La isla misteriosa
- Автор: Верн Жюль Габриэль
- Язык: испанский
- Жанр: Другие приключения
Электронная книга - «La isla misteriosa». Краткое содержание книги:
modificaciones ser�an m�s f�ciles de observar. En efecto, cuanto mayor es la aguja de un cuadrante, mejor puede seguirse el movimiento de su punta. La sombra de la vara no era, en efecto, m�s que la aguja de un cuadrante.
Cuando crey� llegado el momento, Smith se arrodill� sobre la arena, y por medio de jalones de madera que fijaba en ella, comenz� a apuntar la disminuci�n sucesiva de la sombra de la varita. Sus compa�eros, inclinados sobre �l, segu�an la operaci�n con gran inter�s.
El corresponsal ten�a su cron�metro en la mano, pronto a decir la hora que marcase, cuando la sombra llegase al m�nimun de longitud. Adem�s, como Ciro Smith operaba el 16 de abril, d�a en el cual se confunden el tiempo medio y el tiempo verdadero, la hora dada por Gede�n Spilett ser�a la hora verdadera de Washington en aquel momento, lo cual simplificar�a el c�lculo.
El sol se inclinaba lentamente; la sombra de la vara iba disminuyendo poco a poco y, cuando pareci� a Ciro Smith que comenzaba a aumentar, pregunt�: -�Qu� hora es?
-�Las cinco y un minuto -contest� inmediatamente Spilett.
No hab�a m�s que anotar con n�meros la operaci�n, cosa facil�sima, como se ve: hab�a cinco horas de diferencia, en n�meros re4ondos, entre Washington y la isla de Lincoln, es decir, que eran las doce en punto en la isla de Lincoln cuando eran las cinco de la tarde en Washington. Ahora bien, el sol, en su movimiento aparente alrededor de la tierra, recorre un grado cada cuatro minutos, o sea quince grados por hora; quince grados multiplicados por cinco horas daban 75 grados.
As�, pues, estando Washington a los 77� 3' 11" o digamos a los 77� del meridiano de Greenwich, que los norteamericanos, lo mismo que los ingleses, toman por punto de partida de las longitudes, se conclu�a que la isla estaba situada a los 77� m�s 750 al oeste del meridiano de Greenwich, es decir, hacia los 152� de longitud oeste.
Ciro Smith anunci� este resultado a sus compa�eros y, teniendo en cuenta los errores de observaci�n como los hab�a tenido respecto de la latitud, crey� poder afirmar que la isla de Lincoln deb�a estar entre el grado 35 y el 37 de latitud y el 150 y 155 de longitud oeste del meridiano de Greenwich.
El error posible que se atribu�a a la observaci�n era, como se ve, de cinco grados en los dos sentidos, que a 60 millas por grado pod�a dar un error de 300 millas en latitud o en longitud para el c�lculo exacto.
Pero este error no deb�a influir en el partido que conven�a tomar.
Era evidente que la isla de Lincoln se hallaba a tal distancia de toda tierra o archipi�lago, que no era posible aventurarse a atravesar semejante distancia en una sencilla y fr�gil canoa. En efecto, los c�lculos la situaban por lo menos a mil doscientas millas de Tahit� y de las islas del archipi�lago de Pomot�, a m�s de mil ochocientas millas de Nueva Zelanda, y a m�s de cuatro mil quinientas de la costa americana.
Y cuando Ciro Smith consultaba su memoria, no recordaba en modo alguno una isla que ocupara en aquella parte del Pac�fico la situaci�n se�alada a la isla de Lincoln.
15. Se convierten en metal�rgicos
Al d�a siguiente, 17 de abril, las primeras palabras del marino fueron para preguntar a Gede�n Spilett:
-�Y bien, �qu� vamos a hacer hoy?
-�Lo que quiera el se�or Ciro -contest� el corresponsal.
Los compa�eros del ingeniero hab�an sido hasta entonces alfareros y en adelante iban a ser metal�rgicos.
La v�spera, despu�s del almuerzo, se hab�a llevado a cabo la exploraci�n hasta la punta del cabo Mand�bula, distante unas siete millas de las Chimeneas. All� conclu�a la extra�a serie de dunas y el suelo tomaba un aspecto volc�nico. No se ve�an altas
murallas como en la meseta de la Gran Vista, sino un bordado extra�o y caprichoso, que formaba el marco de aquel estrecho golfo comprendido entre dos cabos y el compuesto de materias minerales vomitadas por el volc�n. Los colonos, al llegar a aquella punta, hab�an retrocedido, y al caer la noche entraban de regreso en las Chimeneas; pero no se entregaron al sue�o hasta que estuvo resuelta definitivamente la cuesti�n de si deb�an abandonar la isla de Lincoln o permanecer en ella.
