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Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:

La isla misteriosa
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Se recogi tambin la hulla como el mineral sin trabajo y casi en superficie. Primeramente se rompi el mineral en pequeos trozos, quitndole con la mano las impurezas que manchaban su superficie. Despus con el carbn y el mineral formaron un montn de capas sucesivas y alternas, como hace el carbonero con la lea que quiere carbonizar. De esta manera, bajo la influencia del aire proyectado por el fuelle, deba el carbn transformarse, primero, en cido carbnico y, despus, en xido de carbono, encargado de reducir en xido de hierro o, lo que es lo mismo, de desprender el hierro del oxgeno.

As, pues, el ingeniero procedi a la operacin. El fuelle de piel de foca, provisto en su extremo de un tubo de tierra refractaria, fabricado antes en el horno de la vajilla, fue colocado encima del montn de mineral; movido por un mecanismo, cuyos rganos consistan en bastidores, cuerdas de fibras y contrapesos, lanz sobre la masa de hierro y carbn una profusin de aire que, elevando la temperatura, concurri tambin a la transformacin qumica que deba producir hierro puro.

La operacin fue difcil. Necesit toda la paciencia y todo el ingenio de los colonos para llevarla a buen trmino; pero sali bien y el resultado definitivo fue una masa de hierro reducida al estado de esponja, que fue preciso cimbrar y machacar, es decir, forjar para quitarle la ganga lquida que contena. Aquellos herreros improvisados carecan de martillo; pero lo mismo haba sucedido al primer metalrgico e hicieron lo que ste tuvo naturalmente que hacer.

Pusieron a la primera masa un palo a guisa de mango y sirvi para forjar la segunda en un yunque de granito, con lo cual se lleg a obtener un metal burdo, pero arcilloso.

Al fin, despus de muchos esfuerzos y fatigas, el 25 de abril se haban forjado varias barras de hierro, que se transformaron en herramientas, pinzas, tenazas, picos, azadones, etc., que Pencroff y Nab declararon ser verdaderas joyas.

Pero aquel metal no poda prestar grandes servicios en estado de hierro puro, sino principalmente en estado de acero.

El acero es una combinacin de hierro y carbn, que se saca o de la fundicin, quitando a sta el exceso de carbn, o del hierro, aadiendo a ste el carbn que le falta. El primero, obtenido por la descarburacin en la fundicin, da el acero natural o

refinado; el segundo, producido por la carburacin del hierro, da el acero de cementacin.

Este ltimo era el que buscaba Ciro Smith con preferencia, puesto que posea el hierro en estado puro; y consigui fabricarlo, calentando el metal con carbn en polvo, en un crisol hecho de tierra refractaria.

Despus, dado que el acero as elaborado es maleable tanto en caliente como en fro, pudo ser trabajado mediante el martillo. Nab y Pencroff, hbilmente dirigidos, hicieron hierros de hacha, los cuales, calentados hasta el rojo y sumergidos despus inmediatamente en agua fra, adquirieron excelente temple.

De aquella fragua salieron otros instrumentos burdamente fabricados, como puede suponerse: hojas de cepillo de carpintero, hachas, azuelas, lminas de acero que deban transformarse en sierras, escoplos, azadones, palas, picos, martillos, clavos, etc.

El 5 de mayo, terminado el primer perodo metalrgico, los herreros volvan a las Chimeneas; nuevas tareas iban a autorizarles en breve a tomar una nueva calificacin.

