La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
Pero el ingeniero no haba terminado su pequeo interrogatorio.
-Y ahora, Pencroff -aadi-, sabe usted cuntas fanegas de trigo representan esos 400.000 millones de granos?
-No -respondi el marino-; slo s que soy un burro.
-Pues bien, haran ms de un milln a razn de 390.000 granos por fanega.
-Un milln! -exclam Pencroff. -Un milln!
-En cuatro aos?
-En cuatro aos -contest Ciro-, y aun en dos aos, si, como espero, podemos en esta latitud obtener dos cosechas al ao.
A esto, segn su costumbre, Pencroff no pudo por menos de contestar con un hurra formidable.
-As, pues, Harbert aadi el ingeniero-, has hecho un descubrimiento de grandsima importancia para nosotros. En las condiciones en que estamos, todo, amigos mos, todo puede servimos; y ruego que no lo olviden.
-No, seor Ciro, no lo olvidaremos -dijo Pencroff-, y si alguna vez encuentro uno de esos granos de tabaco que se multiplican por trescientos setenta mil, le aseguro a usted que no lo tirar por la ventana. Y ahora, sabe usted lo que debemos hacer?
-Sembrar este grano -contest Harbert.
-S -aadi Geden Spilett-, y con todos los miramientos que le son debidos, porque lleva en s nuestras cosechas del porvenir.
-Con tal que germine! -exclam el marino. -Germinar -afirm Ciro Smith.
Era el 20 de junio: momento propicio para sembrar aquel nico y precioso grano de trigo. Primero se trat de sembrarlo en un puchero; pero, bien pensado, se resolvi recomendarle ms a la naturaleza y confiarle a la tierra. Se hizo as el mismo da, y es intil aadir que se tomaron todas las precauciones para que la operacin tuviese buen xito.
Habindose aclarado un poco el tiempo, los colonos subieron a las alturas del Palacio de granito, y all, en la meseta, eligieron un sitio abrigado contra el viento y donde el sol del medioda deba verter todo su calor. Se limpi y mull el terreno, se le registr para quitar los insectos y gusanos, se ech en l una capa de tierra buena mezclada con un poco de cal, se le rode de una empalizada y se sembr el grano de trigo despus de haber humedecido la tierra.
Pareca que los colonos sentaban la primera piedra de un edificio, y aquel instante record a Pencroff el da en que haba encendido su nico fsforo y el cuidado con que haba procedido a la operacin. Pero entonces la cosa era ms grave; los nufragos siempre haban logrado proporcionarse fuego, ya por un procedimiento, ya por otro; pero ningn poder humano les devolvera aquel grano de trigo, si por desgracia se perda.
21. Exploracin y conversacin sobre el futuro de la Tierra
Desde aquel momento no pas un da sin que Pencroff visitara lo que llamaba muy formalmente su campo de trigo. Y desventurados los insectos que se aventuraban a acercarse! No tena piedad con ellos.
Hacia finales de junio, despus de interminables lluvias, baj mucho la temperatura, y el 29 un termmetro Fahrenheit haba anunciado solamente veinte grados sobre cero (6 67' centgrados bajo cero). Al da siguiente, 30 de junio, da que corresponde al 31 de diciembre en el hemisferio boreal, era viernes. Nab observ que el ao conclua con un da malo. Pero Pencroff le respondi que "naturalmente" el ao siguiente comenzara por uno bueno, lo que vala ms.
Comenz un fro muy vivo. Empezaron a amontonarse los hielos en la desembocadura del ro de la Merced, y el lago no tard en helarse en toda su extensin. Hubo que renovar muchas veces la provisin de combustible. Pencroff no haba esperado a que el ro se helase para conducir enormes cargas de lea a su destino. La corriente era un motor infatigable y fue empleada para acarrear maderas hasta que el fro vino a encadenarla. Al combustible, tan abundantemente suministrado por el bosque, se aadieron varias carretadas de hulla que hubo que buscar al pie de los contrafuertes del monte Franklin. Aquel poderoso calor del carbn de piedra fue vivamente apreciado a causa de la baja temperatura, que el 4 de julio descendi a ocho grados Fahrenheit (13 centgrados bajo cero). Se puso una nueva chimenea en el comedor y all trabajaban todos en comn.
