La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
dijo:
-�Charlie, t� eres una muchacha con coraz�n. Otros pensar�n, en los presentes momentos, que Michel es un refinado seductor. Pero t� no piensas eso. T� tienes fe en los seres humanos. Y �sta es la raz�n por la que esa noche est�s con Michel. Sin pensar en ti misma, has quedado sinceramente afectada por Michel.
Ante ellos, un pueblecito medio derruido marcaba la cumbre de su ascenso. Charlie vio las luces de una taberna, al borde de la carretera.
Despu�s de dirigir una r�pida mirada de valoraci�n a Charlie, Joseph prosigui�:
-�De todas maneras, tu reacci�n en aquel momento concreto carece de importancia, debido a que, por fin, Michel decide dirigirte la palabra. Con agradable y suave acento, en parte franc�s y en parte correspondiente a otro idioma, Michel se dirige a ti, sin dar muestras de timidez ni de inhibici�n. Dice que no tiene el menor inter�s en discutir, dice que t� representas cuanto �l ha podido so�ar en su vida que desea ser tu amante, a ser posible a partir de esta misma noche, y te llama Joan, a pesar de que t� le dices que te llamas Charlie. Si aceptas cenar en su compa��a y si despu�s de cenar sigues deseando no volver a verle nunca m�s, pensar� en la posibilidad de aceptar que le devuelvas el brazalete. Pero t� le dices que no, que debe aceptar ahora mismo que se lo devuelvas, debido a que ya tienes amante y a que, adem�s, no sea rid�culo, ya que, �d�nde se puede cenar, en Nottingham, a las diez y media de una noche lluviosa? �Dir�as esto? �Te parece certero?
Neg�ndose a mirar a Joseph, Charlie reconoci�:
-�S�, aquella ciudad es as�.
-��Y en cuanto a la cena? �En realidad dir�as textualmente que cenar es un sue�o imposible?
-�Siempre queda el recurso de los restaurantes chinos, o del pescado con patatas fritas.
Joseph advirti�:
-�Sin embargo, con tus palabras ya has hecho una peligrosa concesi�n.
Picada, Charlie pregunt�:
-��Ah, s�? �C�mo?
-�Le has puesto una objeci�n de car�cter pr�ctico. Le has dicho: No podemos cenar juntos debido a que no hay ning�n restaurante abierto.� Es algo muy parecido a que le hubieras dicho: �No podemos acostarnos juntos debido a que no tenemos cama a nuestra disposici�n.� Michel se da perfecta cuenta de ello. Y se las arregla para intentar superar tus dudas. Si, Michel conoce un sitio, y ya ha tomado las medidas precisas para poder ser atendido en tal sitio. De modo y manera que s�, podemos cenar. En este caso, �por qu� no cenar?
Joseph apart� el coche de la carretera, deteni�ndolo en el espac�o de aparcamiento, con suelo de grava, que se extend�a delante de la taberna. Charlie, un tanto deslumbrada por el imponente paso efectuado por Joseph, desde lo fingido a lo real y presente, se sinti� perversamente excitada por el acoso a que Joseph la somet�a, as� como aliviada de que, a fin de cuentas, Michel no la dejara. Charlie se qued� quieta en su asiento, dentro del autom�vil. Y Joseph se comport� de igual manera. Charlie se volvi� hacia Joseph, con lo que pudo advertir a la colorida luz de la iluminaci�n de feria de la taberna, el lugar hacia el que Joseph miraba. Joseph miraba las manos de Charlie, que se encontraban unidas sobre su regazo, la derecha encima de la izquierda. La cara de Joseph, en la medida que Charlie pod�a apreciar a la colorida luz, estaba r�gida e inexpresiva. Joseph alarg� una mano, cogi� la mu�eca derecha de Charlie, y lo hizo en un movimiento r�pido, de quir�rgica confianza, y, levantando la mano, dej� al descubierto el brazalete de oro que reluc�a en la oscuridad. Impasible, Joseph observ�:
-�Bien, bien, debo felicitarte. �Las muchachas inglesas no perd�is el tiempo!
Irritada, Charlie retir� bruscamente la mano y, con sequedad, dijo:
-��Qu� te pasa? �Tenemos celos?
Pero Charlie no consigui� ofenderle. Joseph ten�a una cara inmune. Mientras le segu�a, Charlie se pregunt�: ��Qui�n es ese hombre? �Qui�n eres? �Eres �l? �0 eres t�? �O no eres nadie?�
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