La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
Los colonos haban bajado unos cincuenta pies ms, siguiendo la perpendicular, cuando atrajeron su atencin sonidos lejanos que venan de las profundidades de la roca grantica. Se detuvieron y escucharon; aquellos sonidos, llevados por el corredor como la voz a travs de un tubo acstico, llegaban claramente a sus odos.
-Es Top que ladra -exclam Harbert. S -dijo Pencroff-, y el noble animal ladra con furor.
-Tenemos nuestros venablos -dijo Ciro Smith-. Alerta y adelante!
-Esto va siendo cada vez ms interesante -murmur Geden Spilett al odo del marino, que hizo una seal de asentimiento.
Ciro Smith y sus compaeros se apresuraron para llevar auxilio al perro. Los ladridos de Top iban siendo ms perceptibles. Se vea que los daba con extrao furor. Estaba luchando con algn animal cuyo retiro haba turbado? Sin pensar en el peligro a que se exponan, los colonos sentan una irresistible curiosidad. No bajaban ya por el corredor, sino que se dejaban deslizar por el suelo, y en pocos minutos, sesenta pies ms abajo, llegaron donde estaba Top.
El corredor terminaba en una vasta y magnfica caverna, y Top, yendo y viniendo, ladraba con furor. Pencroff y Nab sacudieron sus antorchas, que arrojaron grandes resplandores de luz sobre todas las asperidades del granito, y al mismo tiempo Ciro Smith, Geden Spilett y Harbert, con los venablos enristrados, se dispusieron a todo acontecimiento.
La enorme caverna estaba vaca. Los colonos la recorrieron en todos sentidos: no haba nada, ni un animal, ni un ser viviente. Sin embargo, Top continuaba ladrando, sin que pudieran hacerlo callar ni caricias ni amenazas.
-Aqu hay sin duda una salida por donde las aguas del lago iban al mar -dijo el ingeniero.
-En efecto -contest Pencroff-, y tengamos cuidado de no caer en algn pozo. -Adelante Top, adelante! -grit Ciro Smith.
El perro, excitado por las palabras de su amo, corri hacia el extremo de la caverna, y all redoblaron sus ladridos.
Le siguieron y, a la luz de las antorchas, apareci la boca de un pozo, que se abra en el granito. Por all salan las aguas, antes contenidas por el granito, y aquella vez no era un corredor oblicuo y practicable, sino un pozo perpendicular en el cual hubiera sido imposible aventurarse. Inclinaron las antorchas sobre la boca de la sima, pero no vieron nada. Ciro Smith cort una tea inflamada y la arroj en aquel abismo. La resina brillante, cuyo poder de iluminacin se acrecent ms por la rapidez de su cada, alumbr el interior del pozo, pero nada descubrieron los colonos. Despus la llama se extingui con un ligero chisporroteo, seal indudable que haba llegado a una capa de agua, es decir, al nivel del mar.
El ingeniero, calculando el tiempo empleado en la cada, dedujo que la profundidad del pozo poda ser de noventa pies, poco ms o menos. El suelo de la caverna estaba, pues, a noventa pies sobre el nivel del mar.
-Esta ser nuestra vivienda -dijo Ciro Smith.
-Pero estaba habitada por algn ser viviente -propuso Geden Spilett, cuya curiosidad no estaba satisfecha.
-Pues bien, ese ser viviente, anfibio o de otra especie, ha huido por esta abertura -dijo el ingeniero-y nos ha cedido el sitio.
-No importa -aadi el marino-. Yo hubiera querido estar aqu hace un cuarto de hora, porque al fin y al cabo no sin razn ha ladrado el perro.
Ciro Smith miraba a Top y, si alguno de sus compaeros se hubiera acercado al ingeniero en aquel momento, le habra odo murmurar:
-S, creo que Top sabe mucho ms que nosotros respecto de muchas cosas.
De todos modos, los deseos de los colonos se haban realizado. La casualidad, ayudada por la sagacidad maravillosa de su jefe, les haba servido a las mil maravillas. Tenan a su disposicin una vasta caverna cuya capacidad no podan calcular todava a la luz insuficiente de las antorchas, pero que sera fcil dividir en habitaciones por medio de tabiques de ladrillo y arreglarla, si no como una casa, al menos como una espaciosa habitacin. Las aguas la haban abandonado y ya no podan volver. El sitio estaba libre.
