Placer Y Trabajo
- Автор: D'alessandro. Jaquie
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Placer Y Trabajo». Краткое содержание книги:
Los ejecutivos de publicidad Matt Davidson y Jilly Taylor tenían dos cosas en común: ambos odiaban perder y se deseaban el uno al otro. Pero ninguno de los dos estaba dispuesto a arriesgar el ascenso por rendirse a la atracción que sentían. No contaban con que su jefe les encargara llevar la misma cuenta… y dormir en el mismo hotel. Aquello estaba al rojo vivo, tanto laboral como sentimentalmente, y pronto se dieron cuenta de que no podían centrarse en el trabajo…
– Espero que no sea desagradable.
Jilly arqueó una ceja.
– Eso depende de lo que hayas venido a hacer.
– Te lo diré si me invitas a entrar. Hace frío y he venido sin guantes.
– ¿Cómo has sabido dónde vivía?
– Bueno, me gustaría poder decir que he hecho un arduo trabajo de investigación detectivesca, pero lo cierto es que encontré tu dirección en la guía telefónica.
– Ah, comprendo. ¿Y cuánto tiempo llevas esperando?
– Alrededor de una hora.
– ¿Y cómo sabías que vendría esta noche?
– No lo sabía, pero esperaba que lo hicieras.
Jilly le hizo un gesto para que la siguiera a la casa y él lo hizo.
– Está bien, no quiero ser responsable de que te congeles. De modo que entra un rato.
– Gracias -dijo él con una sonrisa.
Segundos más tarde, se encontraron en el interior de la pequeña casa. Jilly encendió las luces y él aprovechó la ocasión para echar un vistazo a su alrededor. El lugar estaba decorado con elegancia y había muchas fotografías por todas partes. En algunas se veía a la que debía de ser su madre. Y en otras, aparecía su difunto padre.
– Es un sitio muy bonito…
– Sí. El vecindario está muy bien. Tuve suerte de encontrarla antes de que los precios se pusieran por las nubes. El piso superior lo tengo alquilado y con eso gano lo suficiente para pagar la hipoteca. Mi alquilada, la señora Peterson, es un encanto. Es viuda y se podría decir que la heredé cuando compré la casa.
– No habré aparcado en su sitio, ¿verdad?
– No, ahora está en Florida, visitando a su hijo. En realidad la echo de menos porque aquí me siento sola…
– Sí, la soledad es algo terrible.
– Por cierto, ¿qué llevas en esa bolsa?
– Ahora te lo enseño…
– Está bien. ¿Quieres que te traiga algo de beber?
– No, gracias -respondió.
Ella se sentó en el sofá y Matt aceptó la invitación, aunque se acomodó a cierta distancia. -Espero no ser una molestia… ¿Esperabas a alguien?
– No, no tenía nada que hacer. Pero siento curiosidad por tu presencia aquí. ¿No es un poco pronto?
– Sí, pero me marché de la oficina después de hablar con Adam.
– Ah. Entonces, imagino que ya te habrás enterado de lo de Carol Weber.
– Desde luego. Pero ya estoy acostumbrado. No es la primera vez que me sucede. De hecho, quiero confesarte una cosa… Al principio, pensé que tú también eras de ese tipo de personas.
Ella arqueó una ceja.
– Yo pensé algo parecido de ti. Te creía capaz de cualquier cosa con tal de conseguir un cliente.
– Bueno, debo admitir que a veces no me he portado muy bien. Pero este fin de semana he aprendido muchas cosas. Cuando empecé a trabajar en Maxximum, me di cuenta de que tú serías mi competidora y supongo que fui especialmente agresivo contigo porque me recordabas a Tricia -le confesó-. Sin embargo, me equivoqué. Y de paso también he aprendido que tienes la sonrisa más maravillosa del mundo, que eres toda inteligencia y belleza, que adoro tu sentido del humor, que tu piel es increíblemente suave…
– ¿Le dices eso a todas las mujeres?
– No. Sólo te lo digo a ti, aquí y ahora – respondió, muy serio-. Pero he aprendido algo más: que pasar un solo minuto más sin ti sería una verdadera tortura.
Jillian contuvo la respiración e intentó encontrar las palabras para confesarle, a su vez, lo que sentía. Le costó un poco, pero al final lo consiguió.
– Yo también quiero confesarte algo. He admirado tu profesionalidad desde el principio, pero pensaba que eras muy controlador. Este fin de semana he aprendido que hay una gran diferencia entre ser controlador y simplemente considerado.
