La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
Charlie murmuro:
Esto es horroroso.
Pero Joseph, haciendo caso omiso de Charlie, observ:
-Sentado en la misma butaca en la que haba estado sentado siete horas seguidas.
Charlie pens: Quiero irme a casa. Quiero dormir largamente, sola, en el Astral Commercial and Private. Con cuntos destinos se puede tropezar una muchacha en un solo da? Si, ya que Charlie ya no poda prescindir de la nota de seguridad, del acercamiento, que notaba en Joseph mientras se dedicaba a describir a su nuevo admirador, el nuevo admirador de Charlie. Joseph dijo:
-T dudas, y luego le llamas por su nombre: Michel! Este es el nico nombre que sabes. Michel gira la cabeza para mirarte, pero por lo dems no se mueve. No sonre, no te saluda, y en manera alguna demuestra su muy considerable encanto.
-Bueno, en este caso, qu diablos hace el muy gusano?
-Nada. Se limita a mirarte con sus ojos profundos y apasionados, como si te retara a que hablases. El tipo te puede parecer romntico, te puede parecer arrogante, pero en modo alguno vulgar, y, desde luego, no es hombre dado a pedir disculpas ni a sentirse inferior. Ha venido para reclamarte para s. Es joven, es cosmopolita, y va bien vestido. Es un hombre de accin y de dinero, y en el no hay el menor rastro de timidez. Por lo tanto
Joseph hizo una pausa y sigui:
-Recorres el pasillo dirigindote hacia m, mientras ya te das cuenta de que la escena no se desarrolla de la manera que t esperabas. Parece que seas t y no yo quien deba dar explicaciones. Sacas del bolsillo el brazalete. Me lo ofreces. Yo sigo inmvil. Tu impermeable chorrea agua de lluvia, lo cual en manera alguna favorece tu postura.
La carretera ascenda en lnea sinuosa por la falda de una colina. La voz dominante de Joseph, aunada al hipntico ritmo de las curvas de la carretera, obligaba a la mente de Charlie a dejarse absorber ms y ms por el laberinto del relato. Joseph sigui:
-T dices algo. Que dices?
Al no obtener contestacin de Charlie, Joseph le dio la suya:
-No te conozco. Gracias, Michel; me siento muy halagada, pero no te conozco no puedo aceptar este obsequio. Te parece correcto, es lo que hubieras dicho? Si, creo que s, aunque seguramente lo hubieras dicho mucho mejor.
Charlie apenas le oa. Charlie estaba de pie ante l, en platea, ofrecindole la caja, y con la vista fija en sus ojos. Y mis nuevas botas, las altas botas castaas que me compr en Navidad, estropeadas por la lluvia; pero que importa?
Joseph segua narrando su cuento de hadas:
-Y yo sigo sin decir palabra. Por tu experiencia teatral sabias que nada hay mejor que el silencio para establecer comunicacin. Y si el desdichado individuo no dice ni media palabra, qu puedes hacer t? Te sientes obligada a volver a hablar. Dime lo que vas a decir en esta ocasin?
Una no deseada timides luchaba con la imaginacin de Charlie, quin dijo:
-Pues voy y le pregunto quien es.
-Me llamo Michel.
-Esto ya lo s. Michel que?
-No hay contestacion a esta pegunta.
-Te pregunto que haces en Nottingham.
-Enamorarme de ti. Anda: sigue.
-Dios mo, Joseph!
-Sigue!
-Michel no puede decirme esto.
-Entonces habla t!
-Procuro hacerle entrar en razn. Apelar a su comprensin.
-Pues a ver como lo haces. Michel esta esperando, Charlie hblale.
-Pues le dira
-Oye, Michel, es muy amable por tu parte Me siento muy halagada, pero, y lo siento mucho, es demasiado.
Joseph pareci defraudado. En tono de sereno reproche dijo:
-Charlie, esperaba ms de ti. Michel es rabe, y aun cuando no lo sepas de cierto ya debes comenzar a sospecharlo, y t, por tu parte, estas rechazando su obsequio. Debes actuar de forma ms enrgica.
-Me portara de una manera injusta para contigo, Michel. La gente a menudo es vctima de fijaciones con respecto a actrices y actores. Si, es una cosa que ocurre a diario. No hay razn alguna para que te arruines slo por culpa de una ilusin.
-Bien, prosigue.
