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La chica del tambor

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La chica del tambor
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Sin embargo, otra tesis, ya que el equipo era democr�tico, si olvidamos la natural tendencia de Kurtz a ejercer la tiran�a, hab�a propuesto que Charlie fuera cortejada durante m�s tiempo antes del secuestro de Yanuka, cortejo que terminar�a con una oferta clara y sencilla, de acuerdo con las l�neas cl�sicamente definidas del reclutamiento de personal para los servicios de informaci�n. Una vez m�s, Kurtz estrangul� la propuesta apenas nacida. �Una muchacha con el temperamento de Charlie no toma sus decisiones mediante largas horas de meditaci�n�, grit� Kurtz. Y, en realidad, es preciso observar que tampoco Kurtz segu�a este comportamiento. �M�s val�a ejercer presi�n! M�s val�a investigar y prepararlo todo hasta el �ltimo detalle, no conquistar a Charlie al asalto en un �ltimo esfuerzo. Becker, despu�s de haber echado una ojeada a la muchacha, se mostr� de acuerdo con Kurtz. Si, lo mejor era reclutarla al asalto.

Algunos, entre ellos Gavron, gritaron: ��Por el amor de Dios! �Y si la chica dice que no? �Tanto trabajo, para que la novia diga no, al pie del altar!�

�En este caso, mi querido amigo Misha, habremos perdido alg�n tiempo, un poco de dinero, y algunas oraciones.� Y Kurtz mantuvo esta tesitura a pie y a caballo, a pesar de que entre los m�s �ntimos, su esposa y, a veces, el propio Becker se contaban entre ellos. Kurtz confes� que corr�a un gran riesgo de fracasar. Aunque tambi�n cab�a la posibilidad de que Kurtz jugara un poco a darse importancia. Kurtz se hab�a fijado seriamente en Charlie desde el instante en que �sta apareci� por vez primera en el congreso de los fines de semana. Si, se fij� en ella, hizo indagaciones acerca de ella, y estuvo pensando en ella. Kurtz dec�a: �Hay que reunir el instrumental, hay que determinar las funciones y hay que improvisar. Es preciso armonizar la operaci�n con los recursos.�

�Pero �a santo de qu� llevar a la chica a Grecia, Marty? Y todos los que van con ella, �qu�? �Es que de repente nos hemos convertido en una instituci�n ben�fica que prodiga sus preciosos fondos secretos a desarraigados actores ingleses, con tendencias izquierdistas?�

Pero Kurtz sigui� inconmovible. Desde un principio pidi� que le concedieran el derecho a la flexibilidad, sabedor que, despu�s, le impondr�an condiciones. Dijo que, como fuere que la odisea de Charlie comenzar�a en Grecia, m�s val�a trasladarla a Grecia con tiempo, ya que en Grecia el ambiente de extranjer�a y la magia de su situaci�n la alejar�a de los v�nculos dom�sticos. Era preciso dejar que el sol la ablandara. Y como fuera que Alastair no la dejar�a ir sola, m�s val�a que Alastair tambi�n fuera all�, y que fuese apartado en el momento psicol�gico oportuno, privando as� a Charlie del apoyo de Alastair. Y como fuera que todos los actores se re�nen en familias, y no se sienten seguros cuando no cuentan con la protecci�n del reba�o, y como sea que no hab�a otro m�todo para llevar a la pareja al extranjero� Y de esta manera, con una concatenaci�n de argumentaciones, se form� el hilo l�gico de una ficci�n, y la ficci�n se convirti� en una tela de ara�a que los abarc� a todos.

