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La chica del tambor

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La chica del tambor
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Charlie murmuro:

Esto es horroroso.

Pero Joseph, haciendo caso omiso de Charlie, observ�:

-�Sentado en la misma butaca en la que haba estado sentado siete horas seguidas.

Charlie pens�: �Quiero irme a casa. Quiero dormir largamente, sola, en el Astral Commercial and Private. �Con cu�ntos destinos se puede tropezar una muchacha en un solo d�a?� Si, ya que Charlie ya no pod�a prescindir de la nota de seguridad, del acercamiento, que notaba en Joseph mientras se dedicaba a describir a su nuevo admirador, el nuevo admirador de Charlie. Joseph dijo:

-�T� dudas, y luego le llamas por su nombre: ��Michel!� Este es el �nico nombre que sabes. Michel gira la cabeza para mirarte, pero por lo dem�s no se mueve. No sonr�e, no te saluda, y en manera alguna demuestra su muy considerable encanto.

-�Bueno, en este caso, �qu� diablos hace el muy gusano?

-�Nada. Se limita a mirarte con sus ojos profundos y apasionados, como si te retara a que hablases. El tipo te puede parecer rom�ntico, te puede parecer arrogante, pero en modo alguno vulgar, y, desde luego, no es hombre dado a pedir disculpas ni a sentirse inferior. Ha venido para reclamarte para s�. Es joven, es cosmopolita, y va bien vestido. Es un hombre de acci�n y de dinero, y en el no hay el menor rastro de timidez. Por lo tanto�

Joseph hizo una pausa y sigui�:

-�Recorres el pasillo dirigi�ndote hacia m�, mientras ya te das cuenta de que la escena no se desarrolla de la manera que t� esperabas. Parece que seas t� y no yo quien deba dar explicaciones. Sacas del bolsillo el brazalete. Me lo ofreces. Yo sigo inm�vil. Tu impermeable chorrea agua de lluvia, lo cual en manera alguna favorece tu postura.

La carretera ascend�a en l�nea sinuosa por la falda de una colina. La voz dominante de Joseph, aunada al hipn�tico ritmo de las curvas de la carretera, obligaba a la mente de Charlie a dejarse absorber m�s y m�s por el laberinto del relato. Joseph sigui�:

-�T� dices algo. �Que dices?

Al no obtener contestaci�n de Charlie, Joseph le dio la suya:

-��No te conozco. Gracias, Michel; me siento muy halagada, pero no te conozco no puedo aceptar este obsequio.� �Te parece correcto, es lo que hubieras dicho? Si, creo que s�, aunque seguramente lo hubieras dicho mucho mejor.

Charlie apenas le o�a. Charlie estaba de pie ante �l, en platea, ofreci�ndole la caja, y con la vista fija en sus ojos. �Y mis nuevas botas, las altas botas casta�as que me compr� en Navidad, estropeadas por la lluvia; pero �que importa?�

Joseph segu�a narrando su cuento de hadas:

-�Y yo sigo sin decir palabra. Por tu experiencia teatral sabias que nada hay mejor que el silencio para establecer comunicaci�n. Y si el desdichado individuo no dice ni media palabra, �qu� puedes hacer t�? Te sientes obligada a volver a hablar. �Dime lo que vas a decir en esta ocasi�n?

Una no deseada timides luchaba con la imaginaci�n de Charlie, qui�n dijo:

-�Pues voy y le pregunto quien es.

-�Me llamo Michel.

-�Esto ya lo s�. Michel �que?

-�No hay contestacion a esta pegunta.

-�Te pregunto que haces en Nottingham.

-�Enamorarme de ti. Anda: sigue.

-��Dios m�o, Joseph�!

-�Sigue!

-�Michel no puede decirme esto.

-��Entonces habla t�!

-�Procuro hacerle entrar en raz�n. Apelar a su comprensi�n.

-�Pues a ver como lo haces. Michel esta esperando, Charlie h�blale.

-�Pues le dir�a�

-�Oye, Michel, es muy amable por tu parte� Me siento muy halagada, pero, y lo siento mucho, es demasiado.

Joseph pareci� defraudado. En tono de sereno reproche dijo:

-�Charlie, esperaba m�s de ti. Michel es �rabe, y aun cuando no lo sepas de cierto ya debes comenzar a sospecharlo, y t�, por tu parte, estas rechazando su obsequio. Debes actuar de forma m�s en�rgica.

-�Me portar�a de una manera injusta para contigo, Michel. La gente a menudo es v�ctima de fijaciones con respecto a actrices y actores. Si, es una cosa que ocurre a diario. No hay raz�n alguna para que te arruines s�lo por culpa de� una ilusi�n.

