Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
1 ... 66 67 68 69 70 71 72 73 74 ... 142
Перейти на страницу:

-�Quiero decir, islas creadas especialmente para que en ellas se verifique un naufragio y en las cuales los pobres diablos puedan ir tirando. -Es posible -contest� sonri�ndose el ingeniero.

-�Es cierto -a�adi� Pencroff-, y no es menos cierto que la isla Lincoln es una de ellas. Los colonos volvieron al Palacio de granito con una gran cosecha de Cycas. El ingeniero mont� una prensa para extraer el jugo mucilaginoso que ven�a mezclado con la f�cula, y obtuvo una notable cantidad de harina, que en manos de Nab se transform� en tortas y en panecillos. No era todav�a aqu�l el verdadero pan de trigo, pero se le acercaba mucho.

En aquella �poca el onagre hembra, las cabras y las ovejas de la dehesa empezaron a dar leche para la colonia.

As�, el carro, o por mejor decir, una especie de carricoche que le hab�a reemplazado, hac�a frecuentemente viajes a la dehesa y, cuando tocaba a Pencroff este servicio, se llevaba a Jup y le hac�a guiar, cosa que el orangut�n hac�a perfectamente, chasqueando el l�tigo con su habitual inteligencia.

Todo prosperaba en la dehesa y en el Palacio de granito, y verdaderamente los colonos no ten�an nada de qu� quejarse, a excepci�n del alejamiento de su patria. Por otra parte, se hab�an acostumbrado tanto a aquella vida y a la residencia en aquella isla, que no habr�an abandonado sin sentimiento su suelo hospitalario.

Sin embargo, el amor a la patria ocupa tal lugar en el coraz�n del hombre, que, si impensadamente se hubiera presentado alg�n buque a la vista de la isla, los colonos le habr�an hecho se�ales, le habr�an llamado y se habr�an embarcado en �l. Entretanto, pasaban aquella existencia feliz y m�s bien teniendo el temor que el deseo de que un acontecimiento cualquiera viniese a interrumpirla.

Pero �qui�n puede jactarse de haber fijado la rueda de la fortuna y de hallarse al abrigo de sus reveses?

De todos modos, la isla Lincoln, que los colonos habitaban hac�a ya m�s de un a�o, era con frecuencia objeto de sus conversaciones, y un d�a se hizo una observaci�n que posteriormente deb�a producir graves consecuencias.

Era el 1.� de abril, un domingo de Pascua, y Ciro Smith y sus compa�eros lo hab�an santificado con el descanso y la oraci�n. Era un d�a estupendo, como el uno de octubre en el hemisferio boreal.

Por la tarde, despu�s de comer, se hab�an reunido todos bajo el cenador al extremo de la meseta de la Gran Vista y miraban extenderse la noche por el horizonte. Nab les hab�a servido algunas tazas de aquella infusi�n de granos de sa�co que reemplazaba al caf�. Se hablaba de la isla y de su situaci�n aislada en el Pac�fico, cuando Gede�n Spilett dijo:

-�Mi querido Ciro, desde que tenemos el sextante que vino en el caj�n, �no ha examinado usted de nuevo la posici�n de nuestra isla? -No -contest� el ingeniero.

-�Pues creo que ser�a conveniente hacerlo, ya que tenemos un instrumento m�s perfecto que el que usted ha empleado.

-��Para qu�? -dijo Pencroff-. La isla est� bien donde est�.

-�Sin duda -repuso Gede�n Spilett-, pero ha podido suceder que por causa de la imperfecci�n de los aparatos las observaciones no hayan sido exactas, y ya que es f�cil comprobar la operaci�n�

-�Tiene usted raz�n, mi querido Spilett -repuso el ingeniero-, y habr�a debido hacer esa comprobaci�n antes de ahora, aunque creo que, si he cometido alg�n error, no debe pasar de cinco grados en longitud o latitud.

-��Y qui�n sabe -dijo el corresponsal-si no estamos mucho m�s cerca de una tierra habitada de lo que creemos?

-�Lo sabremos ma�ana -contest� Ciro Smith-. Si no hubi�ramos tenido tantas ocupaciones, que no me han dejado un momento, lo sabr�amos ya.

-�Bueno -dijo Pencroff-; el se�or Ciro es demasiado buen observador para haberse enga�ado y, si la isla no se ha movido de su sitio, es indudable que est� donde el se�or Ciro la ha puesto.

-�Ya veremos.

Sigui� de esta conversaci�n que al d�a siguiente, por medio del sextante, el ingeniero hizo las observaciones necesarias para comprobar la exactitud de las coordenadas que hab�a obtenido, y el resultado de la operaci�n fue el siguiente:

Su primera observaci�n le hab�a dado la situaci�n de la isla Lincoln de este modo:

En longitud oeste: de 1500 a 155�. En latitud sur: de 30� a 35�. La segunda observaci�n dio exactamente: En longitud oeste: 150� 30'.