En lo referente al apartamiento de Alastair, digamos que dio lugar, en aquel mismo d�a, en Londres, a un divertido estrambote a todo lo planeado hasta el presente momento. La escena se produjo, ni m�s ni menos, en los dominios del pobre Ned Quilley, mientras Charlie todav�a dorm�a profundamente, y Ned se obsequiaba a s� mismo con un peque�o refresco, en la intimidad de su despacho, en vistas a enfrentarse con los rigores del almuerzo. Se encontraba en trance de abrir la botella cuando tuvo el sobresalto de o�r un torrente de palabrotas, pronunciadas con fuerte acento celta, masculino, procedentes del cuartito en que trabajaba la se�ora Longmore, en el piso inferior, torrente de obscenidades que termin� con la exigencia de que la se�ora Longmore sacara �al viejo chivo de su guarida antes de que vaya yo y personalmente le arrastre de la covacha�. Pregunt�ndose cu�l ser�a, entre todos sus exc�ntricos clientes, el que hab�a decidido tener un ataque de nervios en escoc�s y antes del almuerzo, Quilley anduvo delicadamente de puntillas hasta la puerta y aplic� el o�do. Pero no pudo reconocer la voz. Instantes despu�s se o�a un terremoto de pasos, la puerta se abr�a violentamente, y Quilley vio ante s� la balanceante figura de Long Al, a quien conoc�a de sus ocasionales visitas al camerino de Charlie, en donde Alastair sol�a esperar que Charlie terminara la representaci�n, lo cual hac�a con la ayuda de una botella, durante los largos per�odos de inactividad que el muchacho padec�a. Ahora, Alastair iba hecho un cerdo, con barba de tres d�as, y una borrachera que no se ten�a. En su mejor estilo de Pickwick, Quilley intent� preguntar a Alastair cu�l era el motivo de aquel esc�ndalo, pero m�s le hubiera valido ahorrarse el aliento. Adem�s, Quilley hab�a vivido bastantes escenas de aquel mismo tipo, en sus buenos tiempos, y la experiencia le hab�a ense�ado que lo mejor era hablar lo menos posible.

De forma harto halag�e�a, Alastair comenz� diciendo, meneando el dedo �ndice bajo las mism�simas narices de Quilley:

-��Viejo y despreciable mariconazo, mezquino e intrigante simio, te voy a partir el pescuezo!

Quilley dijo:

-��Y con qu� motivo, mi querido amigo?

Desde el piso inferior, la se�ora Longmore grit�:

-��Ahora mismo llamo a la polic�a, se�or Quilley! �Estoy ya marcando el nueve, nueve, nueve!

Severamente, Quilley dijo:

-�O se sienta usted y explica inmediatamente el motivo de su visita o la se�ora Longmore llamar� a la polic�a.

La se�ora Longmore, que en alguna que otra ocasi�n hab�a tenido que actuar de forma semejante, grit�:

-��Estoy llamando!

Alastair se sent�. Quilley, altivo dominador de la situaci�n, dijo:

-�Bien, bien� Creo que una buena taza de caf� no le sentar� mal, mientras me explica qu� he podido hacer para ofenderle.

La lista de agravios era larga. Quilley los hab�a enga�ado. En beneficio de Charlie. Hab�a fingido la existencia de una imaginaria empresa cinematogr�fica. Hab�a conseguido que alguien mandara telegramas a Mikonos. Hab�a urdido una conspiraci�n con astutos amigos de Hollywood. Hab�a comprado billetes de avi�n. Y todo para dejar a Alastair en rid�culo ante sus amigos. Y para conseguir que se apartara de Charlie.

Poco a poco, Quilley se enter� de la historia. Una empresa cinematogr�fica de Hollywood, llamada Pan Talent Celestial, hab�a llamado por tel�fono, desde California, a su representante en Inglaterra, dici�ndole que su principal actor hab�a ca�do enfermo, y que ped�an que se hicieran pruebas inmediatamente a Alastair, en Londres. Estaban dispuestos a pagar lo que fuera, con tal de que Alastair acudiera, y cuando supieron que se encontraba en Grecia mandaron un cheque de mil d�lares al agente en Londres. Alastair regres� a toda velocidad, y estuvo esperando impacientemente durante una semana, sin que le hicieran prueba alguna. Los telegramas dec�an: �ESPERE.� Y todo se desarroll� mediante telegramas, lo cual no dejaba de ser curioso. Otro telegrama dec�a: ((PREPARATIVOS EN MARCHA.� Nueve d�as despu�s, cuando Alastair ya se encontraba en un estado rayano con la demencia, recibi� instrucciones para presentarse en los Shepperton Studios, y preguntar por cierto Pete Vychinsky, en el estudio D.

No hab�a tal Vichinsky en lugar alguno. No hab�a tal Pete.

El agente de Alastair llam� al tel�fono de Hollywood. La telefonista le dijo que Pan Talent Celestial hab�a cancelado su abono telef�nico. El agente de Alastair llam� a otros agentes. Nadie hab�a o�do hablar de Pan Talent Celestial. Tragedia. La l�gica de Alastair, que era tan buena como la de cualquier mortal, en el curso de dos d�as de borrachera, y despu�s de hacer balance de lo que le quedaba de los mil d�lares de gastos, le hab�a inducido a concluir que la �nica persona que ten�a motivos y habilidad suficiente para jugarle tan mala pasada era Ned

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