Quedaban dos dificultades por resolver: en primer lugar, la posibilidad de alumbrar aquella excavacin abierta en una roca maciza; en segundo lugar, la necesidad de hacer ms fcil su acceso. En cuanto al alumbrado, no haba que pensar establecerlo por la parte superior, porque el espesor del techo de granito era enorme; pero quiz podra perforarse la pared inferior que daba frente al mar. Ciro Smith, que durante el descenso haba apreciado con bastante aproximacin la oblicuidad, y por consiguiente la longitud del desage, crea con fundamento que la pared interior del muro deba ser poco espesa.
Si se obtena la iluminacin de esta manera, el acceso quedara logrado, porque era tan fcil abrir una puerta como abrir una ventana y establecer una escalera exterior. Ciro Smith comunic estas ideas a sus compaeros.
-Vamos, seor Ciro, manos a la obra -propuso Pencroff-. Tengo mi pico y sabr con l encontrar una salida a travs de este muro. Dnde debo trabajar?
-Aqu -indic el ingeniero, mostrando al vigoroso marino una depresin bastante grande de la pared, que deba disminuir su espesor.
Pencroff atac el granito y durante media hora, al resplandor de las antorchas, se vieron volar los trozos de granito alrededor de l. La roca chispeaba bajo su pico; Nab lo relev, despus Geden Spilett y de nuevo Nab.
El trabajo duraba ya dos horas y empezaba a temerse que en aquel paraje el espesor del muro de granito fuera mayor que la longitud del piso, cuando, al dar Geden Spilett un golpe, el instrumento pas a travs del muro y cay al exterior.
-Hurra! -exclam Pencroff.
La pared no pasaba de tres pies de espesor.
Ciro Smith se asom a la abertura, que estaba a unos ochenta pies del suelo. Delante de l se extenda la playa, ms all el islote y ms all an la inmensidad del mar.
Por aquella abertura bastante grande, porque la roca se haba desunido notablemente, la luz entr a torrentes y produjo un efecto mgico, inundando aquella esplndida caverna. Si en su parte izquierda slo meda treinta pies de altura y de anchura por unos cien pies de largo, en la derecha, por el contrario, era enorme y el techo tena ms de ochenta pies de alto. En algunos sitios, pilares de granito, irregularmente dispuestos, sostenan la bveda formando como una nave de catedral, que, apoyada sobre pies derechos naturales, aqu elevndose en cintras, all en arcos ojivales, perdindose sobre oscuros travesaos, cuyos arcos caprichosos se entrevean en la sombra, adornada con una profusin de salientes, que formaban como otras tantas pechinas, ofreca una mezcla pintoresca de todo lo que en la arquitectura bizantina, la romana y la gtica ha producido el hombre.
Y aqulla, sin embargo, era obra de la naturaleza, haba excavado aquella fantstica Alhambra en el centro de una masa de granito.
Los colonos estaban estupefactos de admiracin. Donde no crean hallar ms que un estrecho conducto, encontraban una especie de palacio maravilloso, y Nab se haba quitado la gorra, como si estuviera en un templo.
Gritos de admiracin partieron de todas las bocas. Los hurras resonaron e iban a perderse de eco en eco hasta el fondo de las naves sombras.
-Amigos mos -exclam Ciro Smith-, cuando hayamos iluminado ampliamente el interior de esta roca, cuando hayamos dispuesto nuestros cuartos, nuestro almacn, nuestra cocina en la parte derecha, nos quedar todava esta esplndida caverna, de la cual haremos nuestro estudio, nuestro saln y nuestro museo.
-Y la llamaremos? -pregunt Harbert.
-Palacio de granito -aadi Ciro, nombre que sus compaeros saludaron con tres hurras.
En aquel momento las antorchas estaban casi consumidas y, como para volver haba que subir otra vez por el corredor hasta llegar a la cima de la meseta, se decidi aplazar para el da siguiente las obras relativas al arreglo de la nueva morada.
Antes de marchar, Ciro Smith quiso examinar otra vez el oscuro pozo que se hunda perpendicularmente hasta el nivel del mar. Se asom a su boca y escuch con atencin; ningn ruido se produjo, ni siquiera el de las aguas que las ondulaciones del mar deban agitar alguna vez en aquellas profundidades; arroj otra tea de resina inflamada, que ilumin por un instante las paredes del pozo, pero, lo mismo que la vez primera, no se