Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
1 ... 57 58 59 60 61 62 63 64 65 ... 142
Перейти на страницу:

Pero en aquel momento Top ladr y Nab, que buscaba el primer tramo, dio un grito.

La escalera haba desaparecido.

6. La jugada de los orangutanes

Ciro Smith se haba detenido sin decir una palabra. Sus compaeros buscaron en la oscuridad, por el suelo y por las paredes de granito, por si la escalera se haba desprendido o el viento la haba sacado de su lugar, pero la escalera haba desaparecido. Reconocer si una rfaga de aire la haba levantado hasta la cornisa, era imposible en aquella profunda oscuridad.

-Si es broma -exclam Pencroff-, me parece de muy mal gnero. Llegar uno a su casa y no encontrar escalera para subir a su cuarto no es cosa de risa para quien est cansado.

Nab tambin se quejaba.

-Sin embargo, no hace viento -observ Harbert.

-Comienzo a convencerme de que pasan cosas singulares en la isla Lincoln -dijo Pencroff.

-Singulares! -repiti Geden Spilett-. No, Pencroff, nada ms naturaclass="underline" alguien ha venido durante nuestra ausencia, ha tomado posesin de la casa y ha retirado la escalera. -Alguien! -exclam el marino-. Quin?

-El cazador del grano de plomo -contest el corresponsal-. De qu nos servir si no pudiera explicar nuestra desdichada aventura?

-Pues bien -dijo Pencroff, soltando un temo, pues la impaciencia se iba apoderando de l-, si hay alguien all arriba, voy a hablarle y ser mejor que conteste.

Y con voz de trueno, el marino lanz un Ah! "prolongado que fue repetido con fuerza por el eco.

Los colonos escucharon con atencin y creyeron or a la altura del Palacio de granito una especie de risa mal contenida, cuyo origen no era posible conocer. Pero ninguna voz respondi al marino, el cual volvi a llamar tan vigorosa como intilmente.

Realmente lo que suceda era ms que suficiente para dejar estupefactos a los hombres ms indiferentes del mundo, y los colonos no podan ser indiferentes en aquella ocasin. En la situacin en que se hallaban, todo incidente era grave, y en verdad que desde que haban llegado a la isla, haca siete meses, ninguno se haba presentado con carcter tan sorprendente.

De todos modos, olvidando su cansancio y dominados por la singularidad del suceso, permanecan al pie del Palacio de granito, no sabiendo qu pensar ni qu hacer, interrogndose sin poderse responder satisfactoriamente y formando hiptesis sobre hiptesis a cual ms inadmisibles. Nab se quejaba de no poder volver a entrar en la cocina, sobre todo porque las provisiones del viaje estaban agotadas y no haba medio de renovarlas en aquel momento.

-Amigos -dijo Ciro Smith-, no tenemos ms remedio que esperar el da y haremos lo que las circunstancias nos aconsejen. Y, para esperar, vamos a las Chimeneas, donde estaremos al abrigo de la intemperie, y si no podemos cenar, al menos podremos dormir.

-Pero quin es el sinvergenza que nos ha jugado esa mala pasada? pregunt otra vez Pencroff, que no poda resignarse con lo sucedido.

Cualquiera que fuese el sinvergenza, lo nico que haba que hacer, como haba dicho el ingeniero, era refugiarse en las Chimeneas y esperar el da. Sin embargo, se dio orden a Top de quedarse bajo las ventanas del Palacio de granito, y, cuando Top reciba una orden, la ejecutaba sin hacer la menor observacin. El excelente perro permaneci, pues, al pie del muro, mientras su amo y sus compaeros se refugiaban en las rocas.

Decir que los colonos, a pesar de su cansancio, durmieron bien sobre la arena de las Chimeneas, sera alterar la verdad. No slo sentan ansiedad por saber la importancia del nuevo incidente, ya fuese resultado de una casualidad, cuyas causas naturales apareceran al llegar el da, ya, por el contrario, fuese obra de un ser humano, sino que tambin tenan una cama demasiado dura, comparada con aquellas a que estaban acostumbrados. De todos modos, de una u otra suerte, su casa estaba ocupada en aquel momento y no podan entrar en ella.

