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La isla misteriosa
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Hecho esto, tom el extremo de la fibra azufrada, la encendi y, alejndose de all, se reuni con sus compaeros que haban vuelto a las Chimeneas.

La fibra deba arder durante veinticinco minutos, y, efectivamente, veinticinco minutos despus reson una explosin de cuyo estrpito sera imposible dar una idea. Pareca que toda la isla temblaba sobre su base. Una nube de piedras se proyect en los aires, como si hubieran sido vomitadas por un volcn.

La sacudida, producida por el aire que las piedras desalojaban, fue tal, que hizo oscilar las rocas en las Chimeneas. Los colonos, aunque estaban a ms de dos millas de distancia, fueron derribados al suelo. Se levantaron, salieron a la meseta y corrieron hacia el sitio donde el dique del lago deba haber sido destruido por la explosin.

Un triple hurra se escap de sus pechos. El dique de granito estaba hendido formando un ancho boquete. Por l, una corriente de agua se escapaba lanzando espuma a travs de la meseta, llegaba a la cresta y se precipitaba sobre la playa desde una altura de trescientos pies.

18. El desage del lago resulta un palacio de granito

El proyecto de Ciro haba tenido xito, pero, segn su costumbre, sin manifestar ninguna satisfaccin, los labios cerrados y la mirada fija, permaneci inmvil. Harbert estaba entusiasmado; Nab saltaba de gozo; Pencroff mova su gruesa cabeza, murmurando:

-Bien va nuestro ingeniero!

La nitroglicerina haba obrado poderosamente. La sangra hecha al lago era tan importante, que el volumen de agua que se escapaba entonces por la nueva salida era por lo menos triple del que se escapaba por la antigua. En consecuencia, poco tiempo despus de la operacin el nivel del lago debera haber bajado dos pies por lo menos.

Corrieron los colonos a las Chimeneas para tomar picos, palos herrados, cuerdas de fibras, eslabn y yesca y volvieron a la meseta. Top los acompaaba.

Por el camino el marino no pudo contenerse.

-Pero sabe usted, seor Ciro, que por medio de ese licor que ha fabricado usted se podra hacer volar toda la isla?

-S, la isla, los continentes y la Tierra -contest Ciro Smith-. No es ms que cuestin de cantidad.

-No podra usted emplear la nitroglicerina para cargar las armas de fuego? -pregunt el marino.

-No, Pencroff, porque es una sustancia que lo destroza todo. Pero sera fcil fabricar algodn-plvora, y aun plvora ordinaria, puesto que tenemos el cido aztico, el salitre, el azufre y el carbn. Por desgracia nos faltan armas.

-Seor Ciro -contest el marino-, con un poco de buena voluntad

Decididamente Pencroff haba borrado la palabra "imposible" del diccionario de la isla Lincoln.

Los colonos, al llegar a la meseta de la Gran Vista, se dirigieron inmediatamente hacia la punta del lago, cerca de la cual se abra el orificio del antiguo desage, que ya deba estar al descubierto y practicable. No precipitndose ya por l las aguas, sera fcil, sin duda, reconocer su disposicin interior.

En pocos instantes los colonos llegaron al ngulo inferior del lago. Una ojeada les bast para cerciorarse de que se haba obtenido el resultado que apetecan.

En efecto, en la pared grantica del lago y sobre el nivel de las aguas, apareca el orificio buscado. Una estrecha pendiente, dejada en seco por la retirada de las aguas, permita llegar hasta all. Aquel orificio meda unos veinte pies de anchura, pero no tena ms que dos de altura; era como la boca de una alcantarilla al borde de una acera. No habra podido dar paso a los colonos, pero Nab y Pencroff tomaron sus picos y en menos de una hora le dieron una altura suficiente.

El ingeniero se acerc y reconoci que las paredes de aquel desage, en su parte superior, no tenan una inclinacin mayor de treinta a treinta y cinco grados. Era, pues, practicable, y con tal que su declive no se aumentara, sera fcil bajar hasta el mismo nivel del mar. Si exista, como era probable, alguna vasta cavidad en el interior de la masa grantica, quiz se encontrara medio de utilizarla.

-Y bien, seor Ciro, qu nos detiene? -pregunt el marino, impaciente por aventurarse en aquel estrecho corredor-. Ya ve que Top nos ha precedido.

-S -aadi el ingeniero-, pero es necesario ver claro. Nab, vete a cortar unas ramas resinosas.

Nab y Harbert corrieron hacia las orillas del lago sombreadas de pinos y otros arbustos siempre verdes, y volvieron con ramas que ellos pusieron en forma de hachas de viento. Las encendieron con eslabn y yesca, y Ciro Smith, a la cabeza de los colonos, entr en aquel oscuro pasadizo, que antes ocupaba el sobrante de las aguas.

Contra lo que hubiera podido suponerse, el dimetro de aquel pasadizo se ensanchaba poco a poco en vez de disminuir, de tal suerte que los exploradores no tardaron en poder marchar derechos por el conducto abajo. El piso de granito, gastado por las aguas desde tiempo inmemorial, era resbaladizo y convena marchar con precaucin para evitar una cada. Por eso los colonos se ataron unos a otros por medio de una cuerda, como hacen los que suben a las montaas.

Afortunadamente algunas rocas salientes formaban verdaderos escalones y hacan la bajada menos peligrosa. Varias gotas todava suspendidas de las rocas tomaban ac y all, iluminadas por las antorchas, los colores del arco iris, y hubiera podido creerse que las paredes estaban revestidas de innumerables estalactitas.

El ingeniero observ aquel granito negro y no vio en l un estrato, ni siquiera una hendidura. La masa era compacta y de un grano extremadamente apretado. Aquel pasadizo databa, pues, del origen mismo de la isla, no eran las aguas las que lo haban abierto poco a poco. Plutn y Neptuno le haban perforado por su propia mano y podan

distinguirse en las paredes las huellas de un trabajo eruptivo, que el lavado de las aguas no haba podido borrar totalmente.

Los colonos iban bajando lentamente, experimentando cierta emocin al aventurarse de aquel modo en las profundidades de la masa grantica, evidentemente visitada entonces por primera vez por seres humanos. No hablaban, pero pensaban y a alguien se le pudo ocurrir que un pulpo o un gigantesco cefalpodo poda ocupar las cavidades interiores que se hallaban en comunicacin con el mar. Haba que aventurarse con prudencia.

Por lo dems, Top iba a la vanguardia de la pequea tropa, la cual poda fiarse de la sagacidad del perro, que no dejara de dar la seal de alarma en caso necesario.

Despus de haber bajado un centenar de pies siguiendo una senda bastante sinuosa, Ciro Smith, que marchaba el primero, se detuvo hasta que llegaron sus compaeros. El sitio en que hicieron alto estaba ensanchado hacia los lados de modo que formaba una caverna de medianas dimensiones. De la bveda caan gotas de agua, pero no provenan de destilacin de las paredes, sino que eran simplemente restos de la masa de agua que por largo tiempo se haba precipitado por aquella cavidad; y el aire, ligeramente hmedo, no exhalaba ninguna emanacin meftica.

-Y bien, mi querido Ciro -dijo entonces Geden Spilett-, aqu hay un retiro ignorado y oculto en estas profundidades, pero inhabitable.

-Por qu inhabitable? -pregunt el marino. -Porque es muy pequeo y oscuro.

-Podemos ensancharlo y practicar aberturas para que entre la claridad y el aire -contest Pencroff, que no dudaba ya de nada.

-Continuemos -dijo Ciro Smith-, continuemos nuestra exploracin; quiz ms abajo la naturaleza nos haya ahorrado este trabajo.

-Estamos todava en la tercera parte de la altura -observ Harbert.

-Poco ms o menos -repuso Ciro-, porque hemos bajado unos cien pies desde el orificio, y no es imposible que a cien pies ms abajo

-Dnde est Top? -pregunt Nab interrumpiendo a su amo. Registraron la caverna y el perro no estaba all. -Probablemente habr continuado su camino -dijo Pencroff. -Vamos en su busca -repuso Ciro Smith.

Siguieron bajando. El ingeniero observaba con cuidado las desviaciones de aquel desage subterrneo, y a pesar de sus muchos rodeos se explicaba fcilmente su direccin general hacia el mar.

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