La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
-Porque me complazco en creerlo. -Te gusta mucho el cerdo, Pencroff?
-Mucho! -exclam el marino-, sobre todo sus jamones y, si tuviera ocho en vez de cuatro, me gustara el doble.
Los animales de que se trataba eran sanos, pertenecientes a uno de los cuatro gneros que cuenta la familia y eran adems de la especie de los tagasus, fciles de conocer por su color oscuro y por la ausencia de los largos caninos de que estn provistas las bocas de sus congneres. Estos sanos viven ordinariamente en rebaos y era probable que abundasen en la parte silvestre de la isla. En todo caso eran comestibles desde la cabeza hasta los pies y Pencroff no peda otra cosa.
Hacia el 15 de agosto el estado atmosfrico se modific por un salto que hizo el viento al noroeste. La temperatura subi algunos grados y los vapores acumulados en el aire no tardaron en resolverse en nieve. Toda la isla se cubri de una blanca sbana y se mostr a los habitantes bajo un nuevo aspecto. La nieve cay abundantemente por espacio de varios das, llegando a formar una capa de dos pies de espesor.
Pronto refresc el viento y desde lo alto del Palacio de granito se oan los bramidos del mar sobre los arrecifes. En ciertos ngulos se formaban rpidos remolinos de aire, y la nieve, acumulndose en las altas columnas giratorias, pareca una de esas trombas lquidas que dan vueltas sobre su base. Sin embargo, el huracn procedente del noroeste tomaba de travs la isla, y la orientacin del Palacio de granito le preservaba de un ataque directo. En aquella tempestad de nieve tan terrible como las que pueden producirse en los pases polares, ni Ciro Smith ni sus compaeros pudieron, a pesar de su deseo, aventurarse a salir de su vivienda, y permanecieron encerrados durante cinco das, del 20 al 25 de agosto. Oase la tempestad rugir en los bosques de Jacamar, que deban sufrir mucho. Los rboles iban a ser desarraigados, pero Pencroff se consolaba pensando que de este modo se ahorrara el trabajo de cortarlos.
-El viento se hace leador, dejmoslo -repeta.
Por lo dems, no haba ningn medio de impedirlo.
Cuntas gracias debieron dar al cielo los huspedes del Palacio de granito por haberles proporcionado aquel retiro slido e inexpugnable! Ciro Smith tena su parte legtima en aquellas gracias; pero al fin era la naturaleza la que haba abierto la vasta caverna, y Ciro Smith no haba puesto ms trabajo que el de descubrirla. All todos estaban en lugar seguro y la borrasca no poda alcanzarlos.
Si hubiesen construido en la meseta de la Gran Vista una casa de ladrillo y de madera, no habra resistido los furores de aquel huracn. En cuanto a las Chimeneas, a juzgar por el ruido de las olas que se oa con tanta fuerza, era de suponer que se habran hecho completamente inhabitables, porque el mar, pasando por encima del islote, deba batirlas con furor. Pero en el Palacio de granito, en el centro de aquella masa inmensa, contra la cual no tenan poder ni el agua ni el aire, nada haba que temer.
Durante aquellos das de retiro forzoso los colonos no estuvieron inactivos. La madera cortada en tablas no faltaba en el almacn y poco a poco se complet el mueblaje, hacindose mesas y sillas y muy slidas, pues no se economiz la primera materia. Aquellos muebles, un poco toscos y excesivamente pesados, justificaban mal su nombre, que hace de su movilidad una condicin esencial, pero constituan el orgullo de Nab y Pencroff, que no los habran cambiado por muebles de Boule.
Despus los ebanistas se convirtieron en cesteros y no les sali mal esta nueva fabricacin. Haban descubierto hacia la punta que el lago proyectaba al norte una abundante mimbrera, donde crecan mimbres de color de prpura. Antes de la estacin de las lluvias, Pencroff y Harbert haban recogido una gran cosecha de aquellos tiles arbustos, y sus ramas, bien preparadas entonces, podan ser empleadas eficazmente. Los primeros ensayos fueron informes, pero gracias a la destreza de los obreros, ya consultndose, ya recordando los modelos que haban visto y rivalizando siempre entre s, se aument en breve el material de la colonia con cestos y canastillos de diversos tamaos. El almacn qued bien provisto y Nab encerr en canastillos especiales sus colecciones de rizomas, piones y races de drago.
