La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
Jzguese, pues, la satisfaccin que experimentaron los colonos cuando, al sentarse un da a comer, apareci maese Jup con la servilleta en el brazo y vino a servirles la mesa.
Diestro y atento, desempe su servicio perfectamente, cambiando los platos, llevando las fuentes, echando las bebidas, todo con una seriedad que divirti extraordinariamente a los colonos y que entusiasm a Pencroff.
-Jup, sopa! -Jup, un poco de agut! -Jup, un plato!
-Jup, valiente Jup, honrado Jup!
No se oan ms que estas exclamaciones, y Jup, sin desconcertarse, responda a todo, lo vigilaba todo e inclin su cabeza inteligente, cuando Pencroff, recordando sus bromas del primer da, le dijo:
-Decididamente, Jup, ser preciso doblarte el salario.
Es intil decir que el orangutn se haba aclimatado completamente en el Palacio de granito y acompaaba con frecuencia a sus amos al bosque sin manifestar jams ningn deseo de huir. Era digno de ver cmo caminaba del modo ms divertido con un bastn que Pencroff le haba hecho y que llevaba al hombro a manera de fusil. Si haba necesidad de tomar algn fruto en la cima de un rbol, Jup suba en un abrir y cerrar de
ojos; si la rueda del carro se atascaba en un bache, Jup la sacaba del atolladero con un vigoroso empuje de sus hombros.
-Qu mozo! -exclamaba con frecuencia Pencroff-. Si fuese tan malo como bueno, no habra medio de someterlo.
A finales de enero los colonos empezaron grandes obras en la parte central de la isla. Se haba decidido que hacia las fuentes del arroyo Rojo y al pie del monte Franklin se establecera un prado destinado a los rumiantes, cuya presencia hubiera sido incmoda en el Palacio de granito, especialmente los carneros silvestres o muflones, que deban suministrar la lana destinada a confeccionar vestidos de invierno.
Todas las maanas la colonia, algunas veces completa, pero ms frecuentemente representada tan slo por Ciro Smith, Harbert y Pencroff, se trasladaba a las fuentes del arroyo Rojo, excursin que, gracias a los onagres, no era ms que un paseo de cinco millas bajo una bveda de verdor por aquel camino nuevamente trazado, que tom el nombre de "camino de la Dehesa".
Escogieron un buen espacio al pie de la misma ladera meridional de la montaa. Era un prado plantado de rboles y situado al pie de un contrafuerte, que lo cerraba por un lado. Un riachuelo que naca en la ladera, despus de haberlo regado diagonalmente, iba a perderse en el arroyo Rojo. La hierba era fresca y los rboles, que crecan ac y all, permitan al aire circular libremente en su superficie. Bastaba, pues, rodear dicho prado con una empalizada circular, que en cada extremo viniera a apoyarse en el contrafuerte y bastante elevada para que no pudiesen saltarla ni aun los animales ms giles. Aquel recinto podra contener un centenar de animales de cuernos, muflones, y las cras que stos pudieran dar en adelante.
El ingeniero traz el permetro de la dehesa y en seguida se procedi a cortar los rboles necesarios para la construccin de la empalizada; pero, como la apertura del camino haba necesitado ya el sacrificio de cierto nmero de troncos, un centenar de estacas fueron slidamente implantadas en el suelo.
En la parte anterior de la empalizada se dej una entrada bastante ancha, que se cerraba con una puerta de doble hoja hecha de fuertes tablas, que deban consolidarse por medio de contrafuertes exteriores.
La construccin de la dehesa exigi tres semanas, porque, adems de los trabajos de la empalizada, Ciro Smith levant vastos cobertizos y establos, bajo los cuales podan refugiarse los rumiantes. Adems, fue necesario construirlos slidos, porque los muflones son animales robustos y se poda temer la violencia de sus primeros movimientos. Las estacas, puntiagudas por su extremo superior y endurecidas al fuego, se unieron por medio de traviesas aseguradas por pernios y de trecho en trecho varios puntales mantenan la solidez del conjunto.
Terminadas las obras de la dehesa, se trat de dar una batida por el monte Franklin y por los sitios frecuentados por los rumiantes.
