La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
Nada era ms fcil de ejecutar que este proyecto, y he aqu cmo pensaba el ingeniero llevarlo a cabo.
La meseta estaba defendida en sus tres lados por tres corrientes de agua, artificiales o naturales: Al noroeste, por la orilla del lago Grant, desde el ngulo del conducto antiguo de desage hasta el corte hecho en la orilla este del lago, para dejar salir las aguas. Al norte, desde esta sangra hasta el mar, por la nueva corriente de agua que se haba abierto en el lecho, en la meseta y en la playa, en la pared anterior y en la posterior de la cascada; bastaba ahondar este lecho de la corriente para hacer el paso impracticable a los animales. En la parte este, por el mar mismo, desde la desembocadura de dicho arroyo hasta el ro de la Merced. Al sur, en fin, desde esta desembocadura hasta el recodo del ro donde deba establecerse el puente.
Quedaba, pues, la parte occidental de la meseta comprendida entre el recodo y el ngulo sur del lago, en una distancia menor de una milla, que estaba abierta a toda invasin. Pero nada ms fcil que abrir un foso ancho y profundo, que podra llenarse con las aguas del lago y cuyo sobrante fuera a desaguar por una segunda cascada al lecho del ro de la Merced. El nivel del lago se bajara un poco, sin duda, por aquella nueva sangra, pero Ciro Smith haba reconocido que el caudal del arroyo Tojo era bastante grande para permitir la ejecucin de su proyecto.
-As, pues -aadi el ingeniero-, la meseta de la Gran Vista ser una verdadera isla rodeada de aguas por todas partes y no comunicada con el resto de nuestros dominios sino por el puente de la Merced, los dos puentecillos ya establecidos en la parte anterior y en la posterior de la cascada, y otros dos que habr que construir, el uno en el foso que me propongo abrir, y el otro en la orilla izquierda del ro de la Merced. Ahora bien, si hacemos el puente y estos puentecillos para que puedan levantarse a voluntad, la meseta de la Gran Vista quedar al abrigo de toda sorpresa.
Ciro Smith, para hacerse comprender mejor, haba dibujado un plano de la meseta, con lo cual su proyecto qued inmediatamente entendido. Todos lo aprobaron sin vacilar, y Pencroff, blandiendo el hacha de carpintero, exclam:
-El puente ante todo!
Era la obra ms urgente. Se eligieron varios rboles, que fueron cortados, despojados de sus ramas, serrados en tablas y convertidos en vigas y traviesas. Aquel puente fijo en la parte que se apoyaba en la orilla derecha del ro de la Merced deba ser movible en la parte que se uniese a la izquierda, de manera que pudiera levantarse por medio de contrapesos, como ciertos puentes de esclusa.
La tarea, como se comprende, dio mucho trabajo y, aunque hbilmente dirigida, exigi bastante tiempo, porque el ro de la Merced tena en aquel paraje unos ochenta pies de anchura. Hubo que meter pilotes en el cauce del ro, para mantener la tablazn fija del puente y establecer los medios de operar sobre las cabezas de las estacas, formar los arcos y permitir al puente sostener grandes pesos.
Por fortuna, no faltaban instrumentos para trabajar la madera, ni hierro para consolidarla, ni la destreza de un hombre que entenda maravillosamente esta clase de obras, ni el celo de sus compaeros, que haca siete meses trabajaban a sus rdenes y haban adquirido gran habilidad manual. Debemos aadir que Geden Spilett no era el ms torpe y rivalizaba en destreza con el marino, "que no hubiera esperado tanto de un simple periodista".
La construccin del puente de la Merced dur tres semanas. Se almorzaba en el sitio de las obras, pues el tiempo era magnfico, y se volva slo a cenar al Palacio de granito.
Durante aquel perodo se pudo observar que maese Jup se aclimataba fcilmente y se familiarizaba con sus nuevos amos, a quienes miraba siempre con aire de curiosidad.
Sin embargo, como medida de precaucin, Pencroff no le dejaba an libertad completa de movimientos, queriendo, y con razn, esperar a que se hubiera cerrado la meseta y evitando toda probabilidad de fuga. Top y Jup eran buenos amigos y jugaban siempre juntos, si bien Jup se mostraba ms grave y formal que el perro.