Durante la ltima semana de aquel mes de agosto el tiempo cambi de nuevo. La temperatura baj un poco y la borrasca se calm, permitiendo a los colonos salir de su morada. En la playa haba dos pies de nieve, pero se poda caminar sobre aquella superficie endurecida. Ciro Smith y sus compaeros subieron a la meseta de la Gran Vista.
Qu cambio! Aquellos bosques, que haban dejado verdes, sobre todo en la parte donde dominaban las conferas, haban desaparecido bajo un color uniforme. Todo era blanco, desde la cima del monte Franklin hasta el litoraclass="underline" los bosques, la pradera, el lago, el ro, las costas. El agua del ro de la Merced corra bajo una bveda de hielo que se deshaca a cada flujo y reflujo, rompindose con estrpito. Innumerables aves revoloteaban sobre la superficie slida del lago, como patos, cercetas y abubillas. Contbanse por millares. Las rocas, entre las cuales caa la cascada en la ladera de la meseta, estaban erizadas de tmpanos de hielo. Pareca que el agua se escapaba de una monstruosa jarra cincelada por el capricho de un artista del Renacimiento. No era posible hacer un juicio sobre los daos causados en el bosque por el huracn y haba que esperar que la inmensa capa blanca, que lo cubra, se hubiera derretido.
Geden Spilett, Pencroff y Harbert no se olvidaron de las trampas bajo la nieve que las cubra y debieron tener cuidado de no caer en una u otra, lo cual hubiera sido para ellos, a la vez que humillante y peligroso, caer en sus propias redes.
Pero, en fin, evitaron aquel inconveniente y encontraron las trampas intactas. Ningn animal haba cado en ellas, y sin embargo haba muchas huellas en los alrededores y entre otras haba ciertas marcas de garras muy claras y evidentes. Harbert no vacil en afirmar que algn carnvoro de la raza felina haba pasado por all, lo cual justificaba la opinin del ingeniero sobre la presencia de fieras peligrosas en la isla Lincoln. Sin duda aquellas fieras habitaban ordinariamente los espesos bosques del Far-West, pero, acosadas por el hambre, se haban aventurado hasta la meseta de la Gran Vista. Tal vez olfateaban los huspedes del Palacio de granito!
-Qu son esos felinos? -pregunt Pencroff. -Tigres -contest Harbert.
-Yo crea que esos animales no se encontraban ms que en los pases clidos.
-En el Nuevo Continente -contest el joven-se les encuentra desde Mxico hasta las
Pampas argentinas. Ahora bien, como la isla Lincoln est poco ms o menos en la misma latitud que las provincias del Ro de la Plata, no es extrao que haya en ella algunos tigres.
-Bueno -dijo Pencroff-, vigilaremos.
Al fin la nieve se disip bajo la influencia de la temperatura, que fue elevndose. Sobrevino la lluvia, y gracias a su accin disolvente desapareci la capa blanca. Los colonos, a pesar del mal tiempo, renovaron su reserva en todo, piones, races de drago, rizomas, agutes y canguros. Esto exigi alguna excursin al bosque, y entonces se pudo observar que el huracn haba derribado cierta cantidad de rboles. El marino y Nab llegaron con el carro hasta el yacimiento de hulla para llevarse algunas toneladas de combustible y, al pasar, vieron que la chimenea del horno de vidriado se haba deteriorado por el viento, que se haba llevado por lo menos seis pies.
Se renov tambin, al mismo tiempo que el carbn, la provisin de lea y se aprovech la corriente del ro de la Merced, que haba vuelto a quedar libre, para llevar por ella varias cargas, por si no hubiese acabado todava el perodo de los grandes fros.
Los colonos visitaron tambin las Chimeneas y no pudieron menos de felicitarse de no haber tenido necesidad de vivir en ellas durante la tempestad. El mar haba dejado en aquel paraje visibles rastros de sus estragos. Levantado por los vientos y saltando por encima del islote, haba penetrado violentamente en los corredores que estaban medio cubiertos de arena, mientras espesas capas de algas cubran las rocas. En tanto que Nab, Harbert y Pencroff renovaban las provisiones de combustible, Ciro Smith y Geden Spilett se ocupaban en limpiar las Chimeneas y encontraron la fragua y los hornos casi intactos, gracias a haber estado protegidos por la acumulacin de las arenas.