla Lincoln.

Este gnero de pao ha debido ser conocido en pocas remotas, y era, en efecto, la primera tela de lana fabricada por el procedimiento que iba a emplear Ciro Smith.

En lo que sus conocimientos de ingeniero le sirvieron ms fue en la construccin de la mquina destinada a batanear la lana, porque supo aprovecharse de la fuerza mecnica, inutilizada hasta entonces, que posea el salto de agua de la playa para mover un batn.

Nada ms rudimentario: un rbol provisto de dientes que levantaban y dejaban caer alternativamente pilones verticales; cubos destinados a recibir la lana, en cuyo interior caan los pilones, y un fuerte armazn de madera, que contena y ligaba todo el sistema: as era la mquina y as haba sido hasta el momento en que se tuvo la idea de reemplazar los pilones por cilindros compresores y someter la materia, no a un bataneo, sino a una laminacin.

La operacin, dirigida por Ciro Smith, tuvo xito. La lana, previamente impregnada de una disolucin jabonosa destinada por una parte a facilitar su deslizamiento, unin, compresin y reblandecimiento, y por otra impedir su alteracin por el golpeteo, sali del batn en forma de una spera tela de fieltro. Las estras y asperezas del velln se haban enganchado y entrelazado las unas en las otras de tal modo, que formaban una tela igual, apta para hacer vestidos y mantas. No era ni merino, ni muselina, ni cachemira de Escocia, ni stof, ni reps, ni raso de China, ni Orleans, ni alpaca, ni pao, ni franela; era fieltro lincolniano, y la isla Lincoln contaba con una industria ms.

Los colonos tuvieron buenos vestidos y buenas mantas y pudieron esperar sin temor el invierno de 1866 a 1867.

Los grandes fros comenzaron a hacerse sentir hacia el 20 de junio, y Pencroff, con gran pesar, tuvo que suspender la construccin del buque, que, por otra parte, terminara la prxima primavera.

La idea fija del marino era hacer un viaje de reconocimiento a la isla Tabor, aunque Ciro Smith no aprobaba aquel viaje, que no tena otro objeto que el de satisfacer una curiosidad, porque evidentemente no haba esperanza de hallar socorro alguno en aquella roca desierta y casi rida. Un viaje de ciento cincuenta millas en un barco relativamente pequeo, por mares desconocidos, le preocupaba. Si la embarcacin, una vez en alta mar, no poda llegar a la isla Tabor, ni volver a Lincoln, qu sera de ellos en medio de aquel Pacfico tan fecundo en siniestros?

Ciro Smith hablaba con frecuencia de este proyecto con Pencroff, y le sorprenda la obstinacin del marino sobre este viaje, obstinacin que el mismo Pencroff no acertaba a explicarse.

-Porque, en fin -le dijo un da el ingeniero-, debe observar, amigo mo, que despus de haber hablado tan bien de la isla Lincoln y de haber manifestado tantas veces el dolor que experimentara si tuviese que abandonarla, es el primero en querer salir de ella.

-Por pocos das, nada ms -contest Pencroff-; por pocos das, seor Ciro, slo ir y volver despus de haber visto lo que hay en ese islote.

-Pero no puede valer lo que vale la isla Lincoln. -Eso desde luego. -Entonces, por qu aventurarse? -Para saber lo que pasa en la isla Tabor.

-Pero si no pasa nada, ni puede pasar. -Quin sabe! -Y si le sorprende una tempestad?

-No hay que temerla en la buena estacin -repuso Pencroff-. Le pedir permiso para hacer solo con Harbert ese viaje.

-Amigo -repuso el ingeniero, poniendo la mano en el hombro del marino-, si le sucediera una desgracia a usted o a ese muchacho, a quien la casualidad nos ha dejado por hijo, cree usted que podramos consolarnos?

-Seor Ciro -contest Pencroff con inmutable confianza-, no le causaremos esa pena.

Ya volveremos a hablar del viaje, cuando llegue el momento. Creo que, cuando haya visto nuestro buque bien aparejado, bien acastillado y cuando observe cmo se porta en el mar, cuando hayamos dado la vuelta a nuestra isla, porque la daremos, estoy seguro de que no tendr inconveniente en dejarnos marchar. No puedo ocultarle que ese buque que ha ideado va a ser una obra maestra.

-Diga al menos nuestro buque, Pencroff -repuso el ingeniero momentneamente desarmado.

La conversacin concluy as para volver a empezar despus, sin que quedaran convencidos ni el marino ni el ingeniero.

Hacia finales de junio cayeron las primeras nieves. De antemano haban almacenado provisiones en la dehesa y no fue preciso visitarla diariamente, aunque s una vez por semana.

Colocaron las trampas de nuevo y se hizo el ensayo de los instrumentos fabricados por Ciro Smith.

Las barbas de la ballena, encorvadas, aprisionadas en un estuche de hielo y cubiertas de una espesa capa de grasa, fueron colocadas en los lmites del bosque, y en el sitio por donde pasaban continuamente los animales para ir al lago.

Con satisfaccin del ingeniero, su invencin, imitadora de los pescadores aleutianos, tuvo un xito completo. Una docena de zorras, algunos jabales y hasta un jaguar se dejaron engaar por el cebo y fueron encontrados muertos con el estmago perforado por los fanones al extenderse.

Y aqu debemos hablar de un ensayo que fue la primera tentativa hecha por los colonos para comunicarse con sus semejantes.

Geden Spilett haba pensado muchas veces en arrojar al mar una noticia metida en una botella que la corriente llevara quiz a alguna costa habitada o en confiarla a las palomas. Pero cmo esperar que las palomas o botellas pudieran atravesar la distancia que separaba la isla de toda tierra habitada, no inferior a mil doscientas millas? Hubiera sido una locura.

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