16. Buscan refugio para invernar en la isla

Era el 6 de mayo, da que corresponde al 6 de noviembre en los pases del hemisferio boreal. Haca das que el cielo se cubra de brumas y era necesario tomar ciertas disposiciones para pasar el invierno. Sin embargo, la temperatura todava no haba bajado sensiblemente y un termmetro centgrado, trasladado a la isla de Lincoln, habra marcado todava, por trmino medio, de diez a doce grados sobre cero. Esta temperatura media no tena nada de extraordinario, puesto que la isla Lincoln, situada probablemente entre los 35 y 40 grados de latitud, deba hallarse sometida en el hemisferio sur a las mismas condiciones que Sicilia o Grecia en el hemisferio norte. Pero as como en Grecia o en Sicilia se experimentan fros violentos, que producen nieves y hielo, de la misma manera en la isla Lincoln deberan experimentarlos en el perodo ms riguroso del invierno, y contra esta temperatura baja convena prepararse.

En todo caso, si el fro no amenazaba an, por lo menos estaba prxima la estacin de las nieves, y en aquella isla apartada, expuesta a todas las intemperies, en medio del mar Pacfico, los malos tiempos deban ser frecuentes y terribles.

Deban pensar seriamente y resolver la cuestin de una vivienda ms cmoda que las Chimeneas.

Pencroff, naturalmente, tena cierta predileccin por aquel retiro por l descubierto; pero se hizo cargo de la necesidad de buscar otro. Las Chimeneas haban recibido la visita del mar en circunstancias que no se habrn olvidado y no podan los colonos exponerse de nuevo a un accidente parecido.

-Por otra parte -aadi Ciro Smith, que aquel da hablaba de estas cosas con sus compaeros-, tenemos algunas precauciones que tomar

-Para qu? La isla no est habitada -dijo el corresponsal.

-Eso creemos -insinu el ingeniero-, aunque no la hemos explorado todava toda; pero si no hay en ella seres humanos, temo que abunden los animales peligrosos. Conviene, pues, ponerse al abrigo de una posible agresin, para que no sea preciso que uno de nosotros se quede de centinela toda la noche para mantener una hoguera encendida. Adems, amigos mos, debemos preverlo todo; estamos aqu en una parte del Pacfico frecuentada a menudo por los piratas malayos.

-Cmo! -exclam Harbert-, a esta distancia de toda tierra -S, hijo mo -contest el ingeniero-. Estos piratas son tan atrevidos marinos como terribles malhechores, y debemos adoptar, por consiguiente, nuestras medidas.

-Pues bien -dijo Pencroff-, nos fortificaremos contra las fieras de dos o de cuatro patas. Pero, seor Ciro, no sera bueno explorar la isla en todas sus partes antes de emprender nada?

-Eso sera mejor -apoy Geden Spilett-; quin sabe si encontraremos en la costa opuesta una de esas cavernas que intilmente hemos buscado por aqu?

-Es cierto -repuso el ingeniero-, pero ustedes olvidan, amigos mos, que conviene establecernos en las inmediaciones de un ro y que desde la cima del monte Franklin no hemos visto hacia el oeste ni ro ni arroyo alguno. Aqu, por el contrario, nos hallamos situados entre el ro de la Merced y el lago Grant, ventaja que no debemos despreciar. Adems, esta costa orientada al este no est expuesta como la otra a los vientos alisios que soplan del noroeste en el hemisferio austral.

-Entonces, seor Ciro -propuso el marino-, construiremos una casa a orillas del lago. Ya no nos faltan ladrillos ni instrumentos. Despus de haber sido alfareros, fundidores y herreros, sabremos ser albailes, qu diablo!

-S, amigo mo, pero antes de tomar una decisin es preciso buscar. Una vivienda construida por la naturaleza nos ahorrara mucho trabajo y nos ofrecera sin duda un retiro ms seguro, porque estara tan perfectamente defendida contra los enemigos de dentro como contra los de fuera.

-En efecto, Ciro -dijo el corresponsal-; pero ya hemos examinado toda esa muralla grantica de la costa y no hay en ella ni un agujero ni una hendidura.

-Ni una! -aadi Pencroff-. Si hubiramos podido abrir una cueva en ese muro a cierta altura para ponemos fuera de todo alcance! Ya me figuro, en la fachada que mira al mar, cinco o seis habitaciones

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