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La isla misteriosa
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sin interrupcin la pendiente del lecho y el ingeniero, maravillado, consultaba a cada paso su brjula, temeroso de que algn recodo del ro le volviese a llevar al interior del Far-West.

Entretanto el arroyo se iba ensanchando poco a poco y sus aguas aparecan menos tumultuosas. Los rboles de la orilla derecha estaban tan cerrados como los de la orilla izquierda, de modo que era imposible ver ms all; pero aquellas masas de bosque estaban desiertas, porque Top no ladraba y el inteligente animal no habra dejado de sealar la presencia de todo ser extrao en las cercanas de la corriente.

A las diez y media, Harbert, que se haba adelantado, grit con gran sorpresa a Ciro Smith:

-El mar!

Pocos instantes despus, los colonos, detenidos al extremo del bosque, vean extenderse a uno y otro lado la orilla occidental de la isla.

Qu contraste entre aquella costa y la del este, adonde la suerte los haba arrojado! All no haba muralla de granito, ni escollos en el mar, ni siquiera arena en la playa. El bosque formaba el litoral, y sus ltimos rboles, azotados por las olas, inclinaban sus ramas sobre las aguas. No era un litoral como la naturaleza suele formarlo habitualmente, ya extendiendo una vasta alfombra de arena, ya agrupando rocas y rocas, sino una linde admirable formada por los rboles ms hermosos del mundo. La orilla estaba tan elevada que dominaba el nivel de las grandes mareas, y en todo aquel suelo lujuriante, sostenido por una base de granito, las esplndidas superficies forestales parecan tan slidamente arraigadas como las que se agrupaban en el interior de la isla.

Los colonos se encontraban entonces en la escotadura de una pequea cala insignificante, que no habra podido contener dos o tres barcos pescadores y que serva de desembocadura al nuevo arroyo; pero las aguas, en vez de entrar en el mar por una pendiente suave, caan en l desde una altura de ms de cuarenta pies, lo cual explicaba por qu a la hora de la marea sta no se haba hecho sentir a la distancia correspondiente en el arroyo. En efecto, las mareas del Pacfico, aun en su mayor elevacin, jams podan llegar al nivel del ro, cuyo lecho formaba una especie de piso superior, y sin duda tendran que transcurrir millones de aos antes de que las aguas hubiesen podido roer aquella parte de granito y abrir una desembocadura practicable. As, de comn acuerdo se dio a aquella corriente de agua el nombre de ro de la Cascada.

Ms all, hacia el norte, la linde del bosque se prolongaba por espacio de una o dos millas; despus disminuan los rboles y, por ltimo, se dibujaban alturas muy pintorescas, siguiendo una lnea casi recta, que corra en direccin norte y sur. Al contrario, en toda la parte del litoral comprendida entre el ro de la Cascada y el promontorio del Reptil, no haba ms que una gran selva de rboles magnficos, unos rectos, otros inclinados, cuyas races eran baadas por las largas ondulaciones del mar. Ahora bien, hacia aquella costa, o lo que es lo mismo hacia toda la pennsula Serpentina, deba continuar la exploracin, porque aquella parte del litoral ofreca refugios, que la otra, rida e inhospitalaria, habra negado evidentemente a cualquier nufrago.

El tiempo era bueno y desde lo alto de un peasco, donde Nab y Pencroff dispusieron el almuerzo, poda extenderse la vista bastante lejos. El horizonte estaba perfectamente claro y no se divisaba una vela en el mar, ni en todo el litoral ni en todo el alcance de la vista haba indicios de buque, ni restos de naufragio. El ingeniero no crea poder decidirse todava sobre este punto hasta no haber explorado la costa hasta el extremo mismo de la pennsula Serpentina.

El almuerzo termin pronto y a las once y media Ciro Smith dio la seal de marcha. En vez de recorrer la arista de una alta roca o una playa de arena, tuvieron los colonos que seguir la linde de los rboles, ya que stos formaban el litoral.

La distancia entre el ro de la Cascada y el promontorio del Reptil era de doce millas poco ms o menos. En cuatro horas, por una playa practicable, los colonos podran haberla recorrido sin apresurarse mucho, pero necesitaron doble tiempo, porque a cada paso interrumpan su marcha rboles que les obligaban a desviarse, bejucos que tenan que romper, maleza que deban cortar, obstculos y rodeos que alargaban considerablemente el camino.

