La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Para presentar a los nuevos muchachotes, Kurtz comenz diciendo:
-La seorita Bach es la encargada de la supervisin y quien sostiene los hilos en sus manos.
El hebreo de Kurtz, despus de treinta y cinco aos de hablar este idioma, segua siendo famosamente horroroso. Kurtz prosigui:
-La seorita Bach se encarga de ser la monitora de la materia prima, tal como llega a sus manos. Ella es quien redacta los boletines de comunicacin con el campo de operaciones. Ella suministra a Leon las directrices bsicas de la actuacin de ste. Ella se encarga de revisar las composiciones de Leon, y hace lo preciso para que dichas composiciones sean armnicas con el general plan de correspondencia.
En el caso de que los dos interrogadores hubieran sabido algo, con anterioridad, ahora saban mucho menos que algo. Pero mantuvieron la boca cerrada. Kurtz dijo:
-La seorita Bach, tan pronto ha dado su aprobacin a una composicin, convoca una reunin con Leon y el seor Schwili.
Haca ms de cien aos que nadie llamaba seor a Schwili.
-En esta reunin se llega a un acuerdo en lo tocante al papel, a la tinta, a las plumas, al estado emotivo y fsico del autor de la escritura, segn las condiciones de la ficcin. Est, l o ella, pesimista u optimista? Est, l o ella, irritado o no? Mediante la proyeccin de cada uno de los aspectos, el equipo estudia la ficcin en su integridad.
Poco a poco, los interrogadores, a pesar del empeo de su jefe en expresar implcitamente la informacin en vez de darla, comenzaron a discernir las lneas generales del plan del que ellos formaban parte.
-Cabe la posibilidad de que la seorita Bach tambin tenga a su disposicin una muestra original de escritura a mano, sea una carta, una tarjeta postal o una nota de un diario, que pueda servir de modelo. Tambin cabe la posibilidad de que la seorita Bach no tenga tal muestra.
El antebrazo derecho de Kurtz haba subrayado ambas posibilidades mediante un enrgico movimiento sobre la mesa.
-Cuando todos estos procesos hayan sido seguidos, y nicamente despus de que hayan sido seguidos, el seor Schwili se encargar de la falsificacin. Lo har a la perfeccin.
Kurtz advirti en tono indicativo de que ms les vala a todos recordarlo bien:
-El seor Schwili no es slo un falsificador, sino tambin un artista. Terminado su trabajo, el seor Schwili lo entregar directamente a la seorita Bach, a fin de proceder a una revisin, al problema de las huellas dactilares, a su conservacin. Alguna pregunta?
Mientras esbozaban sus humildes sonrisas, los dos interrogadores aseguraron a Kurtz que no tenan nada que preguntar. Mientras los interrogadores se iban, Kurtz les espet:
-Comiencen por el final. Ms adelante podrn meterse con el principio, si es que hay tiempo para ello.
En otras reuniones se abord el ms complejo tema centrado en cul sera la mejor manera de persuadir a Yanuka de que deba colaborar con sus planes, y conseguirlo con muy poco tiempo. Una vez ms fueron convocados los tan amados psiquiatras de Misha Gavron, se escuch su parecer y fueron debidamente despedidos. Mayor xito tuvo una conferencia sobre drogas alucingenas y desintegrantes, y hubo una rpida bsqueda de otros interrogadores que ya las hubieran utilizado con xito. De esta manera se incorpor, como siempre suceda, al planteamiento a largo plazo un cierto ambiente de improvisaciones en el ltimo instante, ambiente que Kurtz, ms que nadie, amaba. Habiendo llegado a un acuerdo con respecto a todo lo anterior, Kurtz mand a los interrogadores a Munich, antes del tiempo previsto, para preparar sus luces y sus efectos sonoros, as como para instruir a los guardianes acerca del comportamiento a seguir. Los interrogadores llegaron con su aspecto de pareja de msicos, con un pesado equipaje y con trajes parecidos a los de Satchmo. El comit de Schwili los sigui dos das despus, y sus miembros se aposentaron discretamente en el apartamiento inferior, hacindose pasar por filatlicos profesionales que haban acudido a la ciudad en vistas a la gran subasta de sellos que en ella iba a celebrarse. A los vecinos esta historia les pareci perfectamente verosmil. Se dijeron: Son judos, pero qu importa, en estos tiempos? A modo de equipo llevaban, adems del sistema porttil de acumulacin de datos de la seorita Bach, magnetfonos, auriculares, paquetes de comida en lata, y a un muchacho muy delgado, llamado Samuel el Pianista, encargado de manejar el teletipo en comunicacin con el puesto de mando de Kurtz. Samuel llevaba un revlver Colt, de gran tamao, debajo de su gruesa blusa acolchada, propia de montaero, y cuando Samuel transmita, todos oan el sonido de los choques del revlver contra el borde de la mesa, pero, a pesar de ello, Samuel jams se desprenda de su arma. Samuel perteneca a la misma clase de tipo que Daniel, el de la casa de Atenas, por sus modales pareca su hermano gemelo.
La distribucin de las habitaciones era competencia de la seorita Bach. Asign a Leon, basndose en lo muy silencioso que era, la habitacin de los nios. En las paredes de este cuarto se vean ciervos de hmedos ojazos comiendo pacficamente gigantescas margaritas. Samuel fue a parar a la cocina, con su natural salida al patio trasero, en donde Samuel mont su antena y colg de ella calcetines infantiles. Pero cuando Schwili vio la habitacin que le haban asignado -un cuarto en el que dormir y trabajar al mismo tiempo-, no pudo reprimir una espontnea exclamacin de desdicha. Dijo:
-La luz! Santo Dios, qu luz! Ni una carta a la abuelita se puede falsificar con semejante luz!
Juntamente con Leon, rebosante de nerviosa creatividad, excitado ante aquella imprevista experiencia, la seorita Bach, tan dotada de sentido prctico, se dio cuenta inmediatamente de cul era la naturaleza del problema: Schwili necesitaba ms luz del da para realizar su trabajo, pero tambin la necesitaba, despus de su largo encarcelamiento, para su alma. En un dos por tres, la seorita Bach llam al piso superior y comparecieron los chicos argentinos. Siguiendo las instrucciones de la seorita Bach, se procedi a un rpido traslado de muebles, de un sitio a otro, igual que si se tratara de esos bloques de madera con que los nios juegan a arquitectos, y la mesa de trabajo de Schwili fue colocada junto a la ventana mirador de la sala de estar, desde la que se vea un panorama de hojas verdes y una buena porcin de cielo. La propia seorita Bach puso una cortina ms, de redecilla, para que el seor Schwili gozara de intimidad, y orden a Leon que hiciera una extensin de hilo de conduccin elctrica para la flamante lmpara italiana de Schwili. Luego, obedeciendo a un movimiento de la cabeza de la seorita Bach, todos dejaron en paz a Schwili, a pesar de que Leon le observaba a distancia, disimuladamente, desde la puerta.
Sentado ante la mugiente luz del sol, Schwili puso sobre la mesa sus preciosas tintas, plumas y papeles, situando cada cosa en su debido lugar, cual si maana tuviera que pasar el gran examen final. Luego se quit los gemelos de la camisa y se froto despacio las palmas de las manos para calentarlas, a pesar de que la temperatura era clida, incluso para un ex presidiario. Luego se quit el sombrero. Despus tir de sus dedos uno a uno, dando as soltura a las articulaciones, produciendo salvas de menudos chasquidos. Luego se dispuso a esperar, tal como haba esperado en el curso de su vida adulta, en su integridad.