Era una distancia considerable, 1.200 millas separaban la isla del archipi�lago de las Pomot�. Una canoa no habr�a sido suficiente para atravesar, sobre todo al acercarse la mala estaci�n; as� lo declar� Pencroff. Ahora bien, construir una canoa, aun teniendo los �tiles necesarios, era una obra dif�cil y, careciendo de herramientas, era preciso comenzar por hacer martillos, hachas, azuelas, sierras, barrenas, cepillos, etc., lo que exig�a bastante tiempo. Se decidi�, pues, invernar en la isla de Lincoln y buscar una morada m�s c�moda que las Chimeneas para pasar en ella los meses de invierno.
Ante todo se trataba de utilizar el mineral de hierro, del cual el ingeniero hab�a observado algunos yacimientos en la parte nordeste de la isla, y de convertir aquel mineral en hierro o en acero.
El suelo no contiene generalmente los metales en estado de pureza; en su mayor parte se hallan combinados con el ox�geno o con el azufre. Precisamente las dos muestras recogidas por Ciro Smith eran una de hierro magn�tico no carbonatado, y la otra de pirita o sulfuro de hierro. El primero, o sea �xido de hierro, hab�a que reducirlo por medio del carb�n, es decir, desembarazarlo del ox�geno para utilizarlo en estado de pureza. Esta reducci�n deb�a hacerse sometiendo el mineral mezclado con carb�n a una alta temperatura, ya por el m�todo catal�n, r�pido y f�cil, que tiene la ventaja de transformar directamente el mineral en hierro con una sola operaci�n, bien por el m�todo de los altos hornos, que cambia primero el mineral en fusi�n y despu�s la fusi�n en hierro, quit�ndole el tres o cuatro por ciento de carb�n, que se ha combinado con
ella.
Ahora bien, �qu� necesitaba Ciro Smith? Hierro y no fundici�n, y deb�a buscar el m�todo m�s r�pido de reducirlo. Por lo dem�s, el mineral que hab�a recogido era por s� mismo muy puro y rico, o sea ese mineral oxidulado, que, hall�ndose en masas confusas de un color gris oscuro, da un polvo negro, se cristaliza en octaedros regulares, produce los imanes naturales y sirve en Europa para elaborar esos hierros de primera calidad que tan abundantemente producen Suecia y Noruega. No lejos de aquel yacimiento se hallaba otro de carb�n de piedra ya explorado por los colonos. De aqu� la facilidad para el tratamiento del mineral, pues estaban cerca de los elementos de fabricaci�n. Esto es lo que constituye tambi�n la prodigiosa riqueza de las explotaciones del Reino Unido, donde la hulla sirve para hacer el metal extra�do del mismo suelo y al mismo tiempo que ella.
-��As�, pues, se�or Ciro -dijo Pencroff-, vamos a trabajar mineral de hierro?
-�S�, amigo m�o -contest� el ingeniero-, y para eso, si a usted no le parece mal, comenzaremos a cazar focas en el islote.
-��A cazar focas! -exclam� el marino volvi�ndose hacia Gede�n Spilett-. �Necesitamos focas para fabricar hierro?
-�Cuando lo dice el se�or Ciro� -contest� el corresponsal.
El ingeniero hab�a salido ya de las Chimeneas y Pencroff se prepar� para la caza de las focas, sin haber obtenido m�s explicaciones.
En breve, Ciro Smith, Gede�n Spilett, Harbert, Nab y el marino se hallaron reunidos en la playa en el punto en que el canal dejaba un estrecho paso vadeable en la baja marea. La marea estaba en lo m�s bajo del reflujo, y los cazadores pudieron atravesar el canal sin mojarse por encima de las rodillas.
Ciro Smith pon�a por primera vez el pie en el islote, y su compa�eros, por la segunda, pues all� el globo los hab�a arrojado.
Al desembarcar, algunos centenares de p�jaros bobos les dirigieron sus c�ndidas miradas. Los colonos, armados de garrotes, habr�an podido exterminarlos f�cilmente, pero no pensaron en entregarse a aquella matanza doblemente in�til, porque importaba no asustar a los anfibios echados sobre la arena a poca distancia. Respetaron tambi�n varios somorgujos muy inocentes, cuyas alas reducidas a mu�ones se achataban en forma de aletas guarnecidas de plumas de apariencia escamosa.