La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
Todo prosperaba gracias a la actividad de aquellos hombres animosos e inteligentes. La Providencia haca mucho por ellos, sin duda, pero, fieles al gran precepto, empezaban por ayudarse a s y el cielo vena despus en su ayuda.
Despus de los calurosos das de esto, por la noche, cuando haban terminado los trabajos y en el momento en que se levantaba la brisa del mar, se complacan en sentarse al borde de la meseta de la Gran Vista, bajo una especie de cenador de plantas trepadoras, que Nab haba levantado con sus manos. All hablaban y se instruan uno a otro, formando planes, y el tono de buen humor del americano regocijaba
incesantemente la pequea sociedad, en la cual no haba cesado nunca de reinar la ms perfecta armona.
Se hablaba tambin de la patria, de la grande y querida Amrica. En qu estado se hallaba la guerra de secesin? Evidentemente no haba podido prolongarse. Richmond sin duda ya haba cado en poder del general Grant y la toma de la capital de los confederados haba debido ser el ltimo acto de aquella funesta lucha. Con el triunfo del Norte haba triunfado la buena causa. Qu bien recibido hubiera sido un peridico por los desterrados de la isla Lincoln! Haca once meses que toda comunicacin entre ellos y el resto de la humanidad se hallaba interrumpida, y muy pronto, el 24 de marzo, llegara el aniversario del da en que el globo les arroj sobre aquella costa desconocida. No eran de aquella poca ms que nufragos, que no saban si podran disputar a los elementos su miserable vida. A la sazn, gracias a la ciencia de su jefe, gracias a la inteligencia de todos, eran verdaderos colonos y se hallaban provistos de armas, utensilios e instrumentos; haban sabido transformar en su provecho los animales, las plantas y los minerales de la isla, es decir, los tres reinos de la naturaleza.
Hablaban con frecuencia de todas estas cosas y formaban an mayores proyectos para el porvenir.
En cuanto a Ciro Smith, la mayor parte del tiempo escuchaba silencioso a sus compaeros y por lo general pocas veces hablaba. De cuando en cuando le haca sonrer alguna reflexin de Harbert o alguna ocurrente salida de Pencroff, pero siempre y en todas partes pensaba en aquellos hechos inexplicables, en aquel enigma extrao, cuyo secreto se le escapaba.
9. Construyen un ascensor y fabrican el cristal
El tiempo cambi durante la primera semana de marzo. Al principio del mes haba entrado el plenilunio y los calores continuaban siendo excesivos; se vea que la atmsfera estaba impregnada de electricidad y se tema un perodo de tiempo tempestuoso.
En efecto, el da 2, los truenos retumbaron con violencia. El viento soplaba del este y el granizo atac directamente la fachada del Palacio de granito, estallando como descargas de metralla. Fue preciso cerrar hermticamente la puerta y los postigos de las ventanas, sin lo cual hubiera quedado inundado todo el interior de las habitaciones.
Pencroff, al ver caer aquel granizo, que tena el tamao de huevo de paloma, slo pens en que su campo de trigo corra grave peligro.
Acudi inmediatamente al terreno, donde las espigas comenzaban ya a levantar su cabecita verde, y con una gruesa tela protegi su cosecha. En cambio fue bastante lapidado, pero no se quej.
El mal tiempo dur ocho das, durante los cuales no ces de retumbar el trueno por las profundidades del cielo. Entre dos tempestades se le oa tambin tabletear sordamente ms all de los lmites del horizonte y despus volva a resonar cerca con furor. El cielo estaba surcado de relmpagos y el rayo hiri muchos rboles de la isla, entre otros un enorme pino, que se levantaba cerca del lago, en la linde del bosque. Dos o tres veces tambin cayeron chispas elctricas en la playa, fundiendo la arena y vitrificndola. Habiendo encontrado despus algunas de esas fulguritas, se le ocurri al ingeniero la idea de que sera posible proveer de ventanas de vidrios espesos y slidos, que pudieran desafiar el viento, la lluvia y el granizo.
