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La isla misteriosa
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As quedaron preparadas algunas camisas, calzoncillos y calcetas, stas hechas, naturalmente, no con agujas, sino de tela cosida. Qu placer para los colonos ponerse al fin aquella ropa blanca (lienzo tosco, pero no podan ser exigentes), y acostarse entre sbanas que convirtieron los camastros del Palacio de granito en verdaderos lechos!

Por aquella poca hicieron tambin calzado de cuero de foca, que vino a reemplazar muy oportunamente los zapatos y las botas llevadas de Amrica; y puede afirmarse que aquel nuevo calzado fue largo y ancho y no apret los pies de los colonos.

A principios del ao 1866 los calores fueron persistentes, pero no se suspendi la caza en los bosques. Agutes, sanos, cabiayes, canguros, caza de pelo y de pluma hormigueaban verdaderamente y Geden Spilett y Harbert eran tiradores demasiado diestros para perder un solo disparo.

Ciro Smith les recomendaba continuamente que economizaran las municiones y adopt varias medidas para reemplazar la plvora y el plomo encontrado en el cajn, que quera reservar para el futuro, porque, en efecto, no se saba adnde el azar podra arrojarles un da en el caso de que abandonaran sus dominios. Era preciso prevenir todas las necesidades de lo desconocido, ahorrar municiones y, para ellos, sustituirlas con otra sustancia que pudiera renovarse fcilmente.

Para reemplazar el plomo, del cual Ciro Smith no haba encontrado vestigios en la isla, emple sin desventaja granos de hierro, que era fcil fabricar. Aquellos granos eran mucho menos pesados que los de plomo, pero los hizo ms gruesos, y aunque cada carga pesaba menos, la destreza de los cazadores supla la falta. En cuanto a la plvora, Ciro Smith hubiera podido hacerla, puesto que dispona de salitre, azufre y carbn; pero esta preparacin exige cuidados muy grandes e instrumentos especiales y sin ellos es difcil producirla de buena calidad

El ingeniero prefiri fabricar piroxilo, es decir, algodn fulminante, sustancia para la cual el algodn no es indispensable, porque no entra sino como celulosa. Ahora bien, la celulosa no es ms que el tejido elemental de los vegetales y se encuentra casi en estado de pureza no slo en el algodn, sino en las fibras textiles del camo y del lino, en el papel, en el trapo viejo, en la mdula del saco, etc. Precisamente los sacos abundan en la isla, hacia la desembocadura del arroyo Rojo, y los colonos empleaban a manera de caf las bayas de aquellos arbustos, pertenecientes a la familia de las caprifoliceas.

As, pues, aquella mdula de saco, es decir, la celulosa, era fcil de recoger, y en cuanto a la otra sustancia necesaria para la fabricacin del piroxilo, como no era ms que cido aztico fumante, Ciro Smith, que posea cido sulfrico, haba podido producir fcilmente el aztico, atacando con aqul el salitre que le proporcionaba la naturaleza. Resolvi, pues, fabricar y emplear piroxilo, a pesar de los inconvenientes que tena, como son una gran desigualdad de efecto, una excesiva inflamabilidad, puesto que se inflama a ciento setenta grados en vez de doscientos cuarenta, y en fin, una deflagracin demasiado instantnea, que puede deteriorar las armas de fuego. En cambio, las ventajas del piroxilo consistan en que no se alteraba por la humedad, que no manchaba el can de los fusiles y que su fuerza propulsiva era cudruple a la de la plvora ordinaria.

Para hacer el piroxilo basta sumergir durante un cuarto de hora la celulosa en cido aztico fumante, despus lavarla en agua abundante y luego secarla, cosa sencillsima.

Ciro Smith slo dispona de cido aztico ordinario y no fumante o monohidratado, es decir, el cido que emite vapores blancuzcos al contacto con el aire hmedo; pero sustituyendo a este ltimo el cido aztico ordinario mezclado en la proporcin de tres volmenes por cinco con cido sulfrico concentrado, deba obtener un resultado idntico y lo obtuvo. As, pues, los cazadores de la isla pudieron disponer en breve de una sustancia perfectamente preparada y que, empleada con discrecin, dio excelentes resultados.