Ahora, a Charlie le resultaba mas fcil. Le irritaba que Joseph la obligara a pensar, de la misma forma que tambin le irritaba que lo hiciera un director teatral, pero no poda negar que la actitud de Joseph resultaba eficaz. Sigui:
-Precisamente en esto estriba la representacion teatral, Michel, en la ilusin. El pblico se sienta aqu con la esperanza de que le encanten. Y los actores se ponen en el escenario con la finalidad de encantar al pblico. Parece que yo lo he conseguido. Pero no puedo aceptar" tu obsequio. Y es hermoso, por cierto. Demasiado hermoso. No puedo aceptarlo. No puedo aceptar nada. Te he engaado. Esto es lo que ha sucedido. El teatro es un truco, parecido a una estafa. Te hemos engaado.
-Yo sigo callado.
-Pues haz algo para que el tipo hable!
Por que? (Es que ya desconfas de ti misma? Acaso no te sientes ya responsable de lo que me ocurre? Un muchacho joven como yo, tan apuesto, tirando el dinero en orqudeas y en joyas caras
-Claro que si! Y te lo he dicho ya!
En tono de impaciencia, Joseph insisti:
-Pues dmelo. Protgeme. Slvame de los maleficios de mi enamoramiento.
-Es lo que intento!
-Este brazalete me ha costado cien libras, e incluso t puedes adivinarlo. Desde tu punto de vista, quiz miles de libras. Quiz yo lo haya robado para poder ofrecrtelo. Quiz haya matado. Tal vez haya malbaratado mi herencia. Todo por ti. Estoy hechizado, Charlie! Entontecido! S caritativa! Ejerce tu poder!
Charlie, en la pantalla de su imaginacin, se haba colocado al lado de Michel, sentada en la butaca contigua. Con las manos prietamente unidas, la una contra la otra, en su regazo, se inclinaba ansiosamente hacia Michel para hacerle entrar en razn. Era para l como una niera, como una madre. Una amiga.
-Pues voy y le digo que quedara muy defraudado si me conociera de veras.
-Dilo con las palabras exactas.
Charlie efectu una profunda inhalacin, y se lanzo:
-Oye, Micheclass="underline" soy una muchacha normal y corriente. Llevo medias rotas, tengo en descubierto la cuenta corriente y puedes tener la absoluta certeza de que no soy Juana de Arco. No soy virgen, no soy soldado, y Dios y yo no hemos intercambiado ni media palabra desde que me expulsaron del colegio por
Charlie medit un instante y dijo:
-No, esto no lo dira. Dira: soy Charlie, una desvergonzada chica occidental.
-Excelente. Prosigue.
-Michel, tienes que salir del atolladero en que te has metido. Y estoy haciendo todo lo posible para ayudarte a ello. Por lo tanto, toma el regalo, conserva tu dinero y conserva tambin tus ilusiones. Y muchas gracias. De veras, muchas gracias. Considera que este asunto est ya acabado.
Tozudo, Joseph insisti:
-Pero t no quieres que conserve sus ilusiones. Si o no?
-Bueno, pues que se quede sin ilusiones!
-En este caso, cmo termina la cosa?
-Pues termin pura y simplemente. Dej el brazalete en la butaca contigua a la suya y me fui. Muchsimas gracias, y adis muy buenas. Si voy corriendo hasta la parada del autobs, llegare a tiempo para comer el pollo fro con sabor a plstico que dan en el hotel Astral.
Joseph qued aterrado. As lo expresaba su cara, y, por otra parte, su mano izquierda abandon el volante y traz un ademn de austera splica:
-Pero, Charlie, cmo puedes hacer esto? No te das cuenta de que me abandonas y que quiz me suicide? Que quiz me pase la noche entera vagando bajo la lluvia por las calles de Nottingham? A solas? Mientras t reposas junto a mis orqudeas, en la calidez y la elegancia del hotel Astral?
-Elegancia! Incluso las malditas pulgas estn hmedas en el hotel ese!
-Es que no tienes sentido de la responsabilidad? T, nada menos que t, la defensora de los oprimidos, t tienes sentido de la responsabilidad con respecto a un muchacho al que has enloquecido con tu belleza, tu talento y tu pasin revolucionaria?
Charlie intent refrenar a Joseph, pero ste no le dio la oportunidad de hacerlo. Joseph