La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
-�Naturalmente. Es m�s: lo sab�a de cierto.
-��C�mo? �Buscaste la confirmaci�n de Lemon?
-�No hac�a falta. Lo sab�a de cierto. Te vi all�, mir�ndome, y pens�: �Mira, es �ste.� Fueses quien fueres. Despu�s, cuando baj� el tel�n dando fin a la primera sesi�n, y t� te quedaste en el asiento y sacaste la entrada de la segunda representaci�n�
-��Y c�mo sabes que hice esto? �Qui�n te lo dijo?
-��Tambi�n t� eres as�? -pens� Charlie, a�adiendo un duramente ganado dato m�s acerca de Joseph-. Tan pronto consigues lo que quieres te transformas en un supermacho rebosante de sospechas.� Contest�:
-�T� mismo lo has dicho. Era una peque�a compa��a en un teatro peque�o. Pocas veces nos regalan orqu�deas. El promedio es una vez cada diez a�os, y tenemos a muy pocos fan�ticos que se queden a ver dos veces seguidas la misma representaci�n.
Charlie no pudo resistir la tentaci�n y pregunt�:
-��Te aburriste mucho, Joseph? Me refiero a la representaci�n. A fin de cuentas, la viste dos veces seguidas. �O te divertiste? Sin dudarlo un instante, Joseph repuso:
-�Fue el d�a m�s mon�tono de mi vida.
Luego, su rostro perdi� toda su rigidez, y dibuj� la mejor de las sonrisas, de manera que, durante unos instantes, caus� la impresi�n de haber cruzado las rejas de aquel lugar en que estaba siempre encerrado, fuera cual fuese. Dijo:
-�En realidad, estim� que eras excelente.
En esta ocasi�n, Charlie no puso objeci�n alguna al adjetivo empleado por Joseph. Dijo:
-�Joseph, �quieres hacer el favor de estrellar el autom�vil? Ser�a para m� maravilloso. Me gustar�a morir as� de feliz.
Y antes de que Joseph pudiera imped�rselo, Charlie le cogi� la mano y le dio un beso en el nudillo del dedo pulgar.
La carretera era recta, pero con baches. Las colinas y los �rboles a uno y otro lado estaban empolvados con un lunar polvillo procedente de una f�brica de cemento. Los dos se encontraban en una misma c�psula, en la que la cercan�a de otros objetos m�viles s�lo serv�a para dar m�s intimidad a su mundo privado. Charlie pensaba constantemente en Joseph y en su historia. Charlie era una chica soldado, aprendiendo a ser soldado. El le pregunt�:
-�Adem�s de las orqu�deas, �recibiste otros regalos mientras actuabas en el teatro Barrie?
Estremeci�ndose, y antes de fingir siquiera que se esforzaba en recordar, Charlie repuso:
-�Si., la caja.
-��Qu� caja?
Charlie hab�a previsto la pregunta, y ya se dispon�a a dar una exhibici�n teatral de lo mucho que Joseph le desagradaba, que era lo que Charlie cre�a que Joseph quer�a:
-�Fue una especie de bromita de mal gusto. Alg�n cretino me mand� una caja al teatro. Fue un env�o certificado y urgente.
-��Cu�ndo ocurri�?
-�El s�bado. El mismo d�a en que viste las dos sesiones.
-��Y qu� conten�a la caja?
-�Nada. Se trataba de una cajita de joyero, vac�a. Certificada y vac�a.
-��Qu� raro!� �Y la etiqueta del envoltorio? �Te fijaste en ella? -Estaba escrita con un bol�grafo azul. En may�sculas.
-�Pero si el env�o fue certificado, forzosamente ten�a que constar el remitente.
-�Ilegible. Parec�a decir �Marden�. Tambi�n pod�a ser �Hordern�. Alg�n hotel de la localidad.
-��D�nde la abriste?
-�En el camerino, entre la primera y la segunda sesi�n.
-��Estabas sola?
-�S�.
-��Y a qu� conclusi�n llegaste?
-�Pens� que alguien quer�a molestarme por raz�n de mis convicciones pol�ticas. Hab�a ocurrido anteriormente. Cartas insultantes. Amante de negros. Roja pacifista. En cierta ocasi�n me arrojaron una de esas cosas que llamamos bomba f�tida, por la ventana de mi camerino. Pens� que la caja era una de esas cosas.
-��Asociaste la caja vac�a con las orqu�deas?
-��Joseph, las orqu�deas me gustaron mucho! �Y t� tambi�n!