Hacia aquella poca los colonos roturaron tres acres de la meseta de la Gran Vista y el resto se conserv en estado de pradera para el mantenimiento de los onagres.

Se hicieron varias excursiones a los bosques de Jacamar y del Far-West, y de ellos se llev a la meseta una coleccin completa de vegetales silvestres, como espinacas, berros, rbanos, que deban modificarse en breve por medio de un cultivo inteligente, y templar el rgimen de alimentacin azoada a que hasta entonces haban estado sometidos los colonos de la isla Lincoln.

Tambin se acarrearon notables cantidades de lea y carbn, y cada excursin era al mismo tiempo un medio de mejorar los caminos, cuya calzada se iba aplanando y apisonando poco a poco bajo las ruedas del carro.

El cotillo daba siempre su contingente de conejos a la despensa del Palacio de granito. Como estaba situado un poco ms fuera del punto donde comenzaba el arroyo de la Glicerina, sus huspedes no podan penetrar en la meseta reservada ni destrozar, por consiguiente, las nuevas plantaciones.

En cuanto al banco de ostras de las rocas de la playa, cuyos productos se renovaban frecuentemente, suministraba todos los das excelentes moluscos.

Adems. la pesca, en las aguas del lago, en el ro de la Merced, no tard en ser fructfera, porque Pencroff haba instalado sedales de fondo armados de anzuelos de hierro, en los cuales se prendan con frecuencia hermosas truchas y ciertos peces muy sabrosos, cuyos vientres argentados estaban sembrados de manchitas amarillas. As Nab, encargado de la parte culinaria, poda variar agradablemente el men de cada comida. No faltaba ms que el pan en la mesa de los colonos, y ya hemos dicho que era una privacin que sentan mucho.

Tambin se dedicaron a la caza de las tortugas marinas, que frecuentaban las playas del cabo Mandbula. En aquel paraje la playa estaba erizada de pequeos montculos, que contenan huevos perfectamente esfricos, de cscara blanca y dura, y cuya albmina tiene la propiedad de no coagularse como la de los huevos de ave. El sol se encarga de abrirlos y su nmero era naturalmente considerable, pues cada tortuga puede poner anualmente hasta doscientos cincuenta huevos.

-Este es un verdadero campo de huevos -observ Geden Spilett-; no hay ms que agacharse y recogerlos.

Pero no se contentaron los colonos con el producto, sino que dieron tambin caza a los productores, caza que permiti llevar al Palacio de granito una docena de aquellos quelonios, verdaderamente muy estimables desde el punto de vista alimenticio. La sopa de tortuga con hierbas aromticas y algunas crucferas vali muchos elogios a Nab.

No debemos pasar por alto una circunstancia afortunada, que permiti hacer para el invierno reserva de provisiones. Varias bancadas de salmones se aventuraron por el ro de la

Merced, remontando su curso por espacio de varias millas. Era la poca en que las hembras buscan los sitios a propsito para depositar sus huevos; precedan a los machos y hacan ruido al entrar en el agua dulce. Un millar de aquellos peces, que medan dos pies y medio de longitud, entr en el ro y con slo colocar algunas presas los colonos pudieron recoger varios centenares que fueron salados y reservados para el tiempo en que el fro, helando la corriente del ro, hiciese imposible la pesca.

Por entonces el inteligentsimo Jup fue ascendido a la categora de ayuda de cmara. Se le visti con una chaqueta, un calzn corto de tela blanca y un delantal cuyos bolsillos eran su encanto porque meta en ellos las manos y no consenta que nadie se los registrase. El diestro orangutn haba sido admirablemente amaestrado por Nab y pareca que el negro y el mono se comprendan a la perfeccin.

Jup adems senta por Nab una verdadera simpata, y Nab le pagaba con la misma moneda. A no ser que necesitaran sus servicios para acarrear lea o para subir a la cima de cualquier rbol, Jup pasaba la mayor parte de su tiempo en la cocina tratando de imitar a Nab en todo lo que le vea hacer. El maestro haca gala de una gran pericia y extremado celo para instruir a su discpulo. El discpulo desplegaba una inteligencia notable para aprovechar las lecciones que le daba su maestro.

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