La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
-No!
-Te llaman a escena. Debes ir all. Debes decidir.
-Deja ya de apremiarme! Se lo doy a Millie para que me lo guarde. Millie es otra actriz que me sustituye de vez en cuando. Sabe improvisar.
La idea de Charlie no pareci gustar ni pizca a Joseph.
-Pero t no confas en ella.
Charlie se hallaba prxima a la desesperacin. Dijo: -Lo escondo en el retrete. Detrs de la cisterna.
-No te parece demasiado fcil?
-Lo pongo en la papelera y lo cubro con papeles.
-Cabe la posibilidad de que entre alguien y vace la papelera. Medita.
-Joseph, djame en paz de una maldita vez! Si! Lo pongo detrs de los botes de maquillaje! Eso! En una de las estanteras altas, a las que nadie ha quitado el polvo en no s cuntos aos.
-Excelente. Lo pones en el fondo de la estantera y vas corriendo a escena. Tardamente. Te dicen: Charlie, Charlie, dnde estabas? Y se levanta el teln. No es as?
-Si, de acuerdo.
Y, acto seguido, Charlie solt un gran suspiro.
Joseph pregunt:
-Y qu sientes ahora? Acerca del brazalete y de quien te lo ha regalado?
-Bueno, pues me siento aterrada.
-Y por qu ests aterrada?
-Pues porque no puedo aceptarlo. Es valioso, representa dinero.
-Pero lo has aceptado. Has firmado el recibo y has ocultado la joya.
-Slo hasta el final de la representacin.
-Y qu hars luego?
-Lo devolver.
Relajndose un poco, Joseph exhal un suspiro de alivio, como si Charlie, por fin, hubiera demostrado la tesis propuesta por l. Dijo:
-Y entretanto, qu sientes?
-Me siento pasmada. Hecha trizas. Qu quieres que sienta?
-El se encuentra a pocos metros de ti, Charlie, con la mirada apasionadamente fija en ti. El asiste por tercera vez consecutiva a tu interpretacin de la obra. Te ha mandado orqudeas y una joya, y te ha dicho dos veces que te ama. En una ocasin te ha dicho solamente que te ama, y en la otra te ha dicho que te ama infinitamente. Y es un hombre apuesto. Mucho ms apuesto que yo.
Llevada por la irritacin, Charlie hizo caso omiso, por el momento, de la constante intensificacin de la autoridad de Joseph, al describir al admirador en cuestin. Sintindose atrapada y, al mismo tiempo, un poco tonta, Charlie repuso:
-Me dejo llevar por mis impulsos.
La propia Charlie apostill secamente:
-Lo cual no significa que el individuo en cuestin haya ganado la partida.
Cuidadosamente, como si no quisiera perturbar a Charlie, Joseph puso en marcha el automvil. La luz del da haba muerto, y el trnsito haba disminuido hasta convertirse en intermitentes filas de rezagados. Estaban siguiendo la costa del golfo de Corinto. Por el agua plomiza del mar, una fila de sucios petroleros avanzaban hacia el oeste, como si fueran magnticamente atrados por el sol, ya puesto. Por encima de ellos, una cadena montaosa destacaba en oscuro a la luz del ltimo ocaso. La carretera se bifurc, y comenzaron el largo ascenso, curva tras curva, hacia el cielo vaco.
Joseph dijo:
-Recuerdas cunto te aplaud? Recuerdas que me puse en pie y estuve en pie para aplaudirte, cuantas veces se alz el teln?
S, Joseph, me acuerdo. Pero Charlie no tena la suficiente confianza en s misma para decirlo en voz alta. Joseph dijo:
-Bueno: en este caso tambin te acuerdas del brazalete.
Si., se acordaba. Un ejercicio de imaginacin destinado nicamente a l, un regalo de correspondencia a su apuesto y desconocido benefactor. Terminada la obra, Charlie salud cuantas veces fue preciso, y tan pronto qued libre fue corriendo a su camerino, sac el brazalete de su escondrijo, se quit el maquillaje a toda velocidad, y se visti de calle para ir a su encuentro, al encuentro de aquel hombre.
