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Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
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-Aqu, Top! -grit Ciro Smith, que no quera dejar a su perro aventurarse en aquellas aguas sospechosas.

-Qu es lo que pasa ah abajo? -pregunt Pencroff examinando la superficie del lago. -Top habr olfateado algn anfibio -contest Harbert. -Algn cocodrilo -dijo el corresponsal.

-No lo creo -replic Smith-; los cocodrilos slo se encuentran en regiones de altitud menos elevada.

Entretanto Top haba acudido al llamamiento de su amo y saltado a la orilla, pero no poda permanecer tranquilo. Corra entre las altas hierbas y, guindole su instinto, pareca seguir por la orilla algn objeto invisible sumergido en las aguas del lago. Sin embargo, las aguas estaban tranquilas sin que nada turbara su superficie. Varias veces los colonos se detuvieron junto a la orilla y observaron con atencin. Nada se vea: all haba sin duda algn misterio.

El ingeniero estaba muy pensativo.

-Sigamos hasta el fin esta exploracin -dijo.

Media hora despus haban llegado todos al ngulo sudeste del lago y se hallaban en la meseta misma de la Gran Vista. En aquel punto el examen de las orillas del lago deba considerarse como terminado y, sin embargo, el ingeniero no haba podido descubrir por dnde ni cmo se desaguaba el sobrante de las aguas.

-Y a pesar de todo, ese desage existe -repeta-; y, puesto que no es exterior, es preciso que est abierto en el interior de la masa grantica de la costa.

-Pero qu importancia tiene para usted el saber eso, mi querido Ciro? -pregunt Geden Spilett.

-Muy grande -contest el ingeniero-, porque, si el desage se verifica a travs del muro de granito, es posible que se encuentre alguna cavidad fcilmente habitable, despus de haber desviado el curso de las aguas.

-Pero no es posible, seor Ciro -observ Harbert-, que las aguas se escapen por el fondo mismo del lago y vayan al mar por algn conducto subterrneo?

-Es posible -contest el ingeniero-, y, si as sucede, nos veremos obligados a edificar nuestra casa, puesto que la naturaleza no habr hecho los primeros gastos de construccin.

Los colonos se disponan a atravesar la meseta para volver a las Chimeneas, porque eran ya las cinco de la tarde, cuando Top dio otra vez seales de agitacin. Ladraba con furor y, antes de que. su amo hubiera podido contenerle, se precipit de nuevo al lago.

Todos corrieron hacia la orilla. El perro estaba a ms de veinte pies de distancia y Ciro Smith le llamaba a grandes voces, cuando una cabeza enorme sali de la superficie de las aguas, que no parecan profundas en aquel sitio.

Harbert conoci inmediatamente la especie de anfibio a que perteneca aquella cabeza cnica, de ojos grandes, adornada de bigotes de largos pelos sedosos. -Un manat! -exclam.

No era un manat, sino un individuo de esa especie comprendida en el orden de los cetceos, llamado dugongo, porque sus fosas nasales estaban abiertas en la parte superior del hocico.

El enorme animal se haba precipitado sobre el perro, que en vano quiso evitar el choque dirigindose hacia la orilla. Su amo no poda hacer nada por salvarlo y, antes que a Geden Spilett y a Harbert se les ocurriera armar sus arcos, Top, asido por el dugongo, desapareca bajo las aguas.

Nab, que tena su lanza en la mano, quiso arrojarse en auxilio del perro, decidido a atacar al formidable animal hasta en su elemento.

-No, Nab -dijo el ingeniero deteniendo a su valiente criado.

Entretanto tena lugar bajo las aguas una lucha inexplicable, porque en aquellas condiciones Top evidentemente no poda resistir; lucha que deba ser terrible por los movimientos de la superficie del agua; lucha, en fin, que no poda terminar sino con la muerte del perro.

Mas, de repente, en medio de un crculo de espuma se vio reaparecer a Top.

Lanzado al aire por una fuerza desconocida, se levant diez pasos sobre la superficie del lago, cay en medio de las aguas movidas y pronto lleg a la orilla sin herida grave, milagrosamente salvado.

Ciro Smith y sus compaeros contemplaban el espectculo sin comprender la causa; y, circunstancia no menos inexplicable: despus de haber vuelto Top a tierra, pareca que la lucha continuaba todava bajo las aguas.