-�Bien, prosigue.

Ahora, a Charlie le resultaba mas f�cil. Le irritaba que Joseph la obligara a pensar, de la misma forma que tambi�n le irritaba que lo hiciera un director teatral, pero no pod�a negar que la actitud de Joseph resultaba eficaz. Sigui�:

-�Precisamente en esto estriba la representacion teatral, Michel, en la ilusi�n. El p�blico se sienta aqu� con la esperanza de que le encanten. Y los actores se ponen en el escenario con la finalidad de encantar al p�blico. Parece que yo lo he conseguido. Pero no puedo aceptar" tu obsequio. Y es hermoso, por cierto. Demasiado hermoso. No puedo aceptarlo. No puedo aceptar nada. Te he enga�ado. Esto es lo que ha sucedido. El teatro es un truco, parecido a una estafa. Te hemos enga�ado.

-�Yo sigo callado.

-��Pues haz algo para que el tipo hable!

�Por que? (Es que ya desconf�as de ti misma? �Acaso no te sientes ya responsable de lo que me ocurre? Un muchacho joven como yo, tan apuesto, tirando el dinero en orqu�deas y en joyas caras�

-��Claro que si! �Y te lo he dicho ya!

En tono de impaciencia, Joseph insisti�:

-�Pues d�melo. Prot�geme. S�lvame de los maleficios de mi enamoramiento.

-��Es lo que intento!

-�Este brazalete me ha costado cien libras, e incluso t� puedes adivinarlo. Desde tu punto de vista, quiz� miles de libras. Quiz� yo lo haya robado para poder ofrec�rtelo. Quiz� haya matado. Tal vez haya malbaratado mi herencia. Todo por ti. �Estoy hechizado, Charlie! �Entontecido! �S� caritativa! �Ejerce tu poder!

Charlie, en la pantalla de su imaginaci�n, se hab�a colocado al lado de Michel, sentada en la butaca contigua. Con las manos prietamente unidas, la una contra la otra, en su regazo, se inclinaba ansiosamente hacia Michel para hacerle entrar en raz�n. Era para �l como una ni�era, como una madre. Una amiga.

-�Pues voy y le digo que quedar�a muy defraudado si me conociera de veras.

-�Dilo con las palabras exactas.

Charlie efectu� una profunda inhalaci�n, y se lanzo:

-�Oye, Micheclass="underline" soy una muchacha normal y corriente. Llevo medias rotas, tengo en descubierto la cuenta corriente y puedes tener la absoluta certeza de que no soy Juana de Arco. No soy virgen, no soy soldado, y Dios y yo no hemos intercambiado ni media palabra desde que me expulsaron del colegio por�

Charlie medit� un instante y dijo:

-�No, esto no lo dir�a. Dir�a: soy Charlie, una desvergonzada chica occidental.

-�Excelente. Prosigue.

-�Michel, tienes que salir del atolladero en que te has metido. Y estoy haciendo todo lo posible para ayudarte a ello. Por lo tanto, toma el regalo, conserva tu dinero y conserva tambi�n tus ilusiones. Y muchas gracias. De veras, muchas gracias. Considera que este asunto est� ya acabado.

Tozudo, Joseph insisti�:

-�Pero t� no quieres que conserve sus ilusiones. �Si o no?

-��Bueno, pues que se quede sin ilusiones!

-�En este caso, �c�mo termina la cosa?

-�Pues termin� pura y simplemente. Dej� el brazalete en la butaca contigua a la suya y me fui. Much�simas gracias, y adi�s muy buenas. Si voy corriendo hasta la parada del autob�s, llegare a tiempo para comer el pollo fr�o con sabor a pl�stico que dan en el hotel Astral.

Joseph qued� aterrado. As� lo expresaba su cara, y, por otra parte, su mano izquierda abandon� el volante y traz� un adem�n de austera s�plica:

-�Pero, Charlie, �c�mo puedes hacer esto? �No te das cuenta de que me abandonas y que quiz� me suicide? �Que quiz� me pase la noche entera vagando bajo la lluvia por las calles de Nottingham? �A solas? �Mientras t� reposas junto a mis orqu�deas, en la calidez y la elegancia del hotel Astral?

-��Elegancia! �Incluso las malditas pulgas est�n h�medas en el hotel ese!

-��Es que no tienes sentido de la responsabilidad? �T�, nada menos que t�, la defensora de los oprimidos, t� tienes sentido de la responsabilidad con respecto a un muchacho al que has enloquecido con tu belleza, tu talento y tu pasi�n revolucionaria?

Charlie intent� refrenar a Joseph, pero �ste no le dio la oportunidad de hacerlo. Joseph

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