Pero, despus de haberse plegado a la versin que Joseph haba dado de los hechos, hasta el presente momento, Charlie se retrajo bruscamente de seguir hacindolo, en el instante en que cierto sentido de la correccin acudi en su ayuda. Dijo:
-Oye, un momento, por favor. Y por qu el caballero en cuestin no viene a mi encuentro? Es l quien tiene la iniciativa. Por qu no me quedo yo en mi camerino, esperando tranquilamente a que el caballero aparezca, en vez de internarme en la selva, en su busca?
-Quiz el caballero carezca de la intrepidez precisa. Te admira y te teme Por qu no ha de ser as? A fin de cuentas, t le has dejado totalmente trastabillado.
-Bueno, pero por qu no me quedo esperando, aunque slo sea un ratito, a ver qu
pasa?
-Charlie, qu intentas expresar? Qu es lo que mentalmente le dices al seor en cuestin?
En tono remilgado, Charlie repuso:
-Pues le digo: Llvese esto; yo no puedo aceptarlo.
-Muy bien. En este caso te arriesgas a que el seor en cuestin se desvanezca en la noche, para no reaparecer jams, dejndote con este valioso obsequio que tu sinceramente no quieres aceptar.
De mala gana, Charlie accedi a ir al encuentro del caballero. Joseph le pregunt:
-Pero dnde esperas encontrarle? En qu lugar le buscas, primeramente?
La carretera estaba desierta, pero Joseph conduca despacio a fin de que el pasado reconstruido no quedara excesivamente influido por el presente.
Antes de haber pensado seriamente la respuesta, Charlie contest:
-Pues hubiera salido por la puerta trasera y me hubiera plantado en la delantera, a fin de encontrarle en el vestbulo.
-Y por qu no ir a su encuentro en el mismo teatro?
-Pues porque hubiera tenido que abrirme paso por entre la muchedumbre. Y l ya hubiera salido mucho antes de que yo pudiese alcanzarle.
Joseph medit esta respuesta y dijo:
-En este caso, necesitas el impermeable.
Una vez ms, Joseph estaba en lo cierto. Charlie haba olvidado que, en aquella noche, llova en Nottingham, y que cay chaparrn tras chaparrn, durante toda la representacin. Charlie volvi a comenzar la historia. Despus de haberse cambiado las ropas a velocidad de rayo, se puso encima su nuevo impermeable -el largo impermeable francs comprado en unas liquidaciones-, se abroch el cinturn, y sali velozmente a la calle, bajo la lluvia, recorri la calleja, dobl la esquina, y se situ en la parte delantera del teatro.
Joseph la interrumpi:
-Y encontraste a casi todo el pblico, o por lo menos la mitad, atestado bajo la marquesina, esperando que escampara. Por qu sonres?
-Necesito llevar el pauelo amarillo en la cabeza, ya sabes, el pauelo Jaeger que llevaba en el anuncio de la televisin.
-En este caso tambin debemos advertir que, incluso a pesar de tus prisas para desembarazarte del seor en cuestin, no te olvidas de tu pauelo de cabeza. Bueno: el caso es que Charlie, con su pauelo de cabeza y su impermeable, sale corriendo bajo la lluvia, en busca de su enamorado. Llega a la atestada marquesina. Va, quiz, gritando: Michel, Michel!? Si? Precioso. Sin embargo, Charlie grita en vano. Michel no est. Entonces, qu hacemos?
-Oye, escribiste esto, Joseph?
-Da igual, no te preocupes por esto.
-Y regreso a mi camerino?
-Y no se te ocurre mirar la sala?
-Bueno, s, de acuerdo.
-Y por dnde entras?
-Por la entrada de platea, que es donde t estabas sentado.
-Yo no, Michel. Vas a esta entrada, empujas la puerta, y, viva!, la puerta se abre, debido a que el seor Lemon no la ha cerrado todava. Entras en la vaca platea, caminas despacio a lo largo del pasillo.
En voz baja, Charlie dijo:
-Y all est el tipo. Dios, qu cachondo es esto!
S, pero da juego.
-Y tanto!
-S, debido a que Michel est todava en la misma butaca, en el centro de la primera fila. Con la vista fija en el teln, como si por el simple medio de mirar pudiera conseguir que el teln se levantara y le permitiera la visin de su Joan, del espritu de su libertad, a la que ama infinitamente.