A pesar de todo, nada encontraron que revelase un naufragio reciente en aquel sitio. Es verdad, como observ Geden Spilett, que el mar haba podido arrastrarlo todo a su seno y que por el hecho de no encontrarse vestigio alguno, no poda deducirse que no hubiera sido arrojado ningn buque a la costa occidental de la isla Lincoln.

El razonamiento del periodista era justo y por otra parte el incidente del grano de plomo probaba de manera irrecusable que tres meses antes, al mximo, se haba disparado un tiro de fusil en la isla.

Eran las cinco de la tarde y los colonos estaban todava a dos millas del extremo de la pennsula Serpentina. Indudablemente despus de llegar al promontorio del Reptil, Ciro Smith y sus compaeros no tendran tiempo de volver antes de anochecer al campamento establecido junto a las fuentes del ro de la Merced; de aqu la necesidad de pasar la noche en el promontorio mismo. Pero no faltaban provisiones, circunstancia afortunada, pues no haban visto los colonos caza alguna en la linde por donde caminaban, que al fin y al cabo no era ms que una costa. Pululaban por el contrario en ella las aves, jacamaras, curucs, tragopanes, tetraos, loros, cacatas, faisanes, palomas y cien otras especies. No haba rbol que no tuviera nido, ni nido donde no aletearan las avecillas.

Hacia las siete de la tarde, los colonos, abrumados de cansancio, llegaron al promontorio del Reptil, especie de voluta extraa destacada sobre el mar. All conclua el bosque que formaba la ribera de la pennsula, y el litoral en toda la parte sur recobraba su aspecto acostumbrado de costa, con sus rocas, sus arrecifes y su playa arenosa. Era posible que un buque desamparado hubiera venido a chocar en aquel sitio, pero iba entrando la noche y era preciso dejar la exploracin para el da siguiente.

Pencroff y Harbert se apresuraron a acondicionar un sitio para establecer el campamento. Los ltimos rboles de los bosques del FarWest venan a morir en aquella punta y, entre ellos, el joven observ varios bosquecillos espesos de bambes.

-Caramba! -exclam el muchacho-, ste s que es un descubrimiento precioso.

-Precioso? -pregunt Pencroff.

-Sin duda -repuso Harbert-. Debes saber, Pencroff, que la corteza de bamb, cortada en tiras flexibles, sirve para hacer cestas y canastillos; que, reducida a pasta y macerada, sirve para hacer el papel de China; que los tallos, segn su grueso, dan bastones, tubos de pipa y conductos para las aguas; que los grandes bambes constituyen excelentes materiales de construccin, ligeros, slidos y libres de insectos, que nunca los atacan. Adems, serrando los bambes junto a los nudos y conservando el tabique transversal que forma cada nudo, se obtienen vasos slidos y cmodos, que se usan mucho entre los chinos. Pero nada de esto te interesara

-Por qu?

-Porque s, pero aadir que en India se comen los bambes a guisa de esprragos. -Esprragos de treinta pies! -exclam el marino-. Y son buenos? -Excelentes -contest Harbert-; slo que no son los tallos de treinta pies los que se comen, sino los tiernos renuevos.

-Perfectamente, hijo mo, perfectamente! -dijo Pencroff.

-Adems, la mdula de esos renuevos, conservados en vinagre, forma un condimento muy apreciado. -Mejor que mejor, Harbert.

-Y, en fin, esos bambes exudan entre sus nudos un licor azucarado, del cual puede hacerse una bebida muy agradable.

-Y nada ms? -pregunt el marino. -Nada ms.

Y, por casualidad, eso no se fuma? -Eso no se fuma, amigo Pencroff.

Harbert y el marino no tardaron en encontrar un sitio para pasar la noche. Las rocas de la playa, muy divididas, porque deban hallarse violentamente azotadas por el mar bajo la influencia de los vientos del sudoeste, presentaban cavidades que les permitiran dormir al abrigo de la intemperie. Pero en el momento en que se disponan a penetrar en una de aquellas grietas, les detuvieron unos rugidos.

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