– Al parecer, ambos hemos aprendido cosas importantes… Pero dime una cosa, ¿por qué me has recomendado para la campaña de Airways?
Ella carraspeó.
– Veo que Adam es incapaz de mantener un secreto…
– No creas. No me lo dijo hasta que me lo propuso y lo rechacé. Le he dicho que tú eras más adecuada para ese puesto.
– ¿Le has dicho eso? ¿Es que te has vuelto loco?
– Yo diría que tú has hecho exactamente lo mismo…
– Sí, bueno, tenía mis razones.
– Pues cuéntamelas, si no te importa.
– Tú ya has trabajado con líneas aéreas y creo que lo harás mejor, eso es todo.
– ¿Esa es la única razón, Jilly? -preguntó con desconfianza.
– Sí -mintió-. ¿Y tú? ¿Por qué razón me has recomendado?
– Porque eres brillante, creativa y una verdadera profesional. Además, llevas más tiempo que yo en Maxximum y mereces una oportunidad. -Vas a conseguir que me ruborice.
– Bueno, estoy seguro de que el rubor te quedará precioso.
Ella sonrió.
– Me preguntó qué va a hacer ahora Adam. -¿Es que no lo sabes? -preguntó él. -No, pero parece que tú sí lo sabes.
– Sí, es verdad. Le ha dado la campaña a
David Garrett.
– ¿A David? ¿Al nuevo?
– Exacto. Dice que será bueno para que aprenda y además aceptó de inmediato. -Vaya, nos han dejado en fuera de juego… Matt rió.
– Sí, eso parece.
En ese momento sonó el teléfono y Jillian se levantó.
– Discúlpame un momento, ahora vuelvo… No tardó mucho en regresar.
– No podrías creer quién acaba de llamar
– dijo.
– No tengo la menor idea.
– Joe. Y resulta que su apellido es Galini.
No sólo trabaja allí: es que es el dueño de la propiedad. Pero lo más increíble de todo es que también posee los viñedos Tribiletto en Italia.
– ¿Los viñedos Tribiletto? ¿Como la bodega del mismo nombre? Es una de las más famosas del mundo…
– Exactamente. Ha dicho que se quedó encantado con nosotros y con nuestra sinceridad y que ha decidido darnos la campaña publicitaria de su empresa en Estados Unidos. Quiere que nos reunamos con él el miércoles que viene en el Trigal¡ Gill, en la Quinta Avenida. ¿No te parece maravilloso? -preguntó, entusiasmada.
– Sí, parece que las cosas vuelven a su sitio. Pero aún hay algo que tenemos que arreglar.
– ¿A qué te refieres?
– A ti y a mí.
– ¿A ti y a mí?
– En efecto. ¿Qué te parecería si siguiéramos con nuestra aventura?
– Sería maravilloso, desde luego, pero trabajando juntos…
– No hace falta que sigas, lo comprendo de sobra. Precisamente por eso, he decidido que no mantengamos una aventura. Y esa es la razón por la que te he comprado lo que llevo en esta bolsa.
Matt la abrió entonces y sacó una pequeña cajita, que le dio.
– Ábrela -dijo.
Ella tomó la cajita entre las manos, la abrió y vio una pequeña figurita de porcelana de un muñeco de nieve. En la parte inferior, se leía: te amo.
– No lo entiendo… -dijo ella.
– Vaya, no se puede decir que hayas reaccionado como esperaba. Pero, por lo menos, te he sorprendido.
– Sí, de eso no hay duda. Pero si no quieres mantener una relación conmigo…
– Te estoy diciendo que te amo, Jillian, con todo mi corazón -la interrumpió-. Estoy loco por ti y quiero saber si tengo alguna oportunidad contigo.
Jilly lo miró con verdadero amor, sin saber qué decir.
– Llevo días sin hacer otra cosa que pensar en ti. Y créeme, ahora me siento la mujer más afortunada de la Tierra.
– Entonces, ¿me amas?
– Sí, Matt, te amo.
– No sabes cuánto me alegra, porque en la bolsa llevo algo más para ti…
Matt sacó entonces una pequeña llave y se la dio.
– ¿Qué es? ¿La llave de tu corazón?
– Algo parecido.
Matt se inclinó de nuevo y sacó una caja de metal, bastante grande.
– Cada vez lo entiendo menos.
– Es la caja más grande y resistente que pude encontrar en el supermercado. Sirve para guardar cosas valiosas.
– Oh, bueno, gracias… -dijo, sin entender nada.