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La chica del tambor

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La chica del tambor
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-Naturalmente. Es ms: lo saba de cierto.

-Cmo? Buscaste la confirmacin de Lemon?

-No haca falta. Lo saba de cierto. Te vi all, mirndome, y pens: Mira, es ste. Fueses quien fueres. Despus, cuando baj el teln dando fin a la primera sesin, y t te quedaste en el asiento y sacaste la entrada de la segunda representacin

-Y cmo sabes que hice esto? Quin te lo dijo?

-Tambin t eres as? -pens Charlie, aadiendo un duramente ganado dato ms acerca de Joseph-. Tan pronto consigues lo que quieres te transformas en un supermacho rebosante de sospechas. Contest:

-T mismo lo has dicho. Era una pequea compaa en un teatro pequeo. Pocas veces nos regalan orqudeas. El promedio es una vez cada diez aos, y tenemos a muy pocos fanticos que se queden a ver dos veces seguidas la misma representacin.

Charlie no pudo resistir la tentacin y pregunt:

-Te aburriste mucho, Joseph? Me refiero a la representacin. A fin de cuentas, la viste dos veces seguidas. O te divertiste? Sin dudarlo un instante, Joseph repuso:

-Fue el da ms montono de mi vida.

Luego, su rostro perdi toda su rigidez, y dibuj la mejor de las sonrisas, de manera que, durante unos instantes, caus la impresin de haber cruzado las rejas de aquel lugar en que estaba siempre encerrado, fuera cual fuese. Dijo:

-En realidad, estim que eras excelente.

En esta ocasin, Charlie no puso objecin alguna al adjetivo empleado por Joseph. Dijo:

-Joseph, quieres hacer el favor de estrellar el automvil? Sera para m maravilloso. Me gustara morir as de feliz.

Y antes de que Joseph pudiera impedrselo, Charlie le cogi la mano y le dio un beso en el nudillo del dedo pulgar.

La carretera era recta, pero con baches. Las colinas y los rboles a uno y otro lado estaban empolvados con un lunar polvillo procedente de una fbrica de cemento. Los dos se encontraban en una misma cpsula, en la que la cercana de otros objetos mviles slo serva para dar ms intimidad a su mundo privado. Charlie pensaba constantemente en Joseph y en su historia. Charlie era una chica soldado, aprendiendo a ser soldado. El le pregunt:

-Adems de las orqudeas, recibiste otros regalos mientras actuabas en el teatro Barrie?

Estremecindose, y antes de fingir siquiera que se esforzaba en recordar, Charlie repuso:

-Si., la caja.

-Qu caja?

Charlie haba previsto la pregunta, y ya se dispona a dar una exhibicin teatral de lo mucho que Joseph le desagradaba, que era lo que Charlie crea que Joseph quera:

-Fue una especie de bromita de mal gusto. Algn cretino me mand una caja al teatro. Fue un envo certificado y urgente.

-Cundo ocurri?

-El sbado. El mismo da en que viste las dos sesiones.

-Y qu contena la caja?

-Nada. Se trataba de una cajita de joyero, vaca. Certificada y vaca.

-Qu raro! Y la etiqueta del envoltorio? Te fijaste en ella? -Estaba escrita con un bolgrafo azul. En maysculas.

-Pero si el envo fue certificado, forzosamente tena que constar el remitente.

-Ilegible. Pareca decir Marden. Tambin poda ser Hordern. Algn hotel de la localidad.

-Dnde la abriste?

-En el camerino, entre la primera y la segunda sesin.

-Estabas sola?

-S.

-Y a qu conclusin llegaste?

-Pens que alguien quera molestarme por razn de mis convicciones polticas. Haba ocurrido anteriormente. Cartas insultantes. Amante de negros. Roja pacifista. En cierta ocasin me arrojaron una de esas cosas que llamamos bomba ftida, por la ventana de mi camerino. Pens que la caja era una de esas cosas.

-Asociaste la caja vaca con las orqudeas?

-Joseph, las orqudeas me gustaron mucho! Y t tambin!

