La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
10 sacos de clavos y tornillos.
1 cortafro.
3 sierras de diversos tamaos. 6 escoplos.
2 cajas de agujas.
Armas Instrumentos 2 fusiles de chispa.
4 sables de abordaje. 2 fusiles de cpsula.
2 barriles de plvora de 25 libras. 2 carabinas de fuego central. 12 cajas de pistones.
5 machetes.
1 sextante.
1 termmetro Fahrenheit. Unos gemelos. 1 barmetro aneroide. 1 catalejo.
Una caja con aparato fotogrfico:
Una caja de agujas nuticas.
objetivo,
placas,
productos
Una brjula de bolsillo. qumicos, etc.
Ropas
Utensilios
1 perol de hierro.
2 ollas
6 cacerolas de cobre estaado. 1 hornillo porttil.
3 platos de hierro.
6 cuchillos de mesa.
10 cubiertos de aluminio.
Libros Una Biblia.
1 diccionario de Ciencias naturales, 1 atlas.
en seis tomos.
diccionario
de
las
diversas
registros
con
las
pginas en
lenguas polinesias. blanco.
3 resmas de papel blanco.
-Hay que reconocer -dijo el periodista, despus que se acab el inventario-que el dueo de este cajn era un hombre prctico: herramientas, armas, instrumentos, ropa, utensilios, libros, nada falta! Parece que esperaba naufragar y se haba preparado de antemano.
-Nada falta, en verdad -murmur Ciro con aire pensativo.
-Y seguramente -aadi Harbert-el buque que traa esta caja, con su propietario a bordo, no era un pirata malayo.
-A menos -dijo Pencroff-que tal propietario hubiera sido hecho prisionero por los piratas
-Eso no es admisible -aadi el periodista-. Lo ms probable es que algn buque americano o europeo haya sido arrastrado por la borrasca a estos parajes y que algunos pasajeros, queriendo salvar al menos lo necesario, hayan preparado este cajn y lo hayan tirado al mar.
-Es esa la opinin de usted, seor Ciro? -pregunt Harbert.
-S, hijo mo -repuso el ingeniero-, ha podido suceder as. Es posible que en el momento o en previsin de un naufragio los pasajeros hayan reunido en esta caja diversos objetos de primera utilidad con la esperanza de hallarlos despus en cualquier punto de la costa
-Y hasta la caja fotogrfica! -observ el marino en tono de incredulidad.
-En cuanto a este aparato -repuso Ciro Smith-, no comprendo su utilidad, y mejor habra sido para nosotros, como para cualesquiera otros nufragos, un surtido de ropas ms completo o de municiones ms abundante.
-Pero no hay en esos instrumentos, ni en las herramientas, ni en los libros ninguna marca, ningunas seas que puedan indicamos su procedencia? -pregunt Geden Spilett.
Convena verlo. Cada objeto fue examinado minuciosamente, sobre todo los libros, los instrumentos y las armas. Contra la costumbre generalmente admitida, ni las armas ni los instrumentos tenan la marca de fbrica, aunque se hallaban en perfecto estado y no parecan usados. Lo mismo se observa respecto a los utensilios: todo era nuevo, lo cual demostraba que no se haban tomado aquellos objetos al acaso para meterlos en el cajn, sino, por lo contrario, que se haba hecho una eleccin meditada y su clasificacin con gran cuidado. Esto lo probaba, adems, la envoltura de cinc destinada a preservarlos de la humedad, que no habra podido prepararse y soldarse en momentos de consternacin.
En cuanto a los diccionarios de Ciencias naturales y de lenguas polinesias, ambos eran ingleses, pero no tenan nombre de editor ni fecha de publicacin.
Otro tanto se observaba respecto de la Biblia. Era un tomo impreso en ingls, notable desde el punto de vista tipogrfico y que pareca haber sido ojeado muchas veces.
Por ltimo, el atlas era una obra magnfica, que contena los mapas de todos los pases del mundo y varios planisferios, levantados segn la proyeccin de Mercator, con la nomenclatura en francs, pero igualmente sin nombre de editor ni fecha de publicacin.