En latitud sur: 35� 57'.

As�, a pesar de la imperfecci�n de sus aparatos, Ciro Smith hab�a operado con tanta habilidad, que su error no hab�a pasado de cinco grados.

-�Ahora -dijo Gede�n Spilett-, puesto que poseemos un atlas al mismo tiempo que un sextante, veamos, mi querido Ciro, la posici�n que la isla Lincoln ocupa exactamente en el Pac�fico.

Harbert trajo el atlas, que, como es sabido, hab�a sido publicado en Francia y que por consiguiente ten�a la nomenclatura en lengua francesa.

Desdoblada la carta del Pac�fico, el ingeniero, con el comp�s en la mano, se dispuso a determinar la situaci�n de la isla. De repente levant� el comp�s y dijo:

-��Pero si existe ya una isla en esta parte del Pac�fico! -�Una isla! -exclam� Pencroff.

-�La nuestra, sin duda -respondi� Gede�n Spilett.

-�No -contest� Ciro Smith-. Esta isla est� situada a 153� de longitud oeste y 37� y

11' de latitud sur, es decir, a dos grados y medio m�s al oeste y a dos grados m�s al sur

de la isla Lincoln. -�Y cu�les esa isla? -pregunt� Harbert.

-�La isla Tabor.

-��Y es importante?

-�No, es un islote perdido en el Pac�fico y que tal vez nunca ha sido visitado. -Pues bien, lo visitaremos -dijo Pencroff. -�Nosotros?

-�S�, se�or Ciro; construiremos un barco con puente y yo me encargo de conducirlo. �A qu� distancia estamos de esa isla Tabor?

-�A unas ciento cincuenta millas hacia el nordeste -contest� Ciro Smith.

-��Ciento cincuenta millas? �Y qu� es eso? -dijo Pencroff-. En cuarenta y ocho horas y con un buen viento podemos estar all�.

-�Mas �para qu�? -pregunt� el corresponsal.

-�Vete a saber! Ya lo veremos.

Y con esta respuesta se convino en construir una embarcaci�n que pudiese hacerse a la mar, hacia el mes de octubre pr�ximo, cuando volviese el buen tiempo.

10. Encuentran tabaco y "desemboca" una ballena

Cuando Pencroff conceb�a un proyecto, no descansaba hasta que lo hab�a ejecutado. Quer�a visitar la isla Tabor y, como para esta traves�a era necesario un buque de cierta magnitud, quer�a construir inmediatamente dicha embarcaci�n.

Diremos el plan que traz� el ingeniero de acuerdo con el marino.

El buque deber�a medir veinticinco pies de quilla y nueve de bao, lo que le har�a r�pido, si sal�an bien sus fondos y sus l�neas de agua, y no deber�a calar m�s de seis pies, o sea lo suficiente para mantenerse contra la deriva.

Tendr�a puente en toda su longitud, abierto por dos escotillas, que dar�an acceso a dos c�maras separadas por una mampara, e ir�a aparejado como un bergant�n, con cangreja, trinquete, fortuna, flecha y foque, velamen muy manejable, que amainar�a bien en caso de chubascos y ser�a muy favorable para aguantar lo m�s cerca posible de la costa. En fin, el casco se construir�a a franco bordo, es decir, que los tablones de forro y de cubiertas enrasar�an en vez de estar superpuestos; y en cuanto a las cuadernas, se las aplicar�a inmediatamente despu�s del ajuste de los tablones de forro, que ser�an montados en contracuadernas.

�Qu� madera se emplear�a? Optaron por el abeto, madera un poco hendijosa, seg�n la expresi�n de los carpinteros, pero f�cil de trabajar, y que sufre, lo mismo que el olmo, la inmersi�n en el agua.

Acordados estos pormenores, se convino en que, teniendo todav�a seis meses de tiempo hasta la vuelta de la buena estaci�n, Ciro Smith y. Peneroff trabajar�an solos en la construcci�n del buque, mientras Gede�n Spilett y Harbert continuar�an cazando y Nab y maese Jup, su ayudante, seguir�an las tareas dom�sticas que les estaban encomendadas.

Despu�s de escoger los �rboles, se los cort�, descuartiz� y aserr� en tablas, como hubieran podido hacerlo las sierras mec�nicas. Ocho d�as despu�s, en el hueco que exist�a entre las Chimeneas y el muro de granito, se prepar� un arsenal y all� se empez� una quilla de treinta y cinco pies de largo provista de un codaste en la popa y una rodela en la proa.

1 ... 66 67 68 69 70 71 72 73 74 ... 142
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)