La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
Estas diversas tareas duraron unos ocho d�as. Se hallaban, pues, terminadas antes que se hubiera verificado la transformaci�n del sulfuro en sulfato de hierro. En los d�as que siguieron los colonos tuvieron tiempo de fabricar vajilla refractaria con arcilla pl�stica y de construir un horno de ladrillos de una disposici�n particular, que deb�a servir para la destilaci�n del sulfato de hierro cuando �ste se hubiera obtenido. Estas obras concluyeron hacia el 18 de mayo, en el momento, poco m�s o menos, de terminarse la transformaci�n qu�mica.
Gede�n Spilett, Harbert, Nab y Pencroff, h�bilmente guiados por el ingeniero, hab�an llegado a ser los obreros m�s diestros del mundo. Por lo dem�s, la necesidad es el maestro que ense�a mejor y de quien mejor se aprenden las lecciones.
Cuando el mont�n de piritas qued� enteramente reducido por el fuego, el resultado de la operaci�n, consistente en sulfato de hierro, sulfato de aluminio, s�lice, residuo de carb�n y cenizas, fue depositado en un barre�o lleno de agua. Se agit� la mezcla, se la dej� reposar, luego se la decant� y obtuvo un l�quido claro, que conten�a en disoluci�n sulfato de hierro y sulfato de aluminio, habiendo quedado en el barre�o las dem�s sustancias en estado s�lido, por lo mismo que eran insolubles. En fin, vaporizado en parte aquel l�quido, se depositaron en el fondo cristales de sulfato de hierro, y las aguas madres, es decir, el l�quido no vaporizado que conten�a el sulfato de aluminio, fueron abandonadas.
Ciro Smith ten�a, pues, a su disposici�n una cantidad de cristales de sulfato de hierro, de los cuales trataba de extraer el �cido sulf�rico.
En la pr�ctica industrial la fabricaci�n del �cido sulf�rico necesita una costosa instalaci�n. Son precisos, en efecto, grandes edificios, instrumentos especiales, aparatos de platino, c�maras de plomo inatacables al �cido y en las cuales se opera la transformaci�n, etc. El ingeniero no ten�a nada de esto a su disposici�n, pero sab�a que en Bohemia particularmente se fabrica el �cido sulf�rico por medios m�s sencillos y que hasta tienen la ventaja de producirlo en un grado superior de concentraci�n. As� es como se hace el �cido conocido con el nombre de �cido de Nordhausen.
Para obtener el �cido sulf�rico, Ciro Smith no necesitaba m�s que una operaci�n: calcinar en un vaso cerrado los cristales del sulfato de hierro, de manera que el �cido sulf�rico se destilase en vapores, los cuales producir�an en seguida el �cido por condensaci�n.
Para esta manipulaci�n sirvieron las vasijas refractarias, en las cuales se pusieron los cristales, y el horno, cuyo calor deb�a destilar el �cido sulf�rico. La operaci�n fue
perfectamente llevada a cabo, y el 20 de mayo, doce d�as despu�s de haber comenzado el ingeniero, pose�a ya el agente del que contaba sacar despu�s partido.
Ahora bien, �para qu� quer�a aquel agente? Sencillamente, para producir �cido az�tico, y esto fue f�cil, porque el salitre, atacado por el �cido sulf�rico, le dio precisamente el az�tico por destilaci�n.
Pero �en qu� iba a emplear el �cido az�tico? Esto era lo que sus compa�eros ignoraban todav�a, porque no les hab�a comunicado el objeto de aquellos trabajos.
El ingeniero estaba cerca de conseguir su objetivo y una �ltima operaci�n le proporcion� la sustancia que hab�a exigido tantas manipulaciones.
Despu�s de haber obtenido el �cido az�tico, lo puso en contacto con la glicerina concentrada de antemano por la evaporaci�n en el ba�o de Mar�a y obtuvo, aun sin emplear mezcla de ninguna sustancia refrigerante, varias azumbres de un l�quido aceitoso y amarillo.
Ciro Smith hab�a hecho esta operaci�n solo, apartado y lejos de las Chimeneas, porque tem�a los peligros de una explosi�n y, cuando present� a sus amigos un frasco de aquel l�quido, se content� con decirles:
-�Aqu� tienen ustedes nitroglicerina.