Se realiz la operacin el 7 de febrero en un hermoso da de verano y en ella tomaron parte todos los individuos de la colonia. En aquella ocasin los dos onagres, bien amaestrados y montados por Geden Spilett y Harbert, prestaron grandes servicios.
La maniobra consista nicamente en atraer a la dehesa los muflones y las cabras silvestres, estrechando poco a poco el cerco alrededor de ellos.
Ciro Smith, Pencroff, Nab y Jup se apostaron en diversos puntos del bosque, mientras los dos jinetes y Top galopaban por un radio de media milla alrededor de la dehesa.
Los muflones abundaban en aquella parte de la isla. Aquellos animales del tamao de gamos, con los cuernos ms fuertes que los del carnero y de lana gris mezclada con largos pelos, se parecan mucho a los argals.
Fue muy duro aquel da de caza. Cuntas idas y venidas, cuntas carreras, cuntos gritos! De un centenar de muflones que se descubrieron, ms de dos terceras partes se les escaparon a los ojeadores; pero al fin unos treinta de aquellos rumiantes y unas diez cabras silvestres, empujados poco a poco hacia la dehesa, cuya puerta abierta pareca ofrecerles una salida, se metieron en ella y pudieron quedar aprisionados.
El resultado fue satisfactorio y los colonos no tuvieron de qu quejarse. La mayor parte de aquellos muflones eran hembras y algunas no deban tardar en parir, por lo cual no haba duda de que el rebao prosperara, y que no solamente la lana, sino tambin las pieles abundaran al cabo de cierto tiempo.
Aquella noche los cazadores volvieron extenuados al Palacio de granito. Sin embargo, al da siguiente no dejaron de volver a visitar la dehesa. Los prisioneros haban tratado de romper la empalizada, pero no haban podido lograrlo y no tardaron en quedarse tranquilos.
Durante aquel mes de febrero no ocurri ningn acontecimiento notable. Prosiguieron con mtodo las tareas cotidianas y, al mismo tiempo que se mejoraban los caminos de la dehesa y del puerto del Globo, se comenz otro tercero, que partiendo de la empalizada se diriga hacia la costa occidental. La parte todava desconocida de la isla Lincoln era la de aquellos grandes bosques que cubran la pennsula Serpentina, donde se refugiaban las fieras de las cuales Geden Spilett contaba en breve purgar sus dominios.
Antes de que volviese la estacin fra, se dedicaron los cuidados ms asiduos al cultivo de las plantas silvestres, que haban sido trasplantadas del bosque a la meseta de la Gran Vista. Harbert no volva de una excursin sin llevar algunos vegetales tiles; ejemplares de la familia de las achicoriceas, cuyo grano poda dar con la presin un aceite excelente; una acedera comn, cuyas propiedades antiescorbticas no eran de despreciar; algunos de esos preciosos tubrculos cultivados en Amrica meridional, esas plantas de las cuales se conocen hoy doscientas especies. La huerta, muy bien conservada, regada y defendida contra las aves, estaba dividida en cuadros, donde crecan dragos, lechugas, acederas, rbanos, jaramagos y otras crucferas. La tierra en aquella meseta era prodigiosamente fecunda y se podra esperar que dara cosechas abundantes.
No faltaban tampoco bebidas diversas, y los ms delicados no hubieran podido quejarse, siempre que no exigieran vino. Al t de Oswego, que suministraban los monardos ddimos, y al licor fermentado, extrado de las races del drago, Ciro Smith haba aadido una cerveza, que fabric con los retoos de la Abies nigra, que, despus de haber cocido y fermentado, produjeron esa bebida agradable y particularmente higinica, llamada por los angloamericanos spring berr, es decir, cerveza de abeto.
Hacia finales del verano el corral posea una hermosa pareja de avutardas, que pertenecan a la especie hubara, caracterizada por una manteleta de plumas; una docena de gallinceas, cuya mandbula superior se prolongaba de cada lado por medio de un apndice membranoso, y magnficos gallos, de cresta, carncula y epidermis negras, semejantes a los de Mozambique, que se paseaban orgullosos por la orilla del lago.