Durante este perodo de fro, Ciro Smith tuvo ocasin de felicitarse de haber derivado hasta el Palacio de granito un pequeo chorro de las aguas del lago Grant. Tomadas bajo nivel de la helada superficie y conducidas por el antiguo desage, se conservaban
lquidas y llegaban a un depsito interior que se haba abierto en el ngulo formado detrs del almacn, cuyo sobrante bajaba por el pozo al mar.
Hacia aquella poca, habindose puesto el tiempo muy seco, los colonos, abrigados lo mejor posible, resolvieron dedicar un da a la exploracin de la parte sudeste de la isla, entre el ro de la Merced y el cabo de la Garra. Era un vasto terreno pantanoso y probablemente exista en l muy buena caza, pues deban pulular las aves acuticas.
La distancia era de ocho o nueve millas de ida y otras tantas de vuelta; por consiguiente, haba que empezar bien el da. Como se trataba tambin de la exploracin de la porcin desconocida de la isla, toda la colonia debera tomar parte en ella. Por eso el 15 de julio, desde las seis de la maana, cuando apenas haba amanecido, Ciro Smith, Geden Spilett, Harbert, Nab y Pencroff, armados de venablos, lazos, arcos y flechas, y provistos de comida abundante, salieron del Palacio de granito, precedidos de Top, que saltaba delante de ellos.
Tomaron el camino ms corto, para lo cual atravesaron el ro de la Merced, por los hielos que le obstruan entonces.
-Pero -observ justamente el corresponsal-esto no puede reemplazar un puente verdadero.
Por eso la construccin de un puente verdadero estaba registrada entre las obras a realizar.
Era la primera vez que los colonos ponan el pie en la orilla derecha del ro de la Merced y que se aventuraban entre aquellas grandes y soberbias conferas, entonces cubiertas de nieve. No haban andado media milla, cuando de una grande espesura se escap toda una familia de cuadrpedos, que haban elegido aquel domicilio y huan ante los ladridos de Top.
-Parecen zorras! -exclam Harbert, cuando vio aquella bandada huyendo.
Eran zorras, en efecto, pero zorras de gran tamao, que despedan una especie de ladrido que pareca admirar el mismo Top, porque se detuvo y dio a aquellos rpidos animales el tiempo necesario para desaparecer.
El perro tena motivo para sorprenderse, pues no saba historia natural; pero por sus ladridos, aquellas zorras, de pelo gris rojizo y cola negra terminada en una especie de penacho blanco, haban descubierto su origen. Harbert les dio sin vacilar su verdadero nombre de culpeos. Estos culpeos se encuentran frecuentemente en Chile, en las islas Malvinas y en todos los parajes americanos atravesados por los paralelos treinta y cuarenta. Harbert sinti mucho que Top no hubiera podido apoderarse de uno de aquellos carnvoros.
-Y eso se come? -pregunt Pencroff, que no consideraba jams a los representantes de la fauna de la isla sino desde un punto de vista especial.
-No -respondi Harbert-; los zologos no han averiguado todava si la pupila de esas zorras es diurna o nocturna y si conviene o no clasificarlas en el gnero perro propiamente dicho.
Ciro Smith no pudo menos de sonrerse al or la reflexin del joven, que revelaba su espritu dado a los estudios serios. En cuanto al marino, poco le importaba la cuestin zoolgica desde el momento en que aquellas zorras no podan ser clasificadas en el gnero de comestible. Sin embargo, observ que, cuando hubiera un corral en el Palacio de granito, no habra que olvidar tomar algunas precauciones contra la visita probable de aquellos ladrones de cuatro patas, observacin a la cual nadie replic.
Despus de haber doblado la punta de los Nufragos, los colonos siguieron una larga playa. Eran entonces las ocho de la maana y el cielo estaba muy puro, como sucede durante los grandes y prolongados fros; pero, habiendo entrado en calor a consecuencia de la marcha, Ciro Smith y sus compaeros no sentan demasiado lo picante de la