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Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
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atmsfera. Por otra parte, no soplaba el viento, circunstancia que hace infinitamente ms soportable los fuertes descensos de la temperatura.

El sol brillante, pero sin accin calorfica, sala entonces del ocano, y su enorme disco se balanceaba sobre el horizonte. El mar formaba una sbana tranquila y azulada como la de un golfo mediterrneo cuando el cielo est puro.

El cabo de la Garra, curvado en forma de yatag, mostraba claramente su perfil a cuatro millas al sudeste. A la izquierda, la lnea del pantano terminaba bruscamente por una pequea punta, que el sol coloreaba a la sazn con rayos de fuego. Ciertamente en aquella parte de la baha de la Unin, descubierta a todos los vientos del mar, y que no tena siquiera la proteccin de un banco de arena, los buques batidos por el viento del este no habran encontrado abrigo de ninguna especie. Se conoca por la tranquilidad del mar, cuyas aguas no turbaba ningn alto fondo; por su color uniforme, no manchado por ningn matiz amarillento, y por la ausencia, en fin, de todo arrecife, que aquella costa era acantilada, y que el ocano, junto a ella, encubra profundos abismos.

En segundo trmino, hacia el oeste, se desarrollaban, pero a distancia de cuatro millas, las primeras lneas del bosque al que los colonos haban dado el nombre de Far-West. Los colonos podan creerse, por decirlo as, en la costa desolada de alguna isla de las regiones antrticas invadidas por los hielos. Hicieron alto en aquel paraje para almorzar; encendieron una hoguera de maleza y hojarasca y Nab prepar el almuerzo de carne fiambre con algunas tazas de t de Oswengo.

Todos miraban a uno y otro lado mientras coman. Aquella parte de la isla Lincoln era realmente estril y contrastaba con toda la regin occidental, lo cual indujo a Spilett a reflexionar que, si la casualidad les hubiera arrojado desde el primer da en aquella playa, habran formado de su futuro dominio una idea muy desfavorable.

-Y aun creo que no hubiramos podido llegar a tierra -respondi el ingeniero-, porque aqu el mar es profundo y no nos ofrecera ni una roca para refugiarnos. Delante del Palacio de granito, por lo menos, hay bancos de arena y un islote, cosas todas que multiplicaran las probabilidades de salvacin. Aqu nada ms que el abismo!

-Es muy singular -observ Geden Spilett-que esta isla, relativamente pequea, presente un suelo tan variado. Esta diversidad de aspecto pertenece lgicamente a los continentes de cierta extensin. Parece que la parte occidental de la isla Lincoln, tan rica y tan frtil, est baada por las aguas clidas del golfo de Mxico, y que las orillas del norte y del sudeste se extienden por una especie de mar Artico.

-Tiene usted razn, mi querido Spilett -intervino Ciro Smith-, y es una observacin que me he hecho yo tambin. Encuentro muy extraa esta isla tanto en su forma como en su naturaleza; parece un resumen de todos los aspectos que presenta un continente y no me sorprendera que lo hubiese sido en otros tiempos.

-Cmo! Un continente en medio del Pacfico? -exclam Pencroff.

-Por qu no? -repuso Ciro Smith-. Por qu Australia, Nueva Irlanda, todo lo que los gegrafos ingleses llaman la Australasia, unidas a los archipilagos del Pacfico, no habran formado en otro tiempo una sexta parte del mundo tan importante como Europa o Asia, como Africa o las dos Amricas? Mi entendimiento no se niega a admitir que todas las islas que sobresalen en este vasto ocano no sean cimas de un continente hoy sumergido, pero que dominaba las aguas en las pocas prehistricas.

-Como en otro tiempo la Atlntida? -observ Harbert.

-S, hijo mo, si la Atlntida ha existido.

-Y la isla Lincoln habr formado parte de este continente? -pregunt Pencroff. -Es probable -respondi Ciro Smith-, y eso explicara suficientemente la diversidad de productos que se observa en su superficie. -Y el nmero considerable de animales que la habitan todava -aadi Harbert.

-S, hijo mo -repuso el ingeniero-, y t me das con esa observacin un nuevo argumento en apoyo de mi tesis. Es cierto, por lo que hemos visto, que los animales son muy numerosos en la isla, y lo que es todava ms extrao, que las especies son muy variadas. Hay para esto una razn, a lo que yo entiendo, que la isla Lincoln ha podido formar parte en otro tiempo de algn vasto continente que poco a poco se ha ido deprimiendo hasta sumergirse en el Pacfico.

-Entonces el mejor da -dijo Pencroff, que no pareca convencido-, lo que resta de este antiguo continente podr desaparecer y ya no habr tierra entre Amrica y Asia?

-S -repuso Ciro Smith-, habr los nuevos continentes que en este momento estn fabricando millones y millones de animalillos.

-Y qu clase de albailes son sos? -pregunt Pencroff.

