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La chica del tambor

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La chica del tambor
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Escucharon con impecable simpata las historias que Yanuka cont de las atrocidades cometidas por los sionistas, y tambin escucharon sus recuerdos de los das en que jugaba de portero con su victorioso equipo de ftbol, en Sidn. Los interrogadores pidieron:

-Por favor, cuntenos su mejor partido, explquenos su mejor parada, hblenos de la copa que usted gan, y de las personas que estaban presentes cuando el gran Abu Ammar se la entreg personalmente.

Tartamudeando un poco, con cierta timidez, Yanuka lo cont todo. En el piso inferior las cintas de los magnetfonos iban girando y girando, y la seorita Bach no paraba de poner cinta tras cinta, interrumpiendo esta labor solamente para pasar el parte al pianista Samuel, para que lo transmitiera a Jerusaln y a su homlogo David, en Atenas. Entretanto, Leon se senta en la gloria. Con los ojos entornados, Leon se senta sumergido en el idiosincrtico ingls de Yanuka, en su manera de expresarse impulsiva y veloz, en sus arrebatos de literaria belleza, en su cadencia y vocabulario, en sus imprevistos saltos de un tema a otro que se producan casi siempre a mitad de una frase. Al otro lado del pasillo, Schwili escriba, musitaba palabras para s, y soltaba risitas. Pero Leon advirti que Schwili, de vez en cuando, detena su trabajo y se hunda en la desesperacin. Pocos segundos despus, Leon vea cmo Schwili caminaba lentamente por su cuarto, recorrindolo en todos los sentidos, igual que un preso en su celda, cual si actuara llevado por un impulso de simpata hacia el pobre muchacho encerrado arriba.

Para hablar acerca del diario emplearon otra farsa, mucho ms azarosa. Lo retrasaron hasta el tercer da, el tercer da propiamente dicho, momento en el que ya haban desnudado a Yanuka en la medida de lo posible por el simple mtodo de la conversacin. Pero incluso entonces insistieron en que Kurtz les diera el visto bueno para seguir adelante, debido a lo muy nerviosos que estaban de intentar romper la cscara de la confianza que Yanuka haba depositado en ellos, en un momento en que ya no les quedaba tiempo para emplear otros mtodos. Los vigilantes haban descubierto el diario de Yanuka el da siguiente al secuestro de ste.

Tres vigilantes ataviados con monos de color amarillo y con brazales que les identificaban como mozos de una empresa de limpieza, haban penetrado en el piso de Yanuka. Una llave de la puerta de entrada y una casi autntica carta del administrador de la casa les haban otorgado cuanta autoridad precisaban. De su camioneta de color canario extrajeron aspiradores, fregonas y una escalera de mano. Luego cerraron la puerta del piso, corrieron las cortinas y durante ocho horas seguidas hurgaron en el piso como hurones, hasta no dejar nada sin investigar, fotografiar y volver a dejar en su sitio, antes de cubrirlo todo con polvo, mediante un artilugio al efecto diseado. Y entre otras cosas descubrieron, en el fondo de una estantera con libros, en lugar apto para coger el telfono, el diario de bolsillo forrado con piel de color castao, regalo de las Middle East Airlines, que algn da seguramente dieron a Yanuka. Saban que ste llevaba un diario, y no lo haban encontrado cuando secuestraron a Yanuka. Ahora, con su consiguiente alegra, lo haban descubierto. Algunas de sus notas estaban escritas en rabe, otras en ingls y otras en francs. Algunas eran indescifrables en todo gnero de idiomas, y otras estaban escritas en una clave no muy difcil. En su mayor parte, las anotaciones hacan referencia a citas con otras personas, pero unas cuantas, pocas, tenan carcter retrospectivo: Me reun con J; llam por telfono a P. Adems del diario, descubrieron otra pieza que haban estado buscando, a saber, un grueso sobre de papel de seda que contena un mazo de recibos que abarcaban hasta el da en que Yanuka tuvo que presentar cuentas de los gastos efectuados en el curso de sus operaciones. Siguiendo instrucciones de sus superiores, el equipo tambin hurt el sobre en cuestin.

Pero cmo interpretar las anotaciones cruciales del diario? Cmo descifrarlas sin la ayuda de Yanuka?