Joseph haba detenido el automvil. Lo hizo en un apartadero junto a una zona industrial. Los camiones pasaban zumbando. Por un momento, Charlie pens que Joseph iba a actuar apasionadamente y abalanzarse sobre ella, tan paradjica y desorientada era la tensin que la muchacha experimentaba. Pero no fue esto lo que Joseph hizo, sino que meti la mano en la bolsa de la puerta del automvil, y entreg a Charlie un sobre reciamente reforzado, certificado, con lacre, que contena algo duro y cuadrado, reproduccin del objeto que Charlie haba recibido el da del que haban estado hablando. Llevaba matasellos de Nottingham, y la fecha era la del veinticinco de junio. En la parte frontal constaba el nombre de Charlie, y las seas del Barrie, todo ello escrito con bolgrafo azul. En el dorso, estaba la misma ilegible palabra del remitente.

Mientras Charlie daba lentas vueltas al sobre, Joseph dijo solemnemente:

-Ahora vamos a hacer teatro. Sobre la vieja realidad vamos a imponer el nuevo teatro.

Hallndose demasiado cerca de Joseph para sentirse segura de s misma, Charlie guard silencio. Joseph dijo:

-El da ha sido complicado, tal como lo fue aquel da. T te encuentras en el camerino, entre una sesin y otra. El paquete, todava no abierto, est ante ti. Cunto tiempo falta para que tengas que entrar de nuevo en escena?

-Diez minutos. Quiz menos.

-Muy bien. Ahora, abre el paquete.

Charlie dirigi una furtiva mirada a Joseph, y vio que ste tena la vista fija en el horizonte, cual si contemplara a un enemigo. Baj la vista al paquete y volvi a mirar a Joseph. Meti un dedo en el sobre y lo desgarr. Era la misma roja caja de joyero, aunque ms pesada. Vio un pequeo sobre blanco, sin cerrar, con una tarjeta blanca en su interior. En la tarjeta ley: Para Joan, espritu de mi libertad. Eres fantstica. Te quiero. La caligrafa era inconfundible, pero la firma, en lugar de M era Michel, palabra escrita en letras grandes, con el trazo final de la l retrocediendo, alargado, para dar mayor importancia al nombre. Charlie cogi la caja y sinti un suave y excitante golpe en su interior.

Con cmicos acentos, Charlie dijo:

-Santo Dios!

Pero no consigui con ello aliviar la tensin que la embargaba, ni la que embargaba a Joseph. Charlie dijo:

-La abro? Qu hay dentro?

-Cmo voy a saberlo? Haz lo que debes.

Charlie levant la tapa. Sobre el forro de satn reposaba un grueso brazalete de oro con piedras azules.

En voz baja, Charlie exclam:

-Cristo! -Cerr bruscamente la caja y dijo-: Y qu debo hacer para ganarme esto?

Inmediatamente, Joseph dijo:

-Muy bien, ya tenemos tu primera reaccin. Echas una ojeada, sueltas una exclamacin irreverente, y cierras la caja. Acurdate. Recurdalo con toda exactitud. Esta fue tu reaccin, a partir de ahora, y nunca debes variarla.

Charlie volvi a abrir la caja, cogi cautelosamente el brazalete y lo sopes en la palma de la mano. Pero Charlie careca de experiencia en lo tocante a joyera, como no fuera la de las piedras falsas que luca en escena. Pregunt:

-Es autntico?

-Desgraciadamente no tienes aqu peritos que puedan darte su dictamen. Decide por ti misma.

Por fin, Charlie decidi:

-Es antiguo.

-Muy bien, has decidido que es antiguo.

-Y pesado.

-Pesado y antiguo. No es una baratija de rbol de Navidad, no es una chuchera para una nia, sino que es una joya verdadera. Qu haces a continuacin?

La impaciencia de Joseph los distanciaba. Charlie estaba pensativa y alterada, en tanto que Joseph actuaba rigindose por el sentido prctico. Charlie estudi las marcas de fabricacin y de quilates, pero nada entenda de ello. Rasc el metal levemente, y advirti que era aceitoso y suave.

-Te queda muy poco tiempo, Charlie. Tienes que salir a escena dentro de un minuto, dentro de treinta segundos. Qu haces? Lo dejas en tu camerino?

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