Joseph hab�a detenido el autom�vil. Lo hizo en un apartadero junto a una zona industrial. Los camiones pasaban zumbando. Por un momento, Charlie pens� que Joseph iba a actuar apasionadamente y abalanzarse sobre ella, tan parad�jica y desorientada era la tensi�n que la muchacha experimentaba. Pero no fue esto lo que Joseph hizo, sino que meti� la mano en la bolsa de la puerta del autom�vil, y entreg� a Charlie un sobre reciamente reforzado, certificado, con lacre, que conten�a algo duro y cuadrado, reproducci�n del objeto que Charlie hab�a recibido el d�a del que hab�an estado hablando. Llevaba matasellos de Nottingham, y la fecha era la del veinticinco de junio. En la parte frontal constaba el nombre de �Charlie�, y las se�as del Barrie, todo ello escrito con bol�grafo azul. En el dorso, estaba la misma ilegible palabra del remitente.
Mientras Charlie daba lentas vueltas al sobre, Joseph dijo solemnemente:
-�Ahora vamos a hacer teatro. Sobre la vieja realidad vamos a imponer el nuevo teatro.
Hall�ndose demasiado cerca de Joseph para sentirse segura de s� misma, Charlie guard� silencio. Joseph dijo:
-�El d�a ha sido complicado, tal como lo fue aquel d�a. T� te encuentras en el camerino, entre una sesi�n y otra. El paquete, todav�a no abierto, est� ante ti. �Cu�nto tiempo falta para que tengas que entrar de nuevo en escena?
-�Diez minutos. Quiz� menos.
-�Muy bien. Ahora, abre el paquete.
Charlie dirigi� una furtiva mirada a Joseph, y vio que �ste ten�a la vista fija en el horizonte, cual si contemplara a un enemigo. Baj� la vista al paquete y volvi� a mirar a Joseph. Meti� un dedo en el sobre y lo desgarr�. Era la misma roja caja de joyero, aunque m�s pesada. Vio un peque�o sobre blanco, sin cerrar, con una tarjeta blanca en su interior. En la tarjeta ley�: �Para Joan, esp�ritu de mi libertad. Eres fant�stica. Te quiero.� La caligraf�a era inconfundible, pero la firma, en lugar de �M� era �Michel�, palabra escrita en letras grandes, con el trazo final de la �l� retrocediendo, alargado, para dar mayor importancia al nombre. Charlie cogi� la caja y sinti� un suave y excitante golpe en su interior.
Con c�micos acentos, Charlie dijo:
-��Santo Dios!
Pero no consigui� con ello aliviar la tensi�n que la embargaba, ni la que embargaba a Joseph. Charlie dijo:
-��La abro? �Qu� hay dentro?
-��C�mo voy a saberlo? Haz lo que debes.
Charlie levant� la tapa. Sobre el forro de sat�n reposaba un grueso brazalete de oro con piedras azules.
En voz baja, Charlie exclam�:
-��Cristo! -Cerr� bruscamente la caja y dijo-: �Y qu� debo hacer para ganarme esto?
Inmediatamente, Joseph dijo:
-�Muy bien, ya tenemos tu primera reacci�n. Echas una ojeada, sueltas una exclamaci�n irreverente, y cierras la caja. Acu�rdate. Recu�rdalo con toda exactitud. Esta fue tu reacci�n, a partir de ahora, y nunca debes variarla.
Charlie volvi� a abrir la caja, cogi� cautelosamente el brazalete y lo sopes� en la palma de la mano. Pero Charlie carec�a de experiencia en lo tocante a joyer�a, como no fuera la de las piedras falsas que luc�a en escena. Pregunt�:
-��Es aut�ntico?
-�Desgraciadamente no tienes aqu� peritos que puedan darte su dictamen. Decide por ti misma.
Por fin, Charlie decidi�:
-�Es antiguo.
-�Muy bien, has decidido que es antiguo.
-�Y pesado.
-�Pesado y antiguo. No es una baratija de �rbol de Navidad, no es una chucher�a para una ni�a, sino que es una joya verdadera. �Qu� haces a continuaci�n?
La impaciencia de Joseph los distanciaba. Charlie estaba pensativa y alterada, en tanto que Joseph actuaba rigi�ndose por el sentido pr�ctico. Charlie estudi� las marcas de fabricaci�n y de quilates, pero nada entend�a de ello. Rasc� el metal levemente, y advirti� que era aceitoso y suave.
-�Te queda muy poco tiempo, Charlie. Tienes que salir a escena dentro de un minuto, dentro de treinta segundos. �Qu� haces? �Lo dejas en tu camerino?