-Los infusorios del coral -contest Ciro Smith-. Ellos han fabricado, por medio de un trabajo continuo, la isla de Clermont-Tonnerre, los atolones y otras muchas islas de coral que cuenta el ocano Pacfico. Se necesitan cuarenta y siete millones de esos infusorios para formar el peso de un grano, y sin embargo, con las sales marinas que absorben, con los elementos slidos de agua que asimilan, esos animalillos producen la calcrea, y esa calcrea forma enormes construcciones submarinas, cuya dureza y solidez son iguales a las del granito. En otro tiempo, en las primeras pocas de la creacin, la naturaleza, por medio del fuego, ha producido las tierras por levantamiento; pero ahora encomienda a los animales microscpicos la tarea de reemplazar a aquel agente, cuyo poder dinmico en el interior del globo ha disminuido evidentemente, como lo prueba el gran nmero de volcanes hoy extinguidos en la superficie de la tierra. Creo yo que sucedindose los siglos a los siglos y los infusorios a los infusorios, este mar Pacfico podr convertirse un da en un vasto continente, que vendr a ser habitado y civilizado por nuevas generaciones.

-Para largo va eso! -repuso Pencroff.

-La naturaleza tiene tiempo para todo -aadi el ingeniero.

-Mas para qu han de salir nuevos continentes? -pregunt Harbert-. Me parece que la extensin actual de los pases habitables es suficiente para la humanidad y la naturaleza no hace nada intil.

-En efecto, no hace nada intil -replic el ingeniero-; pero voy a decir cmo podra explicarse en el futuro la necesidad de nuevos continentes y precisamente en esta zona tropical, ocupada por las islas coralgenas. A lo menos esta explicacin me parece plausible.

-Escuchamos a usted con atencin, seor Ciro -dijo Harbert.

-Mi pensamiento es ste. Los sabios admiten generalmente que nuestro globo morir un da, o ms bien, que no ser posible en l la vida animal y vegetal, a consecuencia del enfriamiento intenso que ha de sobrevenir. El punto sobre el que no estn de acuerdo es la causa del enfriamiento. Unos piensan que provendr del descenso de la temperatura que experimentar el sol al cabo de millones de aos; otros juzgan que proceder de la extincin gradual del fuego interior de nuestro globo, que tiene sobre l una influencia mayor de la que se supone generalmente. Estoy por esta ltima hiptesis, y me fundo en el hecho de que la luna es verdaderamente un astro enfriado no habitable, aunque el sol contina todava vertiendo en su superficie la misma suma de calor. Si la luna se ha enfriado, es porque sus fuegos interiores, a los cuales, como todos los astros del mundo estelar, ha debido su origen, se ha extinguido completamente. En fin, cualquiera que sea la causa, nuestro globo se enfriar un da, pero este enfriamiento se verificar poco a poco. Qu suceder entonces? Que las zonas templadas, en una poca ms o menos lejana, no sern ms habitables que hoy las regiones polares. As, pues, los hombres y los animales refluirn hacia las latitudes ms directamente sometidas a la

influencia solar. Habr una inmensa emigracin; Europa, Asia central, Amrica del Norte sern poco a poco abandonadas lo mismo que Australasia y las partes bajas de Amrica del Sur. La vegetacin seguir a la emigracin humana; la flora retroceder hacia el Ecuador al mismo tiempo que la fauna, y las partes centrales de Amrica meridional y de Africa sern continentes habitados. Los lapones y los samoyedos encontrarn las condiciones climticas del mar Polar en las orillas del Mediterrneo. Quin nos dice que en esa poca las regiones ecuatoriales no sern demasiado pequeas para contener a la humanidad terrestre y alimentarla? Y por qu la Naturaleza, previsora para dar refugio a toda la emigracin animal y vegetal, no ha de poder, desde ahora y bajo el Ecuador, echar los fundamentos de un nuevo continente, encargando a los infusorios el cuidado de construirlo? Muchas veces he reflexionado sobre estas cosas, amigos mos, y creo ciertamente que el aspecto de nuestro globo ser un da completamente transformado y que, a consecuencia de la elevacin de nuevos continentes, los mares cubrirn los antiguos. As, en los siglos futuros, otros colonos irn a descubrir las islas del Chimborazo, del Himalaya o del Monte Blanco, restos de una Amrica o de un Asia o de una Europa sumergidas. Despus, esos nuevos continentes se harn a su vez inhabitables; el calor se extinguir como el de un cuerpo abandonado por el alma, y la vida desaparecer del globo, si no definitiva, al menos momentneamente. Quiz entonces nuestro esferoide descansar y se reformar durante la muerte, para resucitar un da en condiciones superiores. Pero todo esto, amigos mos, es el secreto del Autor de todas las cosas y, hablando del trabajo de los infusorios, me he dejado llevar un poco lejos hasta escudriar los secretos del futuro.

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