La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Yanuka comenz a chillar:
-Dnde est mi hermano? Qu le habis hecho? Mi hermano no se chiva! Jams hablar! Cmo le capturasteis?
Llegaron a un acuerdo en muy poco tiempo. En el piso inferior, el resto del equipo, arremolinado junto al altavoz, sinti que una impresin de maravilla dominaba por entero el cuarto, mientras oan cmo Kurtz, tres horas despus de haber llegado, demola fcil y rpidamente las ltimas defensas de Yanuka. En mi calidad de director de esta crcel, mis funciones se limitan a cuestiones administrativas -explic Kurtz-. Tu hermano se encuentra en el hospital, en una celda del hospital, abajo. S, est un tanto fatigado. Como es natural, tenemos esperanzas de que salve la vida, pero tardar unos cuantos meses en poder caminar. Cuando hayas contestado las preguntas pertinentes, firmar una orden que te permita que compartas la celda de tu hermano; de modo que podrs cuidarle hasta que se recupere. Si te niegas a contestar, seguirs aqu, en el lugar en que ahora te encuentras. Luego, para evitar que Yanuka creyera que le estaban engaando, Kurtz le mostr la foto en color, hecha con una polaroid, y debidamente trucada, en la que se vea la apenas reconocible cara del hermano de Yanuka, sobresaliendo de una manta carcelaria, manchada de sangre, mientras dos celadores le llevaban en vilo, despus de haber sido interrogado.
Pero el talento de Kurtz jams le permita adoptar una postura inmvil. Cuando Yanuka comenz a hablar de verdad, Kurtz inmediatamente dio muestras de cordial comprensin de las pasiones del muchacho. De repente, el viejo carcelero sinti escuchar todo lo que el gran luchador haba dicho al joven aprendiz. Cuando Kurtz regres al piso inferior, el equipo haba recibido de Yanuka cuanto de l se poda conseguir. Lo cual era casi nada o absolutamente nada, como Kurtz se apresur a observar, en lo tocante a determinar el paradero del hermano mayor de Yanuka. Se advirti, adems, que la vieja norma del veterano interrogador haba quedado de relieve una vez ms, a saber, que la violencia fsica es contraria a la tica y al espritu de la profesin. Kurtz insisti en ello, principalmente ante Oded. Realmente, Kurtz dio gran importancia a la mxima en cuestin. Si es preciso hacer uso de la violencia, y es de advertir que, en ocasiones, no queda otro remedio, esforzaos siempre en utilizar la violencia contra la mente y no contra el cuerpo. Kurtz estaba convencido de que se podan sacar lecciones de todo, siempre y cuando los jvenes tuvieran la vista suficiente para verlas.
Kurtz insisti en esta mxima ante Gavron, aunque produjo una impresin notablemente inferior.
A pesar de todo, Kurtz ni siquiera entonces quiso descansar, o quiz no pudo descansar. A primera hora de la maana siguiente, cuando el asunto de Yanuka estaba ya resuelto, con la salvedad de la ltima decisin, Kurtz regres al centro de la ciudad, para consolar al equipo de vigilancia, cuya moral haba descendido vertiginosamente, desde la desaparicin de Yanuka. Qu se ha hecho del muchacho? -grit el viejo Lenny-. Un chico con un futuro tan formidable, una promesa en tan diferentes campos! Despus de haber cumplido su piadosa misin, Kurtz se dirigi hacia el norte para tener otra amistosa entrevista con el buen doctor Alexis, haciendo caso totalmente omiso del hecho consistente en que, en mritos de la supuesta inestable naturaleza del doctor, Misha Gavron le hubiera apartado de la operacin.
Esbozando una ancha sonrisa, Kurtz, recordando el fatuo telegrama que Gavron haba enviado a la casa de Atenas, dijo a Litvak: -Dir al doctor Alexis que soy norteamericano.
Sin embargo, Kurtz iba al encuentro de su amigo, solo, con cauteloso optimismo. Dijo a Litvak: Ahora avanzamos, y Misha slo me ataca cuando estoy quieto.
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