El 20 de noviembre qued terminado el puente. Su parte mvil, equilibrada por contrapesos, oscilaba fcilmente y no se necesitaba ms que un ligero esfuerzo para levantarla. Entre su charnela y la ltima traviesa en que se apoyaba, cuando se cerraba, haba un intermedio de veinte pies, que era suficientemente ancho para que los animales no pudiesen atravesarlo.
Decidieron ir a buscar la cubierta del aerostato, pues los colonos tenan prisa para ponerla al seguro; sin embargo, para trasladarla haba que llevar un carro hasta el puerto del Globo, y, por consiguiente, hacer un camino a travs de los espesos bosques del Far-West, lo cual exiga mucho tiempo. Nab y Pencroff comenzaron haciendo un reconocimiento sobre el puerto y, observando que el "stock de tela" no haba sufrido ningn deterioro en la gruta donde estaba almacenado, se decidi continuar las obras relativas a la meseta de la Gran Vista.
-Esto -dijo Pencroff-nos permitir establecer nuestro corral en mejores condiciones, puesto que no tendremos que temer ni la visita de las zorras ni la agresin de otros animales dainos.
-Sin contar -aadi Nab- que podemos roturar la meseta y trasplantar las plantas silvestres que nos convengan.
-Y preparar nuestro segundo campo de trigo -exclam el marino con aire triunfal.
En efecto, el primer campo de trigo, sembrado con un solo grano, haba prosperado admirablemente, gracias a los cuidados de Pencroff, y producido las diez espigas anunciadas por el ingeniero, cada espiga con ochenta granos. As, pues, la colonia se encontraba poseedora de ochocientos granos en seis meses, lo cual prometa una doble cosecha cada ao.
Aquellos ochocientos granos, menos cincuenta que se reservaron por prudencia, deban ser sembrados en un nuevo campo, y con no menos cuidado que el grano nico.
Prepararon la sementera y la rodearon de una empalizada alta y aguda, que los cuadrpedos difcilmente hubieran franqueado. En cuanto a los pjaros, se pusieron maniques espantosos y petardos chillones, debidos a la imaginacin fantstica de Pencroff, que bastaron para ahuyentarlos. Depositados los setecientos cincuenta granos en pequeos surcos bien regulares, la naturaleza deba hacer lo dems.
El 21 de noviembre, Ciro Smith comenz a trazar el foso que deba cerrar la meseta por el oeste, desde el ngulo sur del lago Grant hasta el recodo de la Merced. Haba dos o tres pies de tierra vegetal y por debajo estaba el granito; fue necesario, por tanto,
fabricar de nuevo la nitroglicerina, que produjo su efecto acostumbrado. En menos de quince das se abri en el duro suelo de la meseta un foso de doce pies de ancho y seis de profundidad. Hicieron una nueva sangra por el mismo mtodo en las rocas que limitaban el lago y las aguas se precipitaron en aquel nuevo lecho, formando un riachuelo, al cual se le dio el nombre de arroyo de la Glicerina, y que vino a ser afluente del ro de la Merced. Y, como haba anunciado el ingeniero, baj el nivel del lago, pero de una manera casi imperceptible; en fin, para completar el aislamiento, se ensanch considerablemente el lecho del arroyo de la playa y se contuvieron las arenas por medio de una doble empalizada.
Con la primera quincena de diciembre concluyeron definitivamente estas obras, y la meseta de la Gran Vista, es decir, una especie de pentgono irregular con un permetro de cuatro millas, poco ms o menos, rodeado de un cinturn de agua, qued absolutamente al abrigo de toda agresin.
Durante aquel mes de diciembre el calor fue muy fuerte; sin embargo, los colonos no quisieron suspender la ejecucin de sus proyectos y, como era urgente organizar el corral, comenzaron los trabajos.
Es intil decir que, desde que se cerr completamente la meseta, maese Jup fue puesto en libertad. Ya no abandonaba a sus amos ni manifestaba deseos de escaparse: era un animal manso, fuerte y de una agilidad sorprendente.