No haba, pues, en ninguno de los objetos seal que pudiera indicar su procedencia; nada, por consiguiente, que pudiera servir para adivinar la nacionalidad del buque que en poca reciente debi de haber pasado por aquellos parajes. Pero aquel cajn, viniera de donde viniese, enriqueca a los colonos de la isla Lincoln. Hasta entonces, transformando los productos de la naturaleza, lo haban creado todo por s mismos, y, merced a sus inteligencias, fueron vencidas las dificultades. Pero a la sazn, la Providencia pareca haber querido recompensarlos envindoles aquellos diferentes productos de la industria humana. As, pues, elevaron unnimemente al cielo sus acciones de gracias.
Sin embargo, uno de ellos no estaba absolutamente satisfecho; era Pencroff. Pareca que en el cajn faltaba una cosa que l dese haber encontrado. A medida que iban saliendo los objetos disminua la intensidad de sus hurras, y concluido el inventario se le oy murmurar estas palabras:
-Todo esto es muy bueno; pero ya veris que no hay nada para m en ese cajn. Le oy Nab y le pregunt:
-Pencroff, qu esperabas encontrar para ti?
-Media libra de tabaco -contest Pencroff-, y entonces mi felicidad habra sido completa.
Los circunstantes se rieron, al or la observacin del marino.
De aquel descubrimiento del cajn resultaba necesario hacer una exploracin detenida de la isla. Se convino que al da siguiente, al amanecer, se emprendera la marcha subiendo el curso del ro de la Merced, hasta llegar a la costa occidental. Si en aquel punto de la costa haban desembarcado nufragos, se poda esperar que se hallasen sin recursos y haba que socorrerlos.
Durante el da fueron trasladados al Palacio de granito los diversos objetos y colocados ordenadamente en el saln.
Aquel da, 29 de octubre, era precisamente domingo y, antes de acostarse, Harbert rog al ingeniero que les leyese algn pasaje del Evangelio.
-Con mucho gusto -dijo Ciro Smith.
Y, tomando el libro sagrado, iba a abrirlo, cuando Pencroff le detuvo, diciendo:
-Seor Ciro, soy supersticioso. Abra usted al acaso y lanos el primer versculo con que tropiece su vista. Veremos si puede aplicarse a nuestra situacin.
Ciro Smith se sonri, al or la reflexin del marino, y, accediendo a sus deseos, abri el Evangelio precisamente por un sitio donde haba un registro que separaba las pginas. Se fijaron sus ojos en una cruz roja hecha con lpiz, que estaba al margen del versculo octavo del captulo siete del Evangelio de San Mateo.
El versculo deca as: Todo el que pide, recibe, y el que busca, encuentra.
3. Intentan explorar toda la isla
A la maana siguiente, 30 de octubre, todo estaba preparado para la exploracin proyectada, urgente por los ltimos sucesos. Las cosas haban tomado un giro de tal naturaleza, que los colonos de la isla Lincoln podan sentirse ms en actitud de socorrer que en la necesidad de ser socorridos.
Se convino en subir por el ro de la Merced hasta donde dejara de ser navegable. As se hara sin esfuerzo gran parte del camino, y los exploradores podran llevar sus provisiones y armas hasta un punto avanzado del oeste de la isla.
Pues haba que pensar no slo en los objetos que los colonos llevaban consigo, sino tambin en los que la casualidad les deparase y que debieran ser trasladados al Palacio de granito. Si haba habido un naufragio en la costa, como poda presumirse por todos los indicios, no dejaran de presentarse restos y despojos, que seran buena presa. En este caso, el carro habra sido ms til que la frgil piragua; pero, adems de ser pesado y burdo, haba que tirar de l, lo cual dificultaba su uso e hizo manifestar a Pencroff su sentimiento que el cajn no hubiera contenido, adems de la "media libra de tabaco" que deseaba, un par de caballos de Nueva Jersey, que habran sido tiles a la colonia.