Los interrogadores tomaron en consideracin la posibilidad de aumentar la dosis de droga que daban a Yanuka, pero decidieron no seguir este mtodo. Teman que Yanuka se desmoronase totalmente. Recurrir a la violencia equivala a arrojar por la ventana toda la confianza que tan arduamente se haban ganado. Adems, como buenos profesionales, odiaban la idea de la violencia. Preferan edificar sobre las bases que haban conquistado sobre la base del miedo, de la dependencia y de la inminencia del interrogatorio israel que an no haba tenido lugar. Por esto, lo primero que hicieron fue entregar a Yanuka otra carta de Fatmeh, que era una de las mejores y ms breves que haba escrito Leon: Me he enterado que tu hora est ya muy prxima. Te pido y te ruego que tengas valor. Encendieron las luces para que Yanuka la pudiera leer, las volvieron a cerrar, y le dejaron solo ms tiempo del acostumbrado. Mientras Yanuka se hallaba en la ms total oscuridad, le permitieron or gritos y chillidos apagados, el golpear de distantes celdas al cerrarse, y el sonido de un cuerpo inerte al ser arrastrado con cadenas a lo largo de un pasillo con piso de piedra. Luego hicieron sonar las fnebres gaitas de una banda militar palestina, con lo que quiz Yanuka lleg a pensar que ya estaba muerto. Ciertamente, se estaba quieto como un muerto. Entraron los guardianes, quienes le desnudaron, le esposaron las manos a la espalda y le pusieron grilletes en los tobillos. Luego le dejaron. Como si le dejaran para siempre. Oyeron que Yanuka farfullaba una y otra vez: Oh, no!

Pusieron una bata blanca a Samuel, el pianista, y le dieron un estetoscopio, encomendndole que auscultara, sin dar muestras de inters, a Yanuka. Todo ello se hizo en la oscuridad, aun cuando quiz Yanuka percibi la blanca bata movindose a su alrededor. Volvieron a dejarle solo. A la luz de los rayos infrarrojos, observaron cmo Yanuka sudaba y temblaba, y hubo un momento en que Yanuka les caus la impresin de intentar suicidarse por el medio de golpearse la cabeza contra la pared, lo cual, estando encadenado, era casi el nico movimiento que poda efectuar. Pero la pared estaba gruesamente acolchada, por lo que Yanuka hubiera podido pasarse un ao entero golpendose la cabeza contra ella, sin conseguir los resultados deseados. Le hicieron or ms chillidos, seguidos por un absoluto silencio. Dispararon un tiro de pistola en el silencio y la oscuridad. Se oy con tanta fuerza y claridad que Yanuka se estremeci. Luego, Yanuka comenz a aullar, aunque en voz baja, como si no pudiera darle el volumen que hubiese deseado.

Este fue el momento en que decidieron actuar.

Primero entraron en la celda los guardianes, lo hicieron con aire decidido, y, cogindole por uno y otro brazo, le pusieron en pie. Los guardianes iban ataviados con ropas muy ligeras, como si se dispusieran a llevar a cabo un duro trabajo En el instante en que los guardianes haban conseguido arrastrar el tembloroso cuerpo de Yanuka hasta la puerta, aparecieron los dos salvadores suizos e impidieron el paso a los guardianes, mientras en sus caras se formaba la ms convincente expresin de indignada preocupacin. A continuacin se produjo una larga y apasionada discusin entre los guardianes y los dos suizos. La discusin tuvo lugar en hebreo, por lo que Yanuka slo en parte comprendi lo que se deca, pero pareca que se tratase de un ltimo recurso, de una ltima instancia. Los dos suizos dijeron que el interrogatorio de Yanuka an no haba sido aprobado por el director de la crcel, y la norma 6, prrafo 9, de la Convencin estableca explcitamente que no se podan aplicar mtodos coactivos, sin el permiso del director de la crcel y sin la presencia de un mdico. Pero la

Convencin de Ginebra importaba un pimiento a los guardianes, quienes as lo manifestaron. Dijeron que estaban de la Convencin hasta el gorro, y se llevaron las manos a la cabeza. Poco falt para que aquello degenerara en pelea. nicamente la paciencia suiza pudo evitar tal desenlace. Acordaron que los cuatro iran a ver, ahora mismo, al director de la crcel para que decidiera. Y los cuatro salieron juntos, muy decididos, dejando de nuevo a Yanuka sumido en la oscuridad, a quien pronto se le vio apoyndose en un muro y orando, a pesar de que, en aquellos momentos, no poda tener la ms leve idea del lugar en que se encontraba el Oriente.

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