Era, en efecto, ese terrible producto, cuya fuerza de explosi�n es diez veces mayor que la p�lvora ordinaria y que ha causado ya tantos incidentes desgraciados. Sin embargo, desde que se ha encontrado el medio de transformarlo en dinamita, es decir, de mezclarlo con una sustancia s�lida, arcilla o az�car bastante porosa para retenerlo, se ha podido utilizar con m�s seguridad ese peligroso l�quido. Pero la dinamita no era conocida en la �poca en que los colonos operaban en la isla Lincoln.
-��Ese licor va a hacer volar nuestras rocas? -dijo Pencroff con marcada incredulidad.
-�S�, amigo m�o -contest� el ingeniero-, y esta nitroglicerina producir� tanto mayor efecto cuanto que el granito es muy duro y opondr� mayor resistencia para estallar. -�Y cu�ndo veremos eso, se�or Ciro?
-�Cuando hayamos abierto una mina -contest� el ingeniero.
Al d�a siguiente, 21 de mayo, al rayar el alba, los mineros se trasladaron a una punta que formaba la orilla oriental del lago Grant, a quinientos pasos solamente de la costa. En aquel sitio la meseta formaba el dique de las aguas, que s�lo estaban contenidas por su muro de granito. Era, pues, evidente que, rompiendo aquel dique, las aguas se escapar�an por la abertura y formar�an un arroyo, que, despu�s de haber corrido por la superficie inclinada de la meseta, ir�a a precipitarse en la playa. Por consiguiente, se rebajar�a el nivel del lago y se pondr�a al descubierto el orificio de desag�e, que era lo que se buscaba.
Hab�a que romper aquel dique. Bajo la direcci�n del ingeniero, Pencroff, armado de un pico que manejaba diestra y vigorosamente, atac� el granito en su revestimiento exterior. La mina que se quer�a abrir nac�a en una arista horizontal a la orilla y deb�a penetrar oblicuamente de modo que encontrase un nivel sensiblemente inferior al de las aguas del lago. De esta suerte la fuerza explosiva, apartando las rocas, dar�a salida suficiente a las aguas y por lo tanto har�a bajar lo necesario la superficie der lago.
El trabajo fue largo, pero el ingeniero, queriendo producir un efecto formidable, no pensaba dedicar menos de diez litros de nitroglicerina a la operaci�n. Pero Pencroff, ayudado por Nab, trabaj� con tanto af�n, que a las cuatro de la tarde se hab�a terminado la mina.
Faltaba resolver la cuesti�n de la inflamaci�n de la sustancia explosiva. Ordinariamente la nitroglicerina se inflama por medio del fulminato, que estallando
determina la explosi�n. Es preciso, en efecto, un choque para provocarla, pues simplemente encendida esta sustancia se quemar�a sin estallar.
Ciro Smith habr�a podido fabricar la espoleta que se necesitaba. A falta del fulminato pod�a obtener f�cilmente una sustancia an�loga, algod�n p�lvora, puesto que dispon�a de �cido az�tico; esta sustancia, comprimida en un cartucho e introducida en la nitroglicerina, habr�a estallado aplic�ndole una mecha y producido la explosi�n.
Pero Ciro Smith sab�a que la nitroglicerina tiene la propiedad de detonar al menor choque, y resolvi� utilizar esta propiedad sin perjuicio de emplear otro medio, si �ste no le daba resultado.
En efecto, el choque de un martillo sobre algunas gotas de nitroglicerina desparramadas sobre la superficie de una piedra dura basta para provocar la explosi�n; pero el operador no pod�a dar el martillazo sin ser v�ctima de la explosi�n. Ciro Smith tuvo, pues, la idea de suspender de un montante por encima de la boca de la mina, y por medio de una fibra vegetal, una maza de hierro de muchas libras de peso. Otra larga fibra, previamente azufrada, ir�a atada al centro de la primera por uno de sus extremos, mientras el otro quedar�a en el suelo a distancia de muchos pies de la boca de la mina. Comunicado el fuego a esta segunda fibra, ella lo comunicar�a a la primera; �sta se romper�a y la maza de hierro caer�a con fuerza sobre la nitroglicerina.
Se instal� el aparato. El ingeniero hizo alejar a sus compa�eros, llen� la mina de modo que la nitroglicerina sobresaliese un poco de la abertura y derram� algunas gotas por la superficie de las rocas debajo de la maza de hierro ya suspendida.