Los colonos, no teniendo trabajos urgentes que ejecutar fuera de casa, se aprovecharon del mal tiempo para trabajar en el interior del Palacio de granito, completando el mueblaje y perfeccionndolo. El ingeniero instal un torno, que le permita dar forma a algunos utensilios de tocador o de cocina, y particularmente hacer botones, cuya falta se notaba. Se haba dispuesto tambin un armero para las armas, que
estaban cuidadas con esmero; ni los vacares ni los armarios necesitaban ms atenciones. Los colonos serraban, cepillaban, limaban o torneaban durante todo aquel perodo de tiempo, sin que se oyera ms que el chirrido de los instrumentos o los ronquidos del torno, que responda a los bramidos del trueno.
No haban olvidado a maese Jup, que ocupaba un cuarto aparte, cerca del almacn general, especie de alcoba con una buena cama siempre blanda, que le vena a pelo.
-A este buen Jup jams hay que reprenderlo -deca con frecuencia Pencroff-. No es respondn ni se queja nunca. Qu criado, Nab, qu criado!
-Mi discpulo -responda Nab-y que pronto estar a la par.
-Tu superior -contestaba riendo el marino-, porque t hablas y l es mudo.
Huelga decir que Jup estaba al corriente del servicio, limpiaba la ropa, daba vueltas al asador, barra las habitaciones y serva la mesa; arreglaba la lea en la chimenea y (cosa que encantaba a Pencroff) no se iba a acostar sin saludar al marino en su cama.
En cuanto a la salud de los miembros de la colonia, bpedos, cuadrmanos o cuadrpedos, no dejaba nada que desear. Con aquella vida al aire libre, en aquel clima saludable, bajo aquella zona templada, trabajando con la cabeza y con las manos, no podan creer que enfermaran.
Todos gozaban de maravillosa salud y Harbert haba crecido ms de dos pulgadas en un ao. Su rostro se formaba y se haca ms varonil, prometiendo ser un hombre tan completo en lo fsico como en lo moral. Por lo dems, aprovechaba para instruirse todos los ratos que le dejaban libres las ocupaciones manuales, lea todos los libros encontrados en el cajn y, adems de las lecciones prcticas que le daba la necesidad de su posicin, encontraba en el ingeniero para las ciencias, y en el periodista para lo que toca a las lenguas, maestros que se complacan en completar su educacin.
La idea fija del ingeniero era transmitir al joven todo lo que saba, instruirlo con el ejemplo tanto como con la palabra; y Harbert se aprovechaba de las lecciones de su profesor.
"Si yo muero -pensaba Ciro Smith-, l me reemplazar."
La tempestad termin hacia el 9 de marzo, pero el cielo qued cubierto de nubes durante todo este ltimo mes de verano. La atmsfera, violentamente turbada por aquellas conmociones elctricas, no pudo recobrar su pureza anterior y hubo casi invariablemente lluvias y nieves, salvo tres o cuatro das buenos que favorecieron toda especie de excursiones.
Por aquella poca el onagre hembra dio a luz una pollina, que todos acogieron con satisfaccin. En la dehesa hubo, en las mismas circunstancias, aumento del rebao de mufones y muchos corderos balaban bajo los cobertizos, con alegra de Nab y de Harbert, cada uno de los cuales tena su favorito entre los recin nacidos.
Se intent tambin un ensayo de domesticacin de los sanos, ensayo que produjo resultados satisfactorios. Construyeron una pocilga cerca del corral y bien pronto se instalaron en ella varios sanos para domar, o sea engordar bajo los cuidados de Nab. Maese Jup, encargado de llevarles el alimento cotidiano, las aguas del fregadero, los desperdicios de la cocina, etc., desempeaba concienzudamente su tarea. Es verdad que a veces se diverta a expensas de sus pequeos pensionistas tirndoles del rabo, pero aquello era juego y no malignidad, porque aquellas colillas retorcidas le divertan como un juguete y su instinto era el de un nio.
Un da de aquel mes de marzo, Pencroff, hablando con el ingeniero, le record una promesa que ste no haba tenido tiempo de cumplir.