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La isla misteriosa
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La escalera fue hecha con muchsimo cuidado; sus montantes, formados de fibras de una especie de junco muy resistente, trenzadas por medio de un molinete, tenan la solidez de un cable grueso, y en cuanto a los escalones, se hicieron de una especie de cedro rojo de ramas ligeras y resistentes. El aparato fue una obra maestra de Pencroff.

Tambin se fabricaron otras cuerdas con fibras vegetales y se instal a la puerta una especie de polea. De este modo los ladrillos pudieron levantarse fcilmente hasta el nivel del Palacio de granito, simplificando as el transporte de los materiales, y se comenz en seguida el arreglo del interior. No faltaba cal y los colonos tenan millares de ladrillos dispuestos para ser utilizados. Levantaron sin dificultad la armadura de los tabiques, muy rudimentarios por otra parte, y en cortsimo tiempo qued la casa dividida en cuartos y almacenes, segn el plan convenido.

Aquellas tareas marchaban con rapidez bajo la direccin del ingeniero, que manejaba lo mismo el martillo que la llana. Ciro Smith conoca todos los oficios y daba as ejemplo a compaeros inteligentes y celosos. Se trabajaba con confianza y hasta con alegra, teniendo siempre Pencroff algn chiste preparado, siendo unas veces carpintero, otras cordelero, otras albail, y comunicando su buen humor a sus compaeros. Su fe en el ingeniero era absoluta y nada hubiera podido alterarla. Le crea capaz de emprenderlo todo y de conseguirlo todo. La cuestin del vestido y del calzado, cuestin grave; la del alumbrado durante las noches de invierno, el cultivo de las tierras frtiles de la isla, la transformacin de la flora silvestre en civilizada, todo le pareca fcil con el auxilio de Ciro Smith, y todo, segn l, se hara a su tiempo. Soaba en ros canalizados, que facilitasen el transporte de las riquezas del suelo; con la explotacin de canteras y minas; con mquinas a propsito para todas las prcticas industriales y hasta con ferrocarriles, cuya red cubriese algn da la isla Lincoln.

El ingeniero debaja decir a Pencroff y no rebajaba nada de las exageraciones de aquel corazn honrado. Saba lo comunicativa que es la confianza, se sonrea al orle hablar y no deca nada de los temores que alguna vez le inspiraba el porvenir. En efecto, en aquella parte del Pacfico, fuera del rumbo de los buques, tema que nunca les llegara socorro. Los colonos, por consiguiente, no podan contar sino consigo mismos, porque la distancia de la isla Lincoln de toda otra tierra era tal, que aventurarse en un barquichuelo de construccin necesariamente defectuosa sera cosa grave y peligrossima.

Pero, como deca el marino, "ellos llevaban cien codos de altura a los Robinsones de tiempos antiguos, para quienes todo lo que hacan constitua un verdadero milagro".

Y, en efecto, ellos saban; y el hombre que sabe prospera donde otros no haran ms que vegetar o pereceran inevitablemente.

Harbert se distingui en aquellos trabajos. Era inteligente y activo, comprenda pronto, ejecutaba bien, y Ciro Smith se aficionaba cada vez ms a aquel muchacho. Harbert senta por el ingeniero una viva y respetuosa amistad; y Pencroff, que vea la estrecha simpata que se formaba entre aquellos dos seres, no estaba celoso de ella.

Nab era Nab; lo que siempre sera, el valor, el celo, la adhesin, la abnegacin personificada. Tena en su amo la misma fe que Pencroff, pero la manifestaba menos ruidosamente. Cuando el marino se entusiasmaba, la fisonoma de Nab pareca responderle: "Pero si no hay cosa ms natural! " Pencroff y l se queran mucho y no haban tardado en tutearse.

En cuanto a Geden Spilett, tomaba su parte en el trabajo comn y no era el ms torpe, lo cual admiraba no poco al marino, que no comprenda que un periodista fuese hbil, no slo para entender de todo, sino tambin para ejecutarlo.

La escalera qued definitivamente instalada el 28 de mayo, y no contaba con menos de cien escalones en aquella altura perpendicular que meda ochenta pies. Por fortuna, Ciro Smith haba podido dividirla en dos partes, aprovechando una especie de cornisa saliente de la muralla, a unos cuarenta pies del suelo. Esta cornisa, cuidadosamente nivelada por el pico, se convirti en una especie de descansillo, al cual se fij la primera escalera, cuyo conjunto qued disminuido en la mitad y poda levantarse por medio de una cuerda hasta el nivel del Palacio de granito. En cuanto a la segunda escalera, se la fij lo mismo en su extremo inferior, que reposaba sobre la cornisa, que en su extremo superior, unido a la puerta misma; de esta suerte, la ascensin fue mucho ms fcil, y, por otra parte, Ciro Smith pensaba instalar ms adelante un ascensor hidrulico, que evitase toda fatiga y toda prdida de tiempo a los habitantes del Palacio de granito.

Los colonos se acostumbraron pronto a servirse de aquella escalera. Eran giles y diestros, y Pencroff, como marino habituado a correr por los flechastes de los obenques, pudo darles lecciones. Pero fue preciso que se las diera tambin a Top, porque el pobre perro, con sus cuatro patas, no estaba hecho para aquel ejercicio. Pencroff, sin embargo, era un maestro tan celoso, que Top termin realizando convenientemente sus ascensiones, subiendo la escalera como hacen por lo regular sus congneres en los circos. No hay que decir si el marino estaba orgulloso de su discpulo; pero ms de una vez Pencroff le evit el trabajo subindolo en sus hombros, de lo cual Top no protestaba jams.

Aqu debemos observar que durante estos trabajos, que fueron conducidos activamente, porque el invierno se acercaba, no se olvid de modo alguno la cuestin alimenticia. Todos los das el corresponsal y Harbert, que decididamente se haban hecho los proveedores de la colonia, empleaban algunas horas en la caza. No explotaban ms que los bosques de Jacamar, a la izquierda del ro, pues, no teniendo puente ni canoa, el ro de la Merced no haba sido atravesado todava. Todas aquellas selvas inmensas, a las cuales se haba dado el nombre de bosques del Far-West, estaban sin explorar. Se reservaba esta importante excursin para los primeros das de buen tiempo, en la prxima primavera; pero los bosques del Jacamar tenan caza suficiente, abundando en ellos los canguros y los jabales, en los cuales hacan maravillas las jabalinas, el arco y las flechas de los cazadores. Adems, Harbert descubri, hacia el ngulo sudoeste del lago, un sotillo natural, especie de pradera ligeramente hmeda, cubierta de sauces y hierbas aromticas que perfumaban el aire, como el tomillo, el serpol, la albahaca, todas esas especies odorferas de la familia de las labiadas, de las cuales gustan mucho los conejos.

Habiendo hecho Spilett la observacin de que deba de haber conejos en aquel prado, puesto que estaba, por decirlo as, servida la mesa para ellos, los dos cazadores lo exploraron activamente. Por lo menos produca en abundancia plantas tiles, y un naturalista hubiera tenido all ocasin de estudiar muchos ejemplares del reino vegetal. Harbert recogi cantidad de tallos de ocimo, de romero, de melisa y otras plantas que poseen propiedades teraputicas. Cuando, ms tarde, Pencroff pregunt de qu serva toda aquella coleccin de hierbas, el joven respondi:

-Para curamos y medicinamos, cuando estemos enfermos. -Y por qu hemos de estar enfermos, si en la isla no hay mdicos? contest seriamente Pencroff.

No caba rplica a observacin tan atinada. Sin embargo, el joven no dej por eso de hacer su recoleccin, que fue bien acogida en el Palacio de granito, sobre todo porque a aquellas plantas medicinales pudo aadir una notable cantidad de monandras ddimas, que son conocidas en Amrica Septentrional con el nombre de t de Oswego y producen una bebida excelente.

En fin, aquel da, buscando bien los dos cazadores, llegaron al verdadero sitio del conejal y vieron el suelo perforado como una espumadera.

-Madrigueras! -exclam el joven. -S -contest el corresponsal-, ya las veo. -Pero estn habitadas?

-Esa es la cuestin.

La cuestin no tard en quedar resuelta, pues al mismo tiempo centenares de animalillos semejantes a conejos huyeron en todas direcciones y con tal rapidez, que el mismo Top no pudo alcanzarlos.

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