Ahora bien, el Palacio de granito era ms que su morada, era su depsito y su tesoro. All estaba todo el material de la colonia, armas, instrumentos, tiles, municiones, reservas de vveres, etc.; y si todo esto era saqueado, los colonos tendran que volver a sus trabajos de arreglo, de fabricacin de armas y de instrumentos. As, cediendo a la inquietud, unos y otros salan a cada instante para ver si Top haca bien el centinela. Slo Ciro Smith esperaba con su paciencia habitual, aunque su razn tenaz se exasperaba al verse frente a un hecho absolutamente inexplicable y se indignaba pensando que en torno suyo, y tal vez sobre su cabeza, se ejerca una influencia a la cual no poda dar un nombre.

Geden Spilett era de la misma opinin y ambos conversaron muchas veces, aunque a media voz, acerca de las circunstancias incomprensibles que desafiaban su perspicacia y su experiencia. Haba seguramente un misterio en aquella isla, cmo penetrarlo?

Harbert tampoco saba qu pensar y hubiera interrogado de buena gana a Ciro Smith.

En cuanto a Nab, concluy pensando que todo aquello no era de su incumbencia, sino de la de su amo; y si no hubiera temido ofender a sus compaeros, habra dormido aquella noche tan bien como si hubiese reposado sobre la cama del Palacio de granito. El que estaba furioso era Pencroff, y con razn.

-Es una broma -deca-, una broma que nos han jugado. Pero a m no me gustan bromas tan pesadas, y pobre del bromista, si cae en mis manos.

Cuando aparecieron las primeras claridades del alba, los colonos, convenientemente armados, bajaron a la playa y se situaron en la lnea de los arrecifes. El Palacio de granito, expuesto directamente al sol levante, no deba tardar en estar alumbrado por las luces del alba, y, en efecto, hacia las cinco, las ventanas, cuyos postigos estaban cerrados, aparecieron a travs de sus cortinas de follaje.

Por aquella parte todo estaba en orden, pero un grito se escap del pecho de los colonos, cuando vieron abierta de par en par la puerta que haban dejado cerrada al marcharse. Alguien se haba introducido en el Palacio de granito, no haba duda.

La escalera superior, ordinariamente tendida desde la cornisa de la puerta, estaba en su lugar; pero la escalera inferior haba sido retirada y levantada hasta el umbral de la puerta. Era evidente que los intrusos haban logrado ponerse al abrigo de toda sorpresa.

En cuanto a reconocer su especie y su nmero, no era posible, pues ninguno de ellos se mostraba por ninguna parte.

Pencroff llam de nuevo. No obtuvo respuesta.

-Miserables! -exclam el marino-. Duermen tranquilamente, como si estuvieran en su casa! Piratas, bandidos, corsarios, hijos de John Bull!

Cuando Pencroff, que era norteamericano, llamaba a alguno hijo de John Bull, haba llegado al lmite del insulto.

En aquel momento se ilumin el Palacio de granito bajo los rayos del sol; pero en el interior, como en el exterior, todo estaba mudo y en calma.

Los colonos se preguntaban si el Palacio de granito estaba ocupado o no; sin embargo, la posicin de la escalera lo demostraba suficientemente, y hasta era seguro que los ocupantes, cualesquiera que fuesen, no haban podido huir. Pero cmo llegar hasta

ellos?

Harbert tuvo entonces la idea de atar una cuerda a una flecha y lanzar sta de manera que fuese a parar entre los primeros barrotes de la escalera, que penda del umbral de la puerta. Entonces, mediante la cuerda, podra desarrollarse la escalera hasta llegar a tierra y restablecer la comunicacin con el Palacio de granito. No haba otro medio mejor, y con un poco de destreza la idea de Harbert poda tener buen xito. Por fortuna tenan arcos y flechas en un corredor de las Chimeneas, donde se hallaban tambin algunas docenas de brazas de una cuerda ligera de hibisco. Pencroff desarroll la cuerda y at a un extremo una flecha bien emplumada. Despus Harbert, colocando la flecha en su arco, apunt con cuidado a la extremidad colgante de la escalera.

Ciro Smith, Geden Spilett, Pencroff y Nab se haban retirado hacia atrs para observar mejor lo que pasaba en las ventanas del Palacio de granito; el periodista se haba echado la carabina a la cara y apuntaba a la puerta.

1 ... 57 58 59 60 61 62 63 64 65 ... 142
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)