Sin duda el dugongo, atacado por algn poderoso animal, despus de haber soltado al perro, combata con otro enemigo.

Pero aquello no dur largo tiempo. Las aguas se tieron en sangre, y el cuerpo del dugongo, saliendo entre una sbana escarlata, que se propag anchamente, vino pronto a encallar en una pequea playa en el ngulo sur del lago.

Los colonos corrieron hacia aquel paraje. El dugongo estaba muerto; era un enorme animal, de quince a diecisis pies de largo, que deba pesar de tres a cuatro mil libras. Tena en el cuello una herida, que pareca hecha con una hoja cortante.

Qu anfibio haba podido con aquel golpe terrible destruir al formidable dugongo? Nadie poda decirlo y muy preocupados por este incidente Ciro Smith y sus compaeros volvieron a las Chimeneas.

17. Abren una brecha en el lago con nitroglicerina

A la maana del da siguiente, 7 de mayo, Ciro Smith y Geden Spilett, dejando a Nab preparar el almuerzo, subieron a la meseta de la Gran Vista, mientras Harbert y Pencroff marchaban ro arriba a fin de renovar la provisin de lea.

El ingeniero y el corresponsal llegaron pronto a la pequea playa, situada junto a la punta sur del lago y donde haba ido a parar el anfibio.

Bandadas de aves se haban abatido sobre aquella masa carnosa y fue preciso ahuyentarlas a pedradas, porque Ciro Smith deseaba conservar la grasa del dugongo y utilizarla para las necesidades de la colonia. En cuanto a la carne del animal, no poda menos de suministrar un alimento excelente, pues en ciertas regiones de Malasia se reserva especialmente para la mesa de los indgenas importantes. Pero era asunto de la incumbencia de Nab.

En aquel momento Ciro Smith tena en su cabeza otros proyectos. El incidente de la vspera no se haba borrado de su memoria y no dejaba de preocuparlo. Quera penetrar en el misterio de aquel combate submarino, y saber cul era el congnere de los mastodontes, o de otros monstruos marinos, que haba causado al dugongo una herida tan extraa.

Estaba en la orilla del lago, mirando, observando, pero nada apareca bajo las aguas tranquilas, que resplandecan heridas por los primeros rayos del sol.

En aquella playa, donde estaba el cuerpo del dugongo, las aguas eran poco profundas, pero desde aquel punto el fondo del lago iba bajando poco a poco, y era probable que en el centro la profundidad fuese muy grande. El lago poda considerarse como una ancha cuenca llenada con las aguas del arroyo Rojo.

-Y bien, Ciro -dijo el corresponsal-; me parece que esas aguas no ofrecen nada sospechoso.

-No, querido Spilett -contest el ingeniero-; no acierto a explicar el incidente de ayer.

-Confieso -dijo Geden Spilett-que la herida hecha al anfibio es por lo menos extraa y tampoco he podido explicarme cmo Top fue lanzado tan vigorosamente fuera de las aguas. Parece como si un brazo poderoso lo lanzara y el mismo brazo, armado de un pual, diera en seguida muerte al dugongo.

-S -contest el ingeniero, que se haba quedado pensativo-. Hay aqu algo que no puedo comprender. Pero comprende, querido Spilett, cmo he sido yo salvado, cmo he podido ser sacado del agua y trasladado a las dunas? No lo comprende, verdad? Por eso yo presiento algn misterio que descubriremos sin duda algn da. Observemos, pues, pero no hablemos ante nuestros compaeros de estos incidentes singulares. Guardemos nuestras observaciones para nosotros y continuemos nuestra tarea.

Como hemos dicho, el ingeniero no haba podido descubrir por dnde se escapaba el sobrante de las aguas del lago; pero, como no haba visto tampoco ningn indicio de desbordamiento, era forzoso que existiera el desage en alguna parte. Precisamente en aquel momento Ciro Smith qued sorprendido al distinguir una corriente bastante pronunciada, que se oa en el sitio donde ambos se hallaban. Arroj algunos pedacitos de lea y vio que se dirigan hacia el ngulo sur. Sigui aquella corriente, marchando por la orilla, y